Cuento de navidad en el Mercedes Benz

El Pensador Amateur | Federico Sáenz Negrete | @FSAENZN

¡Es tardísimo!

Son las siete de la noche y la misa de navidad inicia a las ocho treinta. Para obtener lugar hay que estar ahí antes de las ocho , si no, te condenas a permanecer de pie en una ceremonia larga, hermosa y bien llevada, vale la pena ser puntual. Mi querida esposa no me perdonaría llegar tarde, demostraría falta de interés de mi parte a los proyectos de familia y no hay nada más alejado de la realidad.

El problema es que las ventas están a nivel del suelo, que va, a nivel del subsuelo, del sótano, y con tanto gasto la pasa uno muy estresado. Esta temporada navideña las ventas brillan por su ausencia, no sé si la gente no tiene dinero o no tiene confianza en el próximo año 2010 y prefiere guardar.
El caso es que el Mercedes Benz Elegance 380 modelo 2008, seminuevo, que pensaba vender para sufragar los gastos navideños sigue todavía en el aparador. Es un auto increíble, con solo doce mil kilómetros recorridos es una verdadera delicia. Para levantarme la moral me pienso ir en él a casa, en fin, lo que no se vendió pues ya no se vendió y cuando menos a levanto el ánimo, la cartera seguirá vacía unos días más.

Me despido de mi padre a quien vere de nuevo  en casa del tío Juan como a las diez en la reunión navideña de la familia de mi madre, los Negrete.

Salgo de la cochera del negocio, doblo hacia la derecha para enfrentar el semáforo de la Diagonal Reforma y mientras espero el verde, un hombre mayor, razonablemente bien vestido con chaqueta humilde pero bien cuidada y limpia, gorra de paisano y pantalones impecables me hace señas de que baje el cristal. Lo pienso dos veces pues no es bueno atender ese tipo de llamadas en la calle y menos cuando se conduce un automóvil tan caro como ese Mercedes Benz. Hay algo en su figura que me motiva a bajar el cristal para atenderlo, se ve de condición económica humilde pero acicalado, se ve viejo pero educado, en fin, algo me motiva a escucharlo, ¿Qué mal me puede hacer?

-          ¿Dónde queda el boulevard?... Me pregunta con toda propiedad y exactitud.

¿El boulevard me pregunto yo, cuál, el Independencia, el Revolución, el mismo Diagonal Reforma que estoy presto a tomar?

-          ¿Cuál boulevard? Le pregunto.

-          El grande… Me contesta.

¿El grande? Este tipo en qué época vive, así he oído que los historiadores le llamaban al boulevard Torreón, ahora Independencia, construido en 1952 en lo que era el lecho del tajo de la concha, un viejo canal de irrigación que parte del rio Nazas y va a desembocar hasta San Pedro de las Colonias irrigando todos los ranchos que encuentra en su camino, un verdadero entramado de ramales que activa los cultivos que habrán de producir lo más valioso de la economía de la Comarca. ¿Qué le pasa a este tipo? ¿Por qué le llama así?

-          ¿A quién busca ahí? Le pregunto pensando en mi interior que estoy cometiendo una estupidez al entablar conversación con un tipo que trae el calendario bastante atrofiado.

-          A Bredee, busco el rancho de Bredee.

Tómala, todo mundo conoce que el rancho de don Ernesto Bredee iba desde la colonia Los Angeles donde hasta hace poco estuvo su casa, y ahora es una plaza comercial, hasta lo que ahora es la colonia San Isidro. Bueno, seguramente va por ahí cerca y no me desvío gran cosa en mi camino a casa.

-          A ver, súbase, yo lo llevo.

Sin pensarlo dos veces, el hombre, con sorprendente agilidad para la edad aparentada se sube al Mercedes y le tengo que decir que se ajuste el cinturón de seguridad a lo que me responde que para qué. En fin, con paciencia le ayudo a sujetarse. (¿Qué estoy haciendo subiendo al Mercedes a las siete de la noche a un viejo humilde, aunque bien vestido y por el aroma, recién bañado? Se refiere a sitios y nombres que hace ochenta años no existen. Yo que leo mucha historia de la ciudad y que me junto con viejos que narran sus vivencias y  mis abuelos que eran amigos de todos los terratenientes de la región me tenían bastante enterado de casi todas las historias,  nunca pensé toparme con alguien que siguiera en esa época. ¿En qué problema me estaré metiendo?).

-          Aaaay, qué pena. Me dice el hombre cubriéndose el rostro mientras iniciamos el trayecto. - Usted con la prisa que debe de tener por ir a su cena de Navidad y este viejo necio importunándolo.

-          No qué va, encantado lo llevo. (Pienso para mis adentros, a fin de cuentas es una buena acción de Navidad, ¿No?) Así que vamos a casa de Bredee.

-          Sí.  Dice el buen hombre. - Voy a un sitio que está después de con Bredee, mi esposa trabaja en una casa más allá de con Bredee.

-          Allá lo llevo.

Pienso para mis adentros, a fin de cuentas, qué tanto me desvío, cinco o seis minutos a lo mucho y seguro que me cuenta en el cielo esta buena obra en un día tan importante. Si no va uno a ser generoso en Navidad, entonces cuándo.

-          Aaaay que pena.

Insistió el hombre mientras llegábamos al sitio en donde estuvo la casa de los Bredee y que ahora es una plaza comercial. El hombre se quedó viendo aquello como quien no entiende nada, como quien de pronto pierde piso y no sabe qué ocurrió. Se serena, se voltea hacia mí y me dice:

-           Así no estaba esto…

-          Pues claro que no santo señor, pero dígame donde trabaja su mujer.

-          Aaaay que pena, usted con la prisa que debe tener y yo aquí importunándolo. Me repite otra vez.

-          Que no hombre, que no hay problema, pero dígame ¿dónde trabaja su mujer?

-          Aquí cerca, en la colonia Los Angeles, en la calle Navarro, si , Navarro. Me dice esperanzado de  no equivocarse.

Que bárbaro, pues si ahí pase mis primeros veinticinco años de vida, nada menos que mi barrio, conozco a todos y cada uno de los vecinos.

-          ¿En casa de quién trabaja su mujer?

-          No sé el nombre pero reconozco la casa. Me lo dice ya dudando, lo que me empieza a preocupar.

La calle Luis Navarro de la Colonia Los Angeles tiene 4 cuadras y es cruzada por la ave Zuloaga (en honor de Don Leonardo), la Urrutia, la Amador Cárdenas, la Joaquín Serrano y por último la Adolfo Aymes. La recorremos a vuelta de rueda y el buen hombre no reconoce ninguna casa.

-          Aaaay que pena. La duda empieza a dominar su cara. -  Es una casa grande… de adobe.

-          Nooo. ¿De adobe?

Nunca se hizo una casa de adobe en la colonia los Angeles. Fundada en 1945 siempre ha tenido residencias de alto nivel económico, todas de ladrillo, jamás ha tenido una casa de adobe. ¿Qué le pasa a este hombre? Ya son las siete y media y ya debería yo de estar arreglándome para ir a la misa de Navidad y estoy perdiendo el tiempo en un Mercedes de lujo con un viejo humilde vestido con su mejor ropa y recién bañado que no recuerda la casa donde trabaja su …

Momento. ¿Una casa grande de adobe? Esta colonia fue parte de los ranchos de Don Leonardo Zuloaga, de hecho le llamaban el ombligo de Doña Luisa en honor a Doña Luisa Ibarra de Zuloaga su viuda y al hecho de que por estar en alto estaba protegido contra las crecientes del rio. Luego el Coronel Carlos González Montes de Oca compró esta parte de sus propiedades y trabajó los ranchos. ¿No habría por acá una casa de algún capataz o de algún administrador? Todavía recuerdo que en la siguiente calle, la Feliciano Cobián, iniciaban terrenos todavía con surcos de cultivos no tan lejanos en el tiempo. Cruzando hacia la ampliación los Angeles estaba el rancho de Don Hilario Esparza a donde íbamos a comprar las mejores sandias del mundo, luego ese rancho se fraccionó en lo que ahora es la colonia las Margaritas.

¿En qué época vive este viejo? Mi mujer no me va a creer en el laberinto espacio tiempo en el que me metí por andar de buen samaritano. Detengo el auto y ya molesto le digo al hombre.

-          A ver, haga un esfuerzo y dígame a dónde lo llevo.

-          Aaaay que pena, usté con la prisa que tiene y yo quitándole su tiempo y encima en este coche tan elegante que…

-          Ya, ya, párele, a ver, concéntrese, haga un esfuerzo que ya son las siete con cuarenta y cinco minutos y está a punto de estallar mi paciencia. (La de mi mujer seguramente estaba haciendo erupción en esos momentos).

Me dice el buen hombre:

-           Aquí a la derecha, rumbo al rancho de Hilario, por el tajo del coyote, por ahí.

Doy vuelta en la Adolfo Aymes, tomo la Feliciano Cobián y doy a la derecha en el Boulevard Constitución, antiguo tajo del Coyote (llevaba agua a las haciendas de Andrés Eppen) y me detengo en una gasolinera cercana. Detengo el auto y me bajo pidiéndole al hombre que hiciera lo mismo. Pensé seriamente dejarlo ahí, total, lo encontré en la calle y lo dejo en la calle, que resuelva su vida como pueda, ya son las ocho en punto y debería estar listo para ir a misa, ni modo que me vaya así sin bañarme, realmente la jornada de trabajo deja su aromática huella en mi humanidad y no es conveniente que me presente así a una celebración de tanto abrazo como Navidad. Soy hombre maritalmente muerto.

-          A ver buen hombre, dígame a donde lo llevo (pensé ir a tirarlo al DIF pero nada más de recordar que está por el rumbo del Mercado Alianza me temblaron las piernas)

-          Aaaay qué pena, yo dándole la lata y usted con este carrazo perdiendo el tiempo conmigo.

Hay momentos en la vida en que algo te dice que las cosas no marchan como debiera, que el guión se está saliendo de control, que las cosas están a punto de perder los límites y que la ley de la gravedad está a punto de ponerse en huelga,  que en cualquier momento tiembla la tierra, cae un aerolito y se inicia la espiral destructiva de un tornado.

Realmente me empecé a asustar.

¿Tan grave fue mi error? ¿Abrí una puerta a una dimensión equivocada? ¿Cómo le hago ahora para llegar a tiempo a donde yo debería de estar? Siempre me reprende mi esposa de que pierdo el tiempo en discusiones inútiles, de que hablo de más, de que me esfuerzo demasiado en entender a la gente y en complacerla. ¿Cómo le voy a explicar que no llegué a casa para llevarla a la misa de Navidad por andar paseando por la ciudad a un viejo menesteroso vestido con sus mejores ropas, recién bañado y encima en un Mercedes 2008 que ahora recuerdo no tenía seguro contra daños y accidentes? Si el tipo era parte de una estratagema para robarme el automóvil pues en ese momento perdía la friolera de quinientos mil pesos, suma estratosférica por el ángulo que se le vea.

-          Dígame a dónde lo llevo, no me conteste aaay qué pena… le advierto, mejor concéntrese y dígame a d-ó-n-d-e l-o  l-l-e-v-o.

-          A casa de mi sobrino en la veintinueve.

Me cachis, ahora sí estallé. Eso está del otro lado de la ciudad, justo de donde venimos, para qué me hace traerlo hasta acá (que es por donde yo vivo, por eso no se me hizo difícil hacerle el favor). Ahora voy a tener que llevarlo a casa de su sobrino en la veintinueve, que está casi de donde partimos, dejarlo ahí y volverme a regresar, qué horror, ya no llegue a tiempo.

-          Aaaaay que…

-          ¡Cállese carajo! , súbase y vámonos a dejarlo a la veintinueve de una vez.

Agarro el celular y le marco a mi mujer, tomo aire profundo y le comunico que debido a una emergencia llegaré tarde que se vaya sola a la misa y ahí la alcanzo. Se hizo el silencio que me caló profundo, he de haber sudado bastante pues este tipo de emociones me alteran hasta el límite de mis nervios. Ok, me contesta hasta eso bastante amable, ahí te esperamos.

-          Aaaay que…

-          ¡Ya por favor! Le interrumpo. - Vamos a casa de su sobrino, entre qué calles esta su casa.

-          Entre la Matamoros y la Allende, por la veintinueve.

Vaya, me sonó congruente. Tomé el boulevard Independencia y luego la calle doce que funciona bastante bien como eje vial, en la Juárez doblé a la izquierda para enfilarme rumbo a la casa del sobrino. Todo ese trayecto lo hicimos en silencio, pobre viejo, el par de gritos que le pegué para interrumpir su predecible disculpa había roto la relación, asunto que me importaba poco.

No puedo describir con exactitud cómo me sentía, no sé si ridículo, si estúpido, si fuera de personaje y de guión. Algo extraño estaba pasando. Me sentía el conejillo de indias de alguien que estaba jugando una broma usándome como instrumento. Me llegué a sentir en el cuento de Navidad de Scrooge, ese millonario miserable que se le aparece el espíritu de la Navidad en el famoso cuento de Charles Dickens.

Debo de ser sincero, eso me empezó a gustar, como actor frustrado, imaginarme dentro de un cuento o una película me provoca una diversión que me llena de contento, una pícara sonrisa regreso a mi rostro. De pronto algo me vino a la mente que no me gustó. Scrooge muere para que en ultratumba se le aparezcan los espíritus de la Navidad y le reclamen su tacañería. No, eso no, no en este Mercedes sin seguro contra daños y no hoy que es Navidad y encima que voy tarde a misa, no por favor…

Agudicé mis sentidos para no cometer ningún error de tráfico que diera pie a que se cumpliera en mí el guion del cuento. No me gustaban las coincidencias hasta el momento. Un miserable (en el cuento el niño era el miserable y Scrooge el viejo pero ahora, adaptado a mí, el miserable era el viejo y el conductor del Mercedes, pues Scrooge el tacaño. No quería yo morir asi que hice alto en los cruceros correspondientes a pesar de que la prudencia te indica de que por seguridad no te detengas en los cruceros cuando estén sin autos y encima oscuro. Llegamos al cruce de la Juárez y la veintidós, a una cuadra de Funerales Serna y el semáforo me tocó en rojo. Hice alto total no sin temor, qué mejor sitio para ser asaltado. Si este viejo era parte de un esquema de asalto pues yo había mordido el anzuelo y ese era el sitio perfecto. Me distrajo paseándome por toda la ciudad para llevarme a ese sitio y asaltarme con total impunidad. Pensé seriamente pasarme el rojo pero hice acopio de mi paciencia y me mantuve quieto.
Mal se puso en verde iba a oprimir el acelerador pero algo me hizo esperar. Volteo hacia la calle que cruza con la veintidós y que ahora tenía el semáforo en rojo y veo venir a toda velocidad una camioneta Explorer modelo 1994 color negra con calcomanía de onappafa que al aproximarse al crucero oprimió el pedal de frenos provocando un estruendoso y amenazante chillido de llantas al derrapar angustiosamente en el pavimento. Llegado al cruce y no habiendo reducido significativamente la velocidad, lo cual atestigua el pésimo estado de sus frenos, el imprudente conductor decidió oprimir el acelerador y continuar su camino pasándome como bólido a unos centímetros del cofre. Uuuuuf, ahí hubiese muerto de acuerdo al guión de este cuento modificado de Navidad, uuuuff, uuufff, qué barbaridad, en qué lío estoy metido, qué sigue Dios mío, qué sigue, yo solo quería ir a misa de Navidad con mi familia y se me ocurre en mal momento bajar el cristal del Mercedes para atender a un viejo que me hacia aspavientos.

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Las piernas me temblaban, por la Juárez di vuelta a la izquierda en la veintiséis. Crucé la Morelos, la Matamoros, en la Allende y  di vuelta hacia la derecha para tomar rumbo a la veintinueve y dejar al viejo. En la veintinueve di vuelta a la derecha rumbo a la Juárez para que por fin reconociera la casa de su sobrino. No podía creerlo, volvió a poner cara de que no reconocía el lugar. No, francamente ahora si estaba yo a punto de cometer alguna tontería, cuando alguna neurona le funcionó y me dijo:

-           ¿Dónde queda la Pepsi?

Otra vez, hace sesenta años la Pepsi Cola estaba instalada en la Juárez y 25, justo donde ahora esta PALSA. Seguí por la veintinueve hasta la Juárez. Efectivamente, en la esquina de la veinticinco está ahora Palsa, bueno, al menos ya traemos el rumbo correcto.

-          Por ahí es, me dijo.

Casi en trance producido porque dos o tres neuronas le funcionaron simultáneamente, espeta:

-          Después esta el café Monky.

Sí efectivamente ahí estaba la instalación original del Café Monky que ahora construyo moderna factoría en la Ciudad Industrial pero ahí inicio sus operaciones.

-          Luego sigue una farmacia en la esquina. Dijo el viejo que estaba francamente iluminado.

Efectivamente, brincaba yo de gusto a pesar de que ya eran las ocho con cuarenta y cinco de la noche y para entonces el padre Carlos Martínez ya estaría dando el sermón de Navidad, ahí está, ahí está en la esquina la farmacia que el iluminado viejo dijo, ya van tres señas correctas, la Pepsi, el café Monky y ahora la farmacia, bien, bien, bien.

-          Después de la farmacia, viven los Trujillo y luego los Méndez, mis sobrinos.

Casa de los Trujillo decía un letrero en la casa aledaña a la farmacia, Dios mío, gracias, gracias, estoy volviendo a la dimensión correcta, ya me voy saliendo del cuento ese en el que me metí por andar bajando el cristal del Mercedes. Enseguida de la casa de los Trujillo estaban unos jóvenes tomando cerveza que, al vernos, saludaron al viejo.
Gracias Dios mío, lo conocen, los conoce, aquí es. Me estacioné y raudo me lancé a abrirle la puerta al viejo. Los sobrinos, cerveza en mano, se abalanzaron a abrazarlo.

Llegada espectacular del viejo, en Mercedes modelo 2008 y encima con chofer güero.

Uno de los sobrinos se me acercó demasiado cerca como para darle un golpe a su tufo de malta y alcohol y me abordó:

-          Tons qué maestro, aliviánenos con un           six.

 El resto de los sobrinos se encaminaron hacia mi persona que instintivamente ya se había subido al coche, lo había encendido y en movimiento volví a bajar el cristal del Mercedes pero esta vez para mover rítmicamente la palma de mi mano y despedirme de los sobrinos que querían redoblar su dotación Navideña de cerveza. Adiós, viejo que me trajiste angustiado por toda la ciudad en un momento en que mi familia me esperaba en misa.

Cerré el cristal del auto y jure no volverlo ni siquiera a tocar. Me sentía de vuelta a la realidad, ni yo me creía lo que me acababa de suceder a pesar de haberlo vivido en carne propia.

Llegué raudo a la casa, me bañé en tiempo récord, me puse un traje obscuro y me fui a misa.
Mi familia estaba de pie pues llegó tarde por esperarme hasta el último minuto. Me coloqué al lado de mi mujer y le dije el clásico:

-           No me vas a creer lo que me pasó… Ella,
sabia que es, ni se inmutó.

Es justo decir que mi mujer pasó una incómoda cena de Navidad pensando que tenía un esposo irresponsable y de alguna manera tenía razón. Mis sobrinos se morían de risa con los retazos del relato que yo estaba dispuesto a revelar, mis hijos me veían con esa sospechosa sabiduría que tienen, asumían que decía la verdad pues nunca les he mentido. Sonaba realmente increíble el relato pero ellos saben que me suceden situaciones poco comunes, que las historias se entretejen en mi camino con la misma creatividad con la que yo enfrento mi lucha diaria por lograr una subsistencia decente.

En fin, tomé una copa de buen rioja, aspiré con profundidad el aroma, bebí un trago largo, paladee el milenario sabor de la uva fermentada y mirando hacia lo más profundo del jardín recordé que no le pregunté al viejo cómo se llamaba….

¿A poco no...? La verdadera navidad

¿A poco no...? | Juan Ceballos Azpe | @licjuanceballos

¿A poco no es cierto que la época de la Navidad es propicia para reflexionar en el auténtico significado del nacimiento de Jesús? Sobre todo, en este tiempo de pandemia en el que los valores humanos cobran una nueva magnitud ante la fragilidad de la existencia. Hoy, más que nunca, esta Noche Buena debe servir para replantearnos qué es lo que estamos haciendo de nuestras vidas y de nuestro entorno, así como del sentido de celebrar la Navidad, en medio de la contingencia sanitaria en la que se deben evitar las reuniones y los festejos con más de 10 o 15 personas, para evitar contagios. Y si no hay mal que por bien no venga, aprovechemos la oportunidad de meditar esta festividad desde una perspectiva más originaria: la de celebrar la posibilidad de vivir esta temporada navideña desde una vía alejada del comercio y la mercadotecnia: la del camino del amor. Una idea que puede sonar cursi o idealista. Máxime cuando vivimos una realidad en la que impera el principio de “tanto tienes tanto vales” y de que la meta a alcanzar es tener más que los demás.

Es así que, para la mayoría de la gente, el símbolo del éxito no se encuentra en la cantidad de amor que entregamos, sino en cuantas cosas materiales poseemos. Como si el mandamiento que dejó Cristo, “amaos los unos a los otros”, se hubiera trocado para celebrar la Navidad en “compraos los unos a los otros”. Por desgracia, de alguna manera todos contribuimos activa o pasivamente a creer que lo único que importa en la vida es tener. ¿Cuántos, por ejemplo, hoy sólo están concentrados en los regalos, en la cena y en todas las demás formas materiales de celebrar la Noche Buena? ¿Cuántos procuraremos que nuestros hijos no se queden con la idea de que, entre más y mejores obsequios, la Navidad es mejor? ¿En cuántos hogares nos acordaremos, aunque sea por un momento, del verdadero motivo que nos reúne en esta fecha? Pero más allá del discurso religioso, urge una reflexión sobre nuestra cotidianidad.

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Esa, de los familiares, amigos y conocidos víctimas del coronavirus, del crimen organizado, de la clase política corrupta e insensible, de los gobiernos ineptos e incapaces, de la desigualdad, de la impunidad, de la pobreza lacerante. Esa realidad, que hoy dibuja un triste panorama para los mexicanos. Por todo ello, hoy más que nunca tenemos que celebrar la verdadera Navidad, cuya esencia es el amor que se manifiesta, no con regalos materiales sino con los más altos valores espirituales, no con palabras sino con acciones y con la entrega desinteresada de uno mismo. Debemos celebrarla con la renovación de la Fe, la Esperanza y la Caridad; con el compromiso de trabajar unidos por una Laguna y un México mejores, de replantearnos nuestra vida, de cuestionarnos acerca de lo que es realmente valioso y de darnos la oportunidad de tratar, en lo humanamente posible, de rescatar el mensaje -y vivirlo con la mayor intensidad- de aquel que llegó hace más de 2 mil años, cuyo nacimiento celebramos esta noche. ¿A poco no…? ¡Ánimo!

¡Felices fiestas! Coahuila pagará más de mil millones en aguinaldos

El mes de diciembre representa una carga presupuestal importante para Coahuila, tan sólo en aguilandos la administración estatal gastará más de mil cien millones de pesos.

De acuerdo con el presupuesto de egresos, para este fin de año se programaron mil 115 millones 065 mil  923 pesos para dicho concepto. Además de este recurso, las autoridades también tienen que pagar bonos y paquetes navideños y gratificación por fin de año.

El gobernador Miguel Riquelme, en rueda de prensa, comentó que, a pesar de las dificultades financieras, podrán cumplir con todos los pagos correspondientes a las compensaciones navideñas, sin embargo, no aclaró en qué consisten las mismas.

