Se cumplen 2 años del feminicidio de la maestra Juana Mireya en Torreón

Juana Mireya, maestra de 50 años de edad, fue asesinada, a plena luz el día, el pasado 17 de noviembre de 2019 en la ciudad de Torreón.

La maestra, quien participaba en el desfile conmemorativo de la Revolución Mexicana, fue acribillada, a plena luz del día, sobre la Avenida Allende y la Calle González Ortega.

Todo parecía correr en orden. El desfile estaba transcurriendo sin complicaciones. Alumnos, alumnas, personal docente y familias caminaban frente a la Alameda Zaragoza. De pronto, alrededor de las 10:40 de la mañana, un tipo que vestía de negro y que portaba una cachucha se acercó a Juana Mireya y le disparó una bala en la cabeza. La maestra murió instantáneamente. El Código Rojo se activo. El responsable, en ese momento, logró huir.

Comenzaron a sonar las sirenas. Patrullas acordonaron el área. Se canceló el desfile. Mientras tanto, el cuerpo de Juana Mireya seguía inerte, sin vida, tirado sobre el asfalto.

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También comenzaron a correr los rumores, las noticias falsas. Hubo quien se atrevió a afirmar que había menores heridos. Inmediatamente esta información se descartó. La única víctima fue Juana Mireya, quien daba clases en un Cetis y vivía en Gómez Palacio, Durango.

El asesino material de la maestra

Fue hasta el 16 de agosto de 2020, casi un año después del feminicidio, que las autoridades capturaron a Alejandro "N", presunto autor material del asesinato de la maestra. La detención fue realizada en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, lugar que escogió el asesino para esconderse.

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La otra persona implicada, identificada como Salvador "N", fue detenida 24 horas después del feminicidio. De acuerdo con las autoridades, Salvador fue el autor intelectual del delito porque planeó, ordenó y pagó al sicario para quitarle la vida a la maestra.

Daños colaterales del desfile

Las otras víctimas, las y los menores que presenciaron el asesinato, no recibieron ayuda de contención por las autoridades, no fueron beneficiarios de terapias psicológicas ni acompañamiento emocional a cuenta del Gobierno del Estado de Coahuila o del municipio.

El feminicidio de Juana Mireya, el 17 de noviembre de 2019, sacudió a la opinión pública y a la ciudadanía lagunera. Tiempo después, el 10 de enero de 2020, un nuevo hecho violento marcaría la historia de la Comarca Lagunera; un niño, de tan sólo 11 años de edad, metió un arma al Colegio Cervantes, disparó contra sus compañeros, mató a su maestra y se quitó la vida. Ese relato, así como el asesinato de la maestra, se quedarán impresos en la memoria de la comunidad lagunera.

Ayotzinapa: La dilatada deuda del Estado Mexicano con las víctimas

El 26 de septiembre de 2014, cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, fueron desaparecidos por elementos de seguridad del Estado Mexicano.

La trágica noche tuvo lugar en Iguala, Guerrero. Decenas de historias se han contado; libros, documentales, reportajes, columnas de opinión, sin embargo, la realidad es una; la verdad histórica sigue sin salir a la luz, los mandos altos gozan de total libertad y las familias de las víctimas continúan exigiendo justicia y certeza.

El presidente López Obrador, dentro de sus discursos, acepta que, una de sus tareas pendientes, es precisamente conocer la verdad y dar con los responsables. Lo que parecería un ejercicio de honestidad también podría ser más bien una excusa ingenua.

Durante la administración de Enrique Peña Nieto sucedieron, al menos, dos matanzas que están íntimamente relacionadas con el Estado Mexicano: Ayotzinapa y Tlatlaya. En ambas tragedias, el titular de la Secretaría de la Defensa era el General Salvador Cienfuegos.

En las manos del gobierno actual estuvo Cienfuegos. Acusado de narcotráfico en Estados Unidos, la administración federal solicitó su extradición para juzgarlo aquí. Muchos meses después del escándalo, Cienfuegos goza de total libertad, no se le dio seguimiento al caso aunque su nombre está involucrado en la tragedia de la desaparición de los 43 jóvenes y la matanza de Tlatlaya.

A siete años de uno de los crímenes de Estado más dolorosos de la historia contemporánea de México, las y los ciudadanos siguen marchando, exigiendo justicia, presionando a la autoridad y recordando que, los derechos humanos, en nuestro país, sólo son un adorno.

Alejandro Encinas, Subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación y responsable de la investigación, se ha entrevistado una y mil veces con las y los familiares de los estudiantes. El funcionario asegura que pronto se conocerá la verdad. Las promesas llevan más de tres años, el tiempo se agota y la paciencia de las víctimas también.

En México hay pugnas que duelen, que hacen eco, que se escuchan en cualquier lugar. Contar del uno al 43, pedir justicia y repetir el reclamo una y otra vez es lo menos que se puede hacer para que las autoridades escuchen, se pongan a trabajar y den resultados.

La desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa es el recuerdo de todas las personas que, desde 1964, no han regresado a sus hogares. Es la representación de que en México los seres humanos, lamentablemente, son borrados del mapa, como si no hubieran existido, como si se trataran de leyendas que sólo fueron descritas en un libro.

Ayotzinapa, Tlatlaya, Patrocinio, Minatitlán, San Fernando y un largo y dilatado etcétera. El Estado Mexicano tiene una eterna deuda con sus ciudadanos. No importa quién o quiénes estén en el poder; nadie ha tomado el toro por los cuernos, atendido a las víctimas con dignidad, capturado a los responsables de los crímenes y encontrado a las personas ausentes.

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A siete años de la desaparición de los 43 jóvenes, el dolor sigue intacto, la indignación cada vez es más grande y al gobierno se le está reduciendo el margen de acción. No queda mucho tiempo, López Obrador, Encinas y compañía; en sus manos está la posibilidad de acreditar, de alguna manera, a la actual administración o, simplemente, pasar al olvido como todas las anteriores.

Mientras tanto, seguiremos marchando, tomando las calles, exigiendo justicia, dando voz a quienes fueron vulnerados y pisoteados por un sistema ruin, hostil e insensible.

Edna Xóchitl a 30 años: historia de una familia que dejó huella en la búsqueda de desaparecidos

A la memoria de Reyna Xóchitl González y Heriberto López,
y de quienes murieron sin encontrar a sus hijos.

Texto: Luis Alberto López y Bun Alonso Saldaña

Alianzas: Heridas Abiertas

Edición: Jessica Ayala
Fotos: Archivo de la familia López González

Tres décadas de la desaparición que en los 90 marcó a La Laguna. Hoy lanzamos Heridas Abiertas con la historia de una familia que dejó huella en la búsqueda de personas desaparecidas.

Era el 26 de agosto de 1991. Era la colonia Ampliación Lázaro Cárdenas en Torreón. Y era de noche. Era un lunes. Uno cualquiera para la familia López González. Eran pasadas las nueve.

“Éramos cuatro niños: dos niñas y dos niños. Nunca se me va a olvidar: David, Argentina y Edna y yo”, dice Edén López González, de 37 años.

Aquella noche él era sólo un niño de siete que había salido a jugar junto con su hermana, de ocho, y otros dos niños mientras su padre descansaba en casa y su madre terminaba su turno en la clínica 16 del IMSS como enfermera, su trabajo desde hacía años.

Los cuatro fueron entonces a las vías del tren, a donde podían pasar como quien cruza a una calle más, contrario a hoy día que una barda las separa de la colonia. Solían ir a jugar cerca de una antena en la que se divertían escalando.

Esa noche encendieron una pequeña fogata y estuvieron ante ella un rato. Después regresaron a casa. Las dos niñas tomaron un camino diferente al de los niños, pero volvieron al lugar para apagar el fuego, según narró la pequeña Argentina.

