

Un café para dos, monólogo que busca reflexionar sobre el paso del tiempo y la relación con nuestra madre.
Querida lectora/lector, sé que acabamos de conocernos, pero me gustaría hacerte una invitación: ¿me acompañas a descubrir cuatro propuestas escénicas que parten del mismo texto? Si la respuesta es sí, continúa leyendo; si es no, continúa leyendo, tal vez encuentres algo de interés.
Un café para dos, de Antonio Zacruz, narra la historia de Mariano/Mariana, un joven que, inmerso en la cotidianidad, deja de lado a la persona más importante que tenía, incluso, durante la puesta en escena dice: "bien dicen por ahí, uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.
Un café para dos es un monólogo corto que invita a la reflexión acerca del paso del tiempo, las maneras de enfrentarnos a él y la relación con nuestra madre. Desde hace un año, Plan B Estudio Teatro optó por ir más allá en un ejercicio que celebra la vitalidad del teatro: lo único de cada encuentro.
Cada mes, este monólogo ha sido presentado por una actriz o actor con una propuesta distinta. Las mismas líneas convirtiéndose -cada vez- en una obra nueva, con otra mirada.
En esta ocasión, para festejar su noveno aniversario, el recinto cultural propuso un ciclo especial de Un café para dos con cuatro montajes, uno por cada miércoles de mayo: Estefanía Marrufo, Karina Carrasco, Lalo Nava e Iván Torres ofrecerán al público un encuentro con olor a café y con sabor a recuerdos.

La primera propuesta corrió a cargo de la actriz Estefanía Marrufo, una maleta, un pequeño librero lleno de tazas, un suéter y dos sillas.
Llegó la tercera llamada.
Mariana (ya no Marrufo) caminó hacia el escenario, detuvo su andar frente a la prenda que cuelga solitaria al fondo del espacio, la abrazó, y así, comenzó la travesía de Café para dos.
A través de saltos en el tiempo, memorias repletas de “y si hubiera…”, promesas rotas y sueños por cumplir, la obra buscó ser un punto de reflexión sobre cómo permitimos que el caos del día a día nos aleje de los momentos que en el futuro anhelaremos con tanto fervor.
La artista lagunera logró generar una atmósfera de tranquilidad, serenidad e intimidad con un acercamiento sin pretensiones, amigable y ligero, además de un completo conocimiento de su corporalidad que abarcó todo el espacio a la obra de Zacruz.
Al entrar, le pedía a los espectadores que, quien quisiera, escribiera en un papelito cuáles son sus sueños o asuntos pendientes. Con eso en mente, el público se enfrentó a una historia que justo habla de eso: lo que dejamos de vivir por estar haciendo otras cosas.
Durante el monólogo, existe la intervención de otros tres personajes, el más importante: la madre de Mariana; Marrufo decidió no ser ella quien les daría vida, sino emplear audios en off que la acompañaran durante el montaje. Cuando la mamá del personaje habla, la voz que se escucha es la de la mamá de la actriz.
De pronto, ya no es Mariana, ni Estefanía, sino nosotros, nuestras madres, nuestras hijos e hijas. Cada una de las personas con las que tenemos una charla, un viaje, una visita por cumplir.
Tras cada presentación, existe un conversatorio (no obligado) para que ahora sea el público quien decida qué decir y cómo decirlo. Ya sea hablar sobre su experiencia, contar algún recuerdo o felicitar al artista en escena.
En esta ocasión, la actriz junto a varios espectadores leyeron los sueños y metas por cumplir escritos en aquellos trozos de papel; promesas buscando no convertirse en un café pendiente. Y a ti, ¿a qué te sabe el café?