Porfirio, el Mago Sabio de la República

Julián Mejía Berdeja | @julmeber

Con mi más sentido pésame a los familiares, amigos y colaboradores de Porfirio Muñoz Ledo.

Conocí a Porfirio Muñoz Ledo en 1997, justo cuando se encontraba en uno de los mejores momentos de su carrera política. Nunca olvidaré su amabilidad, su atención a mis inquietudes y su simpatía hacia La Laguna. A partir de entonces, y gracias a la intervención del Lic. Jorge Torres Castillo y de Alfonso Velasco Salazar, me mantuve en contacto con él, logrando con el paso del tiempo el que me distinguiera con su amistad. Siempre me pareció que Muñoz Ledo tenía un aura de Mago Sabio, la de alguien situado más allá del bien y del mal, de las simples y mundanas definiciones; la de un ser capaz de percibir una realidad más aguda, de leer los signos de los tiempos, anticipar el cambio de eras y encauzar energías contrapuestas. De ser una criatura con la habilidad requerida para vencer gigantes, enfrentar dragones y derribar murallas. Alguien facultado para adentrarse en los reinos de las izquierdas, de las derechas y en las tierras del centro, un heraldo de la patria cuya encomienda era la de intentar construir canales de diálogo, advertir sobre las amenazas que se ciernen y conminar a sus líderes a que se unan en torno a una misma causa: terminar con la presidencia imperial e impulsar la Reforma del Estado.

Se dice que la magia es una forma más elevada de lenguaje, un recurso a través del cual se decreta la situación deseada y se gobierna sobre la realidad subyacente. En el caso de Muñoz Ledo, el poder contenido en sus palabras no provenía de las artes ocultas sino de su magistral dominio sobre la realpolitik, los marcos jurídicos y la ciencia política. Con su meticuloso análisis, lucidez para la generación de propuestas, agudizado instinto, virtuosidad para el debate, brillante retórica y devastador sentido del humor, Porfirio, con el relámpago de sus palabras, fue conjurando la materialización de la tan añorada transición hacia la democracia.

Es cierto, su trayectoria está llena de controversias, confrontaciones y conciliaciones, episodios estelares y episodios cuestionables, de momentos de elevada genialidad y sublime idealismo como de otros de densa humanidad y afilado pragmatismo; de alianzas y rupturas, de virajes, negociaciones y acrobacias que, paradójicamente, respondieron a su extraña e inmutable congruencia hacia los compromisos que asumió con la patria y con las posturas políticas que, a su juicio, posibilitarían su cumplimiento. Porfirio no fue perfecto, pero, ¿quién lo es? Tampoco fue el funcionario o líder opositor que a muchos puristas y espectadores les hubiera gustado, sin embargo, Muñoz Ledo fue exactamente la clase de político que, en ese tiempo y contexto, México requirió.

Pareciera como si el propio país hubiera engendrado al Mago Sabio que necesitaba para facilitar su cambio de eras y el avance de su historia. A una criatura parcialmente formada en las entrañas del régimen habitado por criaturas de fuego, autoritarismo y sombras, como entre el éter de las torres de marfil en las que moraron sus ascendidos maestros, académicos como Jaime Torres Bodet, Mario de la Cueva, Víctor L. Urquidi, Raymond Aron y Maurice Duverger, el teórico y precursor de la Quinta República Francesa.

Porfirio fue un estadista, no tanto por haber sido un hombre de estado, un funcionario público de primer nivel y un político de extensa trayectoria, sino más bien por haber sido capaz de percibir, gracias a su profunda comprensión del concepto, razón y función histórica del Estado, y en específico, de la arquitectura y dinámicas de poder dentro del Estado Mexicano, cuáles eran los límites, fisuras y puntos de quiebre del sistema político imperante. A partir de ese conocimiento y de sus altas responsabilidades, Muñoz Ledo comenzó a impulsar, desde el interior del antiguo régimen, la creación de instituciones y la reingeniería del sistema. Desde esa orilla pretendió construir el puente hacia la Nueva República.

Fue un Estadista, porque vislumbró un cauce y un futuro para el Estado Mexicano, un futuro que precisaba de su tránsito hacia la democracia, pero no como un destino final sino como un punto intermedio, como un cimiento e imprescindible instrumento para su cristalización a través de la Reforma del Estado. Fue un Estadista, porque entendió la conveniencia de que este nuevo andamiaje institucional fuera el resultado de un acuerdo refundacional entre todas las fuerzas, que su diseño debería replantear el pacto federal, definir y activar contrapesos, procesar en su interior la nueva correlación de fuerzas, controlar la corrupción y reducir al mínimo la enorme influencia de los poderes fácticos. Fue un Estadista, porque quiso dotar al país con un andamiaje más sabio, uno que le permitiera garantizar la continuidad de la República. Fue un Estadista, porque vio al Estado como el vértice de nuestras convergencias y como el medio para la persecución de las aspiraciones colectivas.

Su trato, dentro del ámbito internacional y en el marco de sus responsabilidades en la ONU, con líderes de la estatura de Willy Brandt, Olof Palme, François Mitterrand, Jaques Chirac, Shimon Peres, Yasser Arafat, Mario Soares y Felipe González, todos ellos fundamentales en la transformación, gobernabilidad y lucha de sus respectivos pueblos, nutrió su perspectiva, su formación como hombre de estado y su anhelo reformista. Anhelo que aterrizó en la práctica tras su regreso a México y mediante su ariete: la Corriente Democrática. Junto con Cuauhtémoc Cárdenas e Ifigenia Martínez, Muñoz Ledo evidenció el desgaste y los límites de un régimen hegemónico que, al haber renunciado a hacer la historia, se había condenado a ser envuelto y sacudido por ella. Ante esa crisis de presente y de futuro, ante esa abundancia de soberbia y carencia de perspectiva, Muñoz Ledo y sus compañeros de causa decidieron emprender la epopeya democrática que definiría sus vidas.

Aunque siempre aspiró a la Presidencia de la República, lo cierto es que Muñoz Ledo no necesito de ese puesto para ganarse su lugar en la historia. El rol que el destino le asignó, el de Mago Sabio, es uno al que las leyendas, los mitos y las ficciones solamente les reservan a personajes de singularidad extraordinaria. Al igual que Merlín, Yoda y Gandalf, Porfirio ostentó una magistratura distinta, indefinible, casi etérea, pero a la vez, de enorme carga energética y autoridad política. Al igual que ellos, Porfirio fue el Mago Sabio que guío y acompañó, no a uno, sino a tres candidatos opositores a través de sus periplos, el que junto a ellos cruzó umbrales y enfrentó a dragones. El Mago Sabio que vio a la Reforma del Estado, y en especial, a la Nueva República que de ella emanaría, como al elíxir con el poder de sanar a la patria, reencauzar su rumbo y restablecer la grandeza perdida.

Hicieron bien la Cámara de Diputados y la Comisión Permanente de la Cámara de Senadores en honrar la vida y la obra de Muñoz Ledo. Hicieron bien, porque al ofrecerle esas ceremonias de despedida también se honraron a sí mismas, demostrando memoria y gratitud hacia quien, como consumado tribuno, constructor de contrapesos y defensor de la división de poderes, logro imbuirlas de verdadero espíritu y vida parlamentaria. Hicieron bien, porque con esa ceremonia también reconocen que la historia transformativa del México contemporáneo, su travesía democrática y las conquistas obtenidas, no se resume a la biografía de sus presidentes, líderes carismáticos y grandes movilizadores de masas, sino que es la epopeya de un pueblo entero y que la Nación es la madre y la hija de sí misma.

Porfirio Muñoz Ledo es un digno merecedor de ese y otros homenajes. Su legado evidencia su férreo compromiso con la transformación del sistema político mexicano. Desde los elevados cargos que ocupó en las presidencias de Luis Echeverría Alvares y José López Portillo, Muñoz Ledo logró concretar la creación del Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT) y del Instituto del Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores (FONACOT), además de sentar las bases para la conformación de la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) y de la Universidad Pedagógica Nacional (UPN). Asimismo, desempeñó un papel clave en la elaboración de la Reforma Político-Electoral de 1977 y en la redacción de la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados.

Ya en la oposición, Muñoz Ledo fue el principal artífice de las Reformas Político-Electorales de 1990, 1992 y 1996, de la creación del Instituto Federal Electoral (IFE) y del Tribunal Federal Electoral (TRIFE). En otras palabras: de la infraestructura jurídica e institucional que posibilitó la alternancia en el poder y la transición a la democracia. Por otro lado, las contribuciones políticas, operativas e intelectuales de Muñoz Ledo fueron clave para la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), de igual modo lo fueron para la redacción y promulgación de la Constitución Política de la Ciudad de México.

Igual de encomiables son sus gloriosos fracasos. Fracasos como los que experimentó al promover el Cambio de Modelo Económico, el Fortalecimiento del Federalismo, el Nuevo Pacto Fiscal, la remunicipalización y la conformación de nuevas entidades federativas, la creación de nuevos esquemas de coordinación y gobernanza territorial, y por supuesto, en su irrenunciable impulso a la Reforma del Estado y el parto de la Nueva República. Gloriosos fracasos que, por su altura de miras, proyectarán una sombra, pero también iluminarán una ruta.

Estoy convencido que la mentoría republicana y el servicio de Porfirio continuarán a través de sus ideas, y que al igual que las semillas, estas lo trascenderán e irán germinando en tiempos, suelos y climas más propicios. Como sucede con todo Mago Sabio, Porfirio inspiró a la vez admiración, temor y desconfianza.

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Como a todos ellos, le tocó luchar con su respectiva cuota de demonios; dado que tal es la suerte de aquellos con una percepción y pasión amplificadas. Sin embargo, y a pesar de sus claroscuros, serán sus luces las que le trascenderán y continuarán brillando.

Porfirio fue el Mago Sabio de las mil caras. Fue el Estadista-Apóstol, el Insigne Parlamentario, el Catedrático-Mentor, el Aguerrido Diplomático, el Heraldo de la República, el Puente entre Eras y la Memoria Viva. Fue el Hacedor de la Política, el Artífice de la Transición, el Pragmático Idealista y, por supuesto, el Animal Político por antonomasia. Fue un Ave de Tempestades, y en varias ocasiones, él fue la tempestad. Fue todo eso, pero, por encima de ello, fue un gran visionario, un Patriota que tuvo la audacia de ambicionar un México con ambición de grandeza.

Tengo la satisfacción, y la tranquilidad, de haberle podido compartir a Porfirio Muñoz Ledo mis impresiones sobre la trascendencia y singularidad del rol que le había tocado desempeñar en la historia reciente de México; sobre su naturaleza y resonancia arquetípica. Se lo dije, durante una jornada de homenajes que le organizó la UNAM en noviembre del 2017 y sé que le gusto, ignoro si fue porque pudo haber ayudado a clarificar y comunicar a otros su obra y propósito, o tal vez, porque simple y sencillamente le agrado el sentirse, más que admirado, comprendido.

Estoy seguro de que él estaba plenamente consciente de cómo los mitos y leyendas nos permiten construir un orden y sentido de entre el caos de la vida, conciliando realidades, revelándonos verdades más profundas y poniendo a la condición humana en perspectiva. Espero que también haya estado consciente de cómo a veces, ellos mismos son el elíxir del alma, la historia y la memoria colectiva. Adiós Porfirio, fuiste un conducto para las ideas y ahora tú eres una de ellas, un arquetipo de estadista.

Un seguro muy inseguro

Por Gustavo García

El Seguro de los Trabajadores de la Educación es la más antigua institución de seguridad social creada para beneficio de quienes están  adscritos al sistema educativo del estado de Coahuila.

Fue en un tiempo la institución más sólida financieramente hablando, y una de las más seguras en cuanto a cumplimiento oportuno de su objeto social: pagar a los derechohabientes y beneficiarios las cantidades correspondientes a sus Pólizas de Seguro, Retiro y Defunción.

Hoy el Seguro del Maestro, como coloquialmente se le conoce, padece una aguda crisis financiera que la convierte, paradójicamente, en una institución muy insegura en cuanto al cumplimiento de su función.

Tiene deudas desde hace por lo menos 6 años con una gran cantidad de personas (se habla de 1000 derechohabientes o beneficiarios), paga incompletas las pocas Pólizas de Seguro que se están entregando y está metida en una contradicción funcional al tener que erogar enormes cantidades para cumplir con obligaciones distintas a su objeto social, por lo cual destina la mayor parte de su presupuesto para pagar una abultada nómina del Consejo de Administración, del personal adscrito a casas de convivencia de jubilados, salones de fiestas y centros recreativos, de los que además debe pagar el mantenimiento y servicios de telefonía, luz, agua, gas, etc., responsabilidades que no corresponden a su finalidad, por lo cual deja en último término su obligación principal:

-El pago oportuno del 100% de la Póliza de Retiro y del 50% de la Póliza del Seguro al derechohabiente, al momento de pensionarse.

- El pago oportuno del 50% de la Póliza de Seguro y la Póliza de Defunción a los beneficiarios del titular, al momento del fallecimiento de este.

Las causas de la crisis son varias. Una de ellas es que ahora sí que sin deberla ni temerla, allá por el año 2001, bajo la premisa de su bonanza económica, se le endilgó al Seguro la obligación de hacerse cargo de casas, salones y centros recreativos que entonces estaban, una parte de esos espacios, al cuidado y administración de la DIPETRE, pero esta pasaba ya por problemas financieros y las autoridades sindicales y gubernamentales decidieron quitarle esa carga, vender esos inmuebles al Seguro del Maestro, traspasándole así las obligaciones salariales para con su personal y la responsabilidad de pagar el mantenimiento de los edificios, en perjuicio -a la larga- del derecho de los trabajadores aportantes, cuyas cuotas (1.5% de su sueldo) constituyen casi el 43% del patrimonio del Seguro, en tanto que el Gobierno Estatal aporta el 57%.

Hoy, el Seguro del Maestro, en lugar de responder en primer término a los derechohabientes de la institución, atiende primero su obligación patronal de pagar sueldos, aguinaldos, primas vacacionales y demás prestaciones a los empleados adscritos a por lo menos 20 inmuebles ubicados en distintas ciudades del estado. Hasta un taller mecánico para reparación del parque vehícular de la Sección 38 está a cargo del Seguro (por cierto, el valor calculado hace años de esas propiedades ronda los 237 millones y a la fecha seguramente es mayor, por lo que bien podemos decir que el Seguro es una institución rica en activos que paradójicamente le generan pasivos que, como un lastre, le impiden cumplir su principal obligación. Ya hablaremos en otra ocasión de posibles alternativas de solución a esta situación, porque por supuesto que es necesario y justo que los empleados de esos espacios reciban sus remuneraciones de ley, pero habría que ver como resolver esa necesidad sin afectar a los derechohabientes del Seguro).

En las mesas de trabajo que en agosto de 2021 se llevaron a cabo entre Gobierno del Estado y la Coalición de Trabajadores de la Educación, la entonces Directora del Seguro, explicaba que el retraso en el pago de pólizas, se debía justamente a la necesidad de cumplir primero con la obligación laboral y cubrir los gastos de mantenimiento. Es decir, para poder atender el derecho salarial del personal de esos centros a su cargo y asegurar su operatividad (obligación no contemplada por ley dentro de su objeto social), se ha dejado en último lugar a los derechohabientes que con sus aportaciones sostienen al organismo e incluso pagan los millonarios sueldos del Consejo de Administración, porque eso sí, los pagos por ese concepto no se retrasan, ni se disminuyen "de acuerdo a las posibilidades económicas de las institución", pretexto que se les da a los pocos derechohabientes o familiares que siguen recibiendo incompletos los montos de sus pólizas, una injusticia más si se toma en cuenta la victimización y revictimización de que son objeto los derechohabientes y beneficiarios del Seguro: se les victimiza primero al no pagarles a tiempo sus pólizas, se les victimiza pasando por encima de su derecho para dar prioridad a otras obligaciones secundarias de la institución, se les victimiza prolongando indefinidamente el pago y se les revictimiza cuando después de años, devaluación y depreciación de por medio, la dirigencia sindical, que debería proteger sus derechos, permite que un Consejo de Administración nombrado por esa dirigencia, les entregue una cantidad menor a la que deberían recibir, con el mismo falaz argumento de la dirigencia anterior de que la Ley del Seguro plantea que se pagará de acuerdo a las posibilidades de la institución (Art. 31), lo cual es a todas luces inconstitucional, porque si bien una porción del artículo referido expone esa condición, lo cierto es que se viola el principio de certeza y seguridad jurídica, y por ese hecho debe tenerse ese apartado por no puesto o no válido, pues va en contra del sentido legal que más favorezca al derechohabiente, y porque la Ley no puede contener ambigüedades a partir de las cuales la autoridad haga una arbitraria interpretación a su favor y en perjuicio del derechohabiente (por un concepto similar, la SCJN declaró invalido, entre otros, un artículo de la Ley del Servicio Médico que condicionaba la atención de acuerdo a las "posibilidades económicas" del Servicio Médico).

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Una Ley debe establecer ordenamientos precisos, ciertos y seguros en cuanto a obligaciones y derechos. Por eso justamente las contribuciones de los trabajadores para la conformación del Seguro y los fondos de Retiro y Defunción están establecidas con absoluta precisión, y se señalan claramente los porcentajes que les serán descontados de su salario como aportación, de tal forma que no hay manera de que su criterio o su particular situación económica determinen si se les hacen o no los descuentos correspondientes, NO, estos se les aplican quincenal o mensualmente, porque la Ley así lo ordena, además las cantidades a descontar se actualizan cada vez que los trabajadores y los pensionados reciben un incremento en sus percepciones. Por eso, en correspondencia la Ley establece también un parámetro para el pago de la Póliza del Seguro que también debe actualizarse conforme a su valor actual:  "4.6 salarios de sueldo de un Inspector de Primaria, zona II" (Art. 31), que al día de hoy es de $ 22,898.28, que multiplicados por 4.6 da un total de $105,332.08, de los cuales los derechohabientes pensionados deberían recibir el 50%, es decir $52,664.04, más los $40,000.00 de la Póliza de Retiro da un total de $92,666.04, pero están recibiendo menos (aproximadamente $19,000.00. En el caso  de deudos de un trabajador fallecido la cantidad podría duplicarse), en atención de una sesgada interpretación de la Ley, que curiosamente no aplica en el pago de los miembros del Consejo de Administración,  ¿o estarán recibiendo los directivos sólo la mitad de su sueldo mensual?

Otro dato que documenta la injusticia: a los pensionados se les siguen aplicando descuentos mensuales para seguir contribuyendo al Seguro del Maestro, pero ni estas aportaciones, cuyo monto se actualiza conforme se actualizan las percepciones, son consideradas para reconocer que se debe entregar el valor completo de la póliza al momento del pago. Se dice que este descuento a pensionados es para garantizar que a los deudos se les pague el restante 50% de la Póliza de Seguro a valor vigente en el momento de la entrega, pero la realidad es que les entregan una cantidad no actualizada.

Otra de las causas que han llevado a la institución a esta inseguridad y crisis financiera, tiene su origen en el quebranto ocasionado por los fraudes, desvíos y malversación de sus recursos, lo cual ha quedado registrado en las denuncias que la Auditoría Superior del Estado ha presentado, en las que da santo y seña de los millones de pesos que sólo del 2012 al 2016 se desviaron hacia la directiva sindical de la Sección 38 del SNTE, y en las que describe los otros rubros del daño al patrimonio institucional por $120,087,930.05.  Con esa cantidad, si el Comité Ejecutivo de la Sección 38 y el propio Consejo de Administración pugnaran por su restitución, se podrían pagar sus pólizas a más de 1000 derechohabientes.

¿Es este un planteamiento iluso? No, si se considera que hay una nueva dirigencia que llega con un compromiso asumido y con el respaldo político de miles de votantes que le otorgaron su confianza y el poder para generar un cambio de fondo en todo; se votó para botar a los que tanto dañaron al magisterio, cierto, pero primordialmente se votó para cambiar, CAMBIAR de verdad, CAMBIAR para mejorar, no para que todo siga igual.

Marcela López, los hilos de la vida

Alejandro Gutiérrez González

"Un cuadro no se toca, se contempla, en cambio un tapiz se toca y lo que se toca se siente".

LUIS CIENFUEGOS

El desierto suele ser un lugar hostil, pocas veces paradisiaco; bajo la luz franca del sol brillan fulgurantes colores y texturas que luego se funden en vistas lejanas. Las expresiones de la vida que aquí habitan se vuelven sorprendentemente genuinas, pues para florecer, primero han de dominar su territorio, apropiarse, hacerlo suyo.

Una habitante del desierto, que vino de lejos, es la maestra Marcela López. Nacida en la Ciudad de México pero afincada en la región desde hace 45 años. En este tiempo ha hecho suyo el entorno lagunero y a diferencia de las efímeras flores de cactáceas que ama, su trabajo ha sido fecundo y duradero. Echando raíces sólidas en las que ya se puede decir que su nombre está escrito entre las grandes firmas del arte nacional, pero también en las muchas generaciones de alumnos en diferentes ámbitos a los que ha dado clase.

Su seguridad y firmeza la han llevado a apropiarse de los diferentes espacios en los que ha habitado, ya fuese el desierto o la selva, pero también de la academia y sus espacios de aprendizaje.

Estudió en la academia de San Carlos, donde aprendió una variada diversidad de técnicas, mismas que aplica con destreza según sea el caso, ya sea un grabado, dibujo, óleo o acrílico, pero las que más destacan por su complejidad y rigor son el temple, el encausto y el tapiz.

El temple por su parte, elaborado a base de proteínas, como puede ser el huevo, permite distintos tipos de luminosidad en las obras, los acrílicos aportan texturas, el óleo profundidad y los encaustos tonalidades diluidas. Todos ellos fabricados personalmente. Es por eso que podemos decir que el cuerpo de obra de la maestra privilegia el proceso creativo, mismo proceso que le ha permitido ir descomponiendo a su modo y percepción la figura, el color y el paisaje.

Las figuras humanas son robustas, principalmente mujeres. Estas se han ido configurando a través de los años en definición, forma, y apariencia, poco a poco el movimiento ha ganado terreno y aunque los protagonistas luzcan en calma se advierte la sutileza de una actividad realizada dónde hasta las líneas del cuerpo danzan dentro de la composición; emergen de fondos profundos en colores uniformes y contrastados. Los paisajes soñados, por su parte, muestran visiones lejanas de perspectiva donde las montañas parecen no tener fin y no se descubre el límite entre el horizonte, la tierra y el cielo.

Pero si algo podemos destacar dentro de todo este conglomerado son los tapices realizados con una increíble maestría, rigor y disciplina, técnica aprendida en el taller del maestro Pedro Preux.

Saber que le abrió las puertas de mundo, puesto dicha manufactura le permitió viajar a Francia donde después de estudiar impartió clase, además pudo conocer los antiguos trabajos medievales en tapetes. Un medio pocas veces reconocido y valorado como arte, el cual, lleva un proceso creativo aún más largo que otro tipo de expresiones, pues desde el bocetaje se ha de pensar en la superposición de hilos, las figuras que se han de mostrar, el colorido deseado, así como el impacto visual que estos tendrán.

Ella lo ha trabajado de diversos modos, como el tapiz de nudos, el de telar, entre otros. Únicas en su tipo, las piezas de la maestra pertenecen a colecciones relevantes como el taller nacional de tapiz en la Ciudad de México y a una gran cantidad de colecciones privadas tanto locales como nacionales.

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La franqueza y sinceridad de su palabra, la seguridad de su persona y la profunda creatividad, pero también la disciplina que tiene son sólo algunas palabras por decir de ella. Entender el porqué de su trabajo ha fascinado y marcado a tantas personas, una inspiración andante verla trabajar y conocer un poco de la pasión que imprime en todo lo que hace y cuando haya transcendido, cómo ella lo dice seguro que entre las cenizas habrás pequeños hilos, los hilos de su arte y de su amor en la plenitud de la vida.

Agradecimiento profundo a la maestra Marcela López Linares por conceder esta entrevista en Lerdo, Durango. Junio de 2023.

Persisten problemas en Servicio Médico

Por Gustavo García

Con frecuencia veo mensajes en distintos grupos de WhatsApp, o me llegan directamente comentarios, refiriendo situaciones y casos sobre carencias y deficiencias que prevalecen en las clínicas del magisterio: falta de médicos para consulta general, estudios de laboratorio que no se realizan por falta de reactivos, burocratismo que dificulta diversos procesos como la transcripción de recetas o la subrogación de servicios con los que no cuentan las clínicas, falta total o parcial de medicamentos, carencia de materiales o instrumental adecuados, etc., etc.

Ayer acudí a la Clínica en Saltillo, por una necesidad de atención médica (afortunadamente nada grave), lo cual me permitió -una vez más- observar personalmente la situación.

Previa cita, fui atendido por un excelente personal (médico, de archivo y enfermería) que me dispensó un trato amable y cuidadoso, con lo cual constaté uno de los valores con el que afortunadamente cuentan las clínicas: el personal que ahí labora en las distintas áreas y que se esmera en brindar a los usuarios y pacientes una atención adecuada, a pesar de sus bajos salarios y muchas veces sorteando carencias de insumos y materiales para realizar su trabajo. Y es que como ya se sabe, el problema del Servicio Médico no es el personal que labora en las clínicas, sino la falta de recursos, principalmente los financieros, que derivan en las diversas carencias y deficiencias en todos los departamentos, incluso en la no contratación de médicos suficientes para poder atender la demanda de atención. (No soy ajeno al conocimiento de eventualidades que refieren experiencias desafortunadas sobre alguna desatención o trato inadecuado por parte de algunos empleados de las clínicas, pero siguen siendo excepciones; la verdad es que el personal que ahí trabaja se esmera en cumplir con sus funciones. Que no haya médicos suficientes, equipo técnico adecuado, materiales o medicamentos, o que no estén implementados procesos administrativos que agilicen la atención, no es responsabilidad de las secretarias, ni de los técnicos de laboratorio o rayos X, ni de trabajadores de intendencia o mantenimiento, ni de quienes están en mostrador de farmacia).

Durante mi estancia de más de una hora en sala de consulta, varias personas me comentaron sus desafortunadas experiencias: falta de medicamentos, tanto para dolencias simples o enfermedades crónico degenerativas, exámenes de laboratorio no realizados por falta de reactivos o instrumental adecuado. Destaca el hecho de que no hay médicos generales suficientes para atender la demanda de consulta, si acaso hay, con suerte, un médico por turno al que le es imposible atender a todos los pacientes, y cuando no, la carga es para la médica o el médico de urgencias, con el consecuente retraso en la atención por obvias razones. Sabido es también que quienes tienen a su cargo la dirección y las subdirecciones médicas tienen que atender pacientes, y aún así no se da abasto a la necesidad de consulta, que por otro lado la afluencia de pacientes no es ni de lejos la que había hace años, pues muchos derechohabientes ya no acuden a las clínicas, a sabiendas de que no encontrarán respuesta a sus necesidades.

Constaté personalmente que siguen las carencias en farmacia. Esta ocasión, como otras veces, no recibí completo el medicamento indicado; me faltó el más importante y de mayor costo, pero mi ánimo se vio favorecido con un golpe de suerte: me saqué la rifa del día, ¡hoy sí había paracetamol!

En fin, compraré lo que me faltó y con la factura respectiva, por mínima que sea la cantidad, como otras veces exigiré a la administración central del Servicio Médico el reembolso correspondiente. Es mi derecho y no pienso renunciar a el. Tampoco contribuiré a hacer eco de una idea que creía ya desterrada de la conciencia magisterial pero que al parecer ronda en el ambiente como canto de sirenas: que los derechohabientes hagamos más aportaciones para solucionar la problemática. Por supuesto que no, porque además de ser inconstitucional, lo único que haríamos es tratar de tapar un boquete que no abrimos nosotros, solapar la irresponsabilidad de los deudores y los delitos cometidos por los saqueadores.

En fin... la cosa es que siguen las mismas carencias, las mismas deficiencias, sigue fallando el Gobierno del Estado, principal obligado, por su doble condición de patrón de los trabajadores de la educación del Estado y garante del derecho humano a la salud de todos los coahuilenses. Siguen fallando las Universidades Autónoma de Coahuila y Autónoma Agraria Antonio Narro, en tanto patrones corresponsables, y sigue notándose la ausencia de la representación sindical de los trabajadores y pensionados adscritos a esas tres principales entidades aportantes.

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Mientras esperaba mi consulta, soñaba despierto, imaginaba que en todas las clínicas del magisterio había módulos de atención a los pacientes por parte de las distintas directivas sindicales, seccionales y delegacionales, en representación de los derechohabientes del Estado y de las Universidades, brindando orientación a las y los pacientes, pero sobre todo, acompañándoles en sus gestiones, ejerciendo en sitio una civilizada pero firme exigencia para que la autoridad responsable resuelva sus necesidades en ese momento, y que las y los compañeros no salgan de las clínicas con la sensación de desamparo e indefensión, aunada a su problema de salud. Pero desafortunadamente la realidad es otra. Es la que se describe arriba, es la realidad que desde hace años ha venido tratando de cambiar la Coalición de Trabajadores de la Educación Pública de Coahuila, organización que sigue y seguirá en pie de lucha mientras las irregularidades y deficiencias persistan.

La intocable señora Wallace

Por Antonio Rosales

No pocas veces se ha escrito en este espacio sobre el caso Wallace, aquel que inició con el presunto secuestro y asesinato de Hugo Alberto (Wallace Miranda, Miranda Torres o León Miranda, dependiendo del acta de nacimiento a la que se tomé como referencia), hijo de la empresaria y fundadora de la asociación civil Alto al secuestro, Isabel Miranda de Wallace. Caso e historia que aterra por la montaña de atrocidades, contradicciones y pruebas endebles sobre las que se sostiene, y que hacen pensar, con bastantes bases sólidas, la posibilidad de que haya sido fabricado con quien sabe que clase de fines retorcidos, recordándonos que como ciudadanos no solo tenemos que tomar todo tipo de precauciones y cuidarnos de los criminales que operan en la ilegalidad, sino también de los maleantes de cuello blanco que operan “legalmente” y que también abundan entre políticos, empresarios, magnates, policías, militares y posiblemente hasta entre “activistas”.  

En su momento, en 2014 para ser exactos, periodistas de investigación como Anabel Hernández y Guadalupe Lizárraga fueron pioneras en cuestionar e investigar la historia que la señora Wallace, los gobiernos en turno y los grandes corporativos mediáticos nos contaron, aunque ya años antes el bloguero vasco, Luis Miguel Ipiña, había empezado a publicar sobre el tema en un blog que fue cerrado después de que fuera detenido en 2011. Ipiña llegó a sostener en entrevistas para medios como el semanario Proceso y el portal Los Ángeles Press, que le sembraron un arma y que los mismos policías le aseguraron que lo detenían “por haberse metido con la señora Wallace”, tras lo cual pasó año y medio en un penal de Chiconautla, Estado de México. 

A partir de 2019, diferentes medios de comunicación se han sumado al cuestionamiento del caso, si bien es cierto Guadalupe Lizárraga ya llevaba haciendo una labor en solitario, dedicándose al tema completamente desde 2014, tanto como periodista e incluso desde el activismo y el acompañamiento a las familias, a pesar del veto e invisibilización que hasta la fecha su trabajo y el reconocimiento a la autoría original de sus investigaciones, aún padece en la mayoría de los medios de comunicación. 

Sería muy repetitivo aquí rememorar las inconsistencias del caso, así como también las bestiales torturas (asfixia, ahogamiento, golpes, abusos sexuales, descargas eléctricas) a las que han sido sometidos los acusados del caso, sin mencionar las amenazas, persecución, posible espionaje y toda suerte de calumnias y actos intimidatorios que han padecido familiares, abogados, activistas, defensores de Derechos Humanos y periodistas que se han acercado al caso.

El material que se ha publicado al respecto puede encontrarse con algo de búsqueda en la red, para quién realmente esté interesado en conocer los abusos, falsedades y horrores que componen y rodean este caso. Sin exageraciones, ironías, ni sarcasmos: Cualquier película de terror o película policiaca se queda corta ante los profundos infiernos que habitan en el llamado caso Wallace. Y lo peor es que, desgraciadamente, son historias reales y quizás, mucho más comunes de lo que normalmente imaginamos.

Sería más provechoso enfocarnos en una pregunta crucial, que seguramente muchos mexicanos que conocen de este tema se han hecho: ¿En dónde y en qué radica el enorme poder de la señora Isabel Miranda de Wallace, y por qué? ¿Qué es exactamente lo que la hace todopoderosa en el sistema político y judicial mexicano? ¿Por qué es más intocable que la mayoría de los políticos y empresarios de nuestro país? ¿Qué o quién la protege, quién le da (o dio) poder, influencia e impunidad a manos llenas? ¿Cómo lo obtuvo? ¿Por qué se le permitió controlar todo el poder judicial a su antojo, en tiempos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto? ¿A quién o a quienes les convenía (o les conviene todavía) empoderarla a tal extremo y dejarla operar a su entero capricho, y por qué? ¿Qué les sabe a todos esos políticos y funcionarios judiciales, o que le deben? ¿La protegen porque la adoran, la respetan o le temen? ¿Por qué? ¿Qué es de todos esos políticos y funcionarios? ¿Socia, cómplice, aliada, amiga, jefa o subordinada? ¿De qué, o en qué, si la señora nunca ha tenido un cargo público, al menos no oficialmente hablando? Además de policías, funcionarios judiciales y políticos, ¿hay empresarios, banqueros u otros poderes fácticos en este oscuro entramado? ¿Por qué resulta tan peligroso tocar estos temas, si finalmente ningún particular debería estar por encima de ningún otro ciudadano (aunque es vox populi que eso no se respeta en los hechos, desgraciadamente)? Muchas preguntas sin resolver, demasiadas especulaciones y pocas respuestas que ayuden a clarificar por completo.

