¡Qué rápido! Llega el aniversario del Chiosco de la Morelos y estas serán las actividades de celebración

¿Qué vas a leer?

  1. ¿Qué es el Chiosco de la Morelos?
  2. Chiosco de la Morelos, una propuesta multidisciplinaria con un esquema lagunero autosustentable
  3. Aniversario del Chiosco de la Morelos: la celebración de un buen año
  4. Aquí están los eventos de aniversario del Chiosco

El proyecto cultural y comercial conocido como Chiosco de la Morelos, ubicado en la Casa La Morelos en el sector centro de la ciudad de Torreón, Coahuila, y negocio perteneciente a la Comunidad Comercial de Red es Poder, celebra su primer año de haber comenzado operaciones y aquí te decimos cómo se va a celebrar por si te interesa unirte a las actividades de aniversario.

¿Qué es el Chiosco de la Morelos?

El Chiosco de la Morelos es un proyecto comercial con restaurante y bar que cada semana ofrece diversas actividades culturales, estimulando la difusión de propuestas independientes musicales, teatrales, científicas y periodísticas, incluso ha sido sede de diversos eventos de este propio proyecto de periodismo independiente.

Cabe destacar que este proyecto es parte de una propuesta cultural y comercial más amplia promovida por Casa La Morelos, una comunidad de distintas organizaciones con diferentes fines que coinciden en la sede que es la Casa La Morelos, construida desde 1935.

A cargo de los empresarios Daniela Mondragón y Aldo Valdés, el Chiosco de la Morelos se ha encargado de hacer numerosas colaboraciones con grupos de la sociedad civil y apoyándose desde luego del proyecto hermano enfocado al arte plástico, el Centro de Artes del Norte, un esfuerzo colectivo para la enseñanza artística en Torreón.

Aldo Valdés, quien coadministra el Chiosco de la Morelos, ha sido reconocido como gestor cultural y social en diversas otras propuestas, entre ellas el Comedor Santa Cecilia ubicado en la calle Querétaro, colonia La Merced #120, Torreón, México, el cual ayudó a instalar y administrar. El Comedor se encarga de apoyar a personas en tránsito por Torreón que necesitan apoyo para refugio y alimentación.

Además, Aldo es maestro y ha hecho voluntariado relacionado con temas de democracia, transparencia y desarrollo social.

Chiosco de la Morelos, una propuesta multidisciplinaria con un esquema lagunero autosustentable

Si bien el Chiosco de la Morelos cuenta con una serie de características que lo hacen único, hay una particularidad que vale la pena destacar y fue la primer idea que sostuvo la idea del Chiosco y esto es replicar un esquema operativo que Aldo Valdés pescó de sus viajes a Europa, donde se dio cuenta que los algunos restaurantes manejaban puros productos locales, activando una economía autosostenible en u unas comunidades italianas.

¿Cómo funciona este esquema operativo? Checa esta nota que hicimos del Chiosco de la Morelos.

Aniversario del Chiosco de la Morelos: la celebración de un buen año

El Chiosco de la Morelos es un espacio cultural que, durante un año, ha sido un negocio con altas y bajas como cualquier otro, pero que siempre ha priorizado la organización, sin falta, de proyectos culturales semana con semana, entre ellos: presentaciones de investigaciones periodísticas, clases de baile, exposiciones de arte plástico, teatrales, presentaciones de libros, shows de stand up, sesiones de poesía en vivo, entre otras que han habilitado al espacio como un centro cultural en Torreón.

Para este artículo entrevistamos a Aldo Valdés, uno de los cinco fundadores, quien explicó que "la propuesta inicial del Chiosco era fungir como un espacio de encuentro para distintas personas. O sea, convertirnos en un espacio muy diverso y muy activo en cuestiones artísticas y culturales, en el cual también hubiera un componente importante de gastronomía local".

En ese sentido, la misión del Chiosco de la Morelos se ha cumplido, convirtiéndose en un lugar para la agenda cultural, "activo y diverso" como lo plantea el mismo Aldo.

"Creo que en ese aspecto hemos logrado darle forma a nuestro objetivo inicial y hemos aprendido mucho. Creo que la propuesta inicial no se ha modificado y lo que se ha modificado es el esquema con el cual funcionamos desde el punto de vista de nuestra estructura y sobre todo porque hemos aprendido cómo hacer que un lugar como estos pueda ser sostenible y eso es un reto en la Laguna", explicó el fundador.

Finalmente, explica Valdés: "a resistir, aunque suene muy romántico, porque sabemos que nuestra apuesta probablemente por estas cuestiones que comenté va a dar frutos a largo plazo, pero reconocemos la importancia de estar intentándolo ahora mismo porque creo que sólo ha pasado un año, pero en un año ya han pasado muchas cosas y efectivamente se ha ido consolidando esta idea inicial, las personas que visitan el Chiosco o los artistas que visitan el Chiosco suelen tener una experiencia muy positiva y una percepción muy agradable del lugar".

"Creemos que, en ese aspecto estamos haciendo bien las cosas y eso es muy motivante", explicó Aldo.

Eventos de celebración

El Chiosco de la Morelos celebrará con dos días de eventos, el primero será el próximo viernes 12 de abril del 2024 y luego el siguiente sábado 13 de abril.

Aquí te dejamos los flyers oficiales:

Chiosco de la Morelos: un centro cultural y una propuesta de comercio autosustentable

¿Conoces al Chiosco de la Morelos? Es un proyecto fundado por laguneros e italianos que replica un esquema operativo de trabajo de comercio autosustentable y, además, aporta con propuestas culturales independientes y un concepto distinto de negocio en la Comarca Lagunera.

El lugar está ubicado en el patio de la Casa La Morelos en la avenida Morelos #1340, en el centro de la ciudad de Torreón, Coahuila, y además de ser una visita obligada para quienes no conocen la ciudad, en en el sentido arquitectónico, es también un centro cultural y un espacio de esparcimiento seguro y agradable.

Lo interesante es que, más allá de ser una propuesta de entretenimiento, "algo qué hacer" en la ciudad de Torreón, es un fenómeno social y un ejemplo de cómo un proyecto puede al mismo tiempo desarrollar un esquema financiero sostenible y, también, aportar a la comunidad en un sentido cultural, educativo y económico.

Cabe destacar que este proyecto es parte de una propuesta cultural y comercial más amplia promovida por Casa La Morelos, una comunidad de distintas organizaciones con diferentes fines que coinciden en la sede que es la Casa La Morelos, construida desde 1935.

Sigue leyendo y verás como el Chiosco de la Morelos destaca desde sus raíces, por ser un lugar que nace como consecuencia de una visión al mismo tiempo local y al mismo tiempo extranjera.

aniversario del chiosco de la morelos

El Chiosco de la Morelos y la comercio autosustentable

Cuando vas al Chiosco de la Morelos normalmente los más sonrientes son sus anfitriones: Daniela Mondragón y Aldo Valdés, administradores y fundadores del proyecto quienes tienen el don ya casi extinto de nunca perder la paciencia y la amabilidad con sus clientes.

Para este artículo, platicamos con Aldo Valdés, uno de los cinco que dio a luz al Chiosco de la Morelos, él es maestro y gestor cultural, tal vez algunos lo recordarán por ser también ayudar a fundar y promover el Comedor Santa Cecilia en la colonia La Merced de Torreón, un lugar que ofrece alimento a personas migrantes en la ciudad.

"Cuando se gestó la idea del Chiosco, nos asociamos en total cinco socios que somos: Charlie, Melina y Nico, ellos tres son italianos y tienen bares y restaurantes en Italia que se llaman igual: El Chiosco", comentó Aldo Valdés, quien asegura que pocos saben que El Chiosco tiene "tocayos" en Italia, siendo este proyecto en Torreón su "hermano mexicano" con socios originarios de allá.

Sin embargo, aunque están en Italia, comenta Aldo que "también están muy presentes en nuestra aventura local, el concepto de Chiosco tanto aquí como allá está muy relacionado con los alimentos locales, porque en nuestra propuesta gastronómica, tanto los platillos como los ingredientes deben ser de la Laguna, deben de ser de la región en la que estamos".

Por eso lo del "comercio autosustentable" que se maneja en este artículo; este concepto no lo dice Aldo como tal, pero lo maneja la UNAM en un artículo del 2008 que citaremos ahora: "El comercio sustentable se define como un comercio que genera valor económico, reduce la pobreza y inequidad, y regenera los recursos ambientales: en estos términos, todo tipo de comercio debiera, finalmente, ser sustentable. Sin embargo, por ahora es aquel comercio de productos que se distinguen de manera explícita por sus positivas repercusiones sociales, ambientales y/o éticas".

En menos palabras, el comercio autosustentable no sólo significa que es sostenible, sino que además se fundamenta en valores comunitarios que buscan aportar desde una labor económica y de negocio, a la sociedad.

Aldo comenta que "entonces le compramos directo a productores de quesos de vaca y de cabra, tortillas, carne, ginebra, sotol, cerveza artesanal, vegetales, etcétera. Eso es algo que desde el inicio fue uno de los pilares, el trabajar con ingredientes frescos y de productores locales", explicó.

La otra parte del Chiosco de la Morelos: su visión cultural

Conectado directamente con el fin de crear un impacto social desde lo económico, el Chiosco tiene otra misión igual de complicada, promover y posicionar a propuestas independientes y, sobre todo, locales, en materia cultural, entiéndase: música, artes plásticas, arte urbano, ciencia, comedia, teatro, entre otros.

En este sentido, explica Aldo Valdés que plantear un proyecto se vuelve complicado: "primero, porque si te especializas mucho en cuestiones artísticas o culturales, como recinto, corres el riesgo de que haya áreas en las que todavía no se generen públicos grandes, entonces la generación de públicos es un proceso".

"Toma tiempo, y eso es un reto desde el punto de vista financiero, hay que aguantar mucho", explicó. Además, hizo énfasis en que, aunado a ello, el Chiosco de la Morelos está en una posición complicada geográficamente puesto que no hay mucho tráfico de personas durante la noche, es una zona del primitivo centro de la ciudad que queda abandonada después de las 9, más o menos, que la gente mayor que frecuenta la Plaza de Armas se regresa a sus casas.

Como bien dice Aldo, "estar en un lugar que por muchas personas es percibido como lejano, solitario, oscuro, de mala muerto, eso nos ha jugado un poco en contra y pues, bueno, hemos aprendido".

Por otro lado, la personalidad del Chiosco ha venido madurando exitosamente hacia donde sus fundadores siempre quisieron, hacia la expresión artística local.

