Parte de guerra: reportero sin suerte no es reportero

Reportero sin suerte no es reportero, era el refrán que corría en las redacciones en las que laboré por más de 40 años. Y hoy me atrevo a parafrasear que un reportero sin ángeles que lo cuiden es un muerto.

La juventud, el idealismo y un medio informativo que me respaldó, como pocos, en todas mis incursiones noticiosas y de investigaciones, me arrimaron a la lumbre de los poderosos. Sin censura, con el respaldo de un buen salario y sin escatimar en viáticos, realicé mi vocación con ojos muy abiertos y sin perder el asombro en cada encomienda y en cada historia que me encontré y busqué con afán profesional.

Con más ingenuidad que valentía tenté a la muerte en no pocos trabajos periodísticos y después de apretar los puños di vuelta a la hoja y embestí de nuevo, porque la noticia no espera. No fue fácil, porque la presión social y familiar es fuerte, porque le recuerdan a uno lo sencillo que es trabajar en oficios menos arriesgados y quizá mejor remunerados. Pero siempre me la creí y seguí creyendo en ejercer el periodismo con toda la seriedad y profesionalismo, con todo el riesgo que esto representó.

También en este camino hacia la pretendida verdad me encontré con héroes y heroínas, que denunciaron y señalaron la corrupción y la maldad a costa de su vida. Ahora que lo pienso, que lo recuerdo, el trajín del diarismo no daba mucho margen para el miedo, por lo que seguí avanzando a tientas en el infierno que suelen sumergirse los reporteros comprometidos.

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Capturé en no pocos casos las últimas declaraciones de activistas y agentes policiales honestos que como pago fueron asesinados. A ellos, a su memoria, debo todas las palabras de reconocimiento.

Sí, las palabras rompen huesos pero también salvan personas y en esto del periodismo hay que creerlo. Hay que creérselo.

Trayectoria de colisión

Cada semana estamos más cerca de la guerra”.

Viktor Orban

La frase del Primer Ministro húngaro, Viktor Orban en una reciente entrevista con una radio local, resume la locura que vive Europa, donde lo que hace pocos años era impensable, ya se ve como inevitable: ir a una guerra contra Rusia.

Los políticos y medios de Europa y Estados Unidos hablan ya sin tapujos de poner sobre territorio ruso todos los ingredientes de una tercera guerra mundial en Europa. Idéntico a como ocurrió en la segunda guerra mundial, pero en lugar del ejército Nazi de Hitler, ahora serían (o serán), las tropas de la OTAN avanzando hacia el este.

Y en lugar de pensar en la diplomacia o la negociación, los mandatarios europeos junto a los estadounidenses, avivan el fuego, no solo con retórica, sino con misiles de la OTAN que además de una función defensiva en suelo ucraniano, ahora también estallan en territorio ruso.

A la par de la escalada, las tropas inglesas, francesas o polacas que antes operaban en el frente de batalla con el disfraz de mercenarios, ahora van abiertamente a Ucrania con sus uniformes e insignias nacionales, presumidas en voz de los mandatarios, como Emmanuel Macron.

En el actual conflicto entre Rusia y Ucrania, o dicho de otra manera: La guerra de la OTAN contra Rusia en suelo ucraniano, los políticos de los países atlánticos han aplicado la teoría de la Ventana de Overton para todas las decisiones militares; es decir, algo que era impensable, se menciona, luego suena como radical, pero a medida que se discute en medios públicos, se convierte en aceptable y pasa a ser incluso popular y parte de las políticas.

De esa forma, pasando por esas etapas, de lo impensable a lo popular, sucedió con la decisión de equipar al ejército ucraniano con bombas de racimo, luego la entrada al conflicto de los tanques Leopard alemanes, (la versión 2023 de lo que fue en el 1941, las divisiones Pánzer disparando contra tropas rusas en territorio soviético), y lo mismo pasó el envío de misiles de largo alcance, el permiso de los países OTAN a dirigirlos a suelo ruso, y últimamente el envío abierto de tropas a pelear directamente contra Rusia.

Es decir, de ser impensable una tercera guerra mundial, ahora tenemos a congresistas estadounidenses pidiendo una escalada nuclear al conflicto, o al periódico inglés The Telegraph, hablando de los cinco corredores europeos, a través de los cuales, la OTAN llevaría tropas de Estados Unidos y otros países hasta suelo ruso ante un posible conflicto.

Ante una trayectoria de colisión, el piloto de cualquier vehículo, frena o cambia de trayectoria, o ambas cosas, a sabiendas que, debido a la velocidad de crucero que lleva, el impacto a veces es inevitable, aunque la maniobra evasiva podría aminorar las consecuencias.

Pero el presente conflicto lleva cocinándose décadas.

Durante la cumbre de 1997 en Madrid, la OTAN invitó a unirse a las ex repúblicas soviéticas, Polonia, República Checa y Hungría.

La expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia movió al connotado diplomático estadounidense, George Kennan, a publicar en el periódico New York Times, una columna que sigue resonando 27 años después.

En su texto llamado “Un Error Fatal”, (A Fateful Error), Kennan señaló que extender la OTAN a las fronteras de Rusia “sería el error más fatal de la política de Estados Unidos en toda la etapa posterior a la Guerra fría”, debido a que exaltaría la unidad y el belicismo del pueblo ruso.

Pero también John Measheimer, ex militar graduado en West Point, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Chicago y afamado por la teoría del realismo ofensivo, anticipó en 2015 que tras el golpe de estado en Ucrania, lo que venía era una guerra.

También los mercados lo sabían, tras el golpe de estado del Euromaidán en Ucrania, a partir del 2014, empresas armamentísticas como la alemana Reinmetall, (constructora de los tanques Leopard), tuvieron un súbito crecimiento de más del 100 por ciento en sus acciones.

Ante la trayectoria de colisión, pocos son los que salen del discurso otanista.

El Primer Ministro de Hungría, el derechista Viktor Orban, señalado por medios occidentales como “El Trump húngaro”, mencionó recientemente que no está dispuesto a llevar a su país a una guerra con Rusia.

“La OTAN no se creó para organizar misiones como la de Ucrania, una misión por la cual la OTAN se involucra en un conflicto armado fuera de su territorio. De este modo, creamos la amenaza de una guerra mundial. Esto es absurdo”.

Volviendo a la Ventana de Overton, lo que por estas latitudes nos parece todavía “impensable”, en Europa ya va en la etapa de ser política pública.

“Finlandia tiene más de 50 mil refugios antiaéreos”, escribió en sus redes sociales Ursula Von der Leyen, la candidata a un segundo mandato como Presidenta de la Comisión Europea.

Von der Leyen, quien en su rol político ha optado más por el belicismo antiruso que por construir acuerdos en beneficio de más de 450 millones de europeos, elogiaba los búnkeres construidos por los finlandeses, quienes al ser neutrales durante la guerra fría, construyeron durante décadas, refugios para un eventual ataque de EU a Rusia o viceversa.