Para la gratificación de fin de año, se destinarán 145 millones 382 mil  751 pesos, bono navideño 50 millones 647 mil 107 pesos y el paquete navideño 3 millones 809 mil 538 pesos.

En total, la administración estatal tendrá que desembolsar mil 314 millones 905 mil 319 pesos en los apoyos y obligaciones con las y los empleados.

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Este presupuesto forma parte de los más de 17 mil millones de pesos que Coahuila destina para servicios personales, este concepto equivale al 34.73% de todo el recurso asignado para el 2020.

En 2021, la Federación aplicará importantes recortes presupuestales a las entidades federativas. Con la eliminación de los fideicomisos y otros ajustes, el Gobierno de Coahuila tendrá que ejercer de otra manera el recurso para no tener problemas en solventar la carga burocrática que acarrean este tipo de prestaciones laborales.

La feliz navidad de Cuca

Por Elena Palacios

Es 23 de diciembre y tan temprano, las cobijas a cuadros rojos y blancos, negros y azules, ya cuelgan, recién lavadas, en los tendederos de Cuca. La fachada limpia: las macetas regadas, los adornos de cerámica sacudidos y, flanqueando la puerta principal, dos plantas de nochebuena, compradas en la alameda, caras para el presupuesto de Cuca, pero al menos, por temporada, es un gusto al que no quiere renunciar.

Es seguro que adentro, la viuda se afana también con las tres habitaciones, la sala comedor, y sobre todo, la cocina y el baño. No porque esto no sea la rutina del día, de la semana, de la vida, sino porque la navidad se halla terriblemente cerca, y Cuca espera, como cada año, que esta navidad sí sea una navidad verdadera, de ésas que se ven en la tele: la casa llena de luces y adornada, la mesa poblada de delicias, los aromas a canela y a pino, las mejillas de los niños: cálidas y sonrosadas, y el corazón de los adultos, contagiado de ternura y generosidad. 

Es 24 y comienza el atardecer. La casa de Cuca espera limpia y solitaria, pero van llegando hijos y nietos que ahogan el silencio con sus ruidos y la soledad con presencia, no con compañía. Los chiquillos buscan entretenerse, aunque sea a base de gritos y pequeños pleitos. Los adultos con sus prisas y sus quejas, todas de orden económico. Al padre muerto hace un año, ni se le extraña ni se le nombra. Llevaba muchos años ausente por voluntad propia. La forma de olvidarlo de Cuca, fue guardarle rencor. Un rencor callado apenas suficiente para no extrañarlo ni nombrarlo.

Es nochebuena. Desde la cocina, Cuca observa el escenario: ella sirve platos y vasos; todos cenan y conversan: que si las tiendas a reventar, que si la ciudad llena de zanjas, que si lo caro, que si las ofertas; los chiquillos con su gritería; los adolescentes asomados al mundo de las redes sociales, uno que otro adulto, igual; las hijas y las nueras, en el chismorreo; los varones pidiendo más tamales: no me des de queso, sólo de rojo. Luego toca abrir regalos. La alegría infantil, el desencanto adolescente, la obligación de poner buena cara de los adultos. Cuca abre un regalo, es un chal gris. A ver si te gusta, dice la hija. Se acerca un hijo y le entrega trescientos pesos: me pareció mejor dártelos para que te compres lo que a ti te guste. Cuca agradece y los guarda en su monedero. Otro hijo se acerca y la abraza, te debo el regalo, mamá, ya no me quedó nada, le dice al oído. No te preocupes, responde Cuca.

Ponen música, se ríen. Las envolturas rotas se quedan en el piso, en los sillones. Los niños juegan a perseguirse. Los adultos bailan, Cuca recoge la mesa y se pone a limpiar. Después se sienta en el sofá y mientras mira distraídamente a los que bailan, dice a una nieta: enséñame tu muñeca nueva

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Cuca sale a despedirlos hasta afuera: Dios los bendiga, manejen con cuidado. Préstame doscientos, te los pago en enero, junto con tu regalito, pide en secreto el hijo. Al fin, todos se van. 

Termina de recoger, apaga las luces, todas. Luego se arrepiente y enciende los foquitos de la ventana y los del árbol de navidad. Regresa al porche y recoge las dos macetas de la flor roja, simbólica de la navidad, las coloca junto al abeto artificial. Se lava los dientes y se pone la ropa de dormir. Se mete en su cama, la misma en la que duerme sola desde hace más de veinte años. La reciben las sábanas frías, poco a poco, su cuerpo entrará en calor. Cierra los ojos. Suspira en calma. Recuerda las navidades de su niñez y la primera que pasó junto a su marido. Luego las demás: las de sus hijos cuando eran pequeños. Vuelve a suspirar, se acomoda de lado y mentalmente da gracias, porque eso es lo que se espera: ser agradecida y no quejarse, no pedir. Bastante tiene con su familia: hijos, nietos, nueras; y con que hayan estado esa noche con ella. Se queda dormida.

Es 25 de diciembre. Muy temprano, Cuca despierta alentada por el silencio de la calle, el silencio de su casa, de su habitación. El silencio de su vida. Da gracias, ahora sí con motivo: una vez más sobrevivió a la navidad. No una escena navideña de televisión como la que espera desde siempre, pero sobrevivió: no “la pasó sola” ni abrió las llaves del gas para morirse. Se levanta, va al baño y luego a la cocina. Calienta un café y dos tamales de queso: sus preferidos, los lleva a su buró y enciende el televisor. Le quedan tres o cuatro horas para ella antes de que llegue la familia al recalentado. Tal vez el otro año, piensa sin creerlo, tal vez el otro año la navidad sea mejor.

¿A poco no...? La voz del corazón

¿A poco no es la Nochebuena un buen momento para meditar y reflexionar? Es tiempo de dar gracias por lo que somos y por lo que tenemos; por nuestros logros pero también por nuestros fracasos, que debemos verlos como oportunidades para levantarnos y seguir creciendo. Es el momento de recuperar ese espíritu de autenticidad que tienen los niños y que también debería renacer en los adultos para disfrutar de las cosas sencillas de la vida, las que no se compran con dinero y que valen mucho más que los valores materiales: el amanecer, la luna llena, el olor de las flores, el color del crepúsculo, el sabor de la Navidad, el asombro por las maravillas de la Madre Naturaleza, la solidaridad con los desposeídos, con los marginados; en síntesis: la plenitud de vivir.

