
Resurgimiento efímero de la experiencia estética
1.
(La luz de sol se oculta)
Hace muchos años, ante los ojos de la Gran Madre del abismo, se podía ver a la DIOSA
TETIS encarnando un MAR infinito, violento, sagrado, tranquilo y generoso.¹
Hace muchas noches y muchos sueños fuimos mar
Hace muchos soles y muchas lunas se podía vivir con desapego,
era posible ser parte de las experiencias de la vida.
Hace muchas muertes estábamos tan vivos como el mar.
Hoy
(tal vez)
en las zonas más inesperadas, más oscuras
quedan restos, quedan huellas
de una vida donde es posible la experiencia del mar más allá de las imágenes
y las palabras
más allá de la costumbre de consumirlo todo
SOLO ESCUCHA
es el baile más bello
¹Del Álbum EL SILENCIO DE TETIS / EL PLACER DE RA, Daniela Martínez, HAWAIIAN SATIVA.
2.
Han pasado un poco más de dos meses desde que por unos segundos, incluso por unos minutos, un grupo de personas, en medio de la penumbra del Teatro Isauro Martínez en Torreón, Coahuila, pudimos escuchar con la mirada, pudimos ver con nuestros oídos, pudimos encontrar la puerta para llegar y habitar de manera momentánea Driplunia (un Festival de música Torreonita).
A continuación, les compartiré cómo fue el recorrido de esta aventura, de esta experiencia construida de interpretaciones sin hechos que la puedan respaldar.
El viaje a Driplunia
Un cosmonauta llamado Alex, un día, tal vez sin razón alguna, decidió preparar una expedición a un lugar llamado Driplunia. Nadie nunca había estado ahí, no se sabía que existía esa posibilidad/lugar. Sin embargo, Alex, como inquieto buscador y errante del camino, sentado en su intuición y con lo que tuvo a su alcance, preparó una nave llamada FESTIVAL DE MÚSICA TORREONITA. La expedición duró dos días completos, estaban marcados en el calendario para este viaje los días 18 y 19 de octubre del año
2024.
Así pues, pese a toda contrariedad, apoyado por los artefactos y las voluntades de más inquietos buscadores, llegaron esos días de lanzarse a la aventura de dicho viaje. Debo aclarar que, aunque en estos días de expedición pasaron muchas cosas relevantes y dignas de contar, en esta ocasión, por peticiones de la red que da poder, solo contaré lo que pasó en un trayecto del segundo día, les contaré cómo gracias a Daniela y a su artefacto musical llamado HAWAIIAN SATIVA, por un momento se
asomaron a través de su ventana musical la gran Tetis, y el corrupto Ra.
El mirador que apaga sus luces
Para llegar a Driplunia fue necesario no solo dos días de expedición, sino dos diferentes plataformas, dos miradores que funcionaron como puentes, como aperturas por las cuales atravesar, ser atravesados y llegar a donde se buscaba. Una de esas aperturas fue el mirador (ahora llamado teatro) Isauro Martínez.
Ahí en esa plataforma, se les abrió la puerta a unos mitos tan cercanos como lejanos. Si pones atención y solo escuchas, los podrás percibir trasparentes en el aire lleno de polvo y plomo de nuestra ciudad.
Un día fuimos TETIS, fuimos mar, en ese tiempo antes del olvido no existía el cerro negro ni sus vástagos morosos, RA y su Coca Cola caliente. La materialización de estos mitos como parte del viaje a Driplunia estaba a cargo de Daniela y su nave llamada HAWAIIAN SATIVA.
Ella se dio cuenta que, para ver, era necesario apagar casi por completo la luz de ese mirador (teatro), normalmente usado para producir por lo contrario mucha luz. Disminuir casi por completo su brillo y con ello aparecer eso que está oculto en la imaginación y en el cuerpo. La estrategia fue entonces dirigir los haces de luz a otros rincones donde normalmente no se alumbra.
Este teatro (mirador) es continuamente usado para deslumbrar, ciertas zonas se llenan excesivamente de una luz que al aparecer adormece la experiencia, la vuelve simple y llana información, esto a su vez, sirve para vender risas, lagrimas, suspiros y uno que otro trofeo a la vanidad. Pero nunca o casi nunca disminuye su luz para ver lo que hay detrás de ella.
Sólo escucha
Daniela y HAWAIIAN SATIVA, se dispusieron entonces a tocar sus instrumentos, esa es su forma de navegar. Ocho fueron les artistas que tripularon esta parte del viaje, con su voz, instrumentos de cuerdas, alientos y percusiones, entonaron la mirada y lograron aparecer la sensación de estar juntos, vivos y presentes. Su juego ritual de esa noche se llamaba EL SILENCIO DE TETIS / EL PLACER DE RA y su intención al tocar eso no la diré. Pero sí contaré lo que por un momento pasó.
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A la mitad de su trayecto musical, de su juego ritual (ahora conocido como concierto) de pronto aquel mirador tan bello e histórico apagó sus luces casi por completo, como casi nunca lo hace cuando alguien está sobre su escenario. Cuando empezó a suceder esto, se provocó un ligero o gran desconcierto en quienes con regular costumbre asisten a este tipo de aventuras.
El gesto fue simple, solo mirar para arriba tranquilamente, suspirar y escuchar
Parece que nos hemos acostumbrado a sólo ver, a estar presos de la imagen y las
palabras incluso cuando lo que nos rodea es un mar musical.
Pero hay algo en la carencia, en el desencaje que nos trae de vuelta a la vida y a la experiencia. Una vez que estamos ahí de verdad, nos trasladamos en todas direcciones e irrumpimos en una manera de vivir el tiempo que nos permite vivir el borde y el desborde como elementos de un mismo misterio y así experimentar algo que nunca se ha vivido o no de esa manera. Vivir una efímera experiencia estética, sentir de nuevo, experimentar sin saber, poniendo sangre otra vez al cuerpo y hacerlo carne viva.
Viva
Vivo
Vive
Una vez que todo se oscureció y la incomodidad paso, hubo quienes volvimos a ver por unos segundos, volvimos a ver y escuchar sin tratar de entender, ni volver útil el momento… solo ver y escuchar.
Tal vez solo escuchar
Una vez pasado el trance del momento todo regreso a su lugar, sin embargo, algo se siguió moviendo en mi piel, en mi carne y en mis huesos durante varios días.
3.
¿Qué pasaría si un día todos nos detuviéramos por un momento y sólo escucháramos?
¿Cómo sería nuestra carne/cuerpo si pudiera escaparse de lo que ya conoce y ve?
¿Cómo fue que dejamos de ser viajeros de nuestro propio viaje?
¿Y si volvemos a escuchar?
¿Y si nos callamos un poco?
¿Y si bailamos como el mar? Pero lo hacemos en la oscuridad
¿Y si volvemos al gozo de ser efímeros?
¿Y si lo que nos da sentido no se ve?
Sólo escucha

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