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“Nosotros tenemos mucho que aprender de los finlandeses”, dijo Von der Leyen, “este es el cambio de mentalidad al que quiero contribuir durante mi segundo mandato”.

Es decir, en lugar de cambiar el curso de colisión, los políticos europeos plantean mantener el curso, e incluso acelerar la velocidad de crucero.

De acuerdo con el Primer Ministro alemán, Olaf Scholz, la guerra contra Rusia se podría dar en cinco años más, en 2029, pero distintos analistas europeos ven que el conflicto podría iniciar incluso antes de la elección de Estados Unidos, en noviembre de este año.

Uno de los escenarios señala que, ante las declaraciones de Donald Trump de terminar la guerra Rusia-Ucrania incluso antes de asumir su mandato, la intención del “deep state” estadounidense es escalar el conflicto a un nivel en el que, una eventual victoria del “Hombre Naranja” en noviembre, le haga ineludible mantener o incrementar la guerra, la tercera guerra mundial.​

Cuando el calor nos hizo inmortales

En Torreón moríamos de calor cuando fuimos inmortales. Éramos jóvenes de agua o de vapor a más de 40 grados. De día y de noche y sin la comodidad de los actuales paliativos refrigerantes éramos niños y jóvenes y viejos probando el aliento del infierno.

Corrían los años 80 cuando tuve conciencia del calor y en carne propia escribí mis primeros versos de amor en una habitación colmada de sopor y de fantasmas.

Los ventiladores de filosas aspas a los que muchas madres atribuyeron la mutilación de varios miembros de sus traviesos hijos, eran materia escasa, arrumbada o disfuncional en muchos hogares. Por eso es que la resignación de esos tiempos nos llevó a enfrentar al calor de madrugada en cueros y las regaderas de agua indeseablemente tibia no dejaban de fluir en centenares de ardientes hogares laguneros.

Padecimos el calor del desierto por más de 10 meses y el frío que muy pocas veces trajo una nevada a nuestra amada región colocó anodinas chimeneas en viviendas construidas por friolentos arquitectos en las primeras tres décadas del siglo 20.

Ahora el confort de los espacios que habito y el clima más benigno de la ciudad de Chihuahua casi me llevó a olvidar que ya probé alguna sala del ardiente averno.

La loca infancia me llevó alguna vez a estrenar una chamarra de contrabando a finales del calcinante agosto lagunero, pero me la quité al poco tiempo, ante la advertencia materna de que sería llevado al manicomio.

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Mucho podría hablarse del efecto que el calor tiene en nuestro recuerdo y de cómo, al pasar lo peor pronto se olvida. Pero la ausencia de ese picor ardiente pronto se mete en nuestras melancolías cuando llega el frío, que rasga, que hiere, que mata por estas tierras, más al norte.

Georgia y el espejo de Ucrania

“Estamos tratando con una fuerza extremadamente peligrosa que hará todo lo posible para traer el caos a Georgia”.

Iraki Kobajidze, Primer Ministro de Georgia

En medio de masivas protestas donde relucen banderas de la Unión Europea y de Estados Unidos, Georgia se mira ahora en el espejo de Ucrania.

El país, puerta de entrada a Eurasia, con un interés geoestratégico de primer nivel al ser, colindante con el Mar Negro y el Mar Caspio, pero principalmente, frontera con Rusia, se enfrenta ahora a presiones del “occidente colectivo”, cuyos gobiernos defienden con protestas organizadas desde el exterior, el derecho a interferir en su política interna.

El gobierno con una mayoría del apoyo en las urnas, se mira en el espejo de Ucrania, de su pasado reciente y su actualidad, y busca marcar una diferencia para no ceder a las fuerzas europeístas y estadounidenses que convertirían al país en otro ariete contra Rusia a costa de un trágico destino para su población.

Georgia mira con claridad lo ocurrido en Ucrania, donde por años se incentivaron los sentimientos ultranacionalistas y anti rusos, a la vez que las ONG’s financiadas desde el extranjero apoyaron una democracia que buscaba más bien la entrada de Europa y Estados Unidos.

Con el triunfo electoral del partido Sueño Georgiano, la mayoría en el parlamento impulsó una Ley de Agentes Extranjeros que busca ponerle lupa a las cerca de 10 mil organizaciones no gubernamentales que operan en un país con menos de cinco millones de habitantes.

La ley busca que aquellas ONG’s y medios de comunicación cuyo financiamiento extranjero sea mayor al 20 por ciento de sus ingresos totales, registren ante el Gobierno cuánto reciben y el país de origen.

Desde su primera lectura en el parlamento a finales del año pasado, miles de ciudadanos salieron a las calles de su capital, Tifilis, en rechazo a la ley, pero ahora en mayo, que se aprobó definitivamente, las protestas se incrementaron en frecuencia y en violencia de sus participantes.

Como un hecho aberrante para cualquier país que se respete, los ministros del exterior de países como Finlandia y Estonia marcharon en las manifestaciones en contra de esa ley.

Aunque Estados Unidos cuenta desde los años 30 del siglo pasado con una ley similar y otros países también, los medios europeos señalan a la iniciativa como una “ley rusa”, debido a que en Rusia, una ley en términos muy parecidos exhibió el financiamiento de cientos de ONG’s pro democracia y pro derechos humanos, que terminaron por disolverse.

Al igual que en otros países de la ex esfera soviética, en Ucrania y Georgia se instalaron ONG’s financiadas por la Fundación Nacional para la Democracia, la NED estadounidense, (National Endowment for Democracy), una organización creada por el Congreso de Estados Unidos que asumió el rol que durante la guerra fría realizaba la CIA para luchar contra el comunismo. Actualmente promueve la instalación de gobiernos neoliberales.

Las manifestaciones en Georgia recuerdan el Euro Maidán del 2014, protestas violentas desatadas cuando el presidente ucraniano Viktor Yanukovich suspendió por incosteable un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea y decidió voltear hacia su añeja relación con Rusia.

Los ultranacionalistas ucranianos respaldados por ONG’s y por Victoria Nuland, la encargada para Europa del Departamento de Estado estadounidense, (quien luego diría que esa revolución les costó 5 mil millones de dólares), provocaron la dimisión del Presidente, la instalación de un mandatario colocado por EU, (dicho por la propia Nuland), y la instalación de posteriores presidentes pro occidentales que siguieron las órdenes, enemistaron a los pueblos pro rusos del este con los ultranacionalistas del oeste y buscaron llevar a la OTAN a las fronteras de Rusia, motivo principal del actual conflicto armado en suelo ucraniano.

