Solidaridad lagunera se manifiesta por las personas migrantes

La comunidad, particularmente quienes viven en las inmediaciones de los patios de Ferromex, en el sur de Torreón, ha expresado la solidaridad lagunera con las personas migrantes que están llegando en grupos numerosos en busca del sueño americano.

Solidaridad lagunera con personas migrantes

Por la crisis política y social que se viven en diversos países de centro y Sudamérica, miles de personas migrantes están viajando por tren, a bordo de las máquinas de Ferromex, hacia el norte de México para solicitar asilo político en Estados Unidos.

El pasado lunes 18 de septiembre, alrededor de 1,500 personas migrantes se quedaron varadas en la localidad de Nazareno, dentro del municipio de Lerdo, Durango, porque la empresa ferroviaria decidió detener la marcha de 60 máquinas, cantidad que equivale a 1,800 vehículos de carga pesada.

Así, por el parón ferrocarrilero, la mayoría de los viajeros, procedentes de países como Venezuela, se tuvieron que quedar en La Laguna para organizarse y continuar su camino.

Rafael López, Presbítero de la Parroquia de Fátima y activista, recalcó y remarcó la actitud solidaria que está demostrando la comunidad lagunera hacia las y los migrantes.

"Ha sido impresionante el número de migrantes que han estado varados desde que Ferromex anunció que iba a detener operaciones, siguen llegando muchísimos migrantes, familias completas, es algo que nunca habíamos visto", comentó el Padre.

Familias completas, particularmente venezolanas, niños, niñas y madres de familia, iban a bordo de los trenes que, a través de La Laguna, toman camino a Monterrey para llegar a la zona fronteriza de Matamoros, Tamaulipas.

"Estamos pidiendo su ayuda, su solidaridad, que nos ayuden con cobijas, ropa interior, que quiero aclarar que sea nueva, no usada, para, hombres, para mujeres, para niños, para niñas, la solidaridad lagunera se ha manifestado", agregó.

Solidaridad lagunera; mucha ayuda, pero hace falta más

El padre Rafael López remarcó la sorpresa que se llevó por la solidaridad lagunera que ha demostrado la sociedad hacia las personas migrantes, mismas que están llegando en miles a La Laguna, y que por el parón de Ferromex, tienen que quedarse unos días en la región para descansar, alimentarse y definir estrategias para continuar su camino.

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"Es tiempo de ayudar, no mañana, hoy. Porque los migrantes llegan hoy y se van en unas horas o se van el día de mañana, la urgencia es por el día de hoy, gracias a todos quienes se unen a esta gran causa y que Dios los bendiga"; finalizó el sacerdote.

Cae la calidad de vida de los habitantes de Coahuila: IMCO

La calidad de vida de los habitantes de Coahuila bajó de acuerdo con el Índice de Competitividad Estatal 2023 del Instituto Mexicano para la Competitividad.

Baja calidad de vida de los coahuilenses

En la evaluación anual de la competitividad por entidad federativa, el IMCO determinó que, en Coahuila, el subíndice de sociedad tuvo números negativos con respecto a años anteriores.

"El subíndice Sociedad mide la calidad de vida de los habitantes a través de las condiciones que se observan en tres áreas: inclusión, educación y salud. Estas dan un indicio de las oportunidades que existen en un estado para formar, atraer y retener capital humano.", indica el estudio del IMCO.

En ese sentido, Coahuila fue ubicado en la posición número 15 de todo el país, es decir, cuatro posiciones por debajo del último registro publicado en 2022.

Sólo Campeche, con cuatro puestos y Campeche, con 7, tuvieron una caída similar o superior a la registrada en Coahuila durante el presente año.

¿Cómo se mide la calidad de vida de los coahuilenses?

Para el IMCO, la calidad de vida se mide a partir del acceso a la salud, la inclusión y el sistema de educación. Por ello, el estudio arrojó que, en general, las entidades federativas tienen menos camas de hospitalización por habitante y también se redujo la tasa de personal médico para atender a los pacientes del sector público.

En materia de inclusión, la brecha salarial entre hombres y mujeres, en promedio, es del 15 por ciento, aunque en algunas entidades como Colima, Tlaxcala y Michoacán la diferencia es hasta del 20 por ciento.

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Otro indicador que mide la calidad de vida es la migración. Entidades como Guerrero, de acuerdo al subíndice, son de las peor evaluadas porque más personas decidieron irse del estado de las que llegaron.

En materia de calidad de vida, la Ciudad de México se llevó la primera posición de todo el país, en segundo lugar se quedó Baja California Sur, en tercero Sonora, en cuarto Querétaro y en quinto Baja California.

En contraste, Veracruz, Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas son las entidades con peor calidad de vida de México.

Erradicar la violencia de género en Coahuila; un sueño difícil de lograr

Erradicar la violencia de género en Coahuila es una carrera que parece no tener fin. Las políticas públicas diseñadas para bajar la incidencia de delitos relacionados con la violencia contra la mujer no han funcionado. Pese a la insistente campaña informativa en donde se envían mensajes "inclusivos", Coahuila sigue siendo un territorio macho y hostil para las mujeres.

Erradicar la violencia de género; sin certezas

Coahuila es uno de los estados con mayor incidencia en delitos como violencia familiar y también registra niveles altos en llamadas al 911 por alguna situación de violencia contra la mujer.

Pese a que el nivel de feminicidios no es de los más altos de México, el resto de los hechos delictivos, en donde también va incluida la violación sexual, simplemente no detienen su creciente inercia.

Ni el gobernador de Coahuila Miguel Riquelme ni las personas designadas en los institutos de la mujer han tenido la capacidad de erradicar la violencia de género o, al menos, brindar dignidad a las víctimas y a sus familias.

Esta semana se conmemorará el Día Internacional para eliminar la violencia contra la mujer y la fecha sirve como pretexto para señalar que, más allá de los eventos que realicen las autoridades y de los moñitos naranjas y de las fotografías en redes sociales, Coahuila sigue siendo un territorio machista, desigual e incómodo para las mujeres.

La violencia de género no se combate desde los escritorios

Vemos que en Coahuila hay un Instituto Estatal de la Mujer e institutos municipales. Vemos que hay tribunales especializados para atender casos de violencia de género. Vemos al gobernador y a alcaldes tomándose fotografías para demostrar que están con la causa, vemos actos simulados que muestran una voluntad totalmente superficial por erradicar la violencia de género.

La violencia no se combate desde los escritorios. En Coahuila las brechas salariales entre hombres y mujeres son gigantescas, casi del 30 por ciento. Las portadas de periódicos y revistas son protagonizadas por hombres. La mayoría de las cámaras empresariales están comandadas por varones.

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Las mujeres están limitadas a luchas a través de mandos medios y bajos, por encima de los eternos patriarcas que dicen luchar por la igualdad, pero sin afectar sus privilegios.

No nos dejemos engañar por las redes sociales y por lo que dicen los medios de comunicación afines al gobierno del estado. La violencia de género en Coahuila es uno de los problemas más graves que tiene la entidad. Las mujeres todos los días están en riesgo de ser víctimas directas e indirectas de un sistema diseñado en función de las necesidades de los varones.

Coahuila Fuerte es en violencia, en discriminación y en desigualdad.

¿A poco no...? Voces de ultratumba y cantos de progreso

A poco no | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no debería movernos a la reflexión y a la acción lo que dijo uno de los presidentes más carismáticos de EEUU?: “No preguntes qué puedes esperar de la Patria; mejor responde qué puede esperar la Patria de ti”? Este exhorto de John F. Kennedy expresado hace seis décadas sigue hoy más vigente que nunca, con una sociedad dormida, apática e indolente que espera que todo se le dé, en lugar de darse a sí misma, de entregarse de lleno a una verdadera participación cívica, dejando atrás la desidia y la pasividad que han propiciado el círculo vicioso de corrupción e impunidad. Es fácil criticar al funcionario por su conducta negligente o corrupta, pero ¿cuántas veces nos hemos criticado por nuestra falta de comportamiento activo, generoso y positivo para bien de la región y el país?

