¿eres suscriptor? ¡accede a tu cuenta aquí!

red es poder, medio de periodismo en Torreón, Coahuila

Más que un medio, somos una comunidad.

$100 pesos un mes, $880 al año

Obtén tu membresía ahora
red es poder, medio de periodismo en Torreón, Coahuila

columnas, opiniones

La danza de Hüzün

mayo 7, 2024

"Un pedazo de sombra iluminada es lo que resta de mí desde el derrumbe.Entre la locura y la muerte estas palabras me recuerdan que alumbrar es arder." Fragmento del libro ARTHASASTRA, Carlos Reyes 2007 Dolor Tanto en el origen mitológico de la cultura oriental como en el de la occidental encontramos evidencias de que algunas […]

La danza de Hüzün red es poder

columnas, opiniones

La danza de Hüzün

mayo 7, 2024

"Un pedazo de sombra iluminada es lo que resta de mí desde el derrumbe.Entre la locura y la muerte estas palabras me recuerdan que alumbrar es arder." Fragmento del libro ARTHASASTRA, Carlos Reyes 2007 Dolor Tanto en el origen mitológico de la cultura oriental como en el de la occidental encontramos evidencias de que algunas […]

La danza de Hüzün red es poder

"Un pedazo de sombra iluminada es lo que resta de mí desde el derrumbe.
Entre la locura y la muerte estas palabras me recuerdan que alumbrar es arder."

Fragmento del libro ARTHASASTRA, Carlos Reyes 2007

Dolor

Tanto en el origen mitológico de la cultura oriental como en el de la occidental encontramos evidencias de que algunas fuerzas, manifestaciones o roles cósmicos de destrucción creativa generadora de la existencia, se materializan en forma de metáforas que explican nuestra posibilidad de vida y de regeneración. Tanto Dionisio (metáfora occidental) como Shiva (metáfora oriental) están asociados con la destrucción y la renovación de la vida, pero también están estrechamente ligados a la danza como un acontecimiento ritual colectivo de catarsis y regeneración. En la mitología griega, Dionisio es a menudo visto como un dios de la naturaleza que trae fertilidad y renovación, pero esto solo ocurre si se está dispuesto a pasar por el caos que rompe con el yo individual, la embriaguez del gozo y la celebración desenfrenada de lo efímero. En la mitología hindú, Shiva realiza la danza cósmica (Tandava) que destruye el universo en preparación para su recreación, simbolizando el ciclo eterno de creación, preservación y destrucción. 

La danza por lo tanto también es crisis y es caos. Es una posibilidad telúrica de mover el cuerpo en busca de renovar y reorganizar lo más concreto, lo más mundano (la carne, las vísceras y los huesos) así como lo más sutil y etéreo (las ideas, las emociones y los sueños) para poder colectivamente sostenernos frente a lo que nos hace vulnerables. Es en esta posibilidad caótica, catártica y colectiva donde además se revela con más claridad la innecesaria división que se ejerce en muchos terrenos de la vida entre lo “sutil y lo concreto” entre nuestro cuerpo y todo lo demás.

La danza y el canto durante buena parte de nuestro camino para llegar a ser lo que somos (nuestro recorrido histórico-ontológico como humanidad), aparecen como algunas de esas acciones colectivas, creativas y rituales que nos han acompañado y que nos han permitido dar lugar (construir sentido) a esos acontecimientos que muchas veces exceden nuestra capacidad comprensiva de lo que ocurre. 

