
“La finalidad de la inclusión es que todos los individuos o grupos sociales gocen de las mismas oportunidades y los mismos derechos sin importar sus características, su origen, su género, su cultura y o sus necesidades”.
En México, la inclusión está contemplada en la Constitución Política, la cual establece que “queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”, asimismo, el artículo 2 de la Ley Federal del Trabajo establece lo siguiente:
“…se entiende por trabajo digno o decente aquél en el que se respeta plenamente la dignidad humana del trabajador; no existe discriminación por origen étnico o nacional, género, edad, discapacidad, condición social, condiciones de salud, religión, condición migratoria, opiniones, preferencias sexuales o estado civil…”
Para tener una visión clara sobre cómo se vive la inclusión laboral, la Dra. Flor Andrea Vargas y un servidor diseñamos una encuesta con base en algunas de las variables de la “NMX-R-025-SCFI-2015: Igualdad laboral y no discriminación”, impulsada por el Instituto Nacional de las Mujeres, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.
Esta investigación que realizamos con el Observatorio de Salarios de la Universidad Iberoamericana Torreón, no tuvo como objetivo avalar o certificar a ninguna organización en particular, sino conocer las diferentes perspectivas de los encuestados sobre aspectos de inclusión laboral en sus respectivos centros de trabajo. Se recopiló una muestra de 151 personas, lo que representa un índice de confiabilidad del 95% con un margen de error del 8%.
El 57% de la muestra fueron mujeres, 41% hombres y el restante 2% prefirió no responder. El rango de edad del 53% de los encuestados osciló entre 30 y 49 años. La mayoría de los encuestados trabajan en distintos sectores de la iniciativa privada y, en menor medida, en el sector gubernamental estatal y municipal. En la muestra encuestada se identificó que lo común en los centros de trabajo es que proporcionen las prestaciones de ley, que se otorguen permisos para atender situaciones familiares no previstas y que a las personas se les trate con dignidad y respeto. Lo menos común es que haya actos discriminatorios por cuestión de género, edad, apariencia, características físicas o discapacidad, así como despidos por maternidad.
El 89% de la muestra consideró que sus habilidades profesionales fueron determinantes para ser contratados, independientemente de ser hombres o mujeres. Aunque la mayoría de los encuestados consideró que su edad no fue determinante para su contratación, sí consideran que en sus centros de trabajo se favorece el emplear a personas jóvenes, mientras que sólo el 15% consideró que su apariencia física fue determinante para conseguir el trabajo.
La percepción más común entre los hombres es que en su centro laboral hay igualdad de oportunidades de ascenso y capacitación, salario igual por el mismo trabajo, sin importar sexo, apariencia, edad u otras características personales. En cambio, lo más común entre las mujeres es que hayan percibido o atestiguado actos discriminatorios por cuestión de sexo, género, edad, apariencia y discapacidad en oportunidades de desarrollo laboral.
Es común que quienes laboran en grandes organizaciones perciban que las oportunidades de desarrollo laboral solo las reciben unas cuantas personas privilegiadas. Por otro lado, dicha percepción es menos común en las personas que laboran en pequeñas empresas.
Entre las personas que trabajan en el sector público, la percepción más común es que logran privilegios quienes realizan tareas personales para sus jefes. Esto contrasta con los encuestados que trabajan en la iniciativa privada, quienes perciben que la competencia por puestos, condiciones laborales o salariales son justas y equitativas.
Entre los encuestados que no sufren alguna discapacidad, la percepción es que se les trata con respeto, a diferencia de aquellos trabajadores que sufren un tipo de discapacidad no motriz.
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En el análisis de correlaciones, se identificó que en los centros de trabajo, donde hombres y mujeres perciben que la competencia por mejores puestos, condiciones laborales o salariales es justa y equitativa, se asocia a que en esos centros de trabajo existe igualdad de oportunidades de capacitación y ascensos a puestos de decisión.
La percepción de que quienes realizan tareas personales para las y los jefes logran privilegios, está asociada a que en sus centros de trabajo las oportunidades de desarrollo laboral solo las reciben unos cuantos privilegiados, y que, para lograr una contratación, promoción o ascenso, cuentan más las recomendaciones que los conocimientos y las capacidades.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