"Creo que en la laguna si existen personas interesadas en asistir a eventos artísticos, pero estamos en una fase relativamente inicial todavía en el proceso, o sea, en ciertos gremios existen artistas con propuestas ya muy consolidadas, hay muchísimo talento, pero falta conectar mediante la información la promoción y los foros a los artistas con los públicos", comentó Aldo Valdés e hizo énfasis en los retos también de la comunidad cultural en Torreón.

"Falta que la escena cultural cuaje en la laguna por cuestiones de falta de espacios, falta de comunicación clara y falta de constancia; eso también creo que es un factor entonces en ese aspecto hemos procurado ser constantes tener un foro abierto y promocionar bastante lo que sucede en el Chiosco", explicó.

Finalmente, concluye con que "hemos logrado que tanto los artistas como las personas que quieren consumir o asistir a ciertos eventos se puedan encontrar aquí".

Chiosco de la Morelos, un sueño sostenible

A mediados de este abril, el Chiosco de la Morelos cumplió su primer año de haber comenzado, pero, aunque suena poco tiempo, es como dijo Aldo Valdés para Red es Poder, que aunque "sólo ha pasado un año, en un año ya han pasado muchas cosas".

Cierto es que la misión inicial del Chiosco, el tema cultural y la propuesta comercial, ha dado frutos rápidamente. La percepción de la comunidad de artistas que visitan el Chiosco así lo ha comprobado.

Como conclusión, Aldo asegura que ha "logrado darle forma a nuestro objetivo inicial y hemos aprendido mucho. Creo que la propuesta inicial no se ha modificado y lo que se ha modificado es el esquema con el cual funcionamos desde el punto de vista de nuestra estructura y sobre todo porque hemos aprendido cómo hacer que un lugar como estos pueda ser sostenible y eso es un reto en la Laguna", explicó el fundador.

Último detalle: cabe destacar que El Chiosco de la Morelos es un proyecto parte de la Comunidad Comercial de Red es Poder, por lo cual, quien este suscrito a las membresías de este proyecto periodístico tendrá diferentes promociones en este establecimiento: más información aquí (Ojo: actualmente está en desarrollo la adición de este establecimiento a la plataforma, espéralo próximamente).

Ceci Arrañaga, expresar la complejidad humana a través del cuerpo

El cuerpo es una herramienta de expresión, poco lo usamos para ello, pero nuestra anatomía tiene el don natural de comunicar. Conocer cómo funcionamos a través de cómo nos movemos es algo poco explorado, pero sí bien lo entendemos, podemos acceder a un instrumento poderoso para crear, pero más trascendente aún, que nos ayude expresar la complejidad humana a través del cuerpo.

Ceci Arrañaga experimentó con varias disciplinas hasta que se encontró en la Danza Contemporánea. Aunque al principio se recuerda no tan asertiva en sus movimientos, identificó que en esa rama podía lograr la conexión emocional que buscaba a través, primero, de conocer su propio cuerpo.

Arrañaga es bailarina, es lagunera y una curiosa de lo que nos pasa por dentro. La Danza Contemporánea, más que su profesión, ha sido un catalizador para entenderse a ella misma y su lenguaje para incrustarse al mundo.  

Fotografía: Liliana Hernández y Stephanie Siceña

Con libertad creativa, desde el año pasado, Ceci Arrañaga, comenzó a trabajar en un proyecto que tituló: ¿Puedes ver si me manché?, una obra unipersonal de Danza Contemporánea que fue acreedora al Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) Coahuila 2023. El cual en un periodo de 6 meses tuvo que desarrollar y crear el producto artístico que será presentado el próximo viernes 26 de enero de 2024 en el Teatro Alfonso Garibay a las 19:30 horas.

Su enfoque en la experimentación y la ruptura de barreras preestablecidas, es lo que identifica el trabajo de Arrañaga que, en vez de seguir rigurosas estructuras técnicas y narrativas, se abrazó a la diversidad y la multiplicidad de perspectivas para tocar un tema que nos atañe a todos, el ciclo menstrual.

Es así que, actualmente, esta bailarina emergente se sumerge en la exploración de movimientos no convencionales, adoptando posturas que desafían la gravedad y creando coreografías que reflejan la complejidad de la experiencia humana.

La expresión emocional y la narrativa subyacente son elementos cruciales en la propuesta de Arrañaga, que en ¿Puedes ver si me manché? Optó por abordar un tema social, sobre todo personal (la menstruación) a través del movimiento.

En concreto, Ceci Arrañaga se afianza de la danza contemporánea para narrar historias a través de su cuerpo, una experiencia artística en movimiento que la conecta con los espectadores de una manera más profunda y visceral.

Aquí un diálogo creativo que Red es Poder mantuvo con un referente de la danza contemporánea local, un arte que trasciende las barreras tradicionales, y nos invita a descubrir una experiencia artística en constante renovación y expansión.

¿Cómo fue tu conexión con la Danza Contemporánea?

Yo empecé a bailar a los 13 años en una academia de Torreón, recuerdo que antes de eso era reservada para las actividades que exigieran mucho desgaste físico. Probé miles de deportes, pero no me reconocía en ninguno, disfrutaba más leyendo, coloreando, escuchando música: haciendo actividades que no eran tan móviles. Sin embargo, cuando tomé mi primera clase de danza, me vi a mí misma en ello. De cierta manera me sentí torpe en esa clase porque no coordinaba los movimientos y mis compañeras tenían años de experiencia, pero, con todo y el ridículo que según yo hice, me dije a mí misma: “aquí hay algo, síguele”, se sentía bien incluso con esa torpeza, me maravillé con eso y quise más, entonces paso a paso mi cuerpo fue cediendo y así seguí buscando mi camino en la danza. Luego tuve la posibilidad de mudarme a Xalapa, Veracruz para estudiar la licenciatura en la UV. Específicamente con la Danza Contemporánea siento que conecté con ella porque era el tipo de movimiento que más me permitía acceder a los distintos estados, tanto físicos como emocionales e incluso espirituales, en los que me encontraba. Tal vez en ese momento, cuando entré a la Facultad, no podía ponerlo en palabras como ahora, pero siento que esta disciplina de la danza me ha permitido moverme desde mi propia verdad, desde el lugar donde me encuentro y serle fiel a eso. Entonces sucedían dos cosas: desarrollar movimiento por el placer en sí de moverme, completamente personal, y, por el otro lado, comunicar.

¿Por qué decidiste dedicarte a esta rama artística?

Más que hablar del momento decisivo, creo que fueron una serie de eventos que me llevaron a esto. No quiero decir que fue desde un lugar inconsciente, si no más bien siento que mi vida en sí se fue encaminando por esa ruta. Por un lado, claro, fue que tuve la oportunidad de hacerlo, que conté (y cuento) con el apoyo incondicional de mi familia. También, como te comentaba, en mí surgió una curiosidad por conocer más sobre la danza y, sobre todo, reconocerme a mí en ella, identificar qué tenía para ofrecerme, qué podía sacar de provecho para mí.  Por otro lado, lo único que se ha mantenido en mi vida ha sido la impermanencia y, desde ese sentido, la danza siempre se ha quedado, la relación ha cambiado, claro, pero ha sido una constante para mí. Entonces creo que me brindó cierto equilibrio de esas dos cosas: la estabilidad y el cambio.

Fotografía: Mario Aguilera @laultimaescenaoficial

¿Como defines tú a la Danza Contemporánea?

Hablo desde mí, porque es el lugar que conozco y del que puedo hablar. Para mí la Danza Contemporánea es la que aborda lo humano, tal vez lo visceral, de nuestro tiempo. Siento que profundiza en aquello que permanece vigente, que nos toca y nos pasa como comunidad, como seres humanos y como individuos.

¿Cuál es el reto de tratar de comunicar algo usando sólo el cuerpo?

Que se entienda. Personalmente, pienso que es importante preguntarnos siempre si tenemos algo qué decir y por qué queremos decirlo, luego pensar en para qué queremos decirlo, entonces el cómo es congruente con eso. Si para mí es sólo para satisfacer un deseo personal, una idea particular, es posible que el público se sienta ajeno del lenguaje del movimiento que se desarrolla, porque no fue tomado en cuenta. Ojo, el público es muy inteligente, no hay que invalidar esa capacidad interpretativa que tienen los espectadores, al contrario, más bien debemos rescatar que sin ese receptor mi mensaje no sirve para nada.

En ese sentido y hablando de tu primera obra unipersonal ¿Puedes ver si me manché?, ¿por qué decidiste tratar el tema del Tabú Menstrual? Y ¿Cómo fue tu proceso creativo?

Más que abordarlo desde el lugar del Tabú. Mi objetivo es reivindicar la importancia de contar con una comunidad que se involucre en los eventos que son parte de las etapas del desarrollo, para que estas puedan vivirse desde un lugar de posibilidad, no de limitación. Pienso que el hecho de que exista un sangrado menstrual y una naturaleza cíclica nos traspasa a todas y todos, porque: lo estás viviendo en este momento, ya lo viviste o lo vas a vivir, ya sea tú misma o la persona que tienes a un lado tuyo. En ese sentido, la búsqueda va por invitar a recuperar esas alianzas que contengan y apoyen estas experiencias. Invitar a que nos informemos más sobre el sentido de este evento y por qué llega a ser tan relevante. Cómo funciona y por qué es tan beneficioso para la salud del cuerpo que esto exista.

En cuanto a mi proceso creativo suelo ser muy privada al compartir ese desarrollo, siempre ha sido algo muy íntimo para mí porque surge desde una necesidad particular por comunicar, lo cual viene de mi propia historia. Sin embargo, puedo decirte que la primera etapa representa mucha investigación y observación del tema. Investigación tanto teórica, es decir, conocer cómo se viven estas experiencias en el contexto actual, e investigación práctica, donde se observa cómo ese contexto impacta físicamente. Cómo se constituye el cuerpo a partir de estas vivencias. Por otro lado, existe para mí un proceso muy visceral, que busca responder a los estímulos físicos, casi intuitivos, que se despiertan en el tratamiento del tema. De ahí se va generando un discurso.

¿Puedes ver si me manché? Es una pregunta que en algún momento a todos nos han hecho, pero más allá de eso ¿cuál es el poder central del título de tu obra?

El nombre de la obra justamente busca enunciar esa red de apoyo que queremos reivindicar. El acompañamiento del proceso cíclico, la solidaridad, la oportunidad de involucrarnos y estar presentes para brindar respaldo.

Ahora, ¿por qué crees que es importante traer el tema a la mesa a través de un arte como la danza contemporánea?

Porque siento que es a través del cuerpo como podemos reconocernos a nosotros mismos, nuestras experiencias y duelos.

Fotografía: Julio César Martínez

Danzar la luna: Ciclicidad menstrual y movimiento consciente, es otro de tus proyectos recientes. ¿Cuéntame un poco de qué va este concepto? Y ¿por qué es importante en nuestros tiempos?

Danzar la luna es un proyecto independiente que surge de la necesidad y curiosidad personal por aprender cómo funciona mi naturaleza cíclica, hormonal, menstrual, vital. En este proyecto buscamos generar un espacio para compartir información que nos apoye a conocer cómo opera nuestro cuerpo y así vivir con mayor autonomía. La parte de Ciclicidad Menstrual aborda la parte de investigación teórica-científica sobre este proceso y la parte de Movimiento Consciente justo busca eso, desarrollar prácticas de movimiento donde la atención esté enfocada en lo que se está realizando para así reconocer las señales físicas que da el cuerpo a partir de la movilidad y volver consciente esa información, sabiendo que la tenemos a nuestro alcance y podemos hacer uso de ella.

¿El cuerpo es una herramienta de comunicación?

Para mí sí, por lo menos en esta dimensión física en la que estamos. Te respondo con unas palabras que no son mías: “el mundo externo no tiene existencia para mí si no estoy viva como un cuerpo”.

¿Qué papel crees que juega la Danza Contemporánea en una sociedad que actualmente está hiperconectada?

Regresar al cuerpo, a lo tangible, a ese territorio que es propio y nos abre posibilidades para vivir y sentir el mundo.  

Margarito Cuéllar, la poesía como necedad vital  

Más que práctica, descubre a la poesía como una necedad vital. Ha pronunciado que la escribe para que sus sentimientos no se atrofien. Fuera de la intelectualidad, para él, el poema es un arma de resistencia. Es de los que creen que el mundo tiene remedio si la poesía se planta como una esperanza. 

Poeta terco y periodista, Margarito Cuéllar es además un referente obligado de la poesía iberoamericana contemporánea. Nació en Ciudad del Maíz, San Luis Potosí, fue adoptado por Monterrey, pero más bien él es del mundo. Recientemente participó en el Festival Internacional de Poesía de Shanghái, una muestra de que su lenguaje poético no conoce fronteras. 

De Margarito se pueden y se han escrito muchas cosas. Por ejemplo, que tiene una relación estable y significativa de más de 40 años con la poesía, que también, cuando decidió estudiar periodismo se prometió que trotaría ambos terrenos, y que, incluso, un oficio alimentaría a otro. 

También, se puede escribir que su producción es basta, y su propuesta poética ha conquistado a los jueces de varios certámenes de poesía a nivel nacional e internacional. Los más recientes son el Premio Hispanoamericano de poesía Juan Ramón Jiménez, que ganó por su obra poética: Nadie, salvo el mundo. Y en el año 2021 mereció el VIII Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador. 

Margarito Cuéllar no es un poeta pretencioso, sólo es un ser humano que descubrió en la poesía otra forma de habitar el mundo.

Él mismo ha dicho que Pessoa define al poeta como gran fingido, el mil máscaras, y siente que entra en esa definición. Pero no, Margarito ha sufrido una transformación, y ha logrado una poética más honesta, más humana, por eso sus versos trascienden y cambian de idioma, más no de sentido. 

No es un transeúnte de la poesía, es un residente del verso que decidió, hace 40 años, el oficio de labrar las palabras. 

¿Cuál fue el momento clave que te inspiró a convertirte en poeta? 

Ese momento clave creo que fue en la adolescencia. Bueno, por ahí de los 16 años me di cuenta que tenía cierta facilidad para expresarme por escrito. Hacía versos, canciones, pequeños textos que yo decía que eran poesía, aunque en realidad no estaba seguro de nada. Más bien me generaba más dudas respecto a la literatura y la escritura misma. Creo que la lectura de Lorca y de Neruda, a quienes medio leí en primero de secundaria, fueron determinantes.

Aparte de poeta, también eres periodista, cuéntame cómo estas dos formas de expresión literaria aparentemente divergentes, convergen en tu ejercicio de la palabra escrita. 

Sentía que la literatura y el periodismo se podían complementar. Lo que me sirvió para encontrar esa correspondencia fue la lectura. Cuando entré a estudiar periodismo me gustaba lo que hacían Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska y Gabriel García Márquez, que combinaban literatura y periodismo, eso fue definitivo para mantenerme en las dos canchas, aunque en algunos aspectos son divergentes, en otras confluyen. Y me sentí cómodo formándome en ambos campos, preparándome para la vida, pues una cosa es lo que uno desea y otra muy distinta la realidad. El periodismo busca la verdad en un mundo globalizado en el que se invisibiliza la realidad. La poesía busca la esencia de las cosas en un mundo lleno de detractores en que el vértigo de la banalidad y la inmediatez parecen brillar con luz propia.

Tanto la poesía como el periodismo llevan consigo una responsabilidad social. La poesía puede cuestionar, provocar reflexiones y despertar la conciencia social, mientras que el periodismo, al desentrañar verdades ocultas, puede ser un agente de cambio. ¿Crees que, en conjunto, ambas formas de expresión contribuyen a la construcción de una sociedad más informada y reflexiva?

Digamos que tanto la literatura como el periodismo, practicados y fundamentados desde una ética y una conciencia social, ponen su granito de arena. Pero pensemos que otro tanto le corresponde a las otras artes y a la sociedad misma. A la educación y al pensamiento crítico. Para qué todo esto se convierta en un detonante social se requiere una suma de inteligencias, creatividades y visiones de futuro en la que cada quien pone su parte. No es una idea romántica, sino una premisa. En este sentido, ni la literatura ni el periodismo ni el arte en general tienen un peso en sí mismos, sino en conjunto. Y aquí entra un tema: las políticas culturales y la política en sí.

Alguna vez mencionaste que te prometiste a ti mismo que el periodista le daría de comer al poeta. ¿Ha sido así?

En la medida de lo posible así ha sido. Tengo más de 40 años jugando con ambos equipos y no me han dejado abandonado en el campo de batalla. Con el ejercicio periodístico logré hacerme de un espacio propio para mis hijos. Con los frutos de la poesía busco equilibrar la madurez. Ni la poesía ni el periodismo me han dejado con la palabra en la boca. De ambos, recibo satisfacciones. La riqueza y el éxito son un platillo aparte.

¿Crees que de la poesía no se vive?

Si pensamos en términos meramente económicos, no. Si pasamos al plano de lo simbólico, de la creación y del imaginario, sí. La poesía, asumida como riesgo, desafío y elemento transgresor, le da vitalidad a la existencia de quien la escribe y de quien la lee. La poesía es ese punto ciego de la existencia en la que todo puede suceder.

También has dicho que aquel que escribe poesía, al igual que el poema, es un sobreviviente, ¿Por qué?

Justamente porque la literatura se construye en una superficie de arenas movedizas, pantanos y desiertos. En principio el poeta es un sobreviviente de sí mismo. Si no centra su mira y sus alcances, corre el riesgo de convertirse en malabarista, paria social o fantasma.

¿Cómo definirías al Margarito periodista?

Como alguien que goza haciendo una crónica o una entrevista. Que se disputa las horas y los días con el poeta para seguir haciendo de la escritura un campo de batalla desde trincheras distintas, aunque afines. Soy el que se bebió las notas periodísticas de García Márquez, las entrevistas de Elena Poniatowska, el humor de Carlos Monsiváis, la agudeza verbal de José Alvarado, la sabiduría de José Emilio Pacheco, la destreza de Kapuściński y los viajes de Marco Polo. Amigo de Víctor Roura y Arnulfo Vigil, esquina con el periodismo del siglo XXI.

¿Y al poeta?

El poeta, como decía Pessoa, es el gran fingido. El mil máscaras de la verborrea y el desasosiego. Viajero del tiempo y de la vida diaria. Un campesino en mangas de camisa. Un forastero en su propia tierra (San Luis Potosí), un aprendiz de vago que pasó parte de su adolescencia en Tamaulipas. Un adoptado en Monterrey que trata de ser feliz lo mismo en esta ciudad que en las ciudades a las que viaja con cierta irregularidad (San Luis Potosí, Ciudad de México, Bogotá, Quito, Madrid y íntimamente, Yunab, Shanghái y Beijing, China). El padre de Atax y de Ulises. El hijo de Florencio e Isa. El esposo de Susana. Creo que eso soy.

Llevas más de 40 años dedicado a versificar la vida, contabilizas galardones nacionales e internacionales, en ese sentido: crees que con la poesía es posible derribar fronteras.

Las fronteras que puede derribar la poesía, sobre todo la actual, tiene que ver con el idioma. Obviamente la poesía no evita una guerra, no evita, digamos, todos esos conflictos mundiales, que se viven, pero sí tiene una función, que varía de país en país, por ejemplo en China la poesía tiene una función didáctica, una función educativa, porque tiene que ver con el desarrollo de su civilización, con el desarrollo de su cultura. Pero me parece que la poesía sigue siendo como dijo un poeta: un arma cargada de futuro. Sigue siendo un espacio generoso o por lo menos que presta esa posibilidad. 

¿Cómo percibes la evolución de tu lenguaje poético?

Justamente de encontrar un grado de conciencia. Pienso en el poeta de 20 años que tenía muchos sueños y que se quería comer el mundo, pero no tenía ni el lenguaje, ni las lecturas ni la experiencia de vida que dan justamente los viajes, la vida misma y las lecturas para entenderla (a la poesía). Es decir, tal vez tenga más interrogantes respecto a hacia dónde nos lleva la poesía y qué podemos esperar de ella y qué podemos darle, pero ha habido una evolución del lenguaje, supongo que, para bien, en el sentido de que uno se va haciendo cada vez más transparente. Siento que es mi caso: me he vuelto más directo. 

Actualmente vivimos en un mundo en donde todo, aparentemente, debe tener una funcionalidad, y el oficio del poeta es uno que ha sido cuestionado porque se piensa que nadie se levanta un día y dice “necesito un poema”, pero más allá de que tenga una función, para ti ¿Por qué la poesía es esencial para la humanidad?

Es importante para la humanidad cuando la poesía no va sola, es decir cuando aprendemos a entenderla como un eslabón, no solamente con otras artes, sino como un vínculo o un vaso comunicante con los mismos problemas sociales, en ese sentido, la poesía puede convertirse en algo necesario o importante para las sociedades de una manera más amplia. Pero eso también tiene que ver con la preocupación que puedan tener y todo lo que se pueda hacer en temas como el arte y la cultura por parte de la sociedad misma, los organismos y de las políticas culturales que se hacen en el mundo. Si un país les da importancia a las artes de una manera más ambiciosa, ese país va a cambiar, esa posibilidad es real pero tiene que ver con otros índices de cooperación y de vinculación y no la poesía en sí misma, porque también puede ser como un animal solitario y desdichado en busca de mantener un vínculo con las otras artes o con la sociedad misma para no quedarse como algo inútil, sino tener un papel más activo. También depende mucho de los poetas y del desarrollo de las comunidades y de las sociedades mismas. 