La Ley de Agentes Extranjeros está en la mira de occidente. El Secretario de Estado Anthony Blinken anunció sanciones del Gobierno de Estados Unidos para los políticos georgianos que aprobaron la ley, mientras que desde Bruselas, un comunicado oficial, señala que la ley atenta contra los “valores centrales” de la Unión Europea, como la participación civil en organizaciones sociales, y favorece la polarización y la desinformación.

Para echar leña al fuego, este 23 de mayo, el Primer Ministro de Georgia, Iraki Kobajidze, denunció que durante una llamada telefónica, el Comisario para Vecindad y Ampliación de la Unión Europea, el húngaro Oliver Varhelyi, le lanzó una velada amenaza de muerte para que vetara la ley.

“El comisario europeo enumeró una serie de medidas que los políticos occidentales pueden tomar si no hay un veto a la ley de transparencia, y mientras enumeraba estas medidas mencionó, ‘mira lo que le pasó a Fico, hay que tener mucho cuidado’”, dijo el mandatario.

Varhelyi se refería al Primer Ministro de Eslovaquia, Robert Fico, quien el 15 de mayo fue víctima de un atentado, un hombre con ideas políticas antagónicas y presuntamente relacionado con servicios de inteligencia ocidentales, le disparó en cinco ocasiones, hiriendo de gravedad al político.

Más que condenar el atentado, la prensa europea se refirió a Fico como un político “pro Putin”, debido a que dentro de la UE se opuso al apoyo militar a Ucrania y, por el contrario, llamó a parar la guerra y negociar.

“El intento de asesinato de Robert Fico nos recuerda que como parte de la guerra global estamos tratando con una fuerza extremadamente peligrosa que hará todo lo posible para traer el caos a Georgia”, agregó el Primer Ministro.

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Por su ubicación fronteriza con Rusia, Georgia seguirá bajo la presión occidental para abrir la puerta a la Unión Europea y a la OTAN, pero la experiencia inmediata es que la Organización del Tratado del Atlántico Norte es la línea roja para Rusia, por la que está dispuesta a invadir y destruir un país, a fin de mantener su espacio vital.

Aunque la mayoría de la población Georgia apoya al parlamento y a su gobierno, deberá verse bien en el espejo de Ucrania y decidir si se mantiene neutral, o quiere ser instrumento geopolítico de occidente y perder a la mitad de su población entre los que huyeron por la guerra, los que murieron en ella, o los que son ahora ciudadanos rusos luego de las conquistas y anexiones.​

Café para dos: Karina Carrasco continúa el ciclo especial de reflexión y café 

¿Qué sigue después del adiós? ¿Qué hacemos con los recuerdos que se quedan? ¿Dónde los almacenamos? ¿Les ponemos un cerrojo para jamás volver a ellos? O, ¿convivimos con ellos al despertar, al acudir al trabajo, al tomar un café? ¿Cómo navegamos con la ausencia de quienes ya no están?

Todas las preguntas anteriores buscaron respuesta en la propuesta hecha por la actriz Karina Carrasco para el ciclo especial del monólogo Un café para dos presentado por Plan B Estudio Teatro.

¿De qué va?

Un café para dos es un monólogo corto escrito por Antonio Zacruz. En él, narra la historia de Mariana, una joven que, inmersa en la cotidianidad, descubre la verdad detrás de la frase “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”. 

Para celebrar su noveno aniversario, Plan B optó por un ciclo especial de Un café para dos durante todo el mes de mayo. Cada miércoles, en el recinto cultural se presentará el monólogo por una actriz y actor diferente: Estefanía Marrufo, Karina Carrasco, Lalo Nava e Iván Torres son los encargados de dicho festejo. En esta ocasión, fue el turno de la actriz Karina Carrasco. 

Un café para dos: segunda parte

Carrasco reflejó de manera sencilla pero clara una parte de lo que sucede después de que alguien se va. Para dar inicio a la obra, la observamos ingresar al escenario, recoger ropa sucia tirada por doquier y llamar a alguien, solamente para darse cuenta que no hay nadie en casa. Afuera, el mundo sigue, pero para quien ha tenido que decir adiós, la realidad es completamente diferente. 

La actriz acompañó la historia de Mariana de la mano de Karime Gámez, quien con su canto y su guitarra, fue cómplice idónea para generar una atmósfera íntima y cercana acerca del paso del tiempo y las consecuencias de nuestras decisiones. 

Cada frase escrita por el dramaturgo estaba acompañada por el acorde de la guitarra; una sinergia que envolvió al público y lo mantuvo cautivo desde sus asientos. En un momento de la obra, la actriz exclamó, “Había un ángel que le gustaba la… ¡sangre!”, y la guitarra se detuvo abruptamente. 

En otro, Mariana sentenció, “Me di cuenta que las promesas son eternas, pero…las personas no”. Y así, la guitarra entonó el compás más triste. La música acompañó y realzó cada palabra, cada silencio, amplificando el impacto emocional de la narrativa.

La propuesta de Un café para dos presentada por Karina Carrasco no solamente hizo uso del acompañamiento musical, sino que, tras lo que parecía el final del monólogo, la voz de Karime comenzó a llenar el espacio:

/Confieso
que me haces tanta falta
para decirme todo va a estar bien
para escucharme con una guitarra
sentado con tu taza de café…/

Mientras la melodía seguía, Karina Carrasco introdujo un elemento visual sumamente conmovedor: la proyección de imágenes de su propia madre. Al centro del escenario, ella sentada viendo las fotografías reales; al fondo, los espectadores observando destellos de una vida que sin estar, sigue latente en el corazón de quienes la amaron. El último acorde sonó, y los recuerdos siguieron flotando en el aire. Y a ti, ¿a qué te sabe el café?

Zona de tolerancia: resabios de una Sodoma miserable

Una Sodoma miserable cercada por bardas y un perenne ambiente festivo marcó a varias generaciones: la Zona de Tolerancia de Torreón, Coahuila.

Las actuales generaciones debaten, se asombran y se escandalizan ante la narrativa de cincuentones sobrevivientes de esa experiencia bizarra: la de ingresar a una mini ciudad de prostitución con acceso controlado y administrado por la autoridad formal municipal.

Centenares de historias de horror, placer y muerte están ahora gestando libros, películas documentales que lo mismo horrorizan que maravillan a una audiencia ávida de historias de impacto sociológico, de un pasado que fue dejando huellas imborrables en cuerpos, mentes y corazones de hombres y mujeres que habitaron y frecuentaron este círculo (rectángulo) de varias manzanas de infierno tolerado.

Un documental podrá expresar vívidamente esta estampa de la historia lagunera con información profunda, poesía y la propia voz de los testigos que sobrevivieron a las enfermedades sexuales y a las frecuentes balaceras protagonizadas por violentos parroquianos,

Esta Zona de Tolerancia era el lugar de sórdida diversión de hombres y adolescentes que buscaban placer sexual a cualquier costo, pero también era un sitio que alimentaba los anhelos creativos de escritores y periodistas de todo el país.

