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Los Caines del norte de Jorge Martínez

mayo 18, 2026

Jorge Martínez poco a poco se ha ido consolidando como una de las figuras más reconocibles de la literatura lagunera. Siempre vestido de negro y con un porte de galán de película, captura la atención de todos en las librerías y en las ferias del libro. Su estilo personal recuerda a aquel de Antonio Banderas […]

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Los Caines del norte de Jorge Martínez

mayo 18, 2026

Jorge Martínez poco a poco se ha ido consolidando como una de las figuras más reconocibles de la literatura lagunera. Siempre vestido de negro y con un porte de galán de película, captura la atención de todos en las librerías y en las ferias del libro. Su estilo personal recuerda a aquel de Antonio Banderas […]

Los Caines del norte de Jorge Martínez red es poder
Alfredo Loera
mayo 18, 2026

Jorge Martínez poco a poco se ha ido consolidando como una de las figuras más reconocibles de la literatura lagunera. Siempre vestido de negro y con un porte de galán de película, captura la atención de todos en las librerías y en las ferias del libro. Su estilo personal recuerda a aquel de Antonio Banderas en su emulación del mariachi (risas malignas). Pude conocerlo por medio de Fernando de la Vara en La Tinta Cafebrería, donde unos meses atrás comenzamos un taller literario en conjunto con Armando Rivera, