
Un niño de 9 años de edad llevó un arma a la Escuela Año de Juárez en Torreón. Jugando, el menor, accidentalmente disparó. Nadie salió herido o herida, pero el hecho recordó que la violencia escolar sigue sin freno y que en Coahuila la prevención, simplemente, no existe.
El 10 de enero de 2020, un niño de quinto año de primaria disparó en contra de alumnos y personal del Colegio Cervantes. Una maestra intentó calmarlo, dialogó con él, pero el desenlace fue trágico. Murió ella, producto y murió él, por suicidio.
Después de la tragedia del Colegio Cervantes, han sucedido, al menos, una veintena de amenazas de tiroteos en escuelas públicas y particulares de la Comarca Lagunera. En todos los casos, las autoridades policiacas y municipales han sido reactivas. Se activa el protocolo, llegan, revisan que no haya peligro y se van. En Coahuila no se previene la violencia escolar.
Lo que sucedió el martes 12 de noviembre en la Escuela Año de Juárez no es normal ni intrascendente, ¿por qué un niño de 9 años tiene acceso a un arma?, ¿por qué un niño de 9 años lleva esa misma arma a la escuela?, ¿por que ese mismo niño de 9 años pudo ingresar el arma en la escuela?, ¿por qué ese niño de 9 años sacó el arma de su mochila y se puso a jugar con ella antes de que se disparara?
Pudieron pasar muchas cosas para evitar el accidente, para reducir a cero la posibilidad de que la pólvora y el plomo hicieran de las suyas dentro de una institución formativa, pero todos y todas fueron omisos. La corresponsabilidad es absoluta, es sistémica, es estructural.
Definitivamente las infancias en Coahuila están olvidadas. Flor Estela Rentería, coordinadora de servicios educativos de La Laguna de Coahuila es, como su nombre lo dice, tan útil como un florero. Ella se destaca más por su labor política y clientelar a favor del PRI durante procesos electorales. Por eso está al frente de las escuelas en La Laguna, para operar, para movilizar, no para garantizar una educación buena, segura, integral, incluyente y en paz. Es más, posiblemente ni siquiera tiene la capacidad de generar estrategias para frenar la violencia escolar.
¿Dónde está Manolo Jiménez Salinas? Más allá de que le guste ir al rancho con sus hijos y tomarse selfies y organizar reuniones para demostrar que en Coahuila sí se trabajo, ¿por qué no ha ordenado la conformación de un comité técnico con especialistas para trabajar en proyectos desde abajo que ayuden a erradicar la violencia escolar?
Pareciera que el estado "más seguro" o "de los más seguros" solo es un eslogan publicitario que esconde grietas profundas de desintegración social; ¿cómo en un estado donde se garantiza y presume la seguridad los niños entran armados a las escuelas? Pareciera que los problemas se tienen que esconder debajo de la alfombra para seguir acomodando en los principales medios de comunicación narrativas falsas, huecas y sin sentido. No hay prevención. La violencia escolar es tan persistente como una plaga de cucarachas.
En la Secretaría de Educación de Coahuila Manolo Jiménez designó a un tecnócrata con estudios en el extranjero, Emanuel Garza Fishburn. Una persona que puede hacer gala de su currículum académico, pero que tampoco ha hecho absolutamente nada de relevancia para erradicar la violencia en las escuelas, para garantizar la seguridad de las y los estudiantes. Garza Fishburn, como Manolo Jiménez, como Flor Rentería y como el mismo Román Alberto Cepeda, están cortados de la misma tijera. No reconocen los problemas, no atienden de raíz las carencias sociales, no voltean a ver a quienes necesitan más ayuda.
¿Qué tan mal está la región lagunera que un niño de 9 años tiene acceso a un arma? ¿Qué tan mal estamos como sociedad como para normalizar la violencia escolar?
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Hoy mismo, Flor Estela Rentería, debería presentar su renuncia a la coordinación de los servicios educativos de la región Laguna. Ha demostrado, con creces, su profunda incompetencia, su insultante inutilidad. Al mismo tiempo, Román Alberto Cepeda, sin discursos construidos por su pequeñísimo equipo de asesores, debe tomar las riendas del problema y garantizar, con un proyecto sólido, la no repetición de estos episodios en los planteles educativos de la ciudad de Torreón.
La sociedad misma también debe reflexionar, reflexionarse, debemos repensarnos. El hecho de que un niño armado vaya a la escuela es síntoma y reflejo claro de que las cosas no van bien. De que las generaciones que nos suceden están olvidadas y perdidas en una dinámica alienada y materialista que pondera el corto plazo, el placer inmediato y la individualidad, por sobre todas las cosas.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
