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Ojitos mentirosos o la rebeldía en tiempos de Tik tok

agosto 25, 2025

I. Tu FOMO me da cringe No hay contenido inocente. Toda manifestación implica una serie de visiones en pro o en contra del estado de las cosas así se produzca, la cultura, desde la inconciencia. Desde mi perspectiva la tendencia de Ojitos mentirosos (subir un video presumiendo el barrio con los protagonistas pintados como los […]

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Ojitos mentirosos o la rebeldía en tiempos de Tik tok

agosto 25, 2025

I. Tu FOMO me da cringe No hay contenido inocente. Toda manifestación implica una serie de visiones en pro o en contra del estado de las cosas así se produzca, la cultura, desde la inconciencia. Desde mi perspectiva la tendencia de Ojitos mentirosos (subir un video presumiendo el barrio con los protagonistas pintados como los […]

Ojitos mentirosos o la rebeldía en tiempos de Tik tok red es poder
Daniel Enrique Maldonado Sánchez
agosto 25, 2025

I. Tu FOMO me da cringe

No hay contenido inocente. Toda manifestación implica una serie de visiones en pro o en contra del estado de las cosas así se produzca, la cultura, desde la inconciencia. Desde mi perspectiva la tendencia de Ojitos mentirosos (subir un video presumiendo el barrio con los protagonistas pintados como los payasitos de la película Chicuarotes mientras suena la cumbia Ojitos mentirosos de Tropicalísimo Apache) se enmarca en lo que se conoce como pornomiseria: la exhibición protagónica de la vida marginal, la pobreza, los problemas y las carencias como material cinematográfico, ya sea ficción o documental. Es frecuente encontrarse con productos culturales que idealizan la pobreza y la convierten en parte de los mecanismos ideológicos que santifican la desigualdad al estilo del cine mexicano de la época de oro, el nacionalismo postrevolucionario, las producciones de Ismael Rodríguez y como tópico infalible del melodrama en el cine, la radio y la naciente televisión de entonces, hoy trasladados a las plataformas de transmisión digital, gratuitas o de paga.

Es curioso que la tendencia tenga alcances internacionales y se presenten los videos desde  distintas ciudades latinoamericanas. Quizás ese miedo a perderse algo (el FOMO por sus siglas en el colonialista idioma inglés –Fear of missing out –) y no montarse en el “tsurimi” de la red social en turno, el Tiktok, haya resultado en la inundación de payasitos y paneos por barrios y plazas populares y el agotamiento, aunque con alcance internacional, de este fragmento de la cumbia lagunera.

Que la cumbia, genero popular de convivencia y goce fiestero sea la protagonista no parece azaroso. Los fragmentos de temas musicales o canciones emanados de tiktok han modificado la industria y ahora, para sorpresa de nadie con creciente déficit de atención, constituyen listas de segmentos de apenas unos segundos como nueva forma de consumo musical perecedero.

La viralidad de una tendencia es una extraña y azarosa combinación de un video pícaro o juguetón, llamativo; la frase chusca, absurda o aparentemente profunda amalgamada con el segmento sonoro pegajoso que potencia el efecto emotivo, audiovisual y de totalidad de lo viral y una intención determinada. En este caso la mentira de la felicidad enmascarada frente a la situación precaria.

Dentro de la tendencia viral de Ojitos mentirosos la máscara de payaso me remite no sólo a los cuadros populares, a las figurillas de diversos materiales, al cantor tragicómico de la ópera y a la frase popular de Don Ramón, el personaje de Chespirito, el “cómico” ladrón de rutinas y personajes quien por fortuna hoy merece la crítica y la desacralización que realizábamos desde hace más de dos décadas: "Puede ser que no tenga ni un peso en mi bolso, pero tengo una sonrisa en el rostro y eso vale más que todo el dinero del mundo".

La máscara sonriente también es la disolución de la persona precaria sustituida por la mueca petrificada en la diversión a pesar de todo y frente a toda circunstancia: Ríe, payaso. Que el ridículo y la burla sean tu fortaleza y tu arma. Que la sonrisa pintada se enfrente simbólicamente a la realidad dolorosa, la falta de oportunidades y el entorno de violencia.