Estas preguntas resultan pertinentes tras la llegada de la ministra Norma Lucía Piña Hernández, como presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (y de facto, también del Consejo de la Judicatura Federal), en enero pasado, sucediendo a Arturo Zaldívar Lelo de Larrea. Norma Lucía Piña llegó por todo lo alto, abanderada desde su condición de mujer, feminista y “progresista”, lo que sea que esto último signifique en una época en que todos estos conceptos se han revuelto y hasta desvirtuado. Le llovieron felicitaciones y su discurso feminista, al asumir el cargo, conmovió hasta las lágrimas a muchas feministas y figuras públicas progres de ocasión. No fueron pocas las publicaciones que hicieron referencia a la importancia de que su nombramiento estaba “rompiendo el techo de cristal” (concepto feminista al que ella misma se refirió en su discurso inaugural) al ser la primera mujer en asumir tal cargo, y destacaron la importancia de que la Suprema Corte estaba recuperando su “autonomía e independencia”, luego de que Zaldívar fuera señalado en repetidas ocasiones de subordinarse completamente al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

En medio de las fanfarrias y de tal algarabía, se instaló la amnesia colectiva respecto a una columna publicada en mayo del año pasado, en el diario Milenio. En el texto, el periodista Ricardo Raphael de la Madrid reveló que Abraham Pedraza Rodríguez, primer denunciante falsario en el controvertido caso Wallace, es a la vez secretario de la ministra Norma Piña y cuñado de Isabel Miranda de Wallace. En aquel entonces, Raphael llamaba a la ministra Piña a excusarse respecto a la decisión que la Suprema Corte tenía que tomar sobre la atracción del caso de Juana Hilda González Lomelí, una de las detenidas del caso Wallace, si bien este año ha defendido con sorprendente candor y dedicación el nombramiento de Piña Hernández como presidenta de la Suprema Corte. 

Desde hace una semana, periodistas y personajes como Julio Hernández López “Astillero”, Fabrizio Mejía Madrid, Jesús Escobar, así como algunos youtuberos totalmente afines al actual gobierno, parecen haberse enterado apenas del nexo “Miranda de Wallace-Abraham Pedraza-Norma Piña” y de las graves implicaciones que podría tener dicho vínculo en la correcta impartición de justicia y concretamente en el caso Wallace. Quizás incluso el presidente y Comunicación Social de presidencia no tarden en hacerse los sorprendidos. La pregunta es, ¿de verdad el gobierno federal no lo sabía? Si lo sabían, ¿no vieron el posible conflicto de interés, y decidieron callar? Y si realmente no lo sabían, ¿entonces que clase de servicios de información tienen, que no se enteran de algo que ya había aparecido en un medio de comunicación nacional? Desde luego no se está llamando aquí a que el presidente viole la supuesta “independencia” de la Suprema Corte, pero si llama la atención que el presidente, tan obsesivo y observador de los movimientos de lo que él llama el bloque “conservador” (PRIANRD-MC y los desinflados grupos y nombres que la derecha multipartidista y el empresario Claudio X. González se inventan cada semana, con poco éxito) y que ha utilizado los tenebrosos casos Cassez-Vallarta y Wallace para criticar (con sobrada razón, eso no lo discuto) a los gobiernos pasados en sus mañaneras, se le haya escapado un dato tan importante.

A la entrada de Piña Hernández, en los últimos días ha seguido la renuncia de Netzaí Sandoval Ballesteros, hermano de Irma Eréndira Sandoval (ex titular de la Secretaría de la Función Pública) y quien era director del Instituto Federal de la Defensoría Pública, órgano que depende del Consejo de la Judicatura que hoy también preside Norma Piña; instituto que, en sus últimos años, presuntamente se había dedicado a defender a Juana Hilda González, Brenda Quevedo, Jacobo Tagle y César Freyre, torturados y detenidos por el caso de la señora Wallace. Su salida fue el precedente de una serie de despidos y renuncias, entre ellos el de Salvador Leyva Morelos Zaragoza, secretario Técnico de Combate a la Tortura, Tratos Crueles e Inhumanos, quien en su carta de renuncia y en diferentes entrevistas a medios de comunicación, ha expresado que no existen condiciones para continuar trabajando en dicho organismo y subrayó su preocupación de que en la nueva administración se continúen encubriendo las torturas e irregularidades del caso Wallace, como se ha hecho en gobiernos pasados, según sus propias palabras.

Tras la salida de Netzaí Sandoval Ballesteros, entró como titular del Instituto de la Defensoría Pública, la magistrada Taissia Cruz Parcero, a partir del primero de febrero del presente año. Cruz Parcero es también esposa de Renato Sales Heredia, actual fiscal de Campeche y ex comisionado de Seguridad en el gobierno de Enrique Peña Nieto. 

Según publicaciones de Los Ángeles Press basadas en cartas y declaraciones de los inculpados, Renato Sales Heredia presuntamente habría permitido la tortura a los detenidos del caso Wallace, desde su cargo como comisionado de Seguridad en la administración peñanietista, así como también habría ignorado una carta que le escribió Enriqueta Cruz, madre de Brenda Quevedo, denunciando las torturas, en aquel tiempo. El vínculo “Miranda de Wallace-Renato Sales Heredia-Taissia Cruz Parcero” quizás no ha sido retomado con mucha fuerza por el gobierno actual y sus medios afines, ya que Sales Heredia hoy se desempeña en el gobierno de Layda Sansores, la polémica gobernadora que llegó a través del partido Morena. Pero evidentemente, aquellos medios fieles a los gobiernos anteriores tampoco harán demasiado ruido al respecto, ya que el caso Wallace refleja como pocos, el nivel de descomposición en que dejaron el poder judicial los gobiernos pasados y que, desgraciadamente, este gobierno tampoco ha hecho nada por sanar realmente y a fondo. En resumidas cuentas: El estado actual de las cosas en el caso Wallace parece convenir, por igual, a todos los partidos.

Y llegados a este punto, es inevitable preguntarse nuevamente: ¿Qué es lo que hace tan poderosa e invencible a la señora Wallace, en lo que a política y judicialidad se refiere? ¿Cómo ha podido extender sus redes más allá de los partidos que la crearon y cobijaron (el “PRIANRD-MC”, el llamado “Bloque conservador” según el presidente) y fortalecer su impunidad durante la cacareada “Cuarta Transformación”? ¿No tiene la sensación de que las pugnas partidistas son una mera farsa para entretener a las masas, pero en los hechos todos los políticos y empresarios de alto nivel, se toman de la mano y caminan juntos, apoyándose entre sí? ¿De qué sirve que el mandatario se cuelgue del caso Wallace, si en los hechos todo continua de forma muy similar al pasado? Quizás de forma más “blanda”, es cierto, pero los horrores continúan ahí.

Desde luego, esto no se trata de personalizar el asunto. Quien esto escribe no gana, ni pierde nada con lo que suceda con el caso Wallace. En todo caso, de ser ciertas todas las atrocidades que se cuentan de ella, Isabel Miranda de Wallace no es la única victimaria de nuestra historia reciente, ni mucho menos la única villana del sistema político y empresarial mexicanos. Sería, en todo caso, un monstruo, de muchos, que perviven en la galería de los horrores de quienes han mangoneado y destrozado nuestro país no solo desde hace décadas: desde hace siglos, quizás. Incrustados y enquistados en los poderes legislativo, federal, judicial; en la clase empresarial y en los principales medios de comunicación. Historias de abusos y terror sobran, tan solo con que nos asomemos un poco al proceder de personajes como Luis Echeverría Álvarez, Carlos Salinas de Gortari, Enrique Peña Nieto, Elba Esther Gordillo, Rubén Figueroa, Arturo “El Negro” Durazo, Miguel Nazar Haro, Edgar Veytia, Javier Duarte, Luis Cárdenas Palomino y quizás uno de los máximos perversos de nuestro país, Genaro García Luna, actualmente juzgado en Nueva York.