Hoy en día vivimos cambios tecnológicos acelerados, un ejemplo son las inteligencias artificiales que, entre sus bondades, está el hecho de con instrucciones precisas puedes generar un escrito creativo, entorno a eso le pregunto ¿Puede una inteligencia artificial escribir poesía? 

Puede el ser humano, las empresas u organismos hacer que la inteligencia artificial cree poemas, que los escriba y los difunda de una manera más veloz porque estamos hablando de máquinas poderosas, pero también está el tema de la inteligencia emocional del pensamiento crítico. Con esos temas podemos asumir a la inteligencia artificial como un gran paso del ser humano, pero que no lo sustituye, sino que más bien le facilita ciertas tareas. En el caso de la poesía los chinos han hecho experimentos de pedirle a un robot que escriba un poema, o experimentos de pedirle a una IA que haga un poema como Alejandra Pizarnik, como Pablo Neruda o como Octavio Paz y lo que pasa es que lo hace, pero no con el resultado que requiere un buen lector. Yo mismo hice ese experimento en mi tesis doctoral que hablé sobre el aforismo. Puse a la inteligencia artificial a redactar aforismos y el resultado es muy pobre porque lo que hace es: frases exitosas, frases de superación personal, (en general) frases muy limitadas en términos del lenguaje, en términos del pensamiento. Pero si tú le pides a la IA que te haga una lista de las mejores aforistas mujeres y de los mejores aforistas hombres en el mundo, te la hace y es confiable, ya nada más la puedes cotejar o mejorar, pero digamos que eso quiere decir que sí tiene un beneficio. Pero en la poesía no hay ningún sentido para el poeta poner a una IA a crear esos poemas porque entonces se perdería la esencia del poema y el poeta entraría en una especie de acantilado, o sería como lanzarse al vacío y estar frente a una página en blanco infinita. Puede ser que le traiga satisfacciones y que publique esos poemas en muchas partes, pero, lo seguro, es que se pierde la esencia del poema. 

Riégalo a diario. / Llegado el día cortaremos su fruto/ amargo, dulce o con espinas. / No hay nadie que retire tus versos/ del tráfico de sueños. / Afila tus tijeras de podar:/ algo nacerá hoy aunque no llueva, escribes en tu poema Instrucciones para dar mantenimiento al árbol de los poemas. ¿Qué frutos se pueden arrancar hoy del árbol poético de Margarito Cuéllar?

Justamente esa es una especie de poética en mi obra, porque la poesía es algo que tú siembras, pero para sembrar tienes que trabajar la tierra, ese término es un metáfora que se traduce a si quieres ser poeta tienes que prepararte, tienes que leer, tienes que romper la tradición, tienes que vincularte con otros poetas y con otras poética y además para que crezca algo tienes que abonarlo, tienes que tener pasión por lo que estás haciendo y simplemente tener ese cultivo y ese crecimiento para que pueda tener un fruto. Es como un desafío, porque te vas a encontrar con condiciones naturales, o provocadas, que son dañinas para el árbol de la poesía, una de ellas puede ser el silencio o la invisibilidad, por parte, tal vez, de tu propio país, que de pronto, en muchas partes, el poeta es un ser invisible. Y digamos que por esas situaciones al árbol de los poemas le puede caer plaga, pero llueva o no llueva, si te asumes poeta, tienes que hacer que el árbol de la poesía dé frutos. 

María Vigné y el poder social de la acuarela: una entrevista a la emergente artista lagunera

Alguna vez la escritora Clarice Lispector escribió: "Quiero reinventarme. Y para eso tengo que abdicar de toda mi obra y comenzar humildemente, sin endiosamientos. Un comienzo en el que no haya residuos de ningún hábito, tic o habilidad".

Eso, precisamente, fue lo que hizo María Vigné, artista lagunera que, con un pincel ya entrenado, decidió regresar al origen. Un embarazo la llevó a desaprender técnicas que de cierta manera dominaba, sólo para experimentar el arte desde otro ángulo. 

Mientras “Sami”, su hija, se gestaba, la sentencia médica fue clara: tenía que alejarse de todo solvente tóxico. No al óleo, no al acrílico. Le quedaba una opción, no era la favorita, pero era la que se llevaba mejor con su embarazo: la acuarela. 

Curiosamente mientras “Sami” crecía rodeada de agua, María Vigné también mantenía un diálogo con ese líquido vital, debido a que se trata de un elemento esencial dentro de la técnica de la acuarela. Así, la artista, la mujer, y la madre primeriza, emprendió un periplo acuoso y poderoso en el que ha encontrado su voz creativa. A la vista, sus lienzos invitan a dialogar con la maternidad, pero también con la naturaleza y con la esencia de la vida cotidiana. 

El camino de María Vigné

Desde temprana edad María Vigné conectó con el arte, ha experimentado en varias ramas, estilos y técnicas. Hizo carrera en Saltillo y luego migró a Oaxaca, pero al igual que en su arte, también ella retornó al origen, a su tierra. Hoy, parte de su trabajo se expone en la Galería de Arte Contemporáneo del Teatro Isauro Martínez (TIM), en Torreón, Coahuila.

Junto con Patricia Hernández y Ana Cuevas, la artista lagunera es parte de la exposición “Historias no contadas”, una muestra que ejemplifica el trabajo artístico femenino contemporáneo. 

En el caso de Vigné, sobresale el uso de la luz y su maestría en la acuarela, una técnica con la que este año ganó el Primer Concurso Nacional de Oaxaca en Acuarela, así como el primer lugar en el Festival Internacional de Acuarela “Ríos de Color”, con un retrato que hizo en el momento.

El verbo desaprender sin duda cobra relevancia en el trabajo de esta artista de 34 años, pues el esfuerzo consciente de abandonar los patrones conocidos la llevan a fusionar con otras disciplinas, por ejemplo con el periodismo, oficio que la destierra de su zona de confort intelectual para abrirse a nuevas maneras de narrar lo que nos acontece. 

Publicación donde colaboró María Vigné con imágenes en acuarela digitalizadas.

Es jueves y van a dar las 12 del mediodía y la artista está por concluir la clase que imparte en el Taller de Artes Plásticas del TIM que recientemente tomó en sus manos y que atiende las inquietudes artísticas de los habitantes de La Laguna. 

Los alumnos presentes están atentos a sus consejos, “que bonita sombra lograste aquí” elogia la maestra del cuadro de un hombre mayor, quien responde al comentario con una sonrisa. Llega el momento en que los lienzos se guardan, sólo para retomarlos hasta la cátedra siguiente. 

La entrevista María Vigné

María Vigné está lista para la entrevista que se pactó un día antes para hablar de su técnica, carrera y proyectos futuros. La atmósfera de la charla es la galería que actualmente contiene sus cuadros, lienzos que representan su reinvención desde la acuarela. 

Entre la diversidad de técnicas que dominas hoy estás bajo el amparo de la acuarela, para ti cuál es la magia que experimentas y las bondades que te brinda este método artístico.

A la acuarela llegué por Sami (mi hija). Siempre he sido retratista. Desde que empecé a estudiar en Saltillo tuve una inclinación por el retrato, pero, casi todos (los retratos), los hacían en óleo y muy pocos en acrílico; también soy escultora, y la acuarela no me gustaba hasta que me embaracé y me quitaron todos los solventes, todo lo tóxico y empecé con el acrílico, pero el acrílico y yo la verdad no nos llevamos muy bien. Ahí fue cuando descubrí la acuarela, y fue como un volver a empezar, porque todo lo que sabía sobre pintura, en la acuarela no aplica.

Tienes que resetear tu mente para entrar en el mundo de la acuarela, porque trabajas, para empezar, desde la luz. En la acuarela tienes que reservar tus blancos en el papel, el blanco es tu papel, entonces, si tú pierdes tus blancos ya perdiste todo. Tienes que pensar, de antemano, como quieres que se vea el final y a partir de ahí empezar a construir. Un buen acuarelista es como un alquimista o un mago […] en la acuarela tienes que aprender a dialogar con el agua. Tienes que tener una comunicación y estar bien presente porque el agua va a ser la mancha, el agua va a fundir los colores, el agua va a hacer todas las cosas. Tienes que entender cómo funciona el agua. 

¿Te reconoces acuarelista?

Sí, (aunque) hago otras cosas, por ejemplo, ahorita experimentó con tinta acrílica. 

Observo a la acuarela como una técnica bondadosa que no necesita recursos excesivos. Pero más allá de los materiales, para ti ¿cuál es el elemento esencial de esta técnica? 

El agua y un buen papel. Cuando tienes un buen papel, que normalmente yo trabajo con 100% algodón, te permite trabajar la acuarela. Si tú lo mojas es como si mojarras un suéter de algodón y tarda un chorro en secarse, entonces se hacen efectos muy bonitos porque está fresco, cuando tienes un papel malo, se seca de volada y no alcanzas a hacer nada, por eso el papel es fundamental, pero el agua es lo principal, aunque también debes tener mucha concentración.

La verdad, como dices, la acuarela no necesita de mucho porque la puedes llevar a donde quieras, es decir, no necesitas un caballete, no necesitas estar enjuagando pinceles, es muy práctica y muy rápida a comparación de otras técnicas como el óleo. Un cuadro en acuarela lo puedes terminar en la mitad de tiempo dependiendo de lo que quieras. Sin embargo, te exige estar más presente que en el óleo, porque con esa técnica (en el óleo) si la riegas, lo cubres o lo disimulas o lo pintas de nuevo de blanco y en la acuarela no hay retorno. 

Para algunos la acuarela es la entrada perfecta a la pintura, pero también es técnicamente desafiante y difícil de dominar. ¿Qué me puedes comentar al respecto? 

Sí, es muy difícil. Un buen acuarelista es alguien que visualiza cómo se verá algo antes de hacerlo. Necesitas tener esa mentalidad, casi matemática, de estar haciendo las operaciones en tu cabeza, para a la hora de bajarlo al papel ya sepas qué va a pasar. Existen formas muy lindas de comenzar con la acuarela que no necesita de grandes planeaciones.