Es muy cómodo adoptar la actitud de lavarse las manos, y echarle la culpa de todo al gobierno y a los políticos, en lugar de preguntarnos qué hemos hecho nosotros como ciudadanos, como sociedad, para contribuir a mejorar las condiciones de vida de nuestra comunidad, mediante el señalamiento de fallas e irregularidades en el quehacer público, pero también a través de propuestas y acciones propias para modificar los modelos erróneos o anacrónicos. La Patria exige de una lucha frontal contra el subdesarrollo económico, político y social; las armas son la ley, el trabajo entusiasta de todos, la fe en nosotros mismos, en nuestras familias y en nuestra comunidad, la preparación continua y constante, la exigencia de nuestros derechos y el cumplimiento de nuestras obligaciones; todo ello mediante una decidida y activa participación cívica sin excepciones, cada uno desde el ámbito de nuestra responsabilidad: desde el hogar hasta la fábrica, desde los campos de labor hasta la oficina, desde la escuela hasta la universidad.

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Hace 20 años Diego Fernández de Cevallos advirtió: “Se oyen voces de ultratumba en los pasillos del poder, en el sistema político que agoniza. Ante ello debe haber una sociedad que eleve otra voz: la del cambio de un sistema de súbditos ausentes a una Patria en pleno ejercicio de derechos y cumplimiento de deberes”. Dos décadas después, el PRI cayó a golpe de votos; luego, los dos gobiernos del PAN fracasaron, por lo que regresó el régimen tricolor; pero decepcionó nuevamente, por lo que llegó al poder la 4T que en dos años ha incrementado la caída de la economía, ha ahuyentado inversiones productivas, han aumentado homicidios y desempleo, los caprichos, bandazos, decisiones y acciones presidenciales causan daño nacional y vergüenza internacional. Por todo lo anterior, ahora es tiempo del despertar de una nueva sociedad consciente de que su participación es esencial, con ciudadanos dispuestos a asumir el compromiso político y social para que el país salga adelante, de manera tal que las voces de ultratumba se conviertan en cantos de progreso para todos. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

¿A poco no...? Transformar nuestro mundo

Por Juan Ceballos Azpe

¿A poco no te has puesto a meditar en el deterioro de este mundo en el que vivimos, así como en el sinfín de posibilidades que están a nuestro alcance para tratar de transformarlo? Y no tanto a ese mundo conflictivo donde el pan de cada día son las guerras, epidemias y masacres que lo azotan sin piedad; ni a ese mundo en el que ancianos y niños mueren víctimas de la miseria y el hambre, de la apatía de la sociedad y el olvido de las autoridades. Pensemos en el mundo inmediato que nos rodea: el de nuestra casa, la familia, la escuela, el trabajo y la región que habitamos.

¿Cómo podemos depurar nuestras relaciones familiares para ser mejores hijos, mejores padres o mejor pareja? ¿De qué manera podemos alcanzar una mayor superación en nuestro centro laboral o escolar para obtener mejores resultados en nuestro rendimiento? ¿De qué forma contribuimos a mejorar las condiciones de vida de nuestra región?

Sólo es cuestión de poner a trabajar la inteligencia e idear tantas posibilidades como nuestra imaginación y creatividad nos sugieran, sin escatimar ningún esfuerzo para intentar transformar nuestro mundo; sobre todo, en estos tiempos cuando los valores humanos y espirituales se van perdiendo ante la peligrosa indiferencia de la humanidad. El acelerado ritmo de la vida cotidiana muchas veces nos impide hacer un alto para reflexionar en el grave problema individual y social de la desintegración familiar, en la falta de comunicación entre padres e hijos. Los jefes de familia, por lo común nos dejamos envolver por la rutina de nuestras actividades laborales, de tal forma que nos olvidamos, tal vez sin querer, de los seres amados que nos rodean.

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A fuerza de atender lo urgente, desatendemos lo importante y llega el momento en que dejamos de preguntarnos si verdaderamente conocemos a nuestros hijos.

En este examen de conciencia también cabría cuestionarnos sobre el desempeño que tenemos en el resto de nuestras actividades y relaciones; del papel que jugamos como ciudadanos; si somos espectadores pasivos o protagonistas activos del acontecer diario en todos los círculos en los que nos desenvolvemos; de las actitudes nuestras que se mueven por la inercia de la mediocridad y la desidia; del desinterés y la apatía que nos limitan e impiden nuestra participación cívica frente a los problemas propios de la comunidad, la región y el país. ¿Alguna vez te has puesto a pensar en todo esto? Pero lo más importante es pasar del pensamiento a la acción. De poco sirve darnos cuenta de la problemática por la que atravesamos, si no intentamos hacer nada por mejorarla. Si no podemos cambiar el planeta, sí podemos transformar nuestro mundo. Y nadie va a hacerlo por nosotros. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

No queremos saber hablar de política

Por Moisés Picazo Salazar

Muchas personas, aun con un buen nivel educativo, rechazan los temas políticos y les rehuyen, nos educaron y nos vacunaron contra ellos porque la mayoría los califica como lo peor que hay en el mundo.