Una caseta custodiada por un par de policías daba entrada a vehículos "sardina" en los que bien podrían caber hasta 15 personas, puesto que el cobro era por vehículo.

El rescate de esta historia negra, gris o colorida (según le haya ido a cada quien en el baile zonero) es una agenda pendiente para explicar un fenómeno por demás interesante que casi nació de la mano del auge económico de Torreón.

Algo nos marcó a quienes penetramos en sus antros, cantinas y cuartuchos. Se afirma que el propio escritor Carlos Monsiváis tomó notas de asombro en este espacio y hasta fue incidental asistente al funeral de una de las prostitutas de la Zona, velada en plena calle.

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Mucho falta por escribir acerca del tema, que seguramente marcó muchas vidas y generó simpatías y sociopatías, tomando en cuenta que esa Sodoma miserable era habitada por niños, por familias.

Aquí dejo este retazo de recuerdo, prometiendo escarbar un poco más hondo en mis sueños, en mis pesadillas, para tratar de enterar a las nuevas generaciones acerca del mundo que habitamos sus padres, sus abuelos.

Rusia y China: el nombre del juego

En su primera gira tras asumir su quinto mandato presidencial, Vladimir Putin visitó a la China de Xi Jinping.

La reunión fue más que el encuentro de dos presidentes al inicio de un nuevo mandato, sino que fue una reunión de estado a donde asistieron los más altos cargos de ambos países, como los ministros de defensa, seguridad, economía, infraestructura, comercio y hasta de cultura.

De acuerdo con especialistas y funcionarios de ambos países, el último encuentro servirá para incrementar los intercambios comerciales en energía y productos primarios, la cooperación en infraestructura, en tecnología, incluso en tecnología espacial, pero la relación “no tiene techo”.

Si bien, los mandatarios de Rusia y China han mencionado en ocasiones anteriores que la unión de ambos países es, por decirlo rápidamente, “a toda prueba”, en la última reunión, realizada entre el 16 y 17 de mayo, ambos mandatarios auguraron que la unión sino rusa será por muchas generaciones hacia el futuro.

Bajo la mirada de Estados Unidos y los países bajo su influencia, es normal leer que se trata de la reunión de “dos autócratas”, miembros del “eje del mal”.

Pero, por encima de la forma de gobierno de ambos países, el hecho de que Rusia es el país más sancionado del mundo, con más de 11 mil sanciones nos da una idea de lo que se trata el juego.

Además, Estados Unidos acaba de sancionar a 20 empresas chinas sospechosas de colaborar con la industria militar rusa, y, rebasando a Trump por la derecha, el Presidente Biden sancionó a la industria china de autos eléctricos con un arancel del 100 por ciento en el territorio estadounidense.

El nombre del juego es Conquista a Eurasia y luego de siglos de tener el dominio sobre ella por parte de occidente, la Rusia y la China que en el pasado jugaron juegos separados e incluso contrapuestos, ahora conforman un solo polo de poder que disputan el tener una voz propia sin recibir órdenes de los países occidentales y proponer nuevas reglas del juego.

El nombre del juego es “Dominar al Mundo” y lo propuso en 1904 Halford John McKinder, un geógrafo inglés, quien al observar el vasto territorio contenido en Eurasia, pensó bajo la lógica de un imperio marítimo, (también llamado talasocrático), que el poder de los barcos no tendrían efecto alguno en medio de la gran masa terrestre.

Por otro lado, razonó, si alguien domina esa parte central, el corazón del mundo, el “Heartland”, podrá establecer rutas comerciales terrestres a donde el poder marítimo no tendrá influencia y tendría, por tanto, poder sobre todo el planeta, (un poder telurocrático).

“Quien domina el este de Europa, domina Heartland, quien domina Heartland, reina en la 'Isla del Mundo', quien domina la 'Isla del Mundo', gobierna el mundo entero”, propuso McKinder.

Resulta que el “Heartland” de McKinder se encuentra en lo que hoy es Rusia, el país más grande del planeta, con 17 millones de kilómetros cuadrados y 11 zonas horarias, pero una parte importante también lo tiene China. Juntos, ambos territorios suman casi una quinta parte de toda la superficie de tierra sobre el planeta.

Cuando McKinder propuso su teoría, Inglaterra tenía dominio sobre los puertos de China, como Hong Kong y Shangai luego de las guerras del opio, (entre 1839 y 1860), en las que el imperio británico impuso mediante las armas su derecho a seguir comerciando el opio a un pueblo chino.

Suena raro, pero sí, para emparejar un poco la balanza en su comercio con China, los ingleses eran narcotraficantes “legales”, con permiso y financiamiento de la reina, a la vez que mediante el vicio sumían al milenario imperio chino en su llamado “siglo de la vergüenza”.

El llamado “padre de la geopolítica”, McKinder, fue clave en el rediseño de la Europa que surgió de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, periodo en el que cayeron los grandes imperios monárquicos y nacieron nuevas repúblicas.

Entre la primera y segunda guerra mundial, Inglaterra entregaba a Estados Unidos la estafeta del dominio mundial. Eran ahora los estadounidenses los que diseñaban el tablero.

McKinder murió cuando Alemania avanzaba sobre Rusia, pero a un costo de más de 20 millones de vidas, los rusos terminaron por resistir la invasión y empujaron al ejército alemán hasta Berlín para firmar los acuerdos de paz.

En esos momentos, el geopolitólogo estadounidense Nicholas Spykman propuso la teoría del “Rimland”, que proponía contener con una especie de paréntesis al (Heartland), donde en el lado occidental el paréntesis izquierdo, fueron los países de Europa donde Estados Unidos creó la OTAN, la misma organización atlántica que ha empujado hacia las fronteras de rusia, avance que desató la actual guerra en Ucrania.

Para crear el paréntesis derecho y contener la parte oriental del centro del mundo, Estados Unidos tomó Japón y creó en el país una gran base militar, se desató en los años 50 la guerra de Corea, otra base militar, luego vino la de Vietnam y conflictos similares que permitieron a occidente tener presencia e influencia en los mares de China.

En medio de la guerra fría, en 1972, el Estados Unidos de Nixon firmó acuerdos con la China de Mao y el país asiático se convirtió en la gran manufacturera del mundo, a la vez que esa alianza aislaba política y económicamente al bloque soviético.

Con planeación y un gran sacrificio de su población, China creció económicamente y ahora es además, una potencia tecnológica.

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La crisis bancaria de 2008 que causó a China grandes pérdidas, los puso en el camino de alejarse de la economía estadounidense y las presiones del gobierno de Barack Obama sobre Putin terminaron por forzar la alianza de las dos principales potencias de Eurasia, la llamada “Trampa de Brzezinski”, el pensador geopolítico polaco-estadounidense, quien postuló que Estados Unidos no debería permitir nunca la unión de ambas potencias.