Yo doy un taller de flores básicas donde no necesitas saber pintar, no necesitas saber dibujar, sino con el puro pincel vas haciendo las formas. Es como un entrenamiento de caligrafía, no de estar viendo cómo se comporta tu pincel porque normalmente estamos acostumbrados a hacer un círculo y rellenar el círculo, pero cuando enseñamos esas flores, es trabajar con el mismo pincel, hacer la forma sin tener que trazar y rellenar, y de ahí puedes empezar a ver cómo se comporta el agua, desde un lugar que no te exige grandes retos.

maría vigné

Consciente o inconsciente, cuáles crees que son los colores que no pueden faltar en tu paleta y por qué. 

Yo pinto siempre con paletas reducidas. Aunque en el papel se ven muy variados yo uso tres o cuatro colores y con eso saco toda la gama que necesito. Dependiendo de los colores que quiera sacar uso un amarillo puede ser el ocre o uno medio, un rojo, casi siempre es alizarina, un rojo rosáceo y un azul que casi siempre es ultramar, a menos de que quiera algo más punch es un turquesa, y con esos tres.

A veces siena tostada, de echo, me gusta mucho esa combinación en acuarela: siena tostada con azul ultramar te da un gris y si lo haces muy concentrado te da un negro, yo no uso negro, no me gusta, porque siento que te mata todos lo colores. 

En qué temas se interesa el pincel de María Vigné

Rostros, figura humana y naturaleza. Lo principal son los rostros porque parte de mi trabajo son retratos por encargo y retratos de pintura en vivo en los eventos. Los rostros son mi tema principal, pero ahorita trato de insertar esos rostros con la naturaleza. Lo que busco personalmente es lo que hago en la pintura. Porque antes mis rostros eran con fondos muy estáticos o el clásico de la fotografía que le pones el café atrás o el negro, como descontextualizados, por así decir. Ahora estoy buscando regresarlos a un ambiente natural, y hacer una reconexión con la naturaleza.

"Quiero conmover a las personas con mi arte. Quiero que digan: Él siente profundamente, Él siente tiernamente", pronunció Van Gogh, artista que también experimentó con acuarela. En tu caso ¿qué es lo que buscas promover con tu propuesta artística? 

Primero es una búsqueda interna para luego transmitirla. Porque muchas veces siento que estamos buscando cosas, pero no las sabemos poner en palabras o visualmente. Necesitamos un sentimiento y a veces viene a través de la pintura, a través de juntar dos cosas que no contábamos. Entonces sí puedo ayudar o apoyar visualmente a la búsqueda de otros está padre, eso con mi obra personal. 

Observo que tu trabajo no sólo queda en el estudio o en las galerías, también se fusiona con otras disciplinas como el periodismo. Recientemente fuiste parte de una actividad, en la que en referencia a un reportaje de investigación que habla sobre el parto humanizado, tú y otras artistas realizaron pinturas. 

Está padre hacer los puentes entre disciplinas. También hace un par de años hice ilustraciones para un reportaje en Oaxaca sobre feminicidios. Me tocó retratar a las víctimas, entonces fue un proceso súper fuerte, pero creo que ayuda o apoya, porque cuando ves una foto a lo mejor la pasas, pero cuando ves la pintura a lo mejor te retiene un poquito más. Siento que, con la pintura basadas en imágenes tan fuertes, en fotos tan fuertes se puede lograr un toque poético y que se vea un poco más humano. También he trabajado con Fundación Simi en la cuestión de biodiversidad, tengo un mural con ellos sobre biodiversidad. Para mí la pintura se pone al servicio para hacer estas conexiones. Sobre el reportaje que mencionas, estuvo muy padre porque nos juntamos puras mamás pintoras de Torreón, […] nos juntamos Paty Santiago, Teté Zarzar, Ana López Anaya y yo, a repensar desde el ser mamás y observar a la pintura como un medio para retratar las situaciones que habíamos vivido cada quien desde sus partos. Estuvo muy padre porque no se trataba de hacer una imagen colectiva, como un mural, sino más bien, todas nos movíamos cada cierto tiempo a completar las obras de las otras. 

maría vigné con sus cuadros

Para ti cuál es la importancia de que disciplinas que pareciera no tener nada que ver, se fusionan para generar un discurso. 

Nos ayuda a abrir nuestras perspectivas de los temas. A veces cuando no entiendes un tema, por ejemplo, estás en una investigación y no entiendes el tema de esa forma, a lo mejor si lo retomas desde otro ángulo desde otra disciplina, te abre la mente hacia entenderlo mejor, a racionalizarlo o procesarlo de otras formas, entonces, sí creo que lo interdisciplinario ayuda a no ver las cosas tan cuadradas.

El arte de pintar, también es comunicar, en este sentido cuál es la función social que percibes en tu obra. 

Es un poco como la música, cuando escuchas algo que te conecta, pues sientes algo que se está moviendo en ti y yo creo que una buena pintura también te mueve por dentro. Entonces fuera de poner imágenes que sean muy obvias siento que puede haber un disfrute y puede haber un momento de conexión a través de la pintura. 

¿Cuál es el don principal del arte?

Hay muchos dones dentro del arte. De entrada, no está inserto en el sistema capitalista de producción, además en mis clases veo que el pintar o el gusto por pintar hace comunidad. E individualmente yo sí lo veo como terapia, de hecho, por eso me terminé dedicando al arte y no la gestión, porque al final del día, después de la maternidad, la carga laboral y el no dormir, si no pintaba me ponía bien loca. Para mí es una terapia, los días que pinto todo está bien. Es como una meditación activa.

Por último, cómo resumirías tu propuesta artística en tres palabras.  

Lo más importante para mí sería luz, agua y fluidez. Siento que mi pintura no está contenida, más bien es como expansiva.

Gilberto Prado Galán y su mapa del libro humano

El pasado 21 de octubre de 2022 falleció el escritor lagunero Gilberto Prado Galán. Su obra dejó un legado imborrable en la joven historia de los creadores regionales. Mapa del libro humano es un elemento valioso de su enorme acervo.

Hay libros que por su excentricidad no llaman tanto la atención; sus  títulos, sus temáticas y sus formatos los hacen merecedores a un prejuicio que los puede sepultar inmediatamente en las librerías de viejo más inhóspitas y escondidas de una ciudad.

El mapa diseñado por Gilberto Prado Galán

Gilberto Prado Galán, brillante ensayista y palindromista lagunero, conocido por su peculiar habilidad por armar frases y palabras que se leen igual al derecho y al revés, fue el mentor de este pequeño libro de 164 páginas que llamó célebremente mi atención por un reciente interés que he tenido en conocer de manera básica el funcionamiento de nuestro cuerpo.

¿Por qué no tomé un libro de texto de medicina o de endocrinología o, aunque sea de biología? Porque el tedio y los tecnicismos y mi pereza mental no podrían resistir a esos mastodontes cargados de información y de complicados laberintos lingüísticos.

A partir de una reseña que encontré en el blog de Jaime Muñoz Vargas, que por cierto fue el anzuelo que me motivó a abrir las páginas de este libro, entendí que la poesía puede estar presente en cualquier momento y lugar, supe que “esternocleidomastoideo” es la prueba de que el tamaño en las palabras no importa, porque éstas tienen la habilidad de monopolizar el mundo con el monosilábico “no”, o hasta anunciar la muerte en vida con el dolor de ese músculo.

Muñoz Vargas dice en su reseña: “Prado Galán, fascinado desde siempre por el funcionamiento de la máquina, suma con éste, pues, dos aproximaciones a la fachada y a los interiores de la criatura que somos. Las ha cristalizado, como ya dije, desde una perspectiva literaria, irrenunciablemente poética, sin descuidar el fondo de conocimiento profundo que caracteriza a los ensayistas de mejor cuna.”

Creo que mejor no se puede describir lo que Mapa del libro humano representa. Prado Galán presume su impecable habilidad para hacer de algo complejo y rebuscado algo poético y rico en conocimiento, hace sentir especial al lector al revelarle secretos del cuerpo que por más obvios que parezcan muy pocos se dan el tiempo de analizar.

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Te dice que los huesos impares del cuerpo son muy pocos pero que su importancia es tal que protegen a órganos imprescindibles como el cerebro, el corazón y los pulmones. Te anuncia con suma elegancia que nadie en occidente nota a las axilas como una zona erógena que motive a ser besada y olfateada con intenciones pre coitales, te afirma que las mismas mujeres occidentales se desprenden con total sadismo de jardinero el pelambre asentado en esta infravalorada área corporal porque corrompe los principios elementales de belleza y higiene.

“Caminamos a favor del lado donde tenemos la cara. Esto significa que, desde la perspectiva anatómica, estamos puestos en el mundo para enfrentar las cosas, para encararlas”.

La herencia de Gilberto Prado Galán

Gilberto Prado Galán, con este libro, encaró a la ciencia y la retomó con poesía y con encanto y con una clase de altura medieval. Construyó una serie de ensayos claros, atestados de bibliografía relacionada con enormes poetas como Miguel de Unamuno y de relevantes científicos como Camilo Golgi. Demostró la razón por la que, alguna vez, ganó un premio en el que el jurado estaba conformado por Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Eduardo Galeano.

Mapa del libro humano es un texto de valor histórico que merece ser leído y olfateado para entender que la anatomía también puede ser poética sin dejar el formalismo y la complejidad de su ciencia.

Crónica: la Coyote Art Week, un exitoso viaje multisensorial

Llegué al Hotel Galicia con mi cámara y ganas de criticar, la neta, porque todo lo del arte es así, una excusa para sacar a relucir mi esnobismo culposo. Fui el viernes de la Coyote Art Week y honestamente salí contento, satisfecho y con nada más que halagos.

Debo decir que primero estaba prejuicioso, porque de entrada "Coyote Art Week", así en inglés, activó mi sentido antimamador. Ha de ser otra propuesta pretenciosa, pensé. Ag. "El arte" desde el privilegio; eso que entiendo como un bien humano, como otra versión no escrita para contar historias, perspectivas, para transmitir y conmover, ensuciada por una indisposición conceptual, lejos del entendimiento y la economía popular.

Me decidí a ir porque durante la semana un montón de personas empezó a presumir su visita, asegurando que estaba interesante. Pues bueno.

El picadero que solía ser el Hotel Galicia estaba bien arreglado, limpio y resanado de algunas partes. Alcancé a notar un techo parchado con cartón justo encima de la barra que en sus tiempos mozos parece haber sido la recepción.

Compré cerveza antes de pasear por los cuartos donde se montaron las exposiciones. Atendieron bien, amable. Pedí una bebida de fresón, Amstel Ultra, y luego subí las escaleras para impresionarme con el hermoso vitral que adorna el rellano y entré al segundo piso.