Desgraciadamente en México, además de la falta de educación formal y académica, nuestros niveles de estudios son muy bajos y aún tenemos cientos, miles o tal vez millones de personas que no saben leer ni escribir y peor aun cuando algunos llegan a niveles universitarios como analfabetas funcionales.

De acuerdo con el INEGI en México los habitantes de 15 años y más tienen 9.1 grados de escolaridad en promedio, lo que significa un poco más de la secundaria concluida.

En 2018, un estudio elaborado por el Centro Kumon, determinó que más del 34% de los  estudiantes en México de nivel medio y superior no comprende lo que lee.

Aquí encontramos una primera razón de porqué no sabemos ni nos interesa hablar de política y mucho menos actuar en ella. 

Otra y no menos importante, es que este país los políticos se han encargado de vacunarnos contra la política, principalmente por la prepotencia, corrupción, impunidad, falta de respeto a la legalidad, influyentismo, nepotismo, falsedades, comportamiento inmoral y antiético, opacidad, falta de transparencia, ausencia de estado de derecho, etc.

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Han hecho escuela cada seis años con sus frases: «la moral es un árbol que da moras, vivir fuera del presupuesto es vivir en el error, no me den, solo pónganme donde haya, las leyes y las m.. se hicieron para violarse, el que no tranza no avanza, cuando hay obra sobra, amistad que no se demuestra en la nómina no es amistad, que sepan quien manda,» etc. 

Desde toda la vida nos han tratado como simples súbditos y no como ciudadanos, recordemos la frase “De una vez y para lo venidero deben saber los súbditos que nacieron para callar y obedecer y no para discutir y opinar de los altos asuntos del gobierno“ hace 253 años la tenemos grabada en piedra en nuestra memoria.

Otro factor de igual importancia es que aquellos “políticos” que llegan al poder están siempre más preocupados por la próxima elección y no por la próxima generación y todos los gobiernos se han dedicado a establecer programas sociales que ayudan al bienestar del pueblo, pero no hacer que se desarrollen en su persona y nos mantienen con la esperanza de que ahora sí vamos a salir del hoyo y al menos recibiremos más apoyos en dinero y nadie se preocupa por desarrollar el espíritu democrático, un ejemplo publicado en El Siglo de Torreón en “Verdades y Rumores”, del sábado 15 de agosto de 2020:  «los del Partido Verde…, andan ofreciendo hasta mil pesos por representante de casilla, una oferta que ni el tricolor ni el blanquiazul han podido hacer y los de Morena lo más que han prometido son 250 pesitos…», esa es la democracia en México.

Me surge una duda, los que no quieren siquiera oír de política, ¿tendrán idea de qué es la política? La solución, como siempre, está en nosotros, olvidémonos de los políticos, sus partidos, diputados, senadores y las tres instancias de gobierno municipal, estatal y federal, tratemos de quitarnos esa pesada carga de siervos y empecemos a actuar como ciudadanos, recordemos que nosotros somos los mandantes y ellos los mandatarios, en lenguaje coloquial simple y llano, son nuestros mandaderos y no al revés. 

Andrés y ustedes

Por María del Desierto

Ya los conocemos. Estuvimos en la escuela con ellos y ahora son nuestros patrones por obra y gracia de la herencia recibida. Ya los descubrimos: no son los más listos, ni los más aptos ni los más fuertes. A veces, son todo lo contrario: bajo el amparo de la ley del mínimo esfuerzo, los vimos presentando todos los exámenes extraordinarios que el dinero pudiera pagar y el sistema permitiera presentar; su piel no soporta el calor ni la luz del sol ni los trabajos pesados; enferman con un trago del agua que sus instituciones nos obligan a beber a diario, a los de abajo.