Es el instante en que debemos pedir por el hermano que desconoce que posee voz para pedir por sus necesidades; de pedir perdón por quien no sabe perdonar y de perdonar a quienes nos han ofendido; de pedir sabiduría para comprender y no juzgar los motivos de los que nos han herido, pero también grandeza para darnos cuenta que somos demasiado pequeños para guardar odios y rencores, después de que hubo Alguien que todo nos perdonó y dio su vida por el perdón de nuestros pecados.

Lectura recomendada: Romper con el pasado y construir el futuro

Tiempo de rezar por el que no sabe orar y de dar un poco de nuestro tiempo a quienes necesitan de él. Sin embargo, mientras nuestros sentimientos no sean sinceros, y las palabras de perdón, alegría, paz y amor que se repiten en todas partes no salgan del corazón, de nada servirán las buenas intenciones porque serán palabras huecas, gastadas y sin ningún valor. Este es el mejor momento para escuchar la voz del corazón y comprender aquel lenguaje que trasciende las palabras; dejar que broten nuestros sentimientos en la fuente de nuestro interior, para aquilatar y hacer crecer las fortalezas que hay dentro de nosotros, pero también para descubrir nuestras debilidades y miserias, que nos llevan a actuar en consecuencia.

Meditemos en que antes de observar la luz de la estrella que nos trae la buena nueva, hay que aprender a ver la oscuridad de nuestras propias sombras. Que esta Navidad, y todos los demás días, dejemos salir la voz del corazón para que hable del amor, la sabiduría, la comprensión, la ternura y el perdón que guardamos dentro y los compartamos a plenitud con nuestros seres queridos y demás personas que nos rodean.

ECOnciencia navideña

Introducción

Recuerdo  desde mi niñez en las semanas previas a Diciembre escuchaba comentarios encontrados como: 

“No deben cortar árboles que se usen solamente un mes”

“Los pinos dan un aroma navideño al hogar”

“Los naturales sueltan mucha basura”

“Los artificiales no son tan bonitos”...

Así, crecí en un hogar en donde había un árbol artificial oficial que decoraba la sala en estas fechas tan especiales y que algunos años quedó guardado por adquirir el natural.

Tras una investigación en páginas serias como SEMARNAT, CONAFOR, publicaciones navideñas y las divertidas respuestas a la  pregunta, “¿Qué consideras más ambientalista, arbolito natural o artificial para Navidad?” En varios grupos de Whatsapp con integrantes de diferentes edades, diferentes ciudades y hasta diferentes clases sociales, he aquí una síntesis de las respuestas:

Natural  Artificial 
Desventajas Desventajas
*Se cortan árboles- lo cual acaba siendo una “desventaja”  mal entendida. *Están hechos de materiales metal, PVC y derivados plásticos contaminantes con subproductos como el plomo que contaminan la tierra y el agua
*Necesitan más cuidados. 

Desde el transporte a casa se requiere de un manejo cuidadoso.

Son un ser vivo y hay que mantenerlos húmedos, considerar que las luces utilizadas no generen calor, y ubicarlos lejos de calentadores y otras fuentes de calor. 

*En su fabricación se utilizan grandes cantidades de agua, electricidad y químicos
*Tiran sus “agujas” y se debe limpiar el área constantemente.  *La mayoría son fabricados en China o Taiwán, por lo que requiere mucho combustible (mayormente combustibles fósiles) para su transporte
*Son caros *Tienen una huella de carbono y huella hídrica alta desde su fabricación, distribución y desecho.          
*Algunos los  traen desde Canadá y Estados Unidos *Al desecharlos ocupan mucho espacio en los basureros municipales o rellenos sanitarios
*Tardan 2-5 (en ocasiones hasta 25) años a tener tamaño aceptable (1-5 metros) dependiendo de la especie *Al desecharlo emitirá  40 Kg de CO2
*Acaban tirados en los terrenos baldíos *Se impide el apoyo a viveros nacionales relacionados con la siembra y venta de árboles navideños
Ventajas Ventajas
Proveen aroma fresco y ambiente natural en la casa.  Contribuyen a mejorar salud, sobretodo el sistema respiratorio intercambiando CO2 por O2 y apoyan a la salud mental por el efecto del aroma en el sistema nervioso.  Tienen una forma definida y simétrica.
Durante su crecimiento, que generalmente es de 2-5 años para medir de 1-5 metros el árbol provee oxígeno, reduce la temperatura del área, es hábitat de otras especies y da otros servicios ambientales Hay más variedad de tonos de verdes y otros colores, como blanco, dorado, plateado, etc. 
Se apoya a la economía de el Estado de México, Guanajuato, Puebla, Michoacán, Veracruz, Tlaxcala, Distrito Federal, Coahuila, Durango, Zacatecas, Hidalgo, Querétaro, Tamaulipas, Jalisco, Oaxaca, Nuevo León, Aguascalientes y Morelos, principalmente. Estos viveros siguen normatividad de SEMARNAT  y la tala y siembra es programada para asegurar su sustentabilidad. El empaque y transportación son prácticos.
Desde hace 50 años se siembran 9 especies de árboles para árboles navideños que surten aproximadamente el 65% de la demanda nacional y no generan ninguna afectación al medio ambiente.                                                Se aplican normas fitosanitarias en la importación para asegurar que estén libres de enfermedades (NOM-013-SEMARNAT-2010).                                                   *En la parte baja del árbol deberás observar una etiqueta con el nombre del distribuidor autorizado y recomendaciones de cuidado. Éstas deben estar avaladas por SEMARNAT o PROFEPA. Los cuidados de instalación, guardado y limpieza son sencillos  siguiendo las instrucciones del fabricante. 
En climas donde sea posible, se puede comprar el árbol con raíz para sembrar después en tu jardín, en un parque, o mantener en una maceta                                                 OJO- no se debe sembrar en un bosque o en áreas que no tengan esa especie de manera natural. En el sondeo que efectué por Whatsapp hubo quien lleva más de 30 años con el mismo árbol artificial. 
En CDMX, Guadalajara, Puebla, Monterrey y otras ciudades se puede rentar árboles en macetas   (foto de árbol en maceta) https://www.loe.org/content/2014-12-12/TREES--oneman.png