Había mucho, mucho arte la noche del viernes en la Coyote Art Week, allá en el hotel de la calle Cepeda, frente a la Plaza de Armas torreonense. El recorrido incluyó lo que calculo son más de 30 cuartos, estos alojaban obras multidisciplinarias dentro del arte plástico: conceptuales, figurativas, hiperrealistas.

Mientras, sonaba la música de lo que fue una vez el área común del lugar, en el primer piso: electrónica, house, experimental; las paredes que en una época vieron a representantes del Cine de oro Mexicano desayunar en aquel espacio a cielo abierto y en otra vieron a zombis naufragar al lerdo ritmo que ofrece el crack, hoy veían a un grupo de jóvenes mayormente decentes mover el esqueleto, hipnotizados por los DJ, las Amstel Ultra y hondos toques de mariguana.

La exposición del Coyote Art Week

Hablemos de la expo. Tomé fotos a todo lo que vi porque esta es la parte que facilita mi trabajo cuando hay que reseñar un evento que entra por los ojos. 

Fuera de los precios exorbitantes de algunas obras, la pretensión no protagonizó el paseo. Ni siquiera las propuestas conceptuales, las cuales se absorben bien porque aterrizan en representaciones que conocemos.

Esta, por ejemplo, un montón de telas sin planchar: sábanas, toallas, fundas; colgadas como carne, pero todas arrejuntadas en medio del cuarto mientras un proyector reproduce escenas íntimas sobre el desmadre central. La imagen se descompone por todos los relieves de las telas y apenas alcanza uno a percibir un pezón, un cuarto, brazos, nalgas, rostros.

coyote art week
Exposición del Coyote Art Week en el Hotel Galicia.

No la percibí pretenciosa porque se parece mucho a lo que uno vive. Recuerda al desastre de un cuarto imperfecto como todos lo conocemos y nos evoca algo instintivamente, sin que haya que explicarse: una cercanía íntima y cotidiana, un acto sexual, una escena amorosa que, en su estado natural, es así, sin planchar, desordenada.

Lo mismo con otro, jugando con las luces y los animales. Optó por un espectáculo visual, pero nada tan ensimismado. Alacranes, cuerpos, calacas, gatos y una exhibición epiléptica para darnos un toque del peyote que se echó el autor o autora en Real de Catorce. 

Obra expuesta en el coyote art week
Proyección y arte plástico en una de las paredes del hotel. Una asistente a la vista.

Además, en frente de la proyección colorida se dibujó a este personaje rústico en blanco y negro que observa con reniego. En su sombrero lleva insignias documentales y al parecer refieren un asesinato. Algún personaje será, pero no lo pude encontrar.

obra coyote art week
Las inscripciones en el sombrero del hombre presuponen un caso en particular, o la representación de algún asesinato.

Subiendo la escalera del Galicia hacia la derecha y luego al fondo a la izquierda estaba la sección de arte plástico que más disfruté. Me gustaron los bien pensados trazos al óleo en lienzo y cartón. El concepto es claro y humano, por eso me gustó.

Aquí la muestro:

El único autor que conocí de toda la expo fue al argentino de trenzas que se hace llamar Gurí. “Gurí significa niño”, me dijo en un acento argentino no tan marcado porque no era de Buenos Aires, si no del municipio de Gualeguaychú, Argentina. Él pintó al gran coyote del segundo cuarto que visité y ahora muestro.

Obra de Gurí
Obra de Gurí en el Coyote Art Week

Gurí es un muralista y artista plástico de talla mundial, como seguramente fueron otros y otras que ahí expusieron, y no es poca cosa que hayan estado en Torreón y haberlos visto exponerse en la ciudad, que además ese viernes peregrinaba a un costado del Hotel Galicia, abonando a la mezcolanza de expresiones culturales.

coyote art week peregrinaciones
Peregrinaciones a las afueras del Hotel Galicia.

Mencioné las obras que me han conmovido y sin duda fueron más, pero no las he podido describir todas, sólo aquellas que me sirven para describir el panorama de la Coyote Art Week de la semana pasada.

Luego de este párrafo dejaré una galería más del resto y, posteriormente, hablaré de mi exposición favorita, localizada en uno de los cuartos del ala noroeste del Hotel Galicia, un espacio que ha sido resaltado por luces y adornos rojos. Esto, en representación a la zona roja, o la zona de tolerancia, que una vez hubo en Torreón y que aquí se documentó.

Miss Fierce y la zona roja

Estando ahí, en uno de los cuartos rojos, me senté sobre una sillita y busqué a Miss Fierce en Instagram, le escribí para felicitarla.

"Hola Gera!!! Mil gracias que lindo! ❤️❤️", contestó la artista.

Su nombre lo encontré escrito en carboncillo en un papel que llevaba un dibujo figurativo con ese material. Cuando lo tomé, me manché de carbón los dedos. “Miss Fierce”, firmaban los dibujos y por eso la busqué.

El espacio parecía el cuarto de un personaje interesante, como de esos que salen en las series detectivescas. Con su performance visual, la autora me adentró en una ficción instantánea y, al dejar que me llevara por breves minutos, el contexto de la exposición, la Coyote Art Week y la comunidad de fiesteros, se esfumó, fue entonces cuando logré imaginar y sentir una historia, lo cual pienso que deben entregar las buenas obras de arte.

Descripción gráfica del espacio: luego de entrar, a la derecha, están empotradas en una pared cabezas de unicel portando pelucas variadas: güeras, pelirojas, castañas. Siguiendo la vista en 360 grados, aparece un baño sin puerta, la entrada está cercada por cuatro o cinco veladoras que fácilmente puedes saltar, adentro, el área de la regadera lleva una cortina hecha con tiras de plástico azules y blancas y cabezas de bebés; pasando el baño hay un armario donde se cuelgan vestidos de noche; luego, tres tocadores de madera con sus sillas y un dibujo al carboncillo por mesa; enseguida en aquél cuarto de hotel de 10 metros cuadrados, aparece un armario con más pelucas, vestidos y cosméticos; después, hay una mesa de noche con periódicos cuyo encabezado menciona a Carlos Román Cepeda González, ex alcalde, la noticia refiere algo sobre el cierre de la zona de tolerancia durante su trienio. Al final, casi de vuelta a la entrada, hay un payaso.

payaso coyote art week
Payaso en la pared del cuarto rojo.

Esta exposición en particular abarcaba un pedazo más en otro cuarto, el de enfrente, este compartía el espacio con la  barra de alcoholes que se acomodó en el segundo piso del hotel. En esta área había barriles de petróleo que funcionaban como sillas, fotografías y un montón de páginas de periódico pegados en la pared, esta segunda escenografía digamos, daba cierre a la idea completa de esta expresión artística que documentó, recordó y de alguna manera opinó sobre esa época en que Cepeda González terminó con la zona de tolerancia en enero de 1992. Tapándole un ojo al macho (literal) durante el pique de la epidemia del VIH y la terrible discriminación y violencia que sufrían las trabajadoras sexuales cis y trans en los noventas.

Salí del Hotel Galicia a las dos de la mañana con la idea de escribir mi experiencia. Coyote Art Week, pensé: “sigue sonando mamador, pero la pasé bien”. En cierta medida fue como su propia obra plástica. Con la música hipnotizante, los pasillos del viejo edificio español, el arte surtido, la experiencia a buen precio y aquella rojiza expo, se cocinó un viaje multisensorial y honestamente quedó de buen sabor, dejando el firme deseo de que hubiera más para comer. Una cada seis meses, de perdido.

entrada a la exposición sobre la zona roja en la coyote week fest
Vestíbulo que da a los dos cuartos que se mencionan y a un balcón, al fondo.

Se presentará libro de Bun Alonso en El Astillero Librería

El próximo viernes 30 de septiembre, a las 7 de la tarde, se presenta el poemario Le nacimos como lunar al mundo, de Bun Alonso, en El Astillero Librería.

El poemario se trata del primer libro del lagunero Bun Alonso. El libro está editado por Buenos Aires Poetry, editorial avecindada en Argentina. 

Le nacimos como lunar al mundo pertenece a la colección llamada Pippa Passes, que se enfoca en la publicación de autores de México, Argentina, Chile, España, Colombia, Perú y Ecuador. 

Se trata de un poemario polifónico, donde confluyen personajes que ponen a prueba sus vínculos con su tierra de origen, con sus ancestros y con los pasajes que traen a su memoria la infancia. 

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Bun Alonso nació en Gómez Palacio, Durango. Es periodista freelance. Ganó el Premio Estatal de Periodismo Coahuila, 2015 en género Crónica. Se dedica, además, a la publicidad y el marketing. Es coordinador editorial en el sitio de periodismo independente Heridas Abiertas. 

Los comentarios de la presentación estarán a cargo del escritor Daniel Maldonado y del periodista Luis Alberto López.

El Astillero Librería se encuentra en avenida Morelos 559 pte, en el centro de Torreón, Coahuila, a cuadra y media de Plaza Mayor, entre Leona Vicario e Ildefonso Fuentes.

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Gabino llegó a Torreón hace 18 años y hoy es el primer artista rarámuri que expondrá en la Casa de Cantera

Gabino González es un joven artista rarámuri que salió de su natal Wichaochi, en el municipio de Carichi, Chihuahua para venir a Torreón cuando era un adolescente de 14 años. No sabía hablar español, como muchas personas de origen indígena que residen en la ciudad. Sin embargo, 18 años después, Gabino expondrá su primera serie de 30 pinturas en el centro cultural conocido como la Casa de Cantera el 30 de agosto 2022.

Para dar a conocer la exposición “Ga Wi Wichimoba”, Gabino González y su maestra de arte y artista plástica, Olivia González Zamarrón, citaron a medios de comunicación en el salón principal del Centro Cultural Casa del Artista Colón (CACTO), edificio también conocido como Casa de Cantera, donde se otorgaron entrevistas individuales.

Allí, Gabino trabajaba sobre una mesa larga, concentrado en sus pinceladas. Llevaba un paliacate morado amarrado en la frente y portaba una túnica blanca y larga, de manta, típica de la cultura rarámuri, empapada de colores por sus labores artísticas con el acrílico.

En ese momento, el artista rarámuri pintaba la treintava obra de todas las pinturas que expondrá. Aún sin nombre, esa pieza mostraba en el lienzo de cartón un paisaje coloreado con tonos naranjas y amarillos. Según describió, era el atardecer en la sierra de Chihuahua.

obra que pintaba artista rarámuri

Gabino, artista rarámuri, dando pinceladas a una de las obras que expondrá.

Ese es el tono de la obra de Gabino titulada “Ga Wi Wichimoba” que se compondrá de 30 pinturas hechas en su mayoría con acrílico sobre cartón y algunas en óleo sobre cartón entelado.

