
El debate presidencial entre las candidatas Claudia Sheinbaum Pardo, de la coalición Juntos Seguimos Haciendo Historia, Xóchitl Gálvez, de la alianza PRI-PAN-PRD y el candidato de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, desnudó la flaca política que se hace en México, con argumentos pobres, respuestas leídas y señalamientos que, seas ciertos o falsos, remarcan la idea de que es difícil que cualquier político tenga las manos limpias.
El primer debate presidencial fue un cardumen de ideas sin sentido. Por un lado, Gálvez y Álvarez Máynez, quienes saben que están por debajo del primer lugar, se dedicaron a criticar y tratar de destruir la imagen (buena o mala) de Sheinbaum Pardo. La ex jefa de gobierno respondió a algunos ataques y a otros simplemente los ignoró. El debate, más allá de un intercambio de ideas y conceptos de altura, con propuestas viables, se convirtió en una trinchera de ataques sin sustento documental y con prejuicios morales.
Así, vemos que en México las candidatas y el candidato se refugian en lugares comunes, proponen resolver las mismas carencias que aquejan a los mexicanos desde que se estableció la República: mejorar las condiciones de salud, erradicar la pobreza, educación buena y gratuita para todos. Propuestas que, tomen o no decisiones, ya están garantizadas por la Constitución y normadas en diversas leyes federales y estatales.
El debate presidencial es un ejercicio que debería servir para dar luces a la ciudadanía. Para que cada votante tenga la oportunidad de conocer a fondo a las personas que buscarán gobernar y guiar el rumbo del país durante los próximos 6 años, hasta el 2030, sin embargo, éste únicamente desincentiva el voto, resta motivación a las personas indecisas, a quienes, cada jornada electoral, no acuden a las urnas o no toman en serio el ejercicio democrático.
Pese a la mala exposición de las dos candidatas y el candidato en el debate presidencial, en la Comarca Lagunera jóvenes y adultos se reunieron para ver la transmisión y discutir las ideas planteadas. Uno de los pocos buenos resultados del actual gobierno federal es que la ciudadanía está más politizada, le gusta hablar de la realidad del país, de sus problemas, sus retos y sus ventajas. En redes sociales la transmisión oficial del debate presidencial rebasó las 500 mil reacciones, siendo éste un producto que, durante sus dos horas, se hizo viral en México y captó la atención masiva de las audiencias.

Más allá del interés ciudadano, ¿qué hacer para que en México se preparen candidaturas de altura? ¿Cómo buscar que, en unos años, ya no se hagan las mismas propuestas de siempre que nunca son resueltas? ¿Cómo lograr que, en lugar de ventanear a una persona en el debate presidencial, se presenten pruebas ante el MP para procesar por corrupción a quien haya cometido actos ilícitos?
El debate presidencial fue un ejercicio que demuestra lo débil y falaz que es la política en México. En materia de democracia, discusión pública y pluralidad, México está lejos de ser un país competitivo, progresista e incluyente.
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Por cierto, en Torreón, el Instituto Electoral de Coahuila, así como el equipo de los cinco candidatos, no han informado sobre si habrá o no debate entre quienes disputarán la presidencia municipal de Torreón. No sería raro que, al menos los dos virtuales punteros, tanto Román Cepeda como Shamir Fernández, intenten impedir la confrontación de ideas. En La Laguna, la discusión pública, esta cooptada en los escritorios de unos cuantos.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