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Tampoco Brenda Quevedo Cruz, César Freyre Morales, Juana Hilda González Lomelí, Albert Castillo Cruz, Tony Castillo Cruz, Jael Malagón Uscanga, Jacobo Tagle Dobin y George Khouri Layón, son las únicas posibles víctimas de un sistema judicial inquisitorial, oscuro, sádico y cruel. No solo es Israel Vallarta (caso Cassez Vallarta) y su familia: Tras todos ellos, están decenas, centenas, sino es que miles de culpables fabricados mediante tortura y siembra de pruebas, no solo por la llamada “señora Wallace”, sino también por una innumerable cantidad de policías, ministerios públicos, jueces, directores de penales, custodios, caciques, hacendados, empresarios, alcaldes, gobernadores y otros más, que han usado nuestro sistema judicial a su antojo para venganzas personales, represión política, control social y fabricaciones de todo tipo. 

La fabricación de culpables se da por una cantidad de motivos que usted tal vez ni se imagine, y faltan plumas, teclados, cámaras, micrófonos y manos para reportar esas historias: Comuneros que son apresados por no permitir el despojo de sus territorios, disidentes políticos, venganzas pasionales, fraudes judiciales, herencias.

El caso Wallace no es el único, ni el primero, pero si quizás uno de los más terribles. Por eso es importante poner el foco: Porque los culpables fabricados podríamos ser cualquiera de nosotros, cualquier ciudadano sin poder ni influencias, como la mayoría de la población.

Y mientras las cárceles estén copeteadas de inocentes sin dinero y conocimientos para una correcta defensa, ni poder y contactos para enfrentar una maquinaria judicial que aplasta, como aplanadora, a todo aquel que se le atraviese, los verdaderos delincuentes (de bajo, medio o alto nivel) seguirán libres y manteniendo secuestrada la tranquilidad de quienes habitamos este país.

Es lamentable que un gobierno que prometió que no habría más personas “intocables”, siga permitiendo que la intocable señora Wallace y otros poderosos como ella, se mantengan con todo el poder, y que todos aquellos periodistas que escriben sobre estos temas, estén en alto riesgo. Mientras tanto, con la fabricación de culpables y otros crímenes de Estado y particulares, solo nos queda hacer lo que propuso la escritora Rosario Castellanos en su poema “Memorial de Tlatelolco” sobre la conocida represión estudiantil del 2 de octubre de 1968:

<< Recuerdo, recordamos.

Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca

sobre tantas conciencias mancilladas,

sobre un texto iracundo sobre una reja abierta,

sobre el rostro amparado tras la máscara.

Recuerdo, recordamos

hasta que la justicia se siente entre nosotros>>

Patricia G. Santiago, contingencia y sanación

“No existe el orden en el mundo que nos rodea, debemos adaptarnos al caos”

-KURT VONNEGUT JR.

Alejandro González Enríquez

Nuestro entorno cada vez es más complejo, entre ideologías y pensamientos no podemos ser indiferentes ante lo que marca el entorno. El arte desde siempre ha sido un observador, pero ahora bien valdría la pena cuestionar su papel e influencia sobre cómo nos hace sentir y hasta cómo nos relaciona. Existe una buena cantidad de artistas entrando en esta materia y hoy es el turno de una de ellas, una de las más destacadas en la región lagunera.

Patricia González Santiago (Torreón, 1978) mejor conocida como Paty G. Santiago, nació en una familia de veterinarios, profesión por la que desde muy joven sintió afinidad, sin embargo, demostraba también tener un enorme talento para dibujar. Con el correr de los años esta sensibilidad artística fue desarrollándose más, pero la falta de noción la hizo entrar en ciertos cuestionamientos y debates internos. 

Se decantó por estudiar comunicación en la UA de C y dentro de los talleres que la universidad ofrecía estaba el de dibujo impartido por Tomás Ledesma. La metodología del maestro ayudó a Patricia a definir su vocación, pero entre el ir y venir tuvo diversas ocupaciones destacando los medios, el periodismo y el diseño gráfico.

Por recomendación y curiosidad presentó examen de admisión en la UNAM y fue aceptada en la escuela de artes visuales. El mundo inacabable de la academia le permitió explorar un sinfín de técnicas y posibilidades en la estética visual que ha profundizado con su teoría y práctica a través del tiempo.

Su obra es profundamente anecdótica, las composiciones surgen de una suavidad visual que parece retomada del impresionismo, pero a su vez, las impresiones de estás obras convergen en la delgada línea de lo estéticamente bello y de lo curiosamente visceral. Además, el colorido profundamente estudiado con bases y capas de diversos tonos resultan en imágenes caóticas que buscan que los hechos se vuelvan historia. 

La fatalidad de los accidentes, el infierno de los incendios, la luminosidad del paisaje desértico en el que se encuentra la región y la memoria de sus retratos pintados son sólo muestra de este repertorio personal que busca una nueva génesis a partir de su visión del mundo y que su formación académica permite puntualizar, y es que como dice la artista, la diferencia entre un  profesional y un aficionado radica en su capacidad  de abstraer y problematizar la realidad para generar propuestas desde su campo de acción para solucionar o por lo menos hacer visible el contexto actual.

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Pero la trascendencia no sólo la escribe desde una postura personal, sino que también es punto medular hablar de su labor cultural como docente, gestora, curadora, crítica e impulsora de otros artistas y de la escena local.

Paty es pues, sensibilidad y teoría, búsqueda y encuentro. Su labor será perdurable a través del tiempo y marcará un hito en cómo se percibe la creación artística local, pero sobre todo la propia, que se escribe también en cada trazo de sus lienzos.

Caso Wallace: el ominoso proceso

Por Antonio Rosales

“Alguien tenía que haber calumniado a Josef K, pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo”. Así inicia la famosa novela de Franz Kafka, sobre un hombre que es arrestado, sin jamás saber la causa, y en el que la culpa busca su castigo. Una larga pesadilla hecha estrecho, pantanoso, nebuloso y oscuro laberinto se despliega a lo largo de la historia, cuyos absurdos llevan a la confusión y casi locura a su protagonista. 

No muy lejano de ese infierno dantesco está el que han vivido los acusados del caso Wallace, con la diferencia de que, aun sabiendo la causa, ninguna prueba que han aportado a su favor les ha servido para salir del fango; todo intento de defenderse se ha perdido en arenas movedizas de un sistema judicial plagado de corrupción y opacidad. En teoría, es la autoridad quien tendría que demostrar la culpabilidad y no los acusados su inocencia, pero en el caso Wallace nada es lo que la teoría del Derecho dictaría.

Juana Hilda González Lomelí, César Freyre Morales, Albert y Tony Castillo Cruz, Jael Malagón Uscanga, Brenda Quevedo Cruz, Jacobo Tagle Dobin y George Khouri Layón, así como sus familias enteras, desde julio de 2005 han padecido lo indecible y a cuatro años de este gobierno no queda claro cuándo terminará su inquisitorial calvario. Torturas (físicas, psicológicas, sexuales); persecución y espionaje contra familiares, activistas, periodistas y abogados que se han acercado al caso; amenazas, tratos vejatorios por parte de las autoridades, invisibilización por parte de los medios de comunicación hasta 2019, campañas difamatorias y toda clase de irregularidades judiciales, son algunos de los martirios que han padecido los acusados. Ello puede dar pie a argumentar que solo se trata de abusos y que eso no eximiría su “culpabilidad”, pero debe añadirse que sobran irregularidades en el caso, relacionadas con CURPS y registros del SAT, diferentes actas de nacimiento, tarjetas de crédito, llamadas telefónicas, una gota de sangre… Y un caso que se sostiene, mayormente, en los testimoniales arrancados bajo brutales torturas, algunas ya acreditadas mediante respectivos Protocolos de Estambul (Jacobo Tagle, Brenda Quevedo, César Freyre).

Sin exagerar, escribir sobre el caso Wallace es, en muchos sentidos, jugar a la vida y la muerte, coquetear con el peligro, ponerse en la línea de fuego. No solo porque la parte acusadora del citado expediente ha intentado acallar por todos los medios cualquier investigación o duda razonable a su versión de lo sucedido, sino porque pareciera que existen numerosos intereses, relatos impuestos y contrapuestos, dobles (y hasta triples y cuádruples) juegos, redes de espionaje y contraespionaje (tanto gubernamentales, como operadas por particulares), dobles (y triples) agentes. Las novelas policíacas de Agatha Christie o las distopías de George Orwell parecen cuentos de hadas o novelas de Corín Tellado junto a la maraña de enredos y atrocidades que rodean el caso Wallace. 

Fuera del binomio (el relato oficial de Isabel Miranda versus el periodista Ricardo Raphael) parece que está prohibido acercarse al tema. Cierto es que el cerco mediático respecto a esta historia ha cedido un poco, y ello se ve reflejado en infinidad de videos y textos periodísticos -dentro del binomio- que se han publicado desde hace un par de años. Y sin embargo, aún es de alto riesgo. 

Hace más de tres años, desde este espacio dimos cuenta sobre la posible falsedad del caso Wallace. 

La versión oficial del caso Wallace nos cuenta la historia de una madre y acaudalada empresaria dedicada a las escuelas privadas y anuncios espectaculares en la Ciudad de México (Isabel Miranda de Wallace o María Isabel Miranda Torres), que desde 2005 buscaba justicia para su primogénito, Hugo Alberto; un hombre presuntamente secuestrado y asesinado. Tras la desaparición, la empresaria inició la búsqueda de los plagiarios, y como constará en la web, en la hemerografía y la videografía de la época, Miranda Torres fue ampliamente reconocida por lograr la captura de todas las personas que acusó, inicialmente con la colocación de anuncios espectaculares de su empresa, Showcase Publicidad, ofreciendo recompensas por información y posteriormente, con las capturas de todos los señalados. 

Desde entonces y durante más de dos sexenios, a través de campañas en los principales medios de comunicación, Isabel Miranda fue posicionada como una heroína, lideresa de opinión en todos los medios de comunicación mexicanos, sobre temas de seguridad y el activismo antisecuestro. Junto con María Elena Morera, Rosi Orozco y Alejandro Marti, Wallace se convirtió en una invitada predilecta en eventos oficiales de Calderón y García Luna, ejerciendo crítica a la par que departía con los funcionarios que decía criticar. 

A través de la plataforma que le otorgó su organización Alto al secuestro su relación con el gobierno de Felipe Calderón fue volviéndose cada vez más estrecha, al grado que, en diciembre de 2010, le fue entregado el Premio Nacional de Derechos Humanos. Tiempo después, pese a la inconformidad de panistas como José Luis Luege Tamargo y Demetrio Sodi, el partido Acción Nacional la hizo candidata a jefa de gobierno de la Ciudad de México en las elecciones de 2012. 

Su influencia en la opinión pública también fue utilizada para posicionar la narrativa del secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, en casos como el de Florence Cassez e Israel Vallarta, como lo documentaron Emmanuelle Steels (El teatro del engaño, 2015), José Reveles (El affair Cassez, 2013) y Jorge Volpi (Una novela criminal, 2018).

Con Enrique Peña Nieto el rol de incondicional aliada transexenal del gobierno federal mexicano se afianzó, volviéndose cada vez más evidente; en especial después del caso Ayotzinapa, en el que la señora Wallace intentó lavarle la cara a la entonces Procuraduría General de la República, desacreditando mediáticamente la investigación del Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI), y pidiendo la salida del GIEI de nuestro país, luego de que sus informes concluyeran que hubo participación del Estado mexicano en los hechos. Los informes contradecían la versión de la PGR de Jesús Murillo Karam, misma que intentó criminalizarlos e invisibilizar cualquier responsabilidad del Estado en lo ocurrido. 

La obstinación de la empresaria por la "verdad histórica" de Murillo Karam no solo la llevó a denostar a activistas como Juan Méndez y Mariclaire Acosta, sino que incluso aun en julio de 2020 salió en defensa de Tomás Zerón de Lucio, ex director de la Agencia de Investigación Criminal durante el gobierno de Peña Nieto. "Yo en ningún momento vi que Zerón estuviera torturando; quiso ser duro con él, pero enfrentarse a este tipo de criminales tiene que tener (sic) una posición dura para que pueda realmente entrevistarlo", comentó en diversas entrevistas, sobre un video en que aparece Zerón hablando en tono amenazante a Felipe Rodríguez Salgado "El Cepillo", detenido por el caso Ayotzinapa. Actualmente Zerón se encuentra exiliado en Israel, luego de que el gobierno actual lo señalara de secuestro, tortura y manipulación en la investigación sobre la desaparición de los estudiantes, así como de la malversación de unos 50 millones de dólares. Israel no ha hecho ningún movimiento para extraditar al exfuncionario y el gobierno mexicano dice negociar con dicho país, sin embargo, no ha habido resultados hasta el momento en que se escribe este artículo.

Tanto en la administración calderonista como en el peñanietismo, los políticos y funcionarios judiciales en turno cerraron filas para construir y proteger la versión oficial del caso Wallace y ello no se vio reflejado solamente en discursos y maniobras mediáticas, sino también en omisión y colaboración en intimidación a aquellos periodistas, abogados y activistas que han dado voz, asesoría, defensa y/o acompañamiento a los acusados y a sus familiares. Por mencionar solo algunos ejemplos de ello: El activista Giel Meza sufrió detención arbitraria e interrogatorio el 13 de julio de 2014; en 2010 la abogada Ámbar Treviño Pérez, en un proceso completamente arbitrario e irregular bajo el cargo de presentar “documentación falsa”, fue detenida, arraigada y trasladada a un penal de Durango; Guadalupe Lizárraga, la periodista que mayor rigor y dedicación ha mostrado en el caso desde 2014, vivió dos intentos de secuestro por agentes ministeriales, además de espionaje y amenazas de diversa índole, sin que autoridades ni la mayoría de los medios de comunicación mexicanos se pronunciaran al respecto.

Con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador aparentemente existe un distanciamiento entre Isabel Miranda y el gobierno federal; sin embargo, la presente administración tampoco ha representado un cambio sustancial para la mayoría de los detenidos del caso Wallace. Es cierto, el gobierno federal no ha ejercido una censura mediática sobre el tema de forma tan pronunciada como los sexenios anteriores, aunque existe un episodio en particular que ha sido ignorado por medios, periodistas y autoridades: Cuando la periodista Guadalupe Lizárraga llevó por primera vez el caso a la conferencia mañanera presidencial (29 de marzo de 2019), hubo un apagón de luz en Palacio Nacional tras el cual, se perdió de la transmisión la denuncia de la periodista ante el presidente, hecho que también fue omitido e ignorado por todos los medios de comunicación. Las piezas videográficas que quedaron como testimonio y escasamente se encuentran en la web, fueron grabadas incidentalmente por reporteros independientes presentes. La fundadora de Los Angeles Press denunció una posible censura por parte de CEPROPIE, Comunicación Social de Presidencia y la agencia de noticias del Estado, Notimex, pero sus denuncias fueron nuevamente ignoradas -y lo siguen siendo hasta el momento en que esto se escribe- por periodistas y autoridades. En cambio, se desató contra Lizárraga una campaña de ataques en redes a través de cuentas bots y youtubers.

Desde hace años la presidenta de Alto de secuestro acumula denuncias por parte de los acusados y sus familias, mismas que se han ignorado o perdido. En Red es Poder hemos dado cuenta de algunas más: En 2018, la periodista Guadalupe Lizárraga presentó denuncias ante la PGR/FGR contra la empresaria; en 2021, la Secretaría Técnica de Combate a la Tortura, Tratos Crueles e Inhumanos del Instituto Federal de la Defensoría Pública del Poder Judicial, en representación de los acusados, presentó sendas denuncias ante la FGR; en 2022, el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, denunció a Isabel Miranda por fabricación de pruebas, luego de que ésta lo señalara y denunciara ante la Fiscalía, de “corrupción, tráfico de influencias, amenazas y ejercicio indebido de funciones” tras la atracción por parte de la Corte del caso de Juana Hilda González Lomelí en mayo pasado. Las denuncias contra Miranda tienen los mismos señalamientos en común: Tráfico de influencias, fabricación de pruebas, tortura, amenazas.

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2022 parece una copia de aquel ignominioso año en que inició el horror para los acusados y sus familias: 2006, año en que Brenda, Jacobo, César, Juana Hilda, Tony, Albert y Jael se vieron exhibidos en los anuncios espectaculares de la empresa de Isabel Miranda, Showcase Publicidad, sin derecho a presunción de inocencia y cazados para acabar con su libertad. En 2022 esos espectaculares volvieron, pero esta vez para intentar influir en la decisión que la Corte deberá tomar antes del 12 de diciembre, fecha en que se deberá haber tomado una resolución para el caso de Juana Hilda. De ser absuelta se sentaría un precedente para los demás acusados, cuyos procesos continúan empantanados.

La revictimización, criminalización y violación a la presunción de inocencia también se ha dado este año a través del Foro Lindbergh, zona ubicada en el parque México de la colonia Condesa de la Ciudad de México, en la que Isabel Miranda montó este noviembre una exposición abierta al público, volviendo a señalar a sus acusados, con aprobación de autoridades de la alcaldía Cuauhtémoc. 

Queda menos de un mes para que la Corte determiné el curso del caso Wallace. Será interesante observar si los ministros decidirán seguir enfangando la ominosa senda de un proceso plagado de irregularidades y abusos, o bien, abrirán un halo lo suficientemente luminoso para que marqué un verdadero y positivo cambio en la impartición de justicia.

Anclado

Por Patricia Hernández González

Unos cuantos años después…

Alguna vez me decía que el odio era una palabra practicada, por lo general, se habla del amor o en nombre del amor. También me decía, que los simuladores “viven sanamente” y lo digo así, porque así es, se dicen a favor, no en contra y claro, es difícil que se asuma algo semejante al rencor viniendo de la gente que se dice feliz, feliz. De manera que no lo comprendo. No quiero hacerlo, de hecho, comencé a observar asuntos mucho más racionales — y durísimas — sobre la vida. Aunque esto sea a favor de una idea deliberada, pero creo, no lo es en estos tiempos donde maldecir se hace presente.   

Si le buscara un color al odio lo encontraría en un intenso marrón a un naranja esfumado, un morado diverso, un verde inapropiado.                                                                          

Y si le buscara un rostro pensaría en el de ellas, las caras que tienen hoy a la edad de hoy, con la voz y sus miradas prendidas de chispas, a la distancia sorprenden por su llaneza. Pero es que imaginar a alguien distinto incluso un niño que juega ¿quién puede imaginarlo así? Odiar no es solamente la contradicción a todo lo que se cree y supone, hay quien lo hace heroico en su existencia, se ignora porque es difícil de confesar para sí mismo, solo los huérfanos se atreven a odiar, los huérfanos del mundo, los que se creen superiores, los que se sienten inferiores, los enfurecidos de todas las causas.

Cada palabra que nace primero del odio, a veces pasa al amor y después al odio y después al amor. Así se entretejen las experiencias cansinas y agrias, las malas emociones que emulan de los sentidos al cuerpo, que impactan en las grandes decisiones de la vida, personales y sociales tal vez por eso tiene larga duración. No pasa inadvertido, es un trazo de línea muy dura, profundamente incómoda. Se esconde en la desesperación infantil, de toda agitación de asombro y horror, deambula en la memoria de los pueblos, en la sensación agobiante del peso del mundo, del mundo que castiga, que guarda rencores, que busca venganzas y explota de ira, está en la incertidumbre que hace vivir una travesía. El odio está en todas partes.

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Aunque en contextos de conversación pública, hay cosas que parecen opuestos irremediables, a pesar de cualquier creencia, convicción o esperanza, en situación de enojo por motivos que se saben o se ignoran, incitar al odio es un retrato de la vulnerabilidad personal en la psique de los otros. Querer que se vaya o que se quede, que se tenga o desaparezca, que se reconozca o se anule, las luchas sea cual sean los motivos, argumentos o necesidades, la expresión ácida a no conciliar se activa también como amenaza, también como defensa, también como protección, como derecho, y bueno, los motivos sobran y más cuando todo se considera legítimo.

El mal llamado odio colectivo enfrenta todas estas reglas “aceptadas”, de manera contradictoria, el antagonismo, creo yo, es necesario, si pensamos en la pluralidad y en las colectividades.

La sangre que se ha derramado

Por Cristián Vázquez

Los últimos acontecimientos de violencia e inseguridad en nuestro país, son una radiografía de la realidad social que se vive en México. El asesinato de dos Jesuitas y un guía turístico en Cerocahui, el caos en Jalisco y Guanajuato, la noche de terror en Ciudad Juárez y así se podrían mencionar más sucesos que generan tristeza, dolor y sufrimiento.

Muchas personas están padeciendo los estragos de estos días tan difíciles. Carlos es uno de ellos, un joven que es repartidor de comida por aplicación, solo esperaba un pedido en una pizzería, cuando de pronto fue baleando. Él es sordo de nacimiento y para comunicar lo sucedido tuvo que hacer una video llamada con su madre y mostrarle sus heridas. 

Otros han muerto y valdría la pena recordar sus nombres y sus rostros. Pienso que a todos nos duele profundamente la sangre que se ha derramado, la de las mujeres asesinadas, personas que han caído en la lucha entre bandas delictivas. ¡Basta ya! 

Muchas instituciones, activistas y académicos se han manifestado en contra de estos hechos de inseguridad y violencia. Hacen eco las palabras de Javier “El Pato” Ávila, sacerdote Jesuita que pronunció en su discurso cuando celebraban la misa de despedida de sus compañeros asesinados: “Son miles los dolientes sin voz que claman justicia en nuestra nación. Los abrazos ya no nos alcanzan para cubrir los balazos”.

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Estas tragedias ponen de manifiesto las debilidades del Estado mexicano ante una lucha de poderes. ¿Qué garantías de paz y seguridad social existen para los ciudadanos? ¿Cuál es la reparación de los daños? ¿Hasta cuando el fenómeno de la violencia estará generando destrucción?

Queda mucho por hacer y demasiado por reflexionar, lo cierto es que el Gobierno de México ha estado poco presente en la construcción de la paz. Al final del día, habrá algunos que establezcan nuevos caminos de solidaridad y horizontes en busca de la verdad. 

Luis Rafael, Cuando el rito se vuelve arte

Por Alejandro González Enríquez

Habíamos abordado ya en diversas ocasiones el trabajo de artistas en los cuales sus obras se pueden insertar dentro de corrientes mágicas y surreales. Particular es la historia de nuestro país que acogió en la segunda mitad del siglo XX a una variada multitud de artistas extranjeros pertenecientes a estas corrientes, destacando casos como los de Remedios Varo y Leonora Carrington que hoy en día se han vuelto muy famosas.

Sin embargo, es necesario precisar que ellas no corresponden propiamente con los principios del manifiesto de 1924 y tampoco así a la mayoría de artistas tanto locales como extranjeros que produjeron piezas en México durante este periodo. La diferencia principal radica en que la propuesta del manifiesto habla de una libertad creativa a través de los sueños, mientras que los maestros mexicanos se nutrieron de la mitología, el simbolismo, la alquimia, las costumbres y la idiosincrasia de este país entre muchos otros aspectos.

Todo ello no hace menos valiosa la producción artística, sino que le brinda su carácter único y es por eso que ha tenido buena aceptación en el resto del mundo. Aunque aún hay mucho que mostrar, indagar y descubrir; podemos hablar casi de una escuela creativa con su estética única que traspasa las barreras del tiempo y que hace eco no sólo en México sino en Estados Unidos también.

Un descubrimiento impresionante son las obras de Luis Rafael Cruz, un joven artista que es muestra de que estas barreras creativas son atemporales. Nació en la comunidad de la Barranca, municipio de el Álamo, Veracruz en 1990. Aunque es pedagogo de profesión, desde muy niño sintió inquietud por las artes, con una sensibilidad única, era conocido como “el niño que todo lo ve bonito”; con el paso del tiempo fue profundizando su interés y en 2007 ganó un concurso de dibujo. Luego se avocó a aprender óleo, técnica que ha dominado con maestría.

Luis considera que las obras también deben tener un sustento teórico, curioso en su formación, ha tomado diversos talleres de técnicas y composición además de la inspiración propia. De herencia huasteca, su familia posee un gran bagaje en tradiciones, costumbres y conocimientos ancestrales en medicina y en magia. Los rituales para la muerte y las cosechas han marcado su vida y con preocupación ve la pérdida de todo esto en el mundo globalizado.

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Las comparaciones se hacen evidentes siempre, pero él demuestra con su talento que este arte viene de la profundidad de la magia con la que ha vivido, de su delicadeza al pintar. Éstas figuras profundamente estilizadas emergen del lienzo, de ese interés por la moda y la elegancia, son amalgamadas por las finas capas de veladuras, esfumados y esgrafiados que el artista utiliza. Cada serie habla de un periodo en el que él ha vivido y varían en gamas de colores desde lo más profundo y místico del azul hasta la estridencia del rojo. Los seres animales se funden con los vegetales mientras que los telones de fondo como el paisaje se van definiendo en medida que el artista madura.

Cada día amanecerá con un sueño nuevo que Luis plasmará en su lienzo, esos lienzos que lo están defiendo como pintor, como artista, como profesor y como ejemplo de que para la originalidad hay que aceptar lo que se es, voltear a la raíz para proponer lo nuevo. Lo nuevo en cada pintura creada por él que es un goce estético a la vista.