Los cachamos, a ustedes que desde niños se burlaron de los inteligentes, de los gordos, de los morenos, de los diferentes. A ustedes que tampoco están arriba pero salían a defenderlos por ganarse su aprobación o unos pesos. Los mismos, que por tener ahora un salario decente se masturban soñando con usar las marcas, ir a los restaurantes y manejar los coches de sus ídolos de siempre.

Por eso ahora nos reímos de sus marchas (que oh, sorpresa, son con el aire acondicionado y la comodidad de su auto). Quienes sí nos esforzamos, quienes sí aprovechamos las migajas que nos dejaron, quienes sí leímos y estudiamos porque nos creímos su propaganda. Nos botamos de la risa cada vez que llaman al presidente en turno “comunista”. Compartimos sus videos en redes y ustedes son incapaces de percibir la ignorancia que despliegan y presumen en los tres minutos que alcanzan a elaborar de argumentos anti-AMLO.

Ustedes, tan parecidos a los gringos que comparten sus espacios de consumo (el mall en la frontera, de tiendas de remate), ya no son parte de nada y por eso gozan de encontrarse con otros parias los sábados o domingos sin romper su “sana distancia”. Antes eran ricos, y la riqueza podía comprar alta cultura, exclusividad, conocimiento, arte, refinamiento. Ahora son un puñado de gente con poder adquisitivo, que se diluye amenazado por las tasas de interés porque sus compras siempre son a crédito. Aparentar hoy y pagar mañana.

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Ya los vimos, y nos da gusto comprender que nos esforzábamos en vano por pagar escuelas que son garantía de nada. La educación más cara que el dinero puede pagar, a ustedes les sirvió de nada.  No saben leer ni escribir, queda claro en sus carteles, pero más claro en su desprecio por la vida y su arrogancia. No les enseñaron de empatía ni de amor al prójimo, porque sus sacerdotes también se benefician de la generosidad con que ustedes lavan sus culpas cada semana. Ni sumar ni restar, ni escuchar ni articular. La primaria les pasó en blanco.

Andrés Manuel está muy lejos de ser el mesías con el que muchos soñaron, y de todos modos ya logró uno que otro milagro: a ustedes les hizo feministas y ambientalistas; les puso a pensar en las madres que trabajan cuando cerró las guarderías; les hizo preocuparse por el arte con el movedero que trae en los fondos culturales y las becas; les hizo hermanarse a panistas y priístas.

Sí, el presidente polariza, pero ustedes fueron los primeros en caer en ese juego. Sí, la inversión se está espantando, cada vez que ustedes usan falacias para inventar un escenario perverso. No, Andrés no es comunista, ni es pro-aborto, ni amante de migrantes ni le gusta respetar los derechos humanos. Miren, Andrés se parece a ustedes más de lo que entienden.

Pensar

Por Ariel Carbajal Rivota

Pocos momentos hay en la historia de una persona, en los que con la misma vehemencia realidad y conciencia exigen batalla, hoy por hoy el entendimiento, nuestro entendimiento, implica sortear nuevas barreras. Me parece de poca trascendencia adjudicarle consecuencias distópicas o propias de una extinción a la emergencia sanitaria y demás sucesos del presente, como igual de corto me parecería no reconocer en él la síntesis que expone de muchos de nuestros aciertos y errores como civilización e individuos.

Más allá de lo que se haya dicho o se pueda decir, tengo que reconocer algo: resulta asombroso verificar la fragilidad de las formas establecidas, esas que por su permanencia se habían reputado como categóricas. Me refiero a las estructuras que habían permanecido intactas, esas que parecían estar dadas tanto en nuestra manera de explicar al mundo como en la manera en que nos interpretamos en él, esas que ahora tambalean ante el embate de un suceso igualador, tanto en sus causas como efectos, y que permiten vislumbrar las falencias de nuestros sistemas políticos, económicos y sociales, pero también de nuestros moldes cognitivos.

No soy partidario de concebir a la historia como cíclica, por eso mismo lo obtuso que resulta el momento no puede entenderse únicamente mirando a lo ocurrido en el pasado, como tampoco valdría postergar la atención del mismo a los indeterminados caminos del futuro. Insisto en que no hay mejor tiempo que el ahora para librar estas batallas, no por las circunstancias sino porque es el único en que es posible.

