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¿Una peda con Alfredo Olivas vale más que el ecosistema de la Sierra de Jimulco?

marzo 10, 2026

Pero si la falta de responsabilidad de los gobiernos de Torreón y de Coahuila, junto con la increíble insensibilidad de los artistas y de las decenas de asistentes que estuvieron allí, no fuera suficiente, todavía quedaba espacio para que la humanidad descendiera un escalón más: no faltaron quienes celebraron el evento hablando de una supuesta “derrama económica” nunca documentada, pasando por alto —o simplemente ignorando— el daño ambiental causado a una de las zonas naturales más importantes del norte del país.

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¿Una peda con Alfredo Olivas vale más que el ecosistema de la Sierra de Jimulco?

marzo 10, 2026

Pero si la falta de responsabilidad de los gobiernos de Torreón y de Coahuila, junto con la increíble insensibilidad de los artistas y de las decenas de asistentes que estuvieron allí, no fuera suficiente, todavía quedaba espacio para que la humanidad descendiera un escalón más: no faltaron quienes celebraron el evento hablando de una supuesta “derrama económica” nunca documentada, pasando por alto —o simplemente ignorando— el daño ambiental causado a una de las zonas naturales más importantes del norte del país.

Gerardo Pineda Arciniega
marzo 10, 2026

La peor plaga de la historia volvió a protagonizar una escena de esas que explican perfectamente por qué los alienígenas —de existir— probablemente no nos visitarán en el corto plazo. La semana pasada, una peda (nada más que eso) con los cantantes Alfredo Olivas y Poncho Quezada en la Sierra de Jimulco dejó claro hasta dónde puede llegar la inconsciencia colectiva: no solo hubo micheladas y coros de canciones regionales mexicanas, también se registraron daños a la flora y fauna de la Reserva Ecológica Municipal Sierra y Cañón de Jimulco, un área supuestamente protegida por el artículo 44 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente.

Screenshot

Según publicaciones en redes sociales, el grupo de asistentes llegó al concierto privado en razers: vehículos todoterreno que generan contaminación auditiva, emiten gases de efecto invernadero y provocan erosión del suelo, afectando de manera directa a la flora y fauna local.

La Reserva Ecológica Sierra y Cañón de Jimulco fue decretada por el Ayuntamiento de Torreón en junio de 2003 —hace ya 23 años— y aparece en el catálogo de Sitios Prioritarios para la Conservación elaborado por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad en 2008, donde fue clasificada con prioridad alta. Dicho en términos simples: ecológicamente hablando, es de lo más importante que hay en el país.

En el Plan de Manejo de la Reserva Ecológica Municipal Sierra y Cañón de Jimulco —considerado el documento rector para la conservación del área natural protegida—, expedido por el municipio de Torreón en noviembre de 2017, se establece que debe mantenerse un control adecuado sobre las actividades que se realizan dentro del área.

El propio documento también compromete al municipio a evitar, eliminar o corregir todas aquellas actividades y servicios que sean incompatibles con los ordenamientos vigentes o que requieran modificaciones para ajustarse a los objetivos de conservación.

Más aún: en el apartado 7.2.6 del mismo plan se señala de manera explícita la necesidad de vigilar, regular y evitar desarrollos turísticos, actividades recreativas masivas y cualquier evento que pueda generar impactos ambientales en el ecosistema.

En ese sentido, aunque el evento haya sido privado, por haberse realizado dentro de una zona protegida debió contar con permisos específicos. Hoy sabemos que no hubo tales, puesto que la Fundación Jimulco, A. C., emitió un comunicado donde asegura lo propio y, de hecho, dice que "lamentablemente los organizadores no acataron la disposición de las autoridades e incursionaron de manera irresponsable en el cauce del río Aguanaval".

Entonces... pues fue responsabilidad del municipio de Torreón garantizar que las actividades recreativas no se llevaran a cabo. Hoy, la responsabilidad es la de penalizar a quienes incurrieron en un acto directamente ilegal y que ello no suceda, además de obligarles a reparar los daños.

Aunque, como sabemos, nada pasará.

Ya que estamos sumando impactos a esta desgracia, me gustaría incluir antes de concluir este texto también el helicóptero en el que llegaron los artistas.

Por si fuera poco, los helicópteros son extremadamente contaminantes debido a su alto consumo de combustible —principalmente queroseno—. Pueden llegar a consumir más de 40 veces más combustible por hora que un automóvil, lo que los convierte en uno de los medios de transporte con mayor intensidad de carbono. A eso se suma el ruido extremo que generan, el cual también afecta directamente a la fauna local.

Pero si la falta de responsabilidad de los gobiernos de Torreón y de Coahuila, junto con la increíble insensibilidad de los artistas y de las decenas de asistentes que estuvieron allí, no fuera suficiente, todavía quedaba espacio para que la humanidad descendiera un escalón más: no faltaron quienes celebraron el evento hablando de una supuesta “derrama económica” nunca documentada, pasando por alto —o simplemente ignorando— el daño ambiental causado a una de las zonas naturales más importantes del norte del país.

En pocas palabras: el mexicano —o, al menos, el lagunero promedio— parece no tener mayor problema con que arrasen un ecosistema completo y con años de trabajo de conservación… siempre y cuando pueda vivir la experiencia de una peda de una sola noche.

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