Si bien la interpretación y el objetivo principal de la tendencia es la respuesta ante la gentrificación, cierto orgullo barrial y sobre todo la demanda de acceso a la vivienda digna de la generación zeta, debemos cuestionarnos si este tipo de protesta forma parte de la apariencia lúdica de la denuncia en las redes, el activismo del click y lo propiamente pasajero de las tendencias. Aquella forma de ver nuestra propia decadencia como goce estético. El festival de la protesta, el espontaneísmo que no se convertirá en acción colectiva porque su finalidad se agota en los segundos del video. Ojalá me equivoque y no estemos en dos semanas hablando de la nueva rebeldía fugaz, la presentación de Resiliente en el zócalo capitalino o alguna otra forma de enajenación desde la conciencia dura.

II. Rebélate más, que me hace tu espontaneísmo feliz

En décadas anteriores el control mediático del duopolio televisivo y de las grandes cadenas nacionales tenían el dominio de las ideas. Hoy esa manifestación de dominio persiste emanando desde las redes perpetuando el ideario individualista y mercantil impulsado desde hace más de tres décadas.

Ahora que el neoconservadurismo toma fuerza frente a los movimientos progresistas, cuando la cuarta ola del feminismo choca con la llamada manósfera, cuando la normalización de las identidades de la comunidad LGBT+ y el antirracismo y el antimperialismo se enfrentan a las crecientes avanzadas del puritanismo y los movimientos de derecha, incluso dentro de esos mismos movimientos; los fenómenos mediáticos deben ser analizados. Si bien las tendencias no son directamente un producto de ello (aunque haya quienes sí expresan abiertamente lo retrógrado y lo irracional desde el más simiesco orgullo) debemos procurar educar y educarnos en el análisis del entramado ideológico que está en toda expresión cultural.

Hace una semana escuchaba música de los noventa. Leyendo las letras entendí una constante: lo cool de que nada te importe, la inyección de la apatía como ideario dominante frente a una realidad de despojo. Hoy qué clase de ideas se están introyectando, aprehendiendo en las mentes desde la hiperestimulación y la adicción a los carretes (reels) de las redes.

Cada época produce la cultura que valida o critica el estado de cosas y el ser social que, tristemente hoy con poca frecuencia, determina la conciencia social. El problema es que hoy incluso la propia protesta sirve como mecanismo de fuga o válvula de vapor para el malestar social convertido en espectáculo y moda.

La ideología, la serie de ideas subyacentes en la expresión cultural es material para la sociología y el análisis cultural. Prioritario resulta incorporar el análisis mediático y de contenidos audiovisuales a la currícula estudiantil. Hoy la trampa radica en la espectacularidad de lo instantáneo, en la fugacidad, en la trampa de lo insubstancial, de lo pasajero.

Si la revolución no iba a ser televisada, la insatisfacción y la rebeldía hoy dura los segundos de la puesta en escena popularizada, incluso protagoniza el medio tiempo del Súper Tazón. Y a lo que sigue desplazándolo en la pantalla.

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Reitero: La tendencia se toma hoy como una forma de protesta, un modo de evidenciar las condiciones de desigualdad. El problema es que tales expresiones pueden convertirse en la trampa del clickactivismo: no pasar de lo espontáneo y lo viral a formas de organización, demanda y acción. Sólo mezclar la moda con la denuncia meramente virtual y espectacular resulta en el autoengaño. No sólo se trata del contenido, es indispensable la conciencia y la unidad colectiva de la juventud: redes de apoyo, demandas específicas, pliegos petitorios, actividades públicas, pasar de lo virtual a lo real, que la máscara no sólo evidencie las contradicciones sino que sea un símbolo activo, aunque corra el riesgo de también ser devorada por la industria como lo fue la máscara de Guy Fawkes. Que esos barrios protagonistas de las tendencias se conviertan en sitios de acción y unidad popular, colectiva. Es más sencillo y cómodo hacer un reel que organizarse con objetivos y peticiones específicas. Los ojitos engañosos son las imágenes que mienten y simulan la rebeldía  desde la pantalla y lo fugaz. Y eso también le hace el juego al neoconservadurismo cuyo avance se da en el terreno de lo real.

(Este texto surge de una entrevista para la Universidad Autónoma de la Laguna).

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sercianasercia@gmail.com 

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