Las posteriores sanciones europeas y estadounidenses no hacen más que reforzar los lazos chino-rusos y para presionar al corazón de la tierra, la maquinaria bélica se quiere despertar en Europa para un posible conflicto contra Rusia después de la inminente caída de Ucrania, mientras por el lado de China, Taiwan, Japón, Australia y Filipinas elevan la presión para una escalada militar.

Otros conflictos como en Georgia, al sur de Rusia, en la región del Sahel de África o en Israel, para nada son ajenos y forman parte de la lucha por el poder mundial, el nombre del juego.​

Derecho a defenderse

Mientras escribo esta columna, el Estado de Israel ataca la ciudad de Rafah, en la frontera con Egipto, donde se aglomeraron en los últimos meses unos 3 millones de palestinos que huyeron del centro y norte de la Franja de Gaza.

Apenas días antes el Gobierno israelí celebró junto a Hamás un acuerdo para el alto al fuego, pero de manera sorpresiva desconoció los acuerdos e inició una operación militar largamente ansiada, que la ONU anticipa como la más sangrienta de toda la campaña militar que inició en octubre del año pasado, además de exacerbar la crisis humanitaria persistente desde hace siete meses.

La organización extremista Hamás, que en sus orígenes fue financiada y alentada por el propio Israel para no tratar con la “pacifista” Organización para la Liberación de Palestina, (OLP), es ahora combatida con bombardeos e incursiones terrestres con vehículos blindados y tropas en el terreno que no discriminan hospitales, iglesias, edificios de departamentos civiles, (sitios vedados para ataques militares por las leyes internacionales), ni la edad de las personas a las que asesinan.

Pero esta colaboración habla más allá del poder económico y militar que el Estado de Israel ha ejercido sobre el territorio de Palestina, que ha desplazado de sus hogares a más de 1.7 millones de personas y ha causado la muerte de unas 35 mil.

Este texto, busca, atisbar en el poder político que este país ejerce sobre otras naciones para acallar un evidente genocidio.

En 1917, mediante una carta, conocida ahora como “Declaración de Balfour”, el Ministro de Relaciones Exteriores inglés, dirigida al banquero y líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, Lionel Walter Rothschild, el imperio Británico daba su aval para crear el Estado de Israel en la región de Palestina, en ese entonces bajo dominio otomano.

Tras la Primera Guerra Mundial, vencidos los otomanos, los 70 mil soldados británicos que ocuparon Palestina se hicieron de la vista gorda ante la expulsión de más de 250 mil musulmanes de sus tierras, en ocasiones asesinando poblaciones enteras y haciendo alarde de ello para asustar a otros habitantes, todo ello para dar espacio a la llegada de migrantes judíos, principalmente de Europa.

A pesar de que en el nacimiento de Israel, cuando vía la ONU se le otorgó el 55 por ciento de las tierras de Palestina y se ordenó la creación de dos estados, uno de ellos Palestino, durante más de 75 años, las administraciones sionistas han absorbido por la fuerza militar más del 90 por ciento del territorio y solo quedan Cisjordania y la Franja de Gaza, cuyas poblaciones están rodeadas por muros de 8 metros de altura con vigilancia militar permanente.

Las matanzas y expulsiones forzadas de palestinos movieron a la ONU a declarar en los años 70 que el sionismo es equivalente al racismo y al apartheid, sin embargo, la presión política orilló a muchos gobiernos a retractarse de su voto a favor.

Si bien, las decisiones del Consejo General de la ONU no implican su obligado cumplimiento, durante décadas han habido llamados de una mayoría de los países del mundo a respetar los derechos del pueblo palestino.

Sin embargo, los acuerdos tomados en el Consejo de Seguridad sí tienen carácter de obligatorio cumplimiento y el 25 de marzo de este año se aprobó, con 14 votos a favor y la abstención de Estados Unidos, un llamado a un “alto al fuego duradero” que también fue despreciado por la autoridad israelí.

Un ejemplo reciente del poder del sionismo lo tenemos en el propio Estados Unidos, donde miles de estudiantes de más de 50 universidades de ese país, entre ellas las más prestigiadas como Columbia, Harvard o el Tecnológico de Massachussets, mantienen campamentos de protesta para exigir el cese de la ayuda militar a Israel y un cese al fuego.

Entre la crítica que los estudiantes han dejado por escrito está el estado de crisis previo a una recesión económica de Estados Unidos, como para apoyar con miles de millones a un país que viola los derechos humanos y encima quiere desaparecer a un pueblo.

De manera acelerada, el Congreso aprobó por aplastante mayoría una ley para ampliar la definición de “antisemitismo” y permitirá al gobierno de Estados Unidos cortar el presupuesto a las universidades que no ataquen de manera efectiva los actos de “antisemitismo”.

En medio de más de 2 mil detenciones de estudiantes y miles más que buscan resistir en los campus, el mismo Presidente Biden y el candidato republicano Donald Trump han avalado las acciones policiales y tildado a los estudiantes de “antisemitas”.

Esta misma ley puede criminalizar a asociaciones como la que monitorea los donativos hacia políticos que realiza la America Israel Public Affairs Comitee, (AIPAC), la única organización de un país extranjero que recauda fondos para financiar las campañas de políticos para influir en sus decisiones.

El académico John Mearsheaimer, coautor del libro “El Lobby Sionista”, habla del poder de estos grupos sobre políticos para influir en la política estadounidense, en tanto que el AIPAC ha anunciado que este año electoral 2024 aumentará a 100 millones de dólares las aportaciones a las campañas de prácticamente todos los congresistas, demócratas y republicanos.

El poder de AIPAC para quitar políticos lo cuenta el ex Congresista demócrata por Michigan, Andy Levín, quien se consideraba “la voz más clara de los judíos en el Congreso”, pero por apoyar a una pacificación de las relaciones entre Israel y Palestina en beneficio del pueblo judío, la asociación aportó 4 millones de dólares a su contrincante republicana y lo sacaron del juego político.

Pero ese mismo poder se extiende a otros países, como Inglaterra, donde las masivas manifestaciones contra el genocidio se ocultan; o como en Alemania, donde la policía reprime ese tipo de protestas o suspende con toda la ayuda del gobierno, simposios organizados por judíos para hablar de los crímenes cometidos en Gaza.

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Entre los poderes por encima de los países se cuentan a los grandes fondos de inversión que controlan la deuda de casi todo país endeudado, fondos controlados por sionistas, que manejan inversiones transversales en cientos de empresas de todo tipo, entre las cuales están la industria armamentista y los principales medios de comunicación.