“Elegimos los dos niños irnos por un lado y las dos niñas por otro. Y ahí fue donde a ellas las aborda un tipo. Y pues es donde se roba a mi hermana”, cuenta Edén.

***

Reyna Xóchitl González y Heriberto López, padres de Edna Xóchitl López González, la buscaron a los alrededores de la colonia hasta las seis de la mañana. Reyna tenía entonces 33 años; Heriberto, 34, y trabajaba de administrativo en la Dirección de Seguridad Pública.

Los vecinos se les unieron: salieron de sus casas para buscar a Edna, una niña morena clara, de cabello negro y cejas pobladas, que llevaba un vestido rosa con bolsas, unas arracadas grandes y huaraches azules de hule. Varios encendieron antorchas y fueron a indagar entre la oscuridad de las vías del tren.

“Ella tenía en sus cuadernos fotografías de animalitos, conejitos y emblemas de ‘te quiero’, ‘te amo’. Era una niña seria, o sea, no era una niña extrovertida, traviesa”. Así la recuerda Edén. Considera que su hermana era detallista, una característica muy propia de su familia, lo que explica aquellas notitas.

Edén y Edna Xóchitl en una actividad escolar de cierre de cursos en 1991.

Edén y Edna Xóchitl en una actividad escolar de cierre de cursos en 1991.

También guarda en su memoria los momentos que compartieron, que siempre estuvieron juntos, como hermanos siempre juntos.

“Yo llegué, creo, como a las 15 o 20 para las 10 de la noche, llegué allá y ya tenían ahí mucha gente. Fácil fácil había unas 40 o 50 personas, porque todo mundo luego luego corrió”, relata ahora Honorio López, tío abuelo de Edna.

Según rememora, los vecinos habían sacado lámparas para peinar mejor la zona y él se fue a recorrer los alrededores con Edén y el otro niño, David, quienes le iban reconstruyendo el trayecto: por aquí entramos, aquí estuvimos, aquí anduvimos recogiendo cosas para la fogata, le decían los menores. A esas horas aún quedaba algo de lumbre en la hoguera.

“Ahí anduvimos investigando, en las casas, preguntando. No, nadie se dio cuenta, nadie vio”.

El caso conmocionó los vecinos de sectores aleñados que no dudaron en salir a buscar esa noche.

El caso conmocionó los vecinos de sectores aleñados que no dudaron en salir a buscar esa noche.

PRIMERAS INDAGATORIAS

Esa noche el pequeño Edén durmió en casa de una compañera de su mamá. Al día siguiente sus papás se ocuparon tanto en buscar a su hermana que él ni siquiera los vio en todo el día.

Heriberto, padre de Edna, levantó la denuncia en una agencia del Ministerio Público adscrita al CERESO, y así se abrió la averiguación previa número 80/991.

Carlos Salinas de Gortari —entonces presidente de la República— visitó La Laguna el 5 de septiembre de 1991. Habían pasado 10 días sin saber nada de Edna. Sus padres, en compañía de familiares y amigos del trabajo, lo abordaron durante esa gira en la región.

Reyna se plantó frente al presidente y le entregó una carta en la que le pedía ayuda para ubicar a su hija.

El escrito, firmado también por sus compañeros de la Clínica 16 del Seguro Social, dejaba ver una hipótesis del motivo del rapto: «Hacemos de su conocimiento que este tipo de ultrajes a los niños están sucediendo con mucha frecuencia en esta ciudad, a quienes incluso se les han extraído órganos vitales».

Los compañeros de Reyna Xóchitl se solidarizaron e hicieron llegar una carta al presidente.

Los compañeros de Reyna Xóchitl se solidarizaron e hicieron llegar una carta al presidente.

La respuesta del presidente fue enviar elementos de la Interpol a Torreón, quienes llegaron comandados por Juan Miguel Ponce Edmonson. Años después este agente se convertiría en director de la corporación en México.

Sin embargo, de nada sirvió. El 9 de octubre de 1991, 30 días después de que la organización emprendiera la búsqueda en Torreón, La Opinión publicó una nota titulada “Fracasados en el caso de Edna Xóchitl se fueron los agentes de la Interpol”.

“El apoyo sí se dio —dice Edén— pero lo que siempre mis papás comentaban era que no fue constante, fue nada más en ese tiempo. Ya después lo pasaron a otra jurisdicción y así acabó difuminándose hasta que terminaron mis papás pagando un investigador particular”.

El caricaturista “Aguilar” de La Opinión criticó mediante su trabajo la labor de la Interpol.

El caricaturista “Aguilar” de La Opinión criticó mediante su trabajo la labor de la Interpol.

Cuando habían pasado sólo 21 días de los hechos, Reyna, la madre de Edna, dijo para La Opinión que no se quedaría cruzada de brazos, que iría a la Ciudad de México y recorrería las estaciones de radio y las televisoras, y pegaría la foto de su hija por doquier para que todo mundo la escuchara: «Iré a ECO y con Silvia Pinal porque son los programas más vistos, y sé que algo bueno ha de pasar», dijo aquella ocasión.

Así que se trasladó a la capital y lo logró. Un episodio sobre el tema se transmitió en Mujer, casos de la vida real el 27 de noviembre de 1991, apenas tres meses después de la desaparición. La actriz Leticia Perdigón interpretó a Reyna Xóchitl, Noé Murayama a Heriberto, y Denisse del Castillo a Edna.

***

Fueron dos investigadores privados los que la familia tuvo que costear de su bolsillo: Jesús Arreola, alias el Arete, y Rodolfo Ordaz Santillana. Para recabar fondos hicieron rifas que vecinos, amigos y familiares apoyaban de vez en vez.

Colocaron urnas afuera de Peñoles y los compañeros de Reyna, de las clínicas, 16, 18 y 71 del IMSS, apoyaban con lo que podían cada pago de quincena.

Incluso, recuerda Edén, el futbolista Ramón Ramírez —en ese entonces jugador del Santos Laguna— les regaló un jersey con su número para que lo subastaran.

La investigación privada tampoco llevó a nada en concreto. Hacia finales de mayo de 1992 los padres de Edna prescindieron de este servicio en el que habían gastado 14 millones de pesos —unos 14 mil pesos en la moneda actual.

La pesquisa de Edna se difundió en el extranjero.

La pesquisa de Edna se difundió en el extranjero.

Heriberto y Reyna decidieron poner una queja ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para que la institución investigara las irregularidades de la autoridad coahuilense.

El organismo emitió la recomendación 163/1992 seis días antes de que se cumpliera el primer año de la desaparición.

A través de ese documento se le solicitó al entonces gobernador de Coahuila, Eliseo Mendoza Berrueto, y a la Procuraduría General del Estado que nombraran a un fiscal especial para dirigir la investigación.

El elegido fue Octavio Orellana Wiarco, quien para entonces era notario público y décadas atrás había fungido como juez de Primera Instancia del Ramo Penal de Torreón.

Si bien tampoco logró encontrar a Edna, su carrera siguió en ascenso. De 2000 a 2006 fue director del Instituto Superior de Estudios de Seguridad Pública de Coahuila y en marzo de 2007, durante la administración del expresidente Felipe Calderón, fue nombrado titular de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra Periodistas. Ocupó ese cargo hasta febrero de 2010. A su partida no faltaron los cuestionamientos por la falta de resolución de los asesinatos de comunicadores en todo el país.

Las autoridades mexicanas no dieron con el paradero de Edna, pero sus padres no limitaron su búsqueda al territorio nacional, sino que la extendieron al extranjero. Su presencia en las regiones del sur de Estados Unidos fue frecuente y medios tejanos como El Paso Times dieron seguimiento a esa labor.