https://www.neostuff.net/por-una-navidad-sustentable/

Se evita tala de árboles sin control o clandestina- aunque en realidad esto es casi inexistente. 
En caso de desecharlo:                                                 *en un centro de acopio se vuelve sustrato o composta para las siguientes siembras                                               *Si se quema como leña, emitirá 3.5 CO2                    *Si se lleva al vertedero, emitirá 16 Kg. de CO2    estas emisiones son mucho menores a las del artificial.  Al no querer seguir usándolo, se puede donar o regalar a alguien que lo pueda seguir usando. 

En el sondeo el 96% de las respuestas se inclinan por árbol artificial por “no talar árboles,” “cuidar la  naturaleza,” “evitar que terminen en terrenos baldíos” y otras razones, pero es evidente la falta de información sobre los árboles naturales. 

En pocas palabras, la conciencia ecológica en cuanto al tipo de árbol  se reduce a:

Si ya tienes un árbol artificial, cuídalo y úsalo lo más que se pueda.  

Cuando ya no lo quieras, lo puedes donar a alguien que lo valore.  Recuerda que a veces la “basura” de alguien puede ser el “tesoro” de alguien más.  Si está en mal estado puedes usar tu creatividad para seguir utilizando ramas, la base u otras secciones en adornos diferentes.

Lectura recomendada: Reducir, reutilizar, reciclar

Si no tienes un árbol y quieres adornar, considera este orden:

  1. Adornar un árbol o planta que ya tengas. Otra opción es adornar ventanas, chimeneas u otro lugar que proporcione el ambiente navideño. 
  2. Rentar un árbol natural en maceta (si hay esta opción en tu ciudad).
  3. Comprar un árbol con raíces que puedas sembrar en maceta, jardín o parque cercano.
  4. Comprar árbol natural y al final de la temporada llevarlo a los centros de acopio para que se convierta en sustrato o composta, o cortarlo y aprovechar su leña. 

Aparte de estas recomendaciones, hay muchos otros aspectos que considerar para tener celebraciones con menor impacto al ambiente, a la salud y al bolsillo.  Se pudiera abordar temas como adornos, envoltura de regalos, regalos, consumo de luz, consumismo, alimentación, etc. Por ejemplo, puedes adquirir adornos biodegradables hechos con mecate, hojas de tamal, madera, etc que son una buena opción, en las reuniones usar la loza y utensilios de cocina que ya tienes (en vez de desechables) evitar uso excesivo de luces o instalar las de LED que son más duraderas que los foquitos tradicionales, y si hay una fuente de energía sustentable como paneles solares, ¡qué bien!

Lo más sencillo es  practicar las primeras dos Rs de Reduce, Reutiliza y Recicla antes de adquirir cualquier producto; Reduce=compra solamente lo que verdaderamente necesites y Reutiliza lo que ya tienes. 

Saludos, recuerda que “¡Todos estamos conectados!”

En forma de cápsula informativa:  

Datos interesantes y  no tan conocidos:

*Hay registrados varios orígenes del árbol de navidad, pero todos coinciden en que la tradición inició en Alemania como una tradición pagana que luego se adecuó al cristianismo.

*Se tiene registrado de manera oficial en 1605 decorado con manzanas que representaban el pecado original y con velas que representan la luz de Jesucristo.

*Los árboles de navidad llegaron a México en el reinado de Maximiliano de Habsburgo (1864-1867).

*En 1878, Miguel Negrete, rival de Porfirio Díaz, adornó un enorme árbol de forma tan espectacular, que fue muy admirado.  

*En las ciudades los habitantes adoptaron esta tradición y a partir de los años 50 se popularizó por la influencia estadounidense y la mercadotecnia. 

*El árbol de navidad está presente en dos de cada tres hogares mexicanos, sobretodo en áreas urbanas según una Consulta Mitofsky en 2009.

*En una encuesta  Mitofsky en 2014, el 78% de los entrevistados dedican tiempo para poner el árbol.

*Las tradiciones implican participar en familia al poner el árbol, aunque en los últimos 5 años se ha popularizado contratar expertos decoradores para montarlos. 

En forma de cápsula informativa:                                                                  El proceso de un árbol navideño natural es para valorar:

  1. Se seleccionan conos de los mejores pinos. 
  2. Las semillas se siembran y cuidan en un invernadero durante casi dos años. 
  3. Las plántulas se siembran en bosques destinados a esta actividad en la época de lluvias considerando el espacio para su crecimiento donde pueden pasar de 2-25 años, dependiendo de la especie y características deseadas.  (En todo este tiempo, éstos árboles ayudan limpiando el aire, promoviendo la lluvia, reduciendo la temperatura del área, y más.)
  4. De los aproximadamente 7 mil arbolitos sembrados por hectárea, menos del 10% mueren. 
  5. La forma cónica, su simetría y follaje tupido requieren podas y cuidados durante su crecimiento.   
  6. Comercialización: La programación es esencial, pues los cortes, embalaje, transportación, distribución y venta es durante un período entre 30 de noviembre y el 24 de diciembre. Es muy importante evitar mermas.

*CONAFOR publica una guía que  indica los puntos de venta de árboles nacionales.

En forma de cápsula informativa:                                              ¿Cómo elegir y cuidar un árbol de Navidad natural?