Es por ello que las principales voces de los medios y políticos catalogarán a los estudiantes que protestan en el amplio cajón de los “antisemitas”, mientras que las acciones del Gobierno de Israel serán solo el “derecho” de un pueblo a defenderse.​

El fin de la inocencia, de Teresa Muñoz

Correspondencias | Alfredo Loera | @alfredoloeramx

La obra narrativa de Teresa Muñoz, que se consolida con el libro que ayer presentamos, es una de las más innovadoras que ha dado la literatura contemporánea en México, pues el conjunto de cuentos incluidos en el volumen El fin de la inocencia está escrito bajo una mirada femenina muy alejada de lo que hoy se llama lo políticamente correcto.

El hecho no es menor, porque no se trata de narraciones que aprovechen falsamente alguna coyuntura, sino de textos trabajados a lo largo de varios años, incluso décadas, las cuales plantean historias y personajes desde una poética original. Por ello considero que para más de un lector pueden ser cuentos incómodos (incluidos hombres y mujeres). Son narraciones retadoras, no sólo en el estilo, del cual hablaré en los siguientes párrafos, sino porque desentrañan prejuicios de la realidad. En otro sentido, la gran mayoría de estos cuentos no concuerdan con la idea que muchos lectores poseen de lo verosímil. No obstante, esto no es ninguna imperfección. Muy por el contrario, Teresa Muñoz escribe con todo el propósito de socavar maneras de leer historias, y de entender personajes.

El rasgo se manifiesta desde el primero de los diálogos que aparece en “Interpretación bajo un árbol de verano”, que abre el libro. ¿Quién habla? ¿Quién es la voz fuerte y quién la voz débil? 

-La verdad es que no quiero verte, porque siempre caemos en la misma y yo me siento muy culpable con todo esto.

-Pero no te estoy pidiendo que hagamos nada, sólo quería verte para que me dijeras por qué ya no quieres verme.

-Por eso, si nos vemos, volvemos a caer en eso que no me gusta.

-Pues no parece que no te haya gustado todo este tiempo.

El lector acostumbrado a ciertos estereotipos pensará que la mujer es la débil y el hombre el fuerte. Pero conforme la narración despliega su mundo narrado, se observa lo contrario. La mujer es la voz fuerte, y el hombre la voz débil.

Lo mismo podemos distinguir en los subsecuentes relatos. La mujer vista como ese ser abnegado incapaz de controlar a los hombres y disfrutar del sexo sin ninguna culpa, en estas páginas si no se ha desterrado por completo, al menos no habita de manera absoluta. La constante es más bien aquella que señala la existencia de mujeres bellas e inteligentes, pero no por eso censurables. Es la libertad simbólica de la mujer de un modo no restringido ni castigador. El cuento “Fantasía” es otro ejemplo de ello. El personaje narrador es una mujer muy hermosa, una prostituta, que posteriormente se vuelve actriz, y que gracias a sus encantos, se convierte en una señora respetada en alta sociedad, al cabo de asesinar a su marido. 

Todo es absurdo: el tocador de marfil donde la tarde anterior acomodé mis cremas cuidadosamente; el closet con todas las sandalias de verano que no usaré nuevamente sino hasta la próxima temporada (o tal vez no, tal vez compre todo de nuevo); los zapatos de tacón de todos los colores, mis choclos de correr (que realmente no necesito, sudo de otras formas). De pronto no reconozco nada más. Hay ropa extraña sobre el sillón verde botella que tardé dos meses en encontrar a mi gusto, el cual coloqué junto a la cortina rosa líquido, en un rapto de inspiración decorativo, y donde me encanta hacerme ovillo como si me hubiera pertenecido desde siempre.

La ironía y el sarcasmo, desarrollado en dicho texto, me recuerda mucho a la holgura y la frescura del Rimbaud de las Iluminaciones. La comparación no es exagerada. Pues, si algo posee la narrativa de Muñoz es esa espontaneidad donde lo poético toma el control de lo narrado. A final de cuentas lo que menos importa es la anécdota, sino la forma de expresarla. El hombre atrapado y lloroso en el rostro de la abuela Adelina, del cuento “Lucrecia”, es una muestra más de lo que digo. Sorprende cómo nuestra escritora desdobla las palabras para romper lo verosímil y dar una vuelta de tuerca al lenguaje y acercarlo a la poesía. Pero no me refiero a la poesía de verso cursi, sino a la verdadera, a aquella que puede ser escrita en prosa y ser capaz de develar intuiciones estéticas muy interesantes.  

El llanto se escuchaba más doloroso cuando la ciega cerraba los ojos, como para ver en los sueños que nunca había tenido; era desesperante ver perderse al hombre en la cara tumefacta de la vieja, su expresión yuxtapuesta. 

Por cuestiones de espacio no me será posible indagar en cada historia. Tampoco es mi intención develarles todo el libro. Eso quedará en ustedes, bajo el placer de la lectura. Sin embargo, sí voy a permitirme hablar de otros tres rasgos de la narrativa de Teresa Muñoz.

El primero de ellos es el sustrato onírico. Pero esto no sucede como una mera ocurrencia o como un salto en el tempo de la palabras, digamos en algo parecido a la escritura automática o en imágenes absurdas propias del surrealismo. Más bien lo onírico en Muñoz se da como la toma de conciencia sobre las cosas. En “Oscuro y hondo, como el rencor”, la manera en que el relato elabora la presencia de la palabra “allí”, vista en sueños, va connotando diferentes significados, se trata de una especie de profecía, de una interpretación hecha por una vidente, una bruja, en una atmósfera tropical de la laguna de Catemaco.

Luego de la luna de miel en el puerto, cesaron los sueños con escualos, pero comenzaste a soñar con esa palabra que no entendías y que de tanto no comprender se convirtió en una especie de compañera de vigilias, de amiga enemiga que te seguía cuando amasabas o bordabas: “Allí”, era todo lo que quedaba en tus brumosos despertares; Moraima [bruja de Catemaco] no pudo definir con certeza su significado, porque tú no tenías más detalles del sueño, sólo la palabra, grande, sin contexto, sin otro recuerdo.

Lo mismo ocurre en “La pila y el pozo”. Sin duda es uno de los textos más logrados. Ahí una mujer recién llegada a Xalapa, al habitar una pensión en una casa antigua, tan comunes en dicha ciudad, comienza a soñar con un joven que años antes había muerto en la misma casa. La historia se disloca en los planos de la vigilia y el sueño. No es un cuento surrealista, ni tampoco uno fantástico. Se trata del estilo propio de nuestra narradora.

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El peor de todos los sueños era ése que nada tenía que ver con el agua, porque sabías que definitivamente era tuyo sin pertenecerte, que invadías espacios difíciles y entrañables, dulcemente tristes: una llanta vieja colgada con mecate al árbol junto a un pozo, y el muchacho meciendo la risa, te ofrecía un estado de ánimo nuevo, desconocido para ti. Despertabas con una sensación de dulzura que duraba días sin saber por qué, hasta que te invadía el recuerdo breve, como nube, y te lanzabas a la calle, asustada, para respirar el aire ajeno y vivir en esa ciudad verde y lluviosa, sin prestar atención a las sensaciones del sueño, hasta que éste regresaba y volvía tu búsqueda de ese espacio en la memoria, para tranquilizar tu alma. 