Medios internacionales dieron seguimiento al caso cuando los padres de Edna acudieron al sur de Estados Unidos

Medios internacionales dieron seguimiento al caso cuando los padres de Edna acudieron al sur de Estados Unidos

En el camino se encontraron con la familia de José Guadalupe Villagrán, un niño de 10 años que había desaparecido el 26 de noviembre de 1990 en la colonia Moderna. Los medios de comunicación escribieron sobre ambos casos y sus coincidencias, en ese entonces extraordinarias.

DROGADICTOS Y DEMENTES, LOS CULPABLES FICTICIOS

“Se buscan culpables ficticios para ver si ya los papás callan un poquito, dejan de visitar lugares, medios, hablar y, pues, así tratar de tapar”, dice Edén, y que que a pesar de todos los detenidos que hubo que resultaron ser chivos expiatorios, sus padres nunca se enfrascaron en polémicas con el Gobierno ni con la policía.

“Lo que más se escuchó fue lo del mentado Frijol. El tipo este fue el que dijo que había sepultado a la niña cerca de los panteones del Carmen o Municipal, que están al sur de la ciudad. Fueron y se dieron cuenta de que era una osamenta de una persona de una edad que no concordaba con la de mi hermana”.

El 6 de febrero de 1992 se giró una orden de aprehensión en contra de José Luis Castañeda Ibarra, alias el Frijol, quien era acusado principalmente de haber asesinado a su cuñado unos días antes de la desaparición de Edna.

El caricaturista “Aguilar” de La Opinión también criticó los “chivos expiatorios” generados por la autoridad.

El caricaturista “Aguilar” de La Opinión también criticó los “chivos expiatorios” generados por la autoridad.

El 14 de febrero el comandante regional de la Judicial de Coahuila, Pablo Villalobos Romero, anunció la captura del Frijol. Junto con él, detuvieron a Cornelio Álvarez Soto, el Cone, a quien José Luis señaló como su cómplice.

Argentina, la pequeña que esa noche jugaba con Edna, lo identificó.

“Se buscan culpables ficticios para ver si ya los papás callan un poquito, dejan de visitar lugares, medios, hablar y, pues, así tratar de tapar”

EDÉN

La policía llevó a José Luis, el Frijol, al panteón Jardines del Carmen, ya que les había dicho que ahí había enterrado a la menor porque «se le había pasado la mano». El sitio se llenó de gente curiosa por saber si al fin habían encontrado a la niña.

En su declaración a la Policía Judicial, el Frijol también confesó haber secuestrado a una niña en Ciudad Juárez, Chihuahua, para vendérsela a una gringa de El Paso, Texas, que no podía tener hijos.

De las dos acusaciones que pesaban en su contra, el Frijol sólo admitió la responsabilidad de una: el asesinato de su cuñado. Sobre Edna Xóchitl, dijo que todo lo que había declarado era falso, argumentando que se había visto obligado a hacerlo porque se «sentía morir» en el severo interrogatorio de los judiciales.

Por su parte, Cornelio Álvarez, el Cone, dijo que José Luis estaba dañado de sus facultades mentales por las drogas y que ni siquiera había estado con él la noche en que la niña desapareció.

Otro nombre que en su momento sonó como presunto culpable fue el de Arturo Bárcena Pérez. La policía lo capturó en septiembre de 1991 en Gómez Palacio porque sus características coincidían con las del retrato hablado que se tenía del responsable.

Dos días después de su arresto, declaró que raptó a otras niñas. Cuando le mencionaron a Edna, se puso histérico e intentó golpear a los policías.

Según información de El Siglo de Torreón, el día de su aprehensión, Bárcenas Pérez llevaba una mochila y dentro tenía un cráneo de perro y varios huesos.

El hombre, que había sido deportado de Estados Unidos el 19 de abril, terminó por fingir demencia y, por incoherencias en sus declaraciones, la PGR determinó que él no era el verdadero culpable.

También en septiembre de 1991 fue capturado José Díaz Pérez, quien al principio dijo llamarse José Yepes Murrieta. Una mujer lo había denunciado porque intentó llevarse a su hija de 10 años. Lo detuvieron en La Dalia, a un costado de la colonia donde Edna desapareció, y también fue identificado por la niña Argentina como el sujeto que se llevó a su amiga. Sin embargo, optó por declararse demente.

***

La CNDH pidió a la Secretaría de Gobierno del Estado de Coahuila un informe sobre el caso. La dependencia respondió con un documento fechado el 30 de junio de 1992 y firmado por el entonces secretario, Felipe González Rodríguez.

Lo que esa instancia pública consignó en papel fue que las autoridades habían hecho todo bien: «La Procuraduría de Justicia ha integrado debidamente los expedientes correspondientes a la investigación policíaca, a la averiguación previa y a los datos personales de la niña secuestrada […] Esta Secretaría de Gobierno ha podido constatar que en el ejercicio de sus funciones ese órgano ha cumplido cabalmente con sus responsabilidades».

Nada más alejado de la realidad. La CNDH corroboró que muchas de las investigaciones a las que hacía referencia el informe se hicieron con recursos propios de los padres de Edna y que, incluso, ellos mismos habían hecho esas diligencias.

Las primeras notas de la desaparición de Edna.Las primeras notas de la desaparición de Edna.

Las primeras notas de la desaparición de Edna.

El organismo documentó más irregularidades, como el hecho de que José Luis Castañeda Ibarra, el Frijol, principal sospechoso, en su declaración hizo referencia a dos cómplices que no fueron rigurosamente investigados. Mientras que otros señalados, como Arturo Bárcenas Pérez y Mario González, la Lagartija, dieron datos que requerían una investigación profunda y tenían antecedentes de robo de menores en los cuales no se indagó.

La denuncia que Heriberto, padre de Edna, levantó al día siguiente de la desaparición no fue ratificada ni complementada con la declaración de Reyna ni con las de los niños que esa noche de agosto de 1991 jugaban con su hija.

Además, la averiguación previa no contó con peritajes, inspecciones, testimoniales, estudios de la familia, vecinos y amistades, lo que complicó la consignación de los presuntos culpables.

La CNDH también aclaró que los informes de la Policía Judicial no tenían secuencia lógica, pues carecían de fecha. Y que la reconstrucción de los hechos se hizo el 6 de septiembre: 11 días después de que desapareció Edna. No sólo eso, sino que esa reconstrucción no estaba ni documentada, sólo existían algunas fotografías.

La conclusión de la comisión fue clara: desorden, desorganización, falta de sistematización y descuido. «No existe un expediente debidamente integrado, pues les fue mostrada (a los enviados de la CNDH) durante su visita a la Subprocuraduría del Estado en la ciudad de Torreón, Coahuila, una cantidad de hojas dispersas que carecían de folio, firma, fecha, cronología, continuidad y otros elementos que son imprescindibles en la conformación de toda indagatoria».

LA UNIFICACIÓN DE ESFUERZOS PARA BUSCAR A NIÑOS DESAPARECIDOS

En 1991 el periódico La Opinión hablaba de las desapariciones de niños como un problema social que no era debidamente atendido.

El caso de Edna Xóchitl, al igual que el de José Villagrán, caló hondo en la comunidad lagunera. Sus padres comenzaron a tocar muchas puertas hasta que encontraron al abogado José Guadalupe López Domínguez.

La familia de Edna Xóchitl y José Guadalupe Villagrán.

La familia de Edna Xóchitl y José Guadalupe Villagrán.

De ahí surgió, el 1 de octubre de 1992, la Fundación Pro-Localización de Niños Desaparecidos A.C. La organización puso sobre la mesa un tema que cobraría relevancia en otros estados y ciudades del país como Chihuahua, Tamaulipas y el Distrito Federal, donde también surgieron grupos similares.