La danza, tal vez más que el canto, permanece todavía como una práctica de convivio y celebración colectiva desde los contextos más cotidianos. Sin necesidad de convocar a un acontecimiento artístico o cultural, esta manifestación humana ocurre comúnmente. Incluso muchos ritos religiosos o espirituales siguen sucediendo a través de ella. Sin embargo, algo de ese gesto (sobre todo en el ámbito del arte) es cada vez menos un ocurrir colectivo y más un acto individual narcisista, donde el principal motor ya no es la experiencia de lo grupal sino la experiencia que da la competencia, la reafirmación social del éxito individual o la exposición en gran formato de un “YO” extremadamente necesitado de afecto y aprobación. No juzgo la necesidad de afecto y aprobación, ni el éxito individual o la competencia, más bien me llama la atención que la posibilidad colectiva de la danza se desvanece, sobre todo en ciertos contextos donde es premiado solo el logro individual.  Pienso en el peligro de la total desaparición de la danza como gesto colectivo, porque cuando ocurre así (como la expresión de un grupo de individuos) nos permite sentirnos acompañados en esos senderos de compleja vivencia y comprensión humana.

¿Cómo fue que dejamos de danzar desde el caos, desde la compañía y el gozo queda el atravesar los senderos difíciles de andar? ¿Qué pasaría si retomamos la práctica de bailar nuestras angustias, dolores y dudas? ¿Cómo sería nuestra danza si no solo ocurre desde lo individual sino desde lo colectivo también?

Muerte

¿Recuerdas dónde y cómo estabas hace cuatro años? ¿Qué pasaba justo los primeros días de mayo de 2020?

Yo recuerdo que estaba resguardado en mi hogar, desconcertado porque estaba ocurriendo una pandemia. Recuerdo también, que una buena parte de la población de todo el mundo “decidió” parar y quedarse en casa, alejarse de todo aquello que implicara el cuerpo a cuerpo, el contacto directo con otras personas. Había mucha incertidumbre y miedo a morir. Otros sin embargo no tuvieron la posibilidad o el privilegio de elegir y simplemente siguieron, tal vez con miedo y desconfianza ante la presencia de otras personas, pero siguieron. No sabíamos todo lo que pasaría después, pero algo intuíamos y algo paso.

En gran medida dejamos de reunirnos, de convivir, de vernos, de acompañarnos, no solo en los ritos de gozo y disfrute, sino también en los gestos colectivos que nos habían dado soporte en temas complejos de vivir y comprender.  La muerte (por ejemplo) junto con todo lo que la rodeaba (ritos, creencias y sentidos) estaba por sufrir una importante sacudida. Fue casi imposible no voltear a vernos y preguntarnos cual era nuestra manera de hacerle frente a esa fragilidad vital que siempre nos ha caracterizado, pero que, en esos días, en el contexto de la pandemia se volvía más visible. Se manifestaba con más contundencia nuestra condición de ser efímera.

Pasaron los días, los meses y luego los años; ahora serán cuatro, y no sé si una vez que disminuyó el espanto o la incertidumbre algo de esa poderosa confrontación queda ahora en nosotros. 

Después de todo lo vivido en estos últimos cuatro años. ¿Qué hemos hecho con los ritos que acompañan las complejas experiencias que nos ocurren en la vida? ¿Qué hemos hecho con esas prácticas humanas donde el mayor sentido se teje en el convivio cuerpo a cuerpo? Prácticas donde a través de la palabra, el canto y la danza logramos cuestionar, mover o sacudir para construir sentido.

Limbo

A cuatro años de ese mayo de 2020 pandémico, hoy tengo la fortuna de ser parte de HÜZÜN, la última creación del colectivo Udâna, plataforma de creación escénica que dirige Sandra Milena Gómez Cabarcas. Esta obra escénica interdisciplinaria fue creada desde la necesidad de darle lugar a la imposibilidad de decir adiós a nuestros seres queridos, sobre todo cuando no pudimos despedirnos de ellos por migración, enfermedad o desaparición, aquí la danza se plantea como un ritual que nos permite liberar el dolor del duelo y honrar la vida que aún nos queda. Un acto de acompañamiento amoroso por los que ya nos están y para los que aún nos podemos abrazar.