Así también podemos hablar de lo netamente fantástico. En particular en “Hojas secas de un árbol sin fruto”. Me parece que trabaja excelentemente la ambigüedad propia del género, con un final sorpresivo, donde un adolescente vive en una especie de mansión con su madre.

Hubiera querido comentar eso con algún abuelo o algún tío. La cosa es que nunca hubo familia. Sólo mi mamá como un árbol a cuyas ramas se adherían los demás, y luego nacían los hijos como hojas que se desprendieron muy pronto, secas; un árbol cuyos frutos nunca existieron porque había algo ya podrido en él que dejó únicamente el tronco, ella, y una ramita endeble, yo. 

Y en tercer término, el cuestionamiento de la maternidad. Y no porque la maternidad tenga una connotación negativa, sino porque en nuestra sociedad está envuelta por un sinfín de idealizaciones fallidas. Teresa Muñoz nos presenta varias historias donde se desarrolla dicha temática de forma crítica. En lo particular yo prefiero aquella titulada “La playa”, donde una niña observa cómo su madre espera al marido en una combi mientras este se emborracha. El final me parece memorable:

Tú la observas, no podías hacer otra cosa, porque el mar a oscuras te da miedo. Temor lógico de que te arrastre hacia donde nadie te vea, pero también el terror de caer en la profundidad de espacios fragmentados, sin retorno, sin humanidad. Veías el brillo de los trajes de baño de tus hermanos y el rostro endurecido de tu madre, esperando. Ves en ese recuerdo el despertar de la niña que fuiste, cuando te diste cuenta de que eso era, que eso es lo que tu madre ha hecho siempre, esperar. Esperar a que ese hombre se canse de la pasión que lo mueve desde siempre; de esa pasión que no es ella.

En pocas palabras, El fin de la inocencia se trata de un libro muy trabajado. Tuve la fortuna de leer algunos de sus cuentos hace al menos quince años. Teresa los tenía arrumbados en un cajón y una buena tarde me los mostró. La verdad quedé sorprendido desde el primer momento, y la conminé a que los publicará. Ella no accedió. A la larga creo que tuvo razón. De otra manera el volumen no habría quedado tan redondo como lo está ahora. 

Fue publicado, finalmente en Quintanilla Ediciones en plena pandemia, pero quisiera mencionar, para así quizás comprobar lo que decía al inicio de estas líneas, que El fin de la inocencia quedó finalista en el concurso para publicación convocado por la editorial Dharma Books, una de las más importantes de México. Según las palabras de los editores, dentro de cientos de manuscritos, incluyendo uno de mi autoría, el libro de Teresa Muñoz quedó en los 11 finalistas. Los editores al no poder llegar a un acuerdo, y por la crisis editorial actual surgida del encierro pandémico, decidieron no publicar ninguno de los manuscritos. En fin, estas son cuestiones pragmáticas que también influyen en la aparición y la promoción de los autores. No obstante, como ya he reiterado, el libro que hoy presentamos sin duda es de los más interesantes dentro del cuento mexicano actual.  

[Texto leído en la presentación del libro realizada en el Teatro Isauro Martínez el 1 de diciembre de 2021.]

Ficha bibliográfica: Teresa Muñoz. El fin de la inocencia. (México: Quintanilla Ediciones, 2020).

La danza de Hüzün

"Un pedazo de sombra iluminada es lo que resta de mí desde el derrumbe.
Entre la locura y la muerte estas palabras me recuerdan que alumbrar es arder."

Fragmento del libro ARTHASASTRA, Carlos Reyes 2007

Dolor

Tanto en el origen mitológico de la cultura oriental como en el de la occidental encontramos evidencias de que algunas fuerzas, manifestaciones o roles cósmicos de destrucción creativa generadora de la existencia, se materializan en forma de metáforas que explican nuestra posibilidad de vida y de regeneración. Tanto Dionisio (metáfora occidental) como Shiva (metáfora oriental) están asociados con la destrucción y la renovación de la vida, pero también están estrechamente ligados a la danza como un acontecimiento ritual colectivo de catarsis y regeneración. En la mitología griega, Dionisio es a menudo visto como un dios de la naturaleza que trae fertilidad y renovación, pero esto solo ocurre si se está dispuesto a pasar por el caos que rompe con el yo individual, la embriaguez del gozo y la celebración desenfrenada de lo efímero. En la mitología hindú, Shiva realiza la danza cósmica (Tandava) que destruye el universo en preparación para su recreación, simbolizando el ciclo eterno de creación, preservación y destrucción. 

La danza por lo tanto también es crisis y es caos. Es una posibilidad telúrica de mover el cuerpo en busca de renovar y reorganizar lo más concreto, lo más mundano (la carne, las vísceras y los huesos) así como lo más sutil y etéreo (las ideas, las emociones y los sueños) para poder colectivamente sostenernos frente a lo que nos hace vulnerables. Es en esta posibilidad caótica, catártica y colectiva donde además se revela con más claridad la innecesaria división que se ejerce en muchos terrenos de la vida entre lo “sutil y lo concreto” entre nuestro cuerpo y todo lo demás.

La danza y el canto durante buena parte de nuestro camino para llegar a ser lo que somos (nuestro recorrido histórico-ontológico como humanidad), aparecen como algunas de esas acciones colectivas, creativas y rituales que nos han acompañado y que nos han permitido dar lugar (construir sentido) a esos acontecimientos que muchas veces exceden nuestra capacidad comprensiva de lo que ocurre. 

La danza, tal vez más que el canto, permanece todavía como una práctica de convivio y celebración colectiva desde los contextos más cotidianos. Sin necesidad de convocar a un acontecimiento artístico o cultural, esta manifestación humana ocurre comúnmente. Incluso muchos ritos religiosos o espirituales siguen sucediendo a través de ella. Sin embargo, algo de ese gesto (sobre todo en el ámbito del arte) es cada vez menos un ocurrir colectivo y más un acto individual narcisista, donde el principal motor ya no es la experiencia de lo grupal sino la experiencia que da la competencia, la reafirmación social del éxito individual o la exposición en gran formato de un “YO” extremadamente necesitado de afecto y aprobación. No juzgo la necesidad de afecto y aprobación, ni el éxito individual o la competencia, más bien me llama la atención que la posibilidad colectiva de la danza se desvanece, sobre todo en ciertos contextos donde es premiado solo el logro individual.  Pienso en el peligro de la total desaparición de la danza como gesto colectivo, porque cuando ocurre así (como la expresión de un grupo de individuos) nos permite sentirnos acompañados en esos senderos de compleja vivencia y comprensión humana.

