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columnas, deportes

Balones y Sandías: El hombre de Queens

julio 17, 2017

Los barrios de Queens en el Estado de Nueva York tenían todo menos el aroma a fútbol. En el ya lejano 1976, en los Estados Unidos, se celebraba el bicentenario de la Independencia, mientras tanto Rocky ganaba el Óscar a mejor película, los Juegos Olímpicos de Montreal mostraban a una niña llamada Nadia Comaneci brillar […]

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Balones y Sandías: El hombre de Queens

julio 17, 2017

Los barrios de Queens en el Estado de Nueva York tenían todo menos el aroma a fútbol. En el ya lejano 1976, en los Estados Unidos, se celebraba el bicentenario de la Independencia, mientras tanto Rocky ganaba el Óscar a mejor película, los Juegos Olímpicos de Montreal mostraban a una niña llamada Nadia Comaneci brillar […]

Los barrios de Queens en el Estado de Nueva York tenían todo menos el aroma a fútbol. En el ya lejano 1976, en los Estados Unidos, se celebraba el bicentenario de la Independencia, mientras tanto Rocky ganaba el Óscar a mejor película, los Juegos Olímpicos de Montreal mostraban a una niña llamada Nadia Comaneci brillar a un punto inimaginable, todos los deportes eran dominados por americanos y soviéticos, con excepción de uno solo, el fútbol o soccer, como lamentablemente se le llamó.

Un joven adulto llamado Charles Gordon Blazer comerciaba y jugaba con el sistema económico estadounidense, en Queens y sus alrededores, Blazer se ganaba la vida suministrando botones para compañías y vendiendo artículos promocionales, hasta que un buen día, sin la más mínima intención, se encontró por primera vez con el mayor negocio de su vida, el fútbol soccer; este primer contacto no fue jugándolo, ni aprendiendo de él en la televisión, su hijo fue el que lo sumergió, puesto que en el equipo infantil en el que jugaba se encontraba sin entrenador y el Sr. Blazer tuvo que improvisar para poder entrenar a 11 niños, sin el más mínimo contacto previo con el deporte del balompié.

El Sr. Blazer estaba más interesado en organizar que en entrenar, como hierba mala, su personalidad lo ayudó a hacerse con la presidencia de la Asociación Juvenil de la Costa Este en Nueva York, que en esos momentos estaba representada por el New York Cosmos, equipo que contó con estrellas como Pelé o Franz Beckenbauer; Blazer. como buen vendedor, logró captar la atención de Pelé y con el apoyo de éste fue elegido como  Vicepresidente de la US Soccer Federation, nada mal para una persona que no conocía del deporte hacía solamente diez años atrás; a partir de eso, la carrera de Chuck Blazer fue subiendo como espuma cervecera, el equipo tanto masculino como femenino de Estados Unidos multiplicó su número de partidos al año, aunado a esto él jugó un papel importante para que eligieran a Estados Unidos organizador de la Copa del Mundo de 1994.

Su objetivo era claro, llegar a lo más alto del fútbol mundial, todo esto para su beneficio personal, los sobornos, las candidaturas amañadas, todo era un paraíso para Chuck y sus secuaces en FIFA, al final lo logró y en la década del 2010 se convirtió en el Secretario General de la CONCACAF.

Su vida privada no era un secreto a voces, infamemente apodado el “Señor 10”, se ganó este seudónimo porque en cada operación millonaria (la mayoría de ellas ilegales) se quedaba con el 10% de las ganancias, vivía una vida de excentricidades y no dudaba en posar ante la cámara para con los líderes de naciones poderosas, Putin, Clinton y hasta Nelson Mandela posaron abrazados del mismísimo Chuck; muy aparte de su vida familiar, los gatos formaban parte importante de su existir, tanto así que él les tenía un apartamento para todos ellos en la Trump Tower de Nueva York.

Cuando el FBI le pisaba los talones a la FIFA, Chuck vio la posibilidad de quitarse de la manera más ruin como él mismo podría optar, en el Verano del 2012 fue elegido como el “soplón” y así contribuyendo con las autoridades, la pena podría ser menor o hasta eliminarse, como cartas de naipes los máximos dirigentes de la Federación Internacional de Fútbol fueron cayendo, ni uno solo quedó, ni siquiera Joseph Blatter, que era su amigo y compañero desde 1998 cuando fue elegido presidente del máximo organismo futbolístico.

$1.9 millones de dólares y todas las cabezas de los dirigentes, amigos y compañeros de vida, fue lo que le costó a Chuck para tener la libertad que cualquier ser humano desea; una vida extraña para un tipo extraño que como único objetivo de vida tenía el enriquecimiento ilícito, el fútbol nunca fue su prioridad y para bien o para mal ,ahora mismo él “ayudó” al deporte encerrando y quitándoles lo que alguna vez se robaron y no era de su pertenencia.

Foto de la Semana

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.

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