Habría que procurar, en la medida posible, que los factores que originaron la crisis del año 2020 no pierdan atención habiendo pasado la coyuntura. Es evidente el carácter extraordinario del momento, mismo que ha servido para que muchos comprendan la importancia de pensar, excepcionalmente, en la posibilidad de reubicarnos en el eje luego de pasadas, o mejor dicho, de haber tomado el control de estas ineludibles oscilaciones.

Este desequilibrio perceptible a niveles individuales y colectivos nos ha obligado a vacilar entre lo conocido y lo desconocido, a plantearnos nuevos cuestionamientos y concebir incluso “nuevas normalidades”. El tambaleo, no obstante, ha permitido asomar la cabeza a lugares que habían permanecido ocultos tras los muros de estructuras que revelan, cada vez con más severidad, que no han sido suficientes.

Lamentablemente, vuelven a comprobar su vigencia temas no resueltos como el racismo, la discriminación, la desigualdad y la violencia, pero al parecer, han encontrado mayor eco, pero sobre todo una mayor y más clara exposición. Esta sacudida de acontecimientos ha permitido derribar ideas y prejuicios pobremente afianzados sobre sistemas que hoy admiten tácita y explícitamente su incapacidad. Esto, sin duda, abre la posibilidad de comenzar a plantearse, más que nuevas, mejores respuestas.

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Es también una realidad que el turbulento ambiente hace, a su vez, más complicada la elaboración de estas soluciones. La brújula ha dejado de indicar un rumbo cierto, pero no por esto habría que darlo por perdido. El rumbo, aunque incierto, tiene un horizonte, lo importante será resignificarlo. Ante lo complicado que se antoja la grandilocuente proposición quisiera hacer notar que puede ser más fácil de lo que se cree. 

Valdría tomar en cuenta nuevos enfoques como el que sostiene el economista y filósofo indio Amartya Sen, quien ha propuesto una manera más práctica para hacer frente a la injusticia social. Él, bajo su concepto de “injusticias remediables” defiende que una calamidad (violación, soborno, hambre, despojo, etc.) se le considera propiamente como “injusticia” cuando ésta pudo haber sido evitada y particularmente si quienes pudieron haberla evitado no lo hicieron. Bajo esta premisa combatir la pobreza, la desigualdad y la discriminación adquieren la oportunidad de hacerse como lo que son, fenómenos particulares y determinados; y no como simples problemáticas abstractas y despersonalizadas que desde los gobiernos se pretenden atender con  las “doblemoralistas” buenas intenciones de sus programas e instituciones. Con lo anterior, han postergado el urgente y preciso enfrentamiento que requieren, cediendo así la solución de estas injusticias a la esperanza de que en un mañana, casi por sí solas, atenúen su intensidad de manera automática. No ha sido, ni es así. Hoy podemos comprobarlo.

La incapacidad es connatural a los gobiernos, sin embargo, evidenciar esas incapacidades y tomarlas como motivación para hacer algo es responsabilidad ciudadana. La desatención oficial obliga a la acción social. Tenemos que aprender a ser ciudadanos a pesar del Estado, pero en busca de que este mismo, con su potencial amplitud y robustez, pueda configurarse nuevos valores que redireccionen el rumbo perdido, y que atraiga y atienda a los que han quedado histórica y sistemáticamente fuera de él.

Es imperativo comenzar por nosotros mismos, reflexionemos, entendamos y aprendamos de los demás, nuestras sociedades están lejos de ser homogéneas, lo que implica diversidad en los pensamientos y opiniones; y a su vez la oportunidad de generar soluciones más adecuadas a las exigencias del presente. Para esto se necesita luchar contra la ignorancia, ingrediente principal del miedo al otro, y difundida, en gran parte, por los medios convencionales de información. 

Conozcámonos e intentemos comprender nuestro entorno reconociendo nuestros sesgos, comprobemos que en el panorama general concurren multiplicidad de contextos y visiones, y estas obligan a concebir de manera más crítica y amplia nuestra propia realidad.

Hoy resulta fundamental apropiarse de causas justas, defender las que promuevan la empatía y solidaridad, y refutar las que tiendan al enfrentamiento y la segregación; hay que llevar estas agendas al terreno de lo político, abogar por una re-organización de la sociedad que priorice la inclusión y justicia social. Civilicemos a las autoridades y no viceversa, humanicemos la sociedad, démosle autonomía a nuestras ideas, tomemos acción política dentro y fuera de nuestras conciencias. 