¿Cómo fue que dejamos de danzar desde el caos, desde la compañía y el gozo queda el atravesar los senderos difíciles de andar? ¿Qué pasaría si retomamos la práctica de bailar nuestras angustias, dolores y dudas? ¿Cómo sería nuestra danza si no solo ocurre desde lo individual sino desde lo colectivo también?

Muerte

¿Recuerdas dónde y cómo estabas hace cuatro años? ¿Qué pasaba justo los primeros días de mayo de 2020?

Yo recuerdo que estaba resguardado en mi hogar, desconcertado porque estaba ocurriendo una pandemia. Recuerdo también, que una buena parte de la población de todo el mundo “decidió” parar y quedarse en casa, alejarse de todo aquello que implicara el cuerpo a cuerpo, el contacto directo con otras personas. Había mucha incertidumbre y miedo a morir. Otros sin embargo no tuvieron la posibilidad o el privilegio de elegir y simplemente siguieron, tal vez con miedo y desconfianza ante la presencia de otras personas, pero siguieron. No sabíamos todo lo que pasaría después, pero algo intuíamos y algo paso.

En gran medida dejamos de reunirnos, de convivir, de vernos, de acompañarnos, no solo en los ritos de gozo y disfrute, sino también en los gestos colectivos que nos habían dado soporte en temas complejos de vivir y comprender.  La muerte (por ejemplo) junto con todo lo que la rodeaba (ritos, creencias y sentidos) estaba por sufrir una importante sacudida. Fue casi imposible no voltear a vernos y preguntarnos cual era nuestra manera de hacerle frente a esa fragilidad vital que siempre nos ha caracterizado, pero que, en esos días, en el contexto de la pandemia se volvía más visible. Se manifestaba con más contundencia nuestra condición de ser efímera.

Pasaron los días, los meses y luego los años; ahora serán cuatro, y no sé si una vez que disminuyó el espanto o la incertidumbre algo de esa poderosa confrontación queda ahora en nosotros. 

Después de todo lo vivido en estos últimos cuatro años. ¿Qué hemos hecho con los ritos que acompañan las complejas experiencias que nos ocurren en la vida? ¿Qué hemos hecho con esas prácticas humanas donde el mayor sentido se teje en el convivio cuerpo a cuerpo? Prácticas donde a través de la palabra, el canto y la danza logramos cuestionar, mover o sacudir para construir sentido.

Limbo

A cuatro años de ese mayo de 2020 pandémico, hoy tengo la fortuna de ser parte de HÜZÜN, la última creación del colectivo Udâna, plataforma de creación escénica que dirige Sandra Milena Gómez Cabarcas. Esta obra escénica interdisciplinaria fue creada desde la necesidad de darle lugar a la imposibilidad de decir adiós a nuestros seres queridos, sobre todo cuando no pudimos despedirnos de ellos por migración, enfermedad o desaparición, aquí la danza se plantea como un ritual que nos permite liberar el dolor del duelo y honrar la vida que aún nos queda. Un acto de acompañamiento amoroso por los que ya nos están y para los que aún nos podemos abrazar.

La palabra "Hüzün" es de origen turco, tiene un significado rico y profundo en su cultura y en su literatura. Se traduce como "melancolía" o "tristeza", pero su significado va más allá de estas simples traducciones. "Hüzün" se considera una sensación compleja y profundamente arraigada, que puede estar influenciada por varios factores, como la nostalgia, la pérdida, la soledad y la reflexión sobre el pasado. No es simplemente una tristeza momentánea, sino una experiencia más profunda y existencial que puede abarcar un sentido de pérdida cultural, la transitoriedad de la vida y la sensación de estar desconectado del mundo que nos rodea. La invitación de esta obra llamada Hüzün no es a vivir un mundo que niegue el dolor, la oscuridad y la angustia que provoca la muerte. No es tampoco una narrativa que busque minimizar, evadir, o cambiar nuestra frágil condición efímera. Pero tampoco es una puesta en escena que intente regodearse en el dolor y la tristeza que en ocasiones nos mantiene en un limbo extraño, donde a pesar de no estar muertos tampoco estamos vivos.

Hüzün lanza preguntas por medio del cuerpo ¿Cómo es posible vivir con eso que hemos perdido? ¿Qué hacemos con el dolor? ¿Cómo podemos retornar a la vida? Para mí esta alquimia hecha escena intenta acercarnos a lo que Ramsés Fuenmayor plantea como la posibilidad de la nostalgia que menciona en su libro “El cultivo de la verdad: La esencia de la universidad” donde propone lo siguiente:

“La nostalgia es el anhelo de una situación pasada que impregna suavemente el presente (…) Cuando aquello que se anhela está muy alejado en el tiempo y su consecución es tan remota, el anhelo nostálgico se diferencia claramente del ansia. Además, si la disposición hacia lo anhelado está dominada por la deuda-agradecida, el contraste con el ansia es mucho mayor (…) Por el contrario, cuando se está poseído por el ansia de recuperar algo del pasado, lo presente se ofrece distorsionado; se ve a través del retorcido lente de la animadversión”.

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Así pues, nuestra invitación no es refugiarnos en lo gris del olvido, pero tampoco a detenernos en los violentos matices del deseo de recuperar lo que ya no es, atrapándonos en el ANSIA que nos da la perdida de lo que ya nos esta.

La invitación es entonces retornar a la vida.

Retorno a la vida

“Cuando lo que domina es esa nostalgia profunda y tranquila, cuyo sosiego está sembrado en la deuda-agradecida, uno no está ciertamente abrazando el presente con efervescente y exuberante entusiasmo; uno guarda una cierta distancia… El distanciamiento, a su vez, permite una comprensión más completa, más holística, del presente y de su efímera condición. Aquello que se anhelaba hala suavemente desde su lejanía y, al mismo tiempo, se agazapa en las profundidades de nuestro corazón. Pero lo hace con la permisividad que solo un gran poder puede otorgar; una permisividad que deja en libertad nuestro corazón para que se entregue a otras atenciones y sentimientos temporales, los cuales siempre son menos duraderos y menos profundos que lo que está en el fondo de nuestro corazón” (Ramsés Fuenmayor. “El cultivo de la verdad: La esencia de la universidad”)   

¿Será entonces que podemos recuperar la danza de Hüzün?

Una danza colectiva que nos permita asumir las ruinas de fuimos, derribar los restos con profundo amor y volver a vivir.

¿Será que es esta una de las posibilidades de danzar, vivir y amar que hemos olvidado?

Vivir

Amar

Soltar

Dejar ir

Regresar a la vida

Danzado

No sólo aceptando nuestras pérdidas para siempre, sino comprendiendo que estamos hecho de todas y cada una de esas pérdidas.

Con cariño para

Andrea, Marieta, Karen, Nadia, Daniela, Diana, Sara, Yazmín, Andrés y Sandra