Los medios de comunicación laguneros hicieron frente común con la fundación mediante notas en diarios y espacios en programas radiofónicos y televisivos para presentar información sobre los niños ausentes. Publicaciones de otras partes del país, como ProcesoMuy interesanteAdelanteCustodia y El Diario de Nuevo Laredo también se sumaron.

Un desplegado publicado en octubre de 1993 en El Siglo de Torreón da cuenta de las actividades de la organización en su primer año, entre las que destaca la alianza que logró con la Vanished Children’s Alliance en San José California, la asociación más antigua en Estados Unidos en la materia, que incluso fue reconocida por el Departamento de Justicia de aquel país.

“No existe un expediente debidamente integrado, pues les fue mostrada (a los enviados de la CNDH) durante su visita a la Subprocuraduría del Estado en la ciudad de Torreón, Coahuila, una cantidad de hojas dispersas que carecían de folio, firma, fecha, cronología, continuidad”

INFORME DE LA CNDH

También resalta que los casos documentados por la fundación alcanzaron adaptaciones en programas como Mujer, casos de la vida real, además de la presencia de los padres en emisiones televisivas como Y… Usted ¿qué opina? con Nino Canún, y 60 minutos con Jaime Maussan.

“A cargo estaba el licenciado López Domínguez, que tenía mayor conocimiento de Derecho y relaciones públicas, eso también tuvo mucho que ver para que se formara este grupo. Terminó difuminándose hasta que el último que quedó a cargo del barco fue el licenciado”, dice Edén acerca de la fundación.

Él conserva un reconocimiento que Dan Morales, fiscal General de Texas en el periodo 1991-1999, le entregó a su madre Reyna Xóchitl por su respaldo en la implementación de mecanismos relacionados con el secuestro internacional de menores.

La asociación permaneció activa durante la década de los noventa y representa un referente en la organización social para la búsqueda de personas desaparecidas, aunque pocos la recuerdan e incluso es ignorada en informes especializados en la materia.

Los medios de comunicación realizaron mesas redondas en torno a la problemática.

Los medios de comunicación realizaron mesas redondas en torno a la problemática.

Por ejemplo, la investigación del Colegio de México, titulada “Formación y Desarrollo de Colectivos de Búsqueda de Personas Desaparecidas en Coahuila: Lecciones para el futuro”, expone los detalles de las agrupaciones creadas a partir de la violencia derivada de la guerra contra el narcotráfico, sin embargo, carece de antecedentes.

El estudio menciona que la primera desaparición documentada en La Laguna fue la del periodista Cuauhtémoc Ornelas Campos, director de la revista Adelante, ocurrida en 1995. Después vendría, en 2004, el caso de Fanny Sánchez Viesca Ortiz. Sin embargo, omite los casos de Edna Xóchitl y José Guadalupe Villagrán.

Los registros oficiales también abonan a la invisibilización de ambos niños. A través de la solicitud de información 00351521 en la Plataforma Nacional de Transparencia, la Comisión Estatal de Búsqueda en Coahuila respondió que hasta 2020 había 271 personas en estatus de desaparecidas y que el caso más antiguo era de 1994.

El mapeo del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) tampoco muestra casos ocurridos entre 1990 y 1992.

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La Fundación Pro-Localización de Niños Desaparecidos tenía grandes planes: establecer centros de capacitación para investigadores en búsqueda de menores, contar con un edificio propio, una red de radio y recursos suficientes para montar una estructura que permitiera encontrar a infantes ausentes.

Aunque la organización se disolvió antes de cristalizar esos proyectos, su legado trascendió para que la entonces Procuraduría de Justicia del Estado creara agencias del Ministerio Público para la atención a delitos relacionados con secuestros, raptos y desapariciones, además de crímenes cometidos en contra de menores de edad y discapacitados. Estas nuevas figuras suplieron también a la fiscalía especializada para la búsqueda de Edna Xóchitl.

Edna Xóchitl a sus tres años

Edna Xóchitl a sus tres años

“El caso siguió vigente porque mis padres continuaron yendo a programas de televisión o lugares donde los invitaban”, dice Edén al recordar que incluso acudieron a El show de Cristina —conducido por Cristina Saralegui— en Estados Unidos.

Pero llegó el momento en que el cansancio alcanzó a Reyna Xóchitl, habían sido varios años de búsqueda ininterrumpida y nada pasaba. Los programas de televisión, los desplegados en los periódicos, agentes de la Interpol, una fiscalía especializada. Nada funcionaba. No tenían ni una pista sólida.

“La realidad es que llegó, por así decirlo, un break en el cual mi mamá decide embarazarse, bueno, deciden embarazarse, para tener a nuestro tercer hermano y tomar ese pequeño respiro de tantos años que estuvieron en la labor”.

Ese hermano fue Adán. Nació en 1996.

Lupita Vaquera Villanueva, quien fuera amiga y compañera de trabajo de Reyna durante muchos años, recuerda cómo en su momento la gente empezó a criticar a la familia.

“Dijeron muchas cosas de ella que no deberían, que la gente no tiene derecho a decir. Por ejemplo, cuestionarle por qué se embaraza”.

LA DEPRESIÓN QUE SIGUIÓ

«Es una angustia que mata no saber dónde está mi hija, es como morir poco a poco. En la casa está todo al revés», dijo Heriberto López en agosto de 1993 para la extinta revista lagunera Adelante.

El padre de Edna habló esa ocasión de la desconfianza que generaron las corporaciones encargadas de investigar el caso. «Cuando surge alguna pista he tenido que acompañar a los agentes para cerciorarme de que fueron a investigar», contó.

La ausencia de Edna siguió calando en la vida de la familia López González con los años y la salud de Heriberto lo reflejó.

Honorio, su tío, narra que su sobrino duró un largo tiempo sin trabajar, que se la pasaba en casa, que estaba bebiendo mucho y que él le decía “ya no le eches tanto, Heriberto”. Pero él insistía en que esa era la única manera que tenía de soportar los años de ausencia de Edna.

Para ayudarlo a salir de ese hoyo, se lo llevó a trabajar con él a un negocio de fabricación de resortes que tenía en ese entonces.

“Un día me dijo: ‘¿Sabes qué? Pues no sé que me está pasando, me siento mal. Pero yo lo achaqué a lo mismo, a la depresión. Ya la depresión era continua”

Un par de días después, Reyna le habló por teléfono para avisarle que Heriberto no iría a trabajar porque seguía sintiéndose mal y pensaba llevarlo al hospital.

Aquella vez, ya internado, Heriberto le pidió a su esposa que le llevara a su hijo Adán. El pequeño tenía apenas dos años y, como estaba prohibida la entrada de niños al hospital, sólo pudo mostrárselo por una ventana.

***

«Tu padre acaba de morir. Beto nunca se cansó de buscarte, agotó junto con tu madre Reyna, todas las pistas que han tenido a su alcance por muy simples y lejanas que éstas sean, sacrificando de cuanto han podido contar con la esperanza de encontrarte».

Así comenzaba la carta que José Guadalupe López Domínguez le escribió a Edna tras la muerte de su padre y que publicó en El Siglo de Torreón. Heriberto murió de una tuberculosis pulmonar el 1 de julio de 1998. Tenía 41 años.

“Y ahí ya aflojó la cuestión de la búsqueda. Hasta un día que me habló ella (Reyna) que si la podía acompañar a Ciudad Juárez”, recapitula Honorio.

Edén considera que la ausencia de su padre hizo que su madre se concentrara en él y su hermano.

“En ese tiempo mi mamá tenía como dos años que acababa de enviudar, sin embargo, tomó la decisión de avocarse a su trabajo, actualizarse, seguir, sacarnos adelante como sus hijos, pero sin nunca perder esa fe de algún día volver a ver a mi hermana”.