Wichimoba significa “naturaleza” en lengua rarámuri y, además de eso, según relata el artista chihuahuense, también es su apellido, ya que su nombre natal es Rejoy Wichimoba.

Gabino, como se identifica ante los chabochis (mestizos), llegó a Torreón hace más de tres lustros cuando apenas contaba con 14 años. Por razones personales decidió migrar de Guachochi tan joven y desde entonces va y viene entre la sierra y esta ciudad.

En Torreón, Gabino encontró una estabilidad para comercializar las artesanías típicas de su origen y varias áreas de oportunidad para desempeñar sus talentos.

Con el paso del tiempo, la curiosidad innata de Gabino le llevó a perfeccionar su español, a estudiar por su cuenta y a conocer personas que le ayudaran a lograr sus objetivos, siempre con la conciencia y el amor que le tiene a sus orígenes indígenas.

En este camino conoció al también artista plástico y “monero” del Siglo de Torreón, Eduardo “Guayo” Valenzuela. Por medio de su amistad con este reconocido personaje del arte y el periodismo lagunero, fue que conoció a su actual maestra, Olivia González.

Gabino llegó solo a mi estudio a preguntar por clases de dibujo y de pintura. Al principio estaba un poco tímido. Bastante estresado, porque era un grupo de 14 alumnos. Estaba un poco inhibido, pero conforme fueron pasando las semanas con las clases de dibujo Gabino fue relajándose”, relata la artista Olivia González.

Por su parte, Gabino menciona que esa primera etapa fue complicada para él porque había muchas cosas que no comprendía.

De hecho, al principio, cuando yo llego a donde estaba dando clase Olivia, pues no sabía nada de español. Se me dificultaba mucho porque algunas palabras no las entendía y más aparte, pues siendo yo rarámuri no estaba acostumbrado al español y menos la técnica del dibujo y todo eso”, dijo en entrevista.

Me acuerdo que, al principio, cuando empezamos, yo no lo entendía porque decían ‘vamos a dibujar, pero hablado’ y yo no entendía eso”, explica el artista rarámuri.

Después comprendió que el dibujo hablado es una técnica de aprendizaje mediante la cual, quien dibuja (u otra persona) recuerda una escena y trata de retratarla desde la memoria.

Gabino dice que lo primero que dibujó fue la sierra y a su familia.

obra del artista rarámuri gabino

Uno de los cuadros del artista rarámuri.

Wichimoba: Pintar la naturaleza

Gabino González asegura que a él le gusta plasmar la naturaleza que lo vio crecer y pintarla porque cuando la representa recuerda cómo es vivir en ella.

De niño siempre quise dibujar a los animales que veía, sus rasgos, su forma de caminar, su forma de andar en el mundo y en el campo. Conozco la sierra como es. Conozco el camino a donde anduve y al mismo tiempo, cuando cierro los ojos, recuerdo donde yo caminaba, los árboles cómo eran, el río, cómo corría el agua, cómo eran las piedras, los peces”, el artista aseguró que de eso se trata “Ga Wi Wichimoba”, de sus recuerdos de la infancia en Wichaochi, Carichi y otras localidades como Napuchi y Tehuerichi.

En esta región, un día normal se ve muy distinto a uno cómo se vive en Torreón, una zona urbana.

En su mayoría, se podría decir que en una vida cotidiana lo que haces es sembrar, limpiar las tierras, cosechar. En el mundo rarámuri siempre andan ocupados trabajando en cosas. Los niños cuidan chivas, llevan los animales a pastar o llevan agua del río”, explicó.

Como artista, Gabino González proyecta su laboriosa costumbre. Basta verlo con la túnica empapada de colores para saber que a él lo que le gusta es concentrarse y trabajar disciplinadamente.

Su maestra Olivia relata que el artista rarámuri, además de poseer esos dotes, le transmitió algo que captó de inmediato su interés por enseñarle.

Algo que aprendí de Gabino, y que me llenó el corazón, fue que, cuando él estaba inhibido y le dije ‘vamos a platicar’ y le pregunté por qué quieres aprender a dibujar. Él me contó que cuando era niño fue a unas cuevas en la sierra tarahumara y encontró unos dibujos muy antiguos, de otros hombres de hace muchos años.

Cuando me contó eso me dio mucha ternura e interés de trabajar con Gabino y enriquecernos mutuamente. Más porque era una persona que venía como limpia de prejuicios o vicios que pueden a veces adquirir algunas personas que empiezan a aprender a dibujar”, explicó la maestra.

Además, Olivia comentó que en las clases “Gabino logró conectar con el hemisferio derecho de una manera sorprendente y salió de él su parte más genuina de expresión gestual conectada con su alma, con su estado psicológico y con sus conocimientos acerca de la vida y que salen a través de los trazos”.

gabino y su maestra

Gabino y su maestra, Olivia González Zamarrón, en el pórtico de la Casa de Cantera.

Parteaguas del arte rarámuri en Coahuila

Coahuila es el estado con menor población indígena en todo el país con apenas el 0.3% de personas.

Gabino es un residente de Coahuila y, con tantos años en las calles de Torreón, es un lagunero como cualquier otro, excepto porque destaca por su origen y, como rarámuri, está siendo un parteaguas para otras personas de su comunidad, inclusive de otras etnias, haciendo saber que el camino del artista es para cualquiera que quiera seguirlo.

A la gente de mi comunidad le quiero decir que hay muchas ramas, que sí se puede, es cuestión de tener esa iniciativa uno mismo. En la sierra hay mucho talento, porque a veces he visto en la tierra, lo que dibujan los niños, he visto que dibujan a los animales y pienso que hay mucho talento".

De acuerdo a Adriana Vargas, del Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón, Gabino es el primer artista rarámuri que realiza una exposición en la reciente administración y es posible que sea el primero desde siempre, ya que la funcionaria con más de 20 años de experiencia en cultura asegura no recordar otra igual.

Wichimoba será expuesta a partir del 30 de agosto del 2022 y estará allí durante un mes. En el día de clausura, las expositoras Magdalena Montelongo, doctora en problemas de medio ambiente, María Eugenia de León, pedagoga, y la artista visual Olivia González Zamarrón, miembros de Eco Grupo Arte Natura A. C.,  darán lectura a textos sobre la naturaleza y la situación medioambiental que vivimos.

Los desechables

Por Alfredo Loera

Ahora estaba adentro de ese hueco, adentro de ese pequeño espacio, aislado de las cosas, de la luz; ahora estaba metido ahí, como dentro de sí, pero como afuera de todo; ahora estaba en esa especie de limbo ilógico y falso; de ese limbo diminuto, donde sólo su respiración cabía, y su cuerpo engarruñado, como si él mismo fuera una especie de pústula; ahora estaba ahí metido, respirando su propio olor, su propio sudor, su piel irritada al contacto con el forro sintético; sus pelos y cabellos cada vez más húmedos, su aliento cada vez más reseco. Ahora estaba ahí, metido con su propia mierda, de día y de noche, ya confundida con sus muslos y su sexo, que se percibía inservible entre la oscuridad, abajo, ahí donde después su ser se extendía hasta los pies descalzos, perdidos en la penumbra de esa pequeña cápsula del amontonamiento, donde él había permanecido ¿ya cuánto? ¿Dos días, tres días?, amarrado de las cuatro extremidades, encuerado como un pequeño lechón, al que se le tiene ahí para comerlo y cagarlo, para cagarlo.

Abría los ojos, los volvía abrir más, para encontrar en esa penumbra cuadrada, de uno por uno y medio, una salida; en esa oscuridad hecha por los hombres, en esa oscuridad perecedera, encerrada como él, con él, en la existencia de los hombres. Abría los ojos para distinguir algo que pudiera ayudarle a escapar de ese cuadrante de su cuerpo, ensombrecido a fuerza de madrazos y culatazos, a fuerza de patadas, amenazas, sonrisas y mentadas de madre; para salir de ahí, sin realmente saber para qué.

Abría más bien los ojos como una inercia; buscaba una salida, empujado por esa misma fuerza extraña, porque estando ahí adentro le llegaba la sensación de que de cualquier manera no tendría ningún caso escapar. ¿Para qué huir de ese hoyo lleno de sí mismo, de su cansancio de días, de esa imposibilidad para dormir? (creyó que sólo los animales y los hombres tienen esa facultad); ¿para qué salir si de pronto le parecía que él ya no era nada? Sólo una masa descoyuntada con cabeza, piernas y brazos; con pelos e intestinos. ¿Para qué salir si le parecía que ya nunca podría andar erguido en dos extremidades? Pensaba que de ahora en adelante sólo podría arrastrarse por el suelo, pero ya ni siquiera como una serpiente, ni como un gusano, sino como algo completamente nuevo, algo que la luz del mundo nunca habría visto.

Tal vez, por eso era necesario permanecer ahí en ese limbo, en esa oscuridad, donde los elementos se combinaban entre sí, para engendrar las cosas más atroces. Él ahora se sentía como una de esas cosas amorfas, sin cuerpo, pero con masa; sin sentidos, pero con sufrimiento, con conciencia de sí mismo.

Nunca había tenido tanta conciencia de sí mismo, no hasta que lo metieron ahí, no hasta que lo dejaron ahí, consigo, como en una especie de burla, en un intento por embriagarlo con sus propios eflujos; como si de esa manera ya comenzara a descomponerse, y a cada instante transcurrido estuviera más listo para la muerte. Pero no una muerte en la que se terminara con una vida, no una muerte en la que se liberara un espíritu, sino una muerte en la que el hombre se convertía dentro de la escala zoológica en desecho, ya ni siquiera en estiércol para la tierra, sino en erosión, pero ni siquiera eso, en vómito de tierra, en usurpación de los miembros que se acumulaban en las profundidades.

Y sin embargo, él estaba ahí, metido, pudriéndose ya, para ya nunca más andar, para ya nunca más entender el espacio; ahí en sí mismo, tratando de ver, de encontrar algo que le pudiera ayudar a escapar, por pura inercia.