Lo más transgresor que podemos hacer hoy es también lo más sencillo: pensar.

* El punto de vista del autor no necesariamente refleja la postura de esta casa editorial, Red es Poder es un foro de voz libre y así será siempre.

¿A poco no...? Hágase la voluntad de la ley en los bueyes del prójimo

¿A poco no es cierto el pregón de que las leyes y los reglamentos se deben cumplir por todos, siempre y cuando no me afecten o me perjudiquen a mí directamente? Así somos de comodinos los mexicanos –o la mayoría-: nos desgarramos las vestiduras, lamentamos y mentamos las infracciones y violaciones a las normas que otros cometen; arremetemos contra políticos y funcionarios corruptos; pero cuando somos nosotros quienes infringimos la legalidad sobran las justificaciones. Lo que en otros es abuso, en nosotros es necesidad.

Lo que en otros no se perdona en nosotros se disculpa; lo que en otros se condena en nosotros se absuelve. En otras palabras, como dice la máxima popular: hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre. Criticamos a otros por lo mismo en que solemos incurrir, como hablar por celular mientras conducimos, manejar con exceso de velocidad, pasarnos el alto, tirar la basura en la calle, saltarnos la fila sin esperar nuestro turno, no respetar al peatón o al ciclista, evadir el pago de un impuesto, dar mordida, en fin.

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Hay una gran cantidad de casos en los que infringimos las reglas que norman lo que debería ser la base de la convivencia armónica, pero solemos romperlas con una facilidad impresionante. El respeto de la ley sin excepción y hacerla respetar por parte de la autoridad establece el orden que permite el funcionamiento de las instituciones y la generación de confianza. Es difícil –por no decir imposible- que una sociedad prospere y  se desarrolle donde impera el desorden, que entre más tiempo se deja sin atender, más fuerza adquiere.

Si no somos capaces de respetar el orden establecido, ¿con qué calidad moral le vamos a exigir a nuestros gobernantes que no sean corruptos y cumplan con su responsabilidad? Maduremos ya y hagamos lo que nadie va a hacer por nosotros, cambiando el grisáceo y patético paradigma del poblador pasivo e indolente, por el del activo y participativo ciudadano, comprometido con el cumplimiento del marco legal y decidido a no hacer suya la paráfrasis de la máxima: Hágase la voluntad de la ley en los bueyes del prójimo. ¿A poco no…?

Levantemos nuestra voz

Texto vía El Pensador Amateur

Nos llaman conflictivos aquellos, los obedientes, los ordenados, los estructurados, los estériles. Tan solo porque nuestra voz se escucha fuerte y clara, desgarrada por la sequedad y el abandono pero alimentada por nuestra esperanza, nuestro empeño y nuestra irrestricta libertad, nuestra voz surge de la entraña.

No es por nuestros méritos cívicos, ni siquiera por nuestras humanas cualidades, menos por nuestras mermadas fortunas. No importa nuestra historia, ni nuestra cultura, tampoco nuestra peculiar idiosincrasia.

No, no hacemos cálculos aunque los hay y muy certeros.
Tan solo queremos vivir de acuerdo a la realidad y la realidad es que La Laguna es una,
única e indivisible.

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Los laguneros, gentilicio que nació plural e incluyente, desde el principio, cuando los jesuitas miraban las innumerables charcas provistas de peces que servían de sustento a las tribus de la comarca, a los irritilas, a los tobosos, a los salineros, a los cocoyomes, a los patas prietas, a los zacatecos, a todos esos hombres, mujeres , niños y ancianos que habitaban nuestro entorno y que fueron englobados bajo el gentilicio de “laguneros”.

Nuestra voz representa la erupción de la tierra, de la realidad. No importa quien empuñe la palabra, si es hombre, si es mujer, si es joven, si es viejo, todos cuentan, todos valen, sobretodo en este lugar, en donde quien no trabaja no merece una sombre que le proteja de la inclemencia.

Vamos todos, a una voz, adelante. Qué importa quien grito primero, quien gritó más alto, más rudo, más terso. Aquí en La Comarca, en La Laguna, todos, absolutamente todos tenemos voz, hay que usarla.