LA ÚLTIMA BÚSQUEDA 

Un día de 2004, un vecino de la colonia Ampliación Lázaro Cárdenas llegó a casa de la familia López González para darle una última esperanza acerca de dónde podría estar Edna.

“Le dijo a mi mamá que él tenía una pista de una muchacha que compartía una similitud con mi hermana, y que estaba en Delicias, Chihuahua; la tenía sometida en un bar una persona de quien nos dio como señas particulares unos tatuajes”.

A Reyna le habían diagnosticado un cáncer tiempo atrás y Edén no estaba de acuerdo con que viajara porque sus condiciones no eran óptimas. Aunque al final terminaría acompañándola. Su madre llamó a Honorio para que fuera con ellos y así salieron a una nueva búsqueda.

“Yo creo que no faltó nada por hacer, nada absolutamente, porque Xóchilt le dijo a todo mundo al que le tenía que decir, le pidió ayuda a quien tuviera que pedir”

LUPITA VAQUERA

Según relata Edén, estuvieron en Ciudad Juárez una semana siguiendo la pista de las personas que les habían descrito días atrás.

“Regresamos a Torreón. Llega deprimida, llega un poco cansada, y de ahí empieza la fase terminal en la que acaba siendo hospitalizada”, cuenta Edén, y dice que todas las pistas de las que él guarda recuerdo no llegaron a nada en concreto, todo siempre fue una ilusión.

Los medios laguneros recogieron el sentir de la familia López González.

Los medios laguneros recogieron el sentir de la familia López González.

“Yo pienso que el cáncer fue por esa profunda tristeza de siempre, se te instala la tristeza como un estado de vida, como que es ya parte de ti y no te la puedes quitar de encima”, dice Lupita Vaquera Villanueva, amiga de Reyna.

Rememora que ella la visitó aún en su casa, poco antes de que fuera hospitalizada, pero ya había perdido algo de lucidez, pues le contaba que Edna había ido a verla.

Lupita estuvo junto a Reyna en su última noche en el hospital y recuerda que le seguía diciendo que Edna había ido, que la mirara porque ahí estaba, que estaba muy bonita, que viera cómo se había puesto.

“Y fue esa noche, para amanecer, que terminó. Quiero pensar que en lo último ella estuvo feliz”.

Reyna Xóchitl González falleció el 30 de julio de 2004 por un cáncer cervicouterino en la clínica 16 del Seguro Social, el lugar en el que trabajó gran parte de su vida. Tenía 46 años.

“Yo creo que no faltó nada por hacer, nada absolutamente, porque Xóchilt le dijo a todo mundo al que le tenía que decir, le pidió ayuda a quien tuviera que pedir”, dice Lupita.

Heriberto López y Reyna Xóchitl González.

Heriberto López y Reyna Xóchitl González.

EL LEGADO DE UNA BUSCADORA

La historia de Edna y la labor de sus padres sirvieron como un referente para quienes buscan todavía a sus hijas e hijos desaparecidos.

“Hizo mil veces más cosas que yo en menos tiempo, porque ella tenía una pista y se aferraba y hasta en avioneta la llevaban a los lugares”, dice Silvia Ortiz sobre Reyna.

Silvia es presidenta de Grupo Vida y una de las voces más visibles y fuertes a nivel local y nacional por el caso de su hija Fanny, desaparecida desde hace casi 17 años.

En 2005, su hija tenía sólo 10 meses de haber desaparecido y ella era inexperta en esa tarea de buscar hijos ausentes. Por esas fechas, ella y su esposo Óscar, en conjunto con María Cristina Castañeda, madre de Adela Yazmín Solís, desaparecida ese mismo año, iniciaron una huelga de hambre a las afueras del Palacio Federal de Torreón. Fue a raíz de esto que Edén se puso en contacto con Silvia.

“Él habló con nosotros, muy atento él, con todas las ganas, traía muchas cosas, muchas interrogantes”.

El expediente del caso que Edén conserva.

El expediente del caso que Edén conserva.

Edén, entonces ya un joven de 20, le mostró a Silvia un álbum que había dejado su madre con fotografías, recortes de periódicos y demás archivos de todos los años en que ella buscó a su hija.

También se unió a algunas actividades y marchas con esas madres que apenas empezaban a vivir en carne propia lo que es buscar a un hijo o hija desaparecido. Hasta que llegó el momento en que Edén tuvo que decir no más: sus tíos lo convencieron de desistir.

“Le dijeron que no, que ya habían perdido a papá y mamá, y quedaban él y su hermanito y no iban a permitir que también se perdiera su vida en una búsqueda de dolor”.

Silvia recuerda que el acercamiento de Edén con ella fue breve, pero significó un gran aprendizaje.

“Me ayudó en esta parte de qué hacer. El ver los álbumes de la señora me ayudó un poco en también poder avanzar. El trabajo que hizo ella fue enorme, titánico”

30 AÑOS DE MEMORIA Y FE

Han pasado tres décadas sin Edna Xóchitl. Después de la muerte de sus padres, Edén hizo una pausa en la búsqueda de su hermana para salir adelante con su hermano y se mudaron a Monterrey por unos años.

Edén heredó la profesión de su madre y trabaja como enfermero en la Clínica del Seguro Social en San Pedro de las Colonias. Dice que nunca ha dejado de querer a Edna y mantiene la esperanza de que la volverá a ver.

“Yo en lo personal siempre he tenido mi puesta en que algún día la voy a volver a ver. Espiritualmente ellos (mis padres) a lo mejor estando arriba ya la vieron, ya saben dónde está”

Menciona que ahora, a 30 años, sólo puede decir lo orgulloso que está de lo que hicieron sus padres y que aún aguarda por su hermana.

“Aquí estamos, aquí estamos para ella, que no tenga miedo en regresar, que seguimos estando donde mismo, que a lo mejor hemos crecido y tenemos otros pensamientos, pero no dejamos de creer que es parte de nuestra familia”.

Edén hizo una remembranza del caso para la conmemoración de este año y contó la historia de la familia López González para que el legado de sus padres no se olvide.

“Hemos sido criticados, hemos sido juzgados, pero lo que nos ha hecho fuertes es ese ADN que tenían ellos, ese ADN que nos mostró que, en los tiempos de tempestad, en tiempos en los que a lo mejor estaban limitados de muchas formas, lograron hacer algo trascendente que a lo mejor mucha gente puede decir que es simple o que es fácil, pero pues no, nada es fácil, nadie regala nada”.

En ese camino se reencontró con Silvia Ortiz para que lo orientara en torno a la toma de muestras de sangre para buscar alguna coincidencia genética; actualizó la imagen de su hermana con apoyo de una organización y pretende reemplazar la placa de Edna que se instaló en el memorial ubicado sobre la prolongación Colón en Torreón, ya que fue dañada hace unas semanas.

La asociación Missing Angels Org actualizó la imagen de Edna a 30 años de su desaparición.

La asociación Missing Angels Org actualizó la imagen de Edna a 30 años de su desaparición.

“Te puedo decir que estos 30 años fueron de lucha, de esfuerzo. A pesar de que ellos ya no están, siempre seguirá su esencia. Siempre quedará marcado aquí en La Laguna como uno de los casos que nunca se resolvió, pero las personas que estuvieron ahí e hicieron algo quedaron marcadas”, dice Edén y que él y su hermano Adán están bien, que como hermanos siguen juntos, siempre juntos.

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Memoria que resiste, a trece años de la masacre en Creel, obispo Raúl Vera preside conmemoración

Alianzas | Raíchali noticias | Patricia Mayorga

CHIHUAHUA.- “La herida ya no sangra, pero permanece”, les dijo el sacerdote jesuita Javier El Pato Ávila, a las familias de las 13 víctimas de la primera masacre registrada en la llamada guerra contra el narcotráfico en el país, declarada por el presidente Felipe Calderón Hinojosa, al recordar el décimo tercer aniversario de la tragedia que dejó olor a pólvora.