Curiosamente, debía aprovechar la oscuridad para hacerlo, sólo en esa soledad cuadrada tenía el tiempo para hacerlo, esa especie de sensación de estar en movimiento aunque este fuera entre las deyecciones de su cuerpo y su respiración viciada. Sólo en las tinieblas le era posible buscar. Y por eso lo intentaba, porque en realidad no lo hacía. (Una cosa como la que él pensaba era, ya no sería capaz de llevar a cabo ninguna acción humana; entonces sólo era como si estuviera moviéndose en similitud con las aguas de un gran drenaje. De acá para allá, en corrientes internas que acarreaban toda clase de desperdicios). Intentar una salida de sí mismo ya no al mundo sino a otra naturaleza, a otro tipo de existencia que nada tuviera que ver con la humana. Sólo en ese encerramiento se sentía con tiempo para ello. Porque cuando abrían la oscuridad, lo que de este lado, en un mundo apócrifo, sería la cajuela, él o eso se sorprendía, y ya sin comprender la luz se paralizaba, le daba la sensación de no tener tiempo para moverse dentro de su cuerpo y observaba de nuevo las cosas que creía conocer en otra experiencia: veía como rostros de seres extraños, rostros que le sonreían desde lo alto, con miradas extraviadas en otras oscuridades, especie de fragmentos donde el tiempo ya también sin tiempo existía; donde los pensamientos se habían convertido en otras inercias, en otras repeticiones sucesivas e interminables, de palabras huecas, sin ya realmente significado.

Los observaba a los ojos, a esas semillas infértiles incrustadas en esas carnes y cráneos extrañamente presentes, como fantasmas o seres que habían usurpado sus cuerpos de los elementos, presencias que no tendrían coherencia con los elementos. Los observaba asustado y descubría cuán parecido era a lo que tenía en frente. Tan parecido que comprendía sus lenguajes vacíos, sus ademanes huecos. Tan parecido que de pronto también encontraba familiares sus voces. Tal vez por eso le daba la impresión de ya no poder moverse, porque recordaba en lo otro, su antigua condición de hombre. Y entonces era cuando podía escucharlos (sin saber cómo), que se fuera con ellos, que ya llevaba mucho ahí metido, que había chela, coca, lo que quisiera, que había morritas, para que se chingara una, dos, para que ya no estuviera ahí metido, que ya se saliera. Ya salte, escuchaba.

Le parecía que esos sonidos no eran palabras sino otra cosa, y sin embargo precisamente eso eran, palabras. Estúpidas palabras de hombres. Entonces la voz emanada de esas bocas lo confundía, porque así, al encontrarse con la temible voz del ser humano, se convencía más de que ya no sería capaz de salir de ahí; pero no porque no pudiera, eso justamente le pedían, sino porque lo encontraba inútil, absurdo, no porque no tuviera ningún sentido, sino porque así sólo confirmaba la estupidez de su existencia. El hecho de que pudiera caminar en dos extremidades era la confirmación más grande de la estupidez.

Y sin embargo, a pesar de todo, las palabras, esas incoherencias en sus bocas, siempre buscaban su respuesta; las palabras también emanaban por la suya, sin que él pudiera controlarlas. Palabras que dentro de ese lenguaje vacío expresaban intentos de persuasión: de que lo dejaran ir, de que éramos los mismos. Eso resultaba lo más contradictorio de todo lo que se escuchaba balbucear, que éramos los mismos. Los otros lo miraban sin verlo por la borrachera y lo encerraban otra vez en la penumbra y lo dejaban, con la presencia más repulsiva que pudiera acompañarlo, consigo mismo, para que “lo volviera a pensar”, pero aquí pensar ya no significaba más que algo desatinado.

Cuando lo volvían a encerrar era cuando a su conciencia regresaban imágenes de su antiguo estado, cuando se consideraba un hombre, un ser humano, un estudiante. Cuando recordaba sus ahora imbéciles planes de una supuesta vida completamente incomprensible con la realidad en la que se hallaba.

Apenas algunos días atrás había llegado a Monterrey. Aún en su conciencia recordaba cuando salió de los andenes de la central camionera, cuando vio a Juan, un amigo, cuando lo saludó.

—¿Qué pedo, cabrón? ¿Cómo estás? 

Había llegado a eso de las siete de la noche y estaba emocionado, porque iba a vivir por primera vez solo, sin sus padres, en un departamento con Juan, un viejo amigo de la secundaria, que ya algunos años tenía en Monterrey. Estaba emocionado porque había sido aceptado en la facultad de medicina de la Autónoma de Nuevo León; emocionado porque seguramente irían a tomarse unas chelas para festejar su arribo.

Salieron al estacionamiento y él echó la maleta en la cajuela del carro de Juanito, como él le decía; jamás creyó que en una hora él mismo estaría adentro de un espacio similar.

Subieron y con la música a todo volumen, tomaron una de las avenidas del centro. Hablaron de lo chido que era que estuviera en Monterrey, de lo bien que le iba a ir, ahora que había sido aceptado con los Tigres.

—El lunes te llevo, carnal, para que veas lo de las inscripciones —le dijo su compa—, pero por ahora hay que echarnos unas frías.

Él asintió alegre, en esa vida irreal, que nada tenía que ver con esta otra, en la que por primera vez conocía el interior de su ser, el olor de sus orines en las piernas.

Así estuvieron y Juan dijo que se las tomaran en el depa: cómo él sabía, el Barrio Antiguo ya estaba muerto.

—No hay pedo, mi Juanito —contestó él—, vamos al depa, será nuestra primera pedota.

Entonces, tomaron Ruiz Cortines.

A medio trayecto vieron que extrañamente había un tráiler atravesado en el bulevar. El tráfico que los acompañaba en los otros carriles se frenó al igual que ellos. Él se preguntó, como todos, por lo que había pasado, por lo que estaba pasando. Juanito comenzó a presionar el claxon, los otros conductores hicieron lo mismo. Después de mirar algunos segundos lo que estaba en frente, fue cuando se percataron de los hombres. No eran muchos, pero comenzaron a acercarse a los automóviles. Abrieron la puerta de su lado y lo sacaron. No opuso resistencia. Estaba confiado en que nada ocurriría. Pensó que se robarían los carros y nada más. Lo hicieron que corriera hacia el lado posterior del tráiler. No vio bien lo que los demás hacían, perdió de vista a Juan. Lo hicieron que se quitara la ropa y los zapatos. Lo apresuraron. Confundido, sin pensarlo, obedeció. Le sorprendía la contundencia de los rifles de asalto, que no dejaba de observar; luego, le dieron de madrazos y le amarraron las extremidades. No sintió dolor. Tampoco supo por qué se metió a la cajuela, a la oscuridad, donde las voces y los rostros le dijeron.

Después ruidos en el exterior. Él estaba calmado. Sintió que el carro se movía, pensó que ya pronto lo dejarían libre. Pero sólo se encontró consigo mismo, con esas tinieblas que lo contenían y que cada vez más le demostraron lo que en verdad era, lo que en verdad siempre había sido.

Ahora sólo quedaba esperar a que se pudriera, que poco a poco se convirtiera en una mancha de salitre; sin embargo, cada que abrían la cajuela y le preguntaban si quería un tequilita, era como si no le permitieran consumirse.

—Te vamos a pozolear —decían—, el comandante me dijo que te avisara.

Ahora él se percataba de su verdadera condición. ¿Para qué tomar ya una cerveza o un tequila, para que cogerse a una de las morritas que le habían arrimado, con ese miembro inútil? Sabía que eso de cualquier manera podría ser una broma, un método, en el siempre perspicaz ingenio del hombre, para seleccionar a los que se desechaban primero.

Porque él había visto los videos, quién no lo había hecho, en los que con sierras eléctricas o cuchillos, a mano, decapitaban a los desechables. Siempre pensó, en su otra experiencia, que eso ocurría sólo a cierto tipo de personas, pero resultaba que todos eran el mismo.

Los mutilados al momento de ser desmembrados estaban tranquilos. Ni siquiera respiraban agitados. Él en la oscuridad cuadrada de la cajuela, con su cuerpo estúpidamente sensible al calor y a su propia humedad, lo estaba menos que los que había visto en los videos y quienes oían el motor encendido de la sierra eléctrica. Los desechables nada hacían, sólo miraban a la cámara, como si ya no estuvieran; como si ellos, como él ahora, se preguntaran para qué irme, para qué salir de esto, para qué erguirme y andar en dos extremidades sobre las calles; como si ellos también descubrieran que hacerlo sería la confirmación de la necedad. Entonces era cuando la sierra, que en ese momento encontraba su verdadero y original uso, se acercaba a los cuellos, como tímida, ni siquiera con la contundencia con la que se ataca a los troncos de madera, como si el operador tuviera la precaución de no quebrar la cuchilla rodante, no joderla, al contacto con los troncos de carne ya corrupta. Los desechables entonces aceptaban el golpe en sus gargantas. La sierra se alejaba como si primero fuera necesario marcar un canal por donde guiarse al cercenar las cabezas. El desechable con la yugular rota, con la tráquea rota, se balanceaba un poco como queriendo no perderse su propia decapitación, como si no quisiera ser un necio que se negara.

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Era cuando la sierra con su sonido ahora sí entraba de lleno hasta el hueso, para ahí detenerse por segunda vez al encontrarlo, como creyendo que no iba a haber obstáculo. Los ojos del decapitado permanecían abiertos, como si así tuvieran que estarlo para comprender lo que le pasaba al cuerpo, porque el cuerpo se convertía en algo completamente distinto, ya no en coherencia, sino en algo no geométrico, en algo que así desarmado ya no podría aceptar la tierra. En esos ojos por extraño que pudiera parecer también se presentía una sonrisa. La terrible sonrisa humana.

La sierra pasaba y era cuando el cuerpo adquiría su presencia, los hombros, los brazos, el pecho apagado por la sangre. La mirada ya sin mirada. La cabeza burlona, como la que se tendría para reírse, pendiendo ya por un pellejo, que la sierra torpemente buscaba. La cabeza de cabeza, como buscando algo perdido en la espalda del tronco ajeno, como si el cuerpo tuviera que tomar esa posición para saber algún extraño truco, para encontrar los hilos negros que lo moverían sin saberlo por el mundo, para encontrar lo que hay en esos sitios a las espaldas, en las nalgas, para por primera vez verse y olerse, para saber lo que es uno, lo que debe tirarse en una bolsa.

Él había visto los videos. Lo que pasaba en esas bodegas, en esas ciudades, en ese mundo que él había caminado, jalado por los mismos hilos. Ahora, él también ahí almacenado, sentía cómo las extremidades lo abandonaban, cómo las extremidades se repartían; cómo su cabeza descoyuntada se rodaba como si nunca le hubiera pertenecido, como si las cabezas no fueran parte de los hombres. Sentía sus piernas sueltas allá en el rincón de la cajuela, su sexo esparcido en bolas de pelos por el forro sintético, sus brazos inertes, ya lejos, como grandes larvas, de tal manera que le daba la impresión de que comenzaban a comerlo. En ese pequeño espacio, la cabeza estorbaba al tronco, y éste se encontraba completamente deshabitado, pues, había comenzado a perder su nombre.

Xalapa, Veracruz - Julio de 2012