  1. Considera el espacio que ocupará y la altura disponible. 
  2. Busca el que árbol tenga:
  • Un único tronco principal fuerte y sin deformidades.
  • Forma simétrica, sin espacios en el follaje y con color uniforme
  • Forma de cono, con una proporción donde la base sea dos tercios de la altura del árbol.
  • Revisar que no tenga insectos, zonas marchitas o coloraciones. 
  • Debe tener un olor fresco, agradable y un color verde.   
  • Se recomienda levantar el árbol y golpear el tronco contra el suelo. Revisar que hayan caído pocas agujas.  En general, los abetos y pinos las conservan mejor. 
  1. En su destino, 
  • Colocar el árbol en un recipiente con agua en la base tradicional inmediatamente al llegar 
  • Calcular un litro de agua por cada pulgada del diámetro del tronco
  • Instalarlo lejos de calentadores, rayos solares u otras fuentes de calor. Considerar focos “fríos.”
  • Ajustar el termostato para reducir la temperatura del área al menos un grado. 
  • Apagar las luces del árbol antes de salir de la casa y antes de irte a dormir.

Navidad trágica en Afganistán; un ataque deja 29 muertos y 23 heridos

De acuerdo a las autoridades, un ataque en contra de un edificio de gobierno situado en Kabul, ciudad capital de Afganistán, dejó un saldo de 29 muertos y 23 heridos.

El asalto comenzó cuando un suicida en un automóvil detonó explosivos frente al edificio, a los pocos minutos tres hombres armados con fusiles abrieron fuego con fusiles y bombas.

Najib Danish, portavoz del Ministerio del Interior de Afganistán, relató que por casi ocho horas los homicidas permanecieron en el edificio, sembrando terror entre los ocupantes. Algunos empleados de la dependencia lograron esconderse, mientras que la policía evacuó a otras 537 personas.

De acuerdo con los testigos, hubo por lo menos cinco explosiones en medio de la balacera entre los atacantes y elementos de la policía.

Cabe destacar que uno de los 29 fallecidos era policía, mientras que el resto fueron civiles que estaban en el escenario del enfrentamiento.

 

Crónica del encendido del árbol en Torreón

Antier sábado tres de diciembre muchos torreonenses nos amontonamos en la plaza mayor para presenciar el inicio citadino de las épocas navideñas. Ya con el frío en nuestras nucas y ya con la presión de los regalos en nuestros bolsillos, la navidad se respiró junto con las memorias de viejos encuentros, de viejas risas, de viejos abrazos y de viejos tiempos infantiles cuando recibir regalos y recibir la comida eran los dos éxtasis más esperados del veinticuatro.

Celebrar el festejo navideño es invaluable para muchos, invaluable porque el precio del amor y del cariño decembrino sólo se pueden valorar siendo parte del festejo y engatusándose en las alabanzas familiares. La navidad como tal es una construcción que ya es historia y que actualmente funge como tradición, de bondad sí, de bienestar sí y de buenos deseos también.

Con todo lo anterior en mente me sumergí en el piélago de mexicanos y mexicanas que adornaban el rededor del asta de la bandera en la plaza mayor. Si entiendo algo de las personas de nuestro territorio es que muchos, mujeres y hombres y niños, son de fiesta, a la mayoría nos encanta el guateque como bonitos mexicanos de esta hermosa cultura. Y por eso quería yo enmarcar todas las sonrisas que me encontraba, quería dibujar todos los abrazos, quería que mi cámara captara las manos enlazadas de los esposos, de los novios, de los padres y de las hijas, y de las madres y de los hijos, fotografiarlos a todos y embutirlos a todos en un collage inmenso de colores que proyectara la satisfacción y la alegría del montonal de gente.

Lo que quiero decir es que quedé fascinado por la enorme vibra de bonanza que se sentía a los pies del arbolote, quien pronto tendría luces en sus periferias. Así, embelesado del evento, me quedé solitario a observarlos a todos, sonriente también. Al cabo de una o dos horas, se anunció el espectáculo al que todos veníamos con una voz encantadora de alguien que, seguramente, había entrenado sus cuerdas vocales para sonar plácido. La voz nos felicitó por nuestras respectivas familias y navidades y nos invitó a una representación atractiva de la niñez y del encanto que las artes bien organizadas pueden provocar en uno.

Yo todavía con el éxtasis que sólo otro torreonense traído a esos mismos eventos desde su niñez podría entender, me topé con la presentación de las personalidades al mando, encargados de tan seductor espectáculo. Claro, Miguel Riquelme, Rubén Moreira y sus familias gobernaron el escenario.

Basta ser periodista para entender la merma que se siente admirar a su pueblo por su estado de ánimo, y luego verles las caras a quienes abusan de ellos mismos. Se siente como dar el bajón desde una bella nube en la que volaba. La cosa es que: lo había olvidado. Había olvidado quiénes eran los responsables de reunir a tanta persona, me había olvidado de todo lo que sabía sobre el evento y me había olvidado de los emperadores al mando de la presidencia.

Mi decepción provocó una contrariedad que no esfumó mi encantamiento, sino, más bien, reforzó mi sensación de servicio. Las preguntas ¿qué se piensan? ¿por qué hacen esto? ¿por qué engañar a su propia gente, a mí gente? ¿por qué alebrestar su esperanza con tal de escatimarles un sufragio?, salieron de pronto desde mi estómago y hasta mi garganta, donde se quedaron ahí inhibidas por la impotencia. Los observé ahora a ellos, hablando y sonriendo y saludando y pretendiendo. Luego observé al árbol que se prendió a la orden de los hablantes, magnífico, bellísimo conjunto de luces, confeti nadando en el cielo como si fueran luciérnagas en Zaragoza, Chihuahua, y después, fuegos artificiales que explotaron millones de recuerdos de todos mis diciembres.

¿Qué es el llanto de un niño si nadie lo escucha? Nada, sólo tristeza arinconada, olvidada, desatendida. El festejo es mucho más hermoso cuando detrás del contento no hay vituperio, cuando aquellos que sufren la realidad política se unen a la celebración y cuando esos que gobiernan levantan las manos sabiendo que son honestos, que le hacen bien a su gente y que no toman conveniencia de la felicidad. Así, en esa placidez social, es como el festejo debería tomar vida y como toda la ciudad debería vivir el verdadero éxtasis de cultura y de fraternidad.