El jesuita permaneció con las víctimas el 16 de agosto de 2008, le tocó resguardar la escena ante la ausencia de peritos, agentes de ministerio público y de cualquier policía. Los dejaron solos.

Este lunes realizaron la marcha anual que les da fuerza porque hacen patente que en Creel, enclavado en el municipio de Bocoyna de la Sierra Tarahumara, hay memoria y el olvido, no es opción. Marcharon desde la parroquia que se encuentra frente a la plaza principal, hacia el lugar de la masacre que transformaron en plaza de la Paz.

El obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera López, les acompañó en la marcha. Al frente, las familias sostenían una larga manta que decía: “Memoria que resiste”, con una mano empuñada. Al finalizar, monseñor Vera ofició la misa en la plaza de la Paz, frente a un gran mural con los rostros de los 13 hombres asesinados, entre ellos un bebé de 11 meses que murió en brazos de su papá.

El obispo se encontraba en la región porque acudió a dar ejercicios espirituales a los sacerdotes diocesanos de la Tarahumara.

Los sacerdotes que le acompañaron indicaron que estaba emocionado y agradecido con la gente por la fortaleza que les ha dado conservar la memoria viva. Entre amenazas de lluvia, inició la misa concelebrada al aire libre.

Reforzó durante la homilía, la necesidad mantener la memoria de corazón, la que abraza y trae a la mente y los labios, la dignidad de quienes sufrieron aquella masacre.

“Se pronunció de manera fuerte y misericorde para con las víctimas (…) Dijo que no debemos dejar pasar y seguirles dejando sobre la mesa, sobre el recuerdo y de frente al Estado, su ineptitud y que son unos ‘estúpidos’ por no actuar en el momento”, refirió uno de los asistentes a la celebración conmemorativa.

Saludó uno a uno a los familiares de las víctimas, con quienes compartió el deseo de continuar en la lucha para no olvidar.

El padre Pato expresó en entrevista, que al llegar cada 16 de agosto después de 2008, se mueven muchas emociones y recuerdos que quedaron arraigados. “Pero al mismo tiempo llegas con la satisfacción de saber que estás haciendo lo que debes hacer. En ningún momento he dicho ‘no puedo más, aquí me quedo’. Y siempre me pregunto cuál es el umbral del dolor que cada uno de los luchadores de defensores de derechos (…) Pero a ratos si llegas a preguntarte, porque no es el único caso. Seguir tratando desaparecidos, seguir tratando muertes, llegas lastimado, pero con la satisfacción de decir: ‘nunca he dicho no puedo más y espero no decirlo’. No podré más el día que muera”.

El sacerdote jesuita estuvo el 8 de agosto de 2008 junto a las familias de las víctimas, cuando escucharon balazos y corrieron al lugar de la tragedia: las instalaciones de productos forestales de la Tarahumara (Profortarah).

Un grupo armado irrumpió en el festejo de los jóvenes, disparó contra el grupo de personas reunida. Un grupo de jóvenes llegó a jugar, después de haber participado en unas carreras de caballos por la tarde. Alrededor de las 4 de la tarde, cuando corrían como si fueran caballos y competían, les dispararon.

Las víctimas fueron: Alberto Villalobos Chávez (28 años), Juan Carlos Loya Molina (21), Daniel Alejandro Parra Mendoza (20), Alfredo Caro Mendoza (36), Luis Javier Montañez Carrasco (29), Fernando Adán Córdova Galdeán (19), Cristian Loya Ortiz (22), Edgar Alfredo Loya Ochoa (33), Alfredo Horacio Aguirre Orpinel (34), Luis Daniel Armendáriz Galdeán (18), Óscar Felipe Lozano (19), Édgar Arnoldo Loya Encinas (1) y René Lozano González (17).

HAY PAPÁS Y MAMÁS QUE YA NO ESTÁN

“Hay personas que ya no están, que murió como consecuencia de esto. ‘Mi papá ya no viene’, comentó uno de los hijos. Tenía cáncer, Óscar Loya, que se lo llevó y otros también. Fueron quedando en la lucha. El papá de uno de ellos, que los buscaba (a los responsables) cuando les decía dónde estaba, lo orilló a que lo levantaran y lo mataran”, recuerda el padre Pato.

“Sabernos queridos nos ayuda, al encontrarnos hacemos click y nos compartimos el amor inmediatamente”, agregó el jesuita, quien además es presidente de la asociación Comisión de Solidaridad y Defensa de Derechos Humanos (Cosyddhac), para reflejar la situación actual de la región respecto de la violencia.

Daniel Alejandro Porras Urías, Chichimoco, fue asesinado en Cuauhtémoc, dos años después de la masacre. Él exigía justicia y entregó pruebas para que la entonces Procuraduría de Justicia del Estado, aprehendiera a los asesinos. Lo privaron de la libertad en Cuauhtémoc, a donde viajó con su esposa. Ella se quedó en un establecimiento comercial y él fue a comprar un canal de carne.

Daniel Porras alcanzó a llamarle a su esposa para decirle que lo habían levantado. Más tarde localizaron su cuerpo en la carretera Cuauhtémoc-Chihuahua. Era papá de Daniel Alejandro Porras Mendoza, quien tenía 20 años cuando lo asesinaron en aquella masacre.

Óscar Loya era papá de Kristian Loya, de 24 años. Él sufrió una depresión severa como consecuencia de la tragedia, que le causó cáncer de garganta.

La mamá de Daniel Armendáriz Galdeán, quien tenía 18 años y apenas se había inscrito en la carrera de Administración en la Universidad Interamericana, enfermó de diabetes. La mamá de otra de las víctimas intento suicidarse años después, estuvo en estado vegetativo hasta que finalmente murió.

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Entre presuntos responsables asesinados años después, detenidos que no son acusados como autores materiales ni intelectuales y una liberación de uno de los principales sospechosos, el caso continúa impune.

Sandro Gilberto Romero Romero fue aprehendido el 27 de septiembre de 2008 y liberado por falta de pruebas en octubre de 2014. .

Luis Raúl Pérez Alvarado La Chicharrona, fue sentenciado a 82 años 6 meses de prisión y José Manuel Saucedo Reyes “La Kila” o “El Lince”, quien fue detenido por el gobierno federal por acopio de armas, portación de arma de fuego y delincuencia organizada.

A Jorge Salvador Villa Cruz lo liberaron el 2 de marzo de 2013 porque se le concedió un criterio de oportunidad por la información proporcionada, para identificar y obtener órdenes de aprehensión y sentencias contra otros participantes en los hechos.

Las órdenes de aprehensión que han estado pendientes desde hace años, son en contra de Óscar Alberto Mancinas Pérez El Guacho, Iván Montes González El Colibrí (asesinado en 2013 y sobrino de quien era procuradora de Chihuahua en ese momento, Patricia González Rodríguez) y Antonio Casavantes Calderón El Malandro.

Los deudos de la masacre de Creel, municipio de Bocoyna sólo recibieron en 2012, una indemnización de 470 mil pesos, es decir, 36 mil 160 por cada una de las víctimas asesinadas.

"Ahí se olía el miedo": Masacre de Allende cumple una década

El pánico reinó en el pequeño municipio de Allende, Coahuila, hace una década. Una masacre que se extendió por varias localidades dejó, al menos, 300 personas desaparecidas, cuerpos calcinados e inmuebles con orificios de bala por toda su estructura.

Proceso fue el primer medio nacional que publicó la noticia. Nadie lo creía; en un remoto lugar del norte de Coahuila, el Cártel de Los Zetas arrasó con todo lo que se interpuso en su camino. La paz quedó desdibujada. Las llamadas al número de emergencias para reportar múltiples incendios en lotes baldíos se reprodujeron por todo Piedras Negras.