La palabra "Hüzün" es de origen turco, tiene un significado rico y profundo en su cultura y en su literatura. Se traduce como "melancolía" o "tristeza", pero su significado va más allá de estas simples traducciones. "Hüzün" se considera una sensación compleja y profundamente arraigada, que puede estar influenciada por varios factores, como la nostalgia, la pérdida, la soledad y la reflexión sobre el pasado. No es simplemente una tristeza momentánea, sino una experiencia más profunda y existencial que puede abarcar un sentido de pérdida cultural, la transitoriedad de la vida y la sensación de estar desconectado del mundo que nos rodea. La invitación de esta obra llamada Hüzün no es a vivir un mundo que niegue el dolor, la oscuridad y la angustia que provoca la muerte. No es tampoco una narrativa que busque minimizar, evadir, o cambiar nuestra frágil condición efímera. Pero tampoco es una puesta en escena que intente regodearse en el dolor y la tristeza que en ocasiones nos mantiene en un limbo extraño, donde a pesar de no estar muertos tampoco estamos vivos.

Hüzün lanza preguntas por medio del cuerpo ¿Cómo es posible vivir con eso que hemos perdido? ¿Qué hacemos con el dolor? ¿Cómo podemos retornar a la vida? Para mí esta alquimia hecha escena intenta acercarnos a lo que Ramsés Fuenmayor plantea como la posibilidad de la nostalgia que menciona en su libro “El cultivo de la verdad: La esencia de la universidad” donde propone lo siguiente:

“La nostalgia es el anhelo de una situación pasada que impregna suavemente el presente (…) Cuando aquello que se anhela está muy alejado en el tiempo y su consecución es tan remota, el anhelo nostálgico se diferencia claramente del ansia. Además, si la disposición hacia lo anhelado está dominada por la deuda-agradecida, el contraste con el ansia es mucho mayor (…) Por el contrario, cuando se está poseído por el ansia de recuperar algo del pasado, lo presente se ofrece distorsionado; se ve a través del retorcido lente de la animadversión”.

Te puede interesar | Una sombra para el asombro

Así pues, nuestra invitación no es refugiarnos en lo gris del olvido, pero tampoco a detenernos en los violentos matices del deseo de recuperar lo que ya no es, atrapándonos en el ANSIA que nos da la perdida de lo que ya nos esta.

La invitación es entonces retornar a la vida.

Retorno a la vida

“Cuando lo que domina es esa nostalgia profunda y tranquila, cuyo sosiego está sembrado en la deuda-agradecida, uno no está ciertamente abrazando el presente con efervescente y exuberante entusiasmo; uno guarda una cierta distancia… El distanciamiento, a su vez, permite una comprensión más completa, más holística, del presente y de su efímera condición. Aquello que se anhelaba hala suavemente desde su lejanía y, al mismo tiempo, se agazapa en las profundidades de nuestro corazón. Pero lo hace con la permisividad que solo un gran poder puede otorgar; una permisividad que deja en libertad nuestro corazón para que se entregue a otras atenciones y sentimientos temporales, los cuales siempre son menos duraderos y menos profundos que lo que está en el fondo de nuestro corazón” (Ramsés Fuenmayor. “El cultivo de la verdad: La esencia de la universidad”)   

¿Será entonces que podemos recuperar la danza de Hüzün?

Una danza colectiva que nos permita asumir las ruinas de fuimos, derribar los restos con profundo amor y volver a vivir.

¿Será que es esta una de las posibilidades de danzar, vivir y amar que hemos olvidado?

Vivir

Amar

Soltar

Dejar ir

Regresar a la vida

Danzado

No sólo aceptando nuestras pérdidas para siempre, sino comprendiendo que estamos hecho de todas y cada una de esas pérdidas.

Con cariño para

Andrea, Marieta, Karen, Nadia, Daniela, Diana, Sara, Yazmín, Andrés y Sandra  

Foto de la Semana

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Obtén una membresía aquí

esto también te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Somos un medio receptor de 2 grants desarrollo organizacional provenientes de Sembramedia.

Somos un medio perteneciente al hub del Border Center for Journalist and Bloggers y recibimos 1 fellowship y 2 grants de desarrollo organizacional provenientes de

comunidad de medios

red es poder
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram