Lev en modo aforístico

Ruta Norte Laguna | Jaime Muñoz Vargas

Porque no los tengo a la mano, no pude cotejar los Diarios de León (o sea Lev en ruso) Tolstoi con el titulado Aforismos (Fondo de Cultura Económica, 2022, México, 302 pp.) que he hojeado esta semana con placer. Los Diarios, esto sí lo recuerdo, fueron editados por el Conaculta y Era en dos tomos, y cuando les eché el ojo, hace ya varios años, los asumí como un modelo de sabiduría inmediata, frontal, sin vueltas, es decir, la sabiduría de un viejo que de todo tiene una opinión si no correcta, al menos siempre atendible y muy humana. También recordé que ambos materiales los preparó Selma Ancira, y junto con Aforismos representan de veras tres pozos de saber expresado en cápsulas.

Son los dos tomos de los Diarios y el ejemplar único de los Aforismos tres libros que es posible leer de orilla a orilla, como una novela, o en los cuales uno puede picotear aquí y allá, saltando páginas en cualquier dirección. Sea como sea, es casi imposible ser defraudado por lo que Tolstoi recogió en el formato del “ensayo en miniatura”, como denomina Gabriel Zaid al aforismo. En el caso del libro del Fondo, debo precisar, por si les interesa, que contiene grageas del propio autor de Guerra y paz intercaladas con pequeñas piezas ajenas y extraídas por él gracias a sus lecturas. En total tiene 31 apartados, reductos en los que se arraciman los aforismos por temas como “El amor”, “La lujuria”, “La vanidad”, “El pensamiento”, “La muerte”. Al final se nos ofrece una ceñida cronología del autor preparada por Ricardo San Vicente.

Más que una reseña al uso, esta veloz introducción desea preparar el terreno al convite de algunos aforismos tolstoianos. Es la manera ideal, en este caso, de sacar tentación al potencial lector, dado que la brevedad de las piezas y su inevitable intención sentenciosa permite el trasiego textual de algunos ejemplos. Veamos pues estos seis y me darán la razón: es un hermoso libro.

“Hay dos maneras de escapar de la pobreza: una, aumentar la propia riqueza; dos, aprender a contentarse con poco. Aumentar la riqueza no siempre es posible y casi siempre es deshonesto; disminuir nuestros caprichos está siempre en nuestro poder y siempre es bueno para el alma”.

“Obligar a la gente por medio de la violencia a hacer aquello que yo considero bueno es la mejor manera de hacer que repudien lo que yo considero bueno”.

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“La palabra es la expresión del pensamiento y puede servir para separar o para unir a las personas; por eso hay que ser prudente con su uso”.

“Considérate siempre un escolar. Nunca pienses que estás demasiado viejo para aprender, que tu alma ya es como se espera que sea y no puede ser mejor. Para el hombre sensato no hay un curso final: es escolar hasta la tumba”.

“Una anciana campesina, a unas horas de su muerte, hablaba con su hija de lo contenta que se sentía de morir en verano. Cuando la hija le preguntó; ¿por qué?, la agonizante respondió que estaba contenta porque en invierno es difícil cavar la fosa y en verano no. Para la anciana era fácil morir, porque hasta su último momento pensaba no en ella, sino en los demás”.

“Si alguien dice que al hacer el bien se siente infeliz, eso significa que lo que él considera el bien no es el bien”.