
En La Laguna sucede algo extraño y es que aunque la tierra parezca poco fértil, todos queremos echar raíces. Dejando a un lado algunas caras desagradables del regionalismo, es interesante cuestionarnos por qué siempre volvemos y por qué seguimos aquí. El aire es tóxico, el agua escasea, el clima es bipolar y sin embargo nos aferramos al terruño de forma irracional e inexplicable. Esta fijación cariñosa, transformada en acciones, es precisamente la que puede sacar adelante a una región con tantos retos.
Un familiar describía su fascinación hipnótica con la región y la ejemplificaba con un recuerdo macabro: Hace varias décadas, en la plaza de toros de la ciudad, la gente aventaba una víbora con la boca cosida. Los niños y los adultos jugaban con ella, se la pasaban a otras personas y el ritual chusco continuaba. Había un aire de colectividad lúdica y perversa que él no había observado en otro lugar. Su conclusión era que la idiosincrasia lagunera era magnética y existía una suerte de masoquismo en este lugar.
Si bien, existen distintos simulacros y mitos alrededor de los primeros años de las ciudades de la región (descripciones nostálgicas de un desarrollo que parece haberse esfumado), algunas características fundacionales se han mantenido en el imaginario lagunero. Muchos elementos culturales obedecen a una lógica industrial de mescolanza y cambio, todo surgió muy rápido y no hubo tiempo de ordenar las ideas ni el discurso urbano.
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En medio de este caos identitario, sobresale la simplicidad. No podemos hablar de un aura compleja ni de tradiciones que rebasen el siglo de edad. Pero sí convivimos con creaciones gastronómicas, musicales y arquitectónicas donde se observa una especie de sincretismo ranchero. La misma interacción entre los habitantes y el ecosistema es así; sobria, insípida, en ocasiones violenta, pero simbiótica y adictiva.
Lo ideal no es romantizar los traumas, sino reconocerlos y trascenderlos con recursos propios. La Laguna ya cuenta con la materia prima: personas que van y vuelven y se quedan a echar raíces de manera voluntaria y contra toda lógica. Algo bueno y raro brotará de esto.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