Melva Frutos, periodista independiente que estuvo recorriendo la zona hace diez años, habló acerca de lo que percibió en aquel inhóspito lugar coahuilense.

"Llegamos ahí y se sentía miedo, había halcones por donde sea. Era muy evidente. Estaba la situación muy tensa, desde que llegamos lo notamos. En la plaza principal, cerca, estaba una casa toda destruida, sin los marcos de las ventanas, sin los protectores, ahí luego en pleno centro. La presidencia estaba cerrada, no nos quisieron atender."

Entre el 18 y 22 de marzo de 2011, los Zetas saciaron su sed de venganza en toda la región. De acuerdo con el Yugo Zeta, escrito por Jacobo Dayán y Sergio Aguayo, al 089 se recibieron 1,451 llamadas de emergencia. Esto, para los investigadores, indica que la masacre trascendió más allá de Allende.

Melva Frutos explica que el terror invadió a las calles. Las pocas personas que estaban fuera de sus casas, estaban temerosas, atiborradas de nervios. El miedo se respiraba en cada esquina.

"Fuimos a la iglesia para ver si el Padre nos quería dar testimonio y nos corrió. Estaba muy nervioso, dijo que seguramente ya nos tenían ubicados, mientras ustedes están aquí ellos saben quiénes son, así."

Toda la región de los cinco manantiales, que incluye a los municipios de Nava, Morelos, Allende, Villa Union y Zaragoza fueron sitiados. Piedras Negras, ciudad fronteriza, de acuerdo con el Yugo Zeta, posiblemente fue la más vulnerada.

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"Dos testigos en los juicios de Estados Unidos aseguraron que en el fin de semana más violento, en Piedras Negras pusieron a 40 gentes de rodillas y las mataron a balazos", registra el Yugo Zeta.

"Era ya una violencia sistemática o sigue siendo la que se vive en esa zona del país. La gente está totalmente afectada, se decía de la colusión entre las autoridades y el crimen organizado, la gente vive bajo el terror. Ahí en, en ese momento, cuando fuimos, se olía el miedo", agregó la periodista independiente.

Son 10 años de una masacre que mantiene innumerables cabos sueltos. Para la autoridad la cifra oficial de muertos asciende a 28. Pero estudios y reportajes que se han escrito indican que esta cifra se quedó muy corta. En la memoria de los coahuilenses aún duele una tragedia en donde presuntamente participaron criminales y autoridades. La herida sigue punzando. El Gobierno Federal ya ofreció una disculpa pública, pero ningún discurso ha sido capaz de regresar la paz a una región desorbitada por la violencia.

Tragedia en Pasta de Conchos cumple 15 años y continúa sin respuestas

El 19 de febrero de 2006, 65 mineros murieron sepultados en una mina de Pasta de Conchos, dentro de Nueva Rosita, Coahuila. Pasaron 15 años de la tragedia, sólo dos cuerpos fueron rescatados y ni Vicente Fox ni Felipe Calderón ni Enrique Peña Nieto dieron respuestas.

La mina en donde se registró la tragedia es propiedad de Grupo México, un consorcio dedicado a la explotación de la tierra para extraer minerales y diversas materias primas. La familia Larrea, propietaria del consorcio, es una de las más acaudaladas del mundo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador dio a conocer que, a partir del mes de septiembre de este año, se iniciarán los trabajos de rescate. Indicó que ya se hicieron los estudios de viabilidad y que, cueste lo que cueste, encontrarán los 63 cuerpos que aún reclaman las familias de las víctimas. Las organizaciones y familias están llenas de incertidumbre. El tufo a impunidad continúa.

Cristina Auerbach, vocera de la organización Familia Pasta de Conchos, publicó esta mañana en sus redes sociales el objetivo que tienen como colectivo y le recordó al gobierno la promesa que aún no cumple.

"Hoy que se cumplen 15 años del siniestro en la mina Pasta de Conchos, las familias exigen que se inicien las labores de Recuperación de los restos de su familiares, se castigue a los responsables y se tomen medidas urgentes y eficaces de no repetición. Hoy como hace 15 años, todo nuestro cariño y solidaridad con los familiares que han dado una digna batalla. A una voz, ¡Rescate YA!"

Y es que después de 15 años de la tragedia, no hay ni una sola persona en la cárcel. La empresa responsable de la mina sigue operando con total libertad y sin restricciones. Los cuerpos continúan en la tierra, debajo del escombro y de las rocas y de los minerales que anteriormente eran un sustento de vida.

Hoy en Coahuila se recuerda una tragedia que hizo vibrar, al menos por unos días, a toda la sociedad mexicana.

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Una de las promesas del actual Gobierno Federal es que, al terminar las labores de rescate, la Mina de Pasta de Conchos quedará clausurada de manera definitiva y, en su lugar, se construirá un memorial para recordar a los trabajadores caídos.

De acuerdo con la investigación "El carbón rojo de Coahuila: aquí acaba el silencio", algunas viudas, como compensación, recibieron 3 mil pesos mensuales como pensión. Esa, en su momento, fue la reparación del daño.

"Mientras que un supervisor de Grupo México cotizaba en el IMSS hasta con 246.22 pesos diarios (salario más alto), el mismo supervisor de General de Hulla cotizaba con 80 pesos diarios. En Grupo México, en
el escalafón más bajo estaban trabajadores como Bladimir, que cotizaba en el IMSS con 95.30 pesos, mientras que Julián lo hacía con 80 pesos.", detalla el documento.

La explotación laboral, las malas y peligrosas condiciones de trabajo y la tragedia son elementos que adornan a una región que, primordialmente, se dedica a la extracción de carbón para generar electricidad.

Hoy esa región, en la zona carbonífera de Coahuila, recuerda a 65 personas que llegaron por última vez a su trabajo sin tener oportunidad de despedirse de sus familias.

La impunidad duele cuando se habla de Marisela Escobedo

Hace 10 años, la activista coahuilense, pero asentada en Ciudad Juárez, Marisela Escobedo, fue ultimada cuando realizaba una manifestación pacífica en las afueras del Palacio de Gobierno de la ciudad de Chihuahua. En ese momento, Marisela emprendía una lucha encarnizada por conseguir justicia. Su hija, años atrás, había sido raptada y asesinada. El homicida se mantenía prófugo. Después sería asesinado.

La historia de Marisela Escobedo es una trama que está estrechamente ligada con la impunidad. El sistema judicial mexicano no fue preciso ni eficiente con Marisela y con su familia.

La lucha que emprendió esa madre trabajadora trascendió fronteras. Medios de todo el mundo comenzaron a interesarse en su caso. Recorrió, a pie, todo el país para exigir claridad, respuestas. Su famoso enfrentamiento con el entonces presidente Felipe Calderón fue memorable. Todo en ella era indignación, pero también un impulso infinito por encerrar al feminicida de Rubí, su hija.

El Gobierno del estado de Chihuahua, en ese entonces encabezado por César Duarte Jáquez, fue acusado de cómplice. El asesinato de Maricela fue justamente en las puertas de su sede oficial. Ni las cámaras de seguridad incrustadas en todas las esquinas alrededor de la escena del crimen fueron suficiente medida para evitar la tragedia.

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Como dice el documental, a Marisela el sistema mexicano la mató tres veces: la primera, cuando su hija fue raptada y posteriormente asesinada; la segunda, cuando la juez a cargo del caso decide exonerar al feminicida confeso de su hija y, tercero, cuando el hermano del presunto delincuente ultimó a Marisela a balazos.

En esta secuencia de ejemplos de impunidad tendríamos que agregar uno más, que a pesar de que el homicida de Marisela está encarcelado en una prisión de Estados Unidos por delitos relacionados con el robo, las autoridades chihuahuenses, opositoras al régimen de Duarte, no han buscado su extradición para reparar, al menos, el daño causado a la familia de una luchadora que se enfrentó a un sistema ineficaz, violento e inoperante para y con las víctimas.  ¿La impunidad duele? Posiblemente lacera más que el delito mismo.

Cumple un año balacera en presidencia de Villa Unión, Coahuila

El terror se apoderó de las calles de un pequeño municipio al norte del estado de Coahuila. Por un momento, Villa Unión se convirtió en estado de sitio. Helicópteros, corporaciones municipales, estatales, federales, ejército y guardia nacional llegaron al recóndito pueblo con cerca de seis mil habitantes.

El sábado 30 de noviembre, casi al medio día, se registró una balacera entre presuntos integrantes del crimen organizado y elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, policías estatales y municipales.

De acuerdo con diversos reportes, fue un grupo de 150 sicarios integrantes del Cártel del Noreste que se enfrentó con 550 elementos de diversas fuerzas de seguridad. Villa Unión, por unos minutos, se convirtió en territorio de guerra.

Tras el enfrentamiento se aseguraron 21 armas largas calibre .223, seis Barret calibre.50 y equipo táctico como cascos, chalecos, cargadores y ponchallantas.

Asimismo, la Secretaría de Seguridad Pública informó que perdieron la vida 23 personas y se detuvo a 10 delincuentes.

La balacera dejó daños en alrededor de 50 viviendas, las autoridades aseguraron más de 25 vehículos abandonados, algunos con ametralladoras fijas y blindajes militares.

De acuerdo con algunos testimonios recogidos en pobladores de la localidad, el comando armado provino desde el estado de Tamaulipas, sede del Cártel del Noreste, que es una escisión de los Zetas.

Allí, un tendero se dio cuenta de que ingresaron al pueblo varias camionetas con personas equipadas y armadas. Al cerrar su negocio, comenzaron los disparos en contra de la sede de la presidencia municipal.

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De las 23 personas abatidas, 18 eran presuntos delincuentes y el resto ciudadanos y elementos de seguridad.

A un año de distancia, el Gobierno de Coahuila ya restauró la sede de la presidencia municipal, que en su momento quedó manchada por la penetración de las balas.

En tres años de gobierno de Miguel Riquelme la balacera de Villa Unión, sin duda, hizo recordar al pueblo coahuilense la época de terror que abrazó y lastimó a toda una generación.

Héctor Rangel, desaparecido por policías de Monclova, cumple 11 años ausente

El 10 de noviembre del 2009, Héctor Rangel fue desaparecido por policías municipales de Monclova, Coahuila. Hoy se cumplen 11 años de impunidad, de incertidumbre y de dolor para su familia.

Héctor, junto con Irene Lugo y Milton Aguilar salieron del estado de Querétaro hacia Monclova para vender un vehículo. Desde ese momento, no se supo nada más sobre él y sus acompañantes.

En la página "Buscando a Héctor Rangel Ortiz" en Facebook su padre publicó un mensaje en donde recordó que continúan buscando a su hija, que su madre está muy delicado por el embate de la enfermedad covid y que la única esperanza que le queda es seguir luchando por conocer la verdad y reencontrarse con él.

"Este año ha sido uno de los peores que hemos vivido tu ausencia, mi niño. Dios te guarde, Héctor. Tu madre está muy delicada, hijo, solo pregunta por ti, por su hijo, yo aquí llorando por ti, por tu madre, por tus hermanos, nos pegó muy feo esto del covid. Nos contagiarnos, hijo, pero ya salimos, gracias a Dios hoy nos dieron de alta a tú mamá, esta muy delicada, hijo, pero no se rinde, llora y con sus ojos me dice que si es por ti Héctor. ¿Dónde estas, hijo mío?, le digo a tu Güerita que primero Dios te vamos a encontrar, hijo, que no se mortifique, que sane pronto para juntos encontrarte, hijo mío. Dios nos está ayudando mucho con todo esto que estamos viviendo y las oraciones de tanta gente que nos estima, hay, hijo mío, te mandamos todas nuestras bendiciones y todo nuestro amor te cubra."
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El año pasado, justo cuando se cumplió una década de la desaparición, su familia relató el nivel de incertidumbre que vivieron. Pensaban que Héctor iba a regresar, pero pasaron dos, tres, quince días, meses y nada cambió.
Hoy la familia Rangel Ortiz continúa buscando a su hijo. Ellos forman parte de una cadena de víctimas que, como otras tres mil personas en Coahuila, les desaparecieron a un ser querido.
La recomendación 25VG/2019 de la Comisión Nacional de Derechos Humanos acredita que los tres jóvenes fueron desaparecidos por elementos de la policía municipal de Monclova. Los presuntos responsables, hasta la fecha, no han sido identificados. La deuda de la autoridad con la familia Rangel Ortiz, a once años de distancia, sigue pendiente.

"Son 16 años de impunidad": Silvia Ortiz, madre de Fanny

Fanny Sánchez Viesca Ortiz llegó a su casa a las 3 de la tarde después del Colegio. Apenas tenía 16 años. Se cambió rápido porque tenía que ir a un torneo deportivo. A su madre, Silvia, sólo le pidió dos pesos para completar el pasaje. 'Dios te bendiga', le dijo su mamá al despedirla. Hoy, 5 de noviembre del 2020, Fanny tiene 32 años y no ha regresado a donde pertenece, a los brazos de su familia.

 "Son 16 años de impunidad, de corrupción, de inacción, de no trabajar y no dar un avance real, porque todas las cosas que se tienen son gracias a mi familia, algo que haya hecho realmente la autoridad no está, no existe.", comentó Silvia Ortiz.

Los padres de Fanny señalaron puntualmente a la SEIDO y a la Ministerio Público Jenny Gallegos, quien, de buenas a primeras, menospreció su caso, sus 16 años de búsqueda y asumió que la desaparición de su hija no fue a causa del crimen organizado.

"Desgraciadamente y a últimas fechas estuvimos en la Ciudad de México, en SEIDO, para ver qué avances había ¿y cuál fue la sorpresa que nos llevamos?, que nos dijeron 'señora, pues no vemos delincuencia organizada, si ustedes quieren que se quede aquí la carpeta necesitan comprobarnos la delincuencia organizada, por lo tanto por ahora pasa a ser una desaparición simple'. A16 años, que se les ocurra decirnos eso, fue un dolor bastante grande y quiero decirte que este hombre que ves aquí, fue tanto el coraje que recibe, que siente y el dolor tan profundo, que se puso malo, ahorita lo tengo enfermo, no se vale que jueguen con la vida de uno de esta manera y que a 16 años después digan 'no hay modo, no hay nada qué hacer y se regresa la carpeta', es más, existe la probabilidad de que ella se haya ido sola, ¿cómo se atreven a decir, después de 16 años esto?".

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Cansados pero con la frente en alto, Silvia y Óscar continuarán luchando por descubrir la verdad, por saber qué pasó con Fanny y dónde se encuentra. Su mensaje para el gobierno, es duro y vestido de indignación.

"Si nosotros como representantes del Grupo Vida nos hacen eso en la SEIDO, imagínate quien está atrás de nosotros, confiando en nosotros, ¿cómo los van a tratar a ellos?, con la punta del pie", dijo con dolor e indignación Óscar Sánchez Viesca, padre de Fanny.

Óscar comentó que la militarización que está impulsando el presidente López Obrador entorpecerá los trabajos de búsqueda de personas desaparecidas y, junto con Silvia, exigen terminar con el pacto de impunidad que continúa lastimando a las familias coahuilenses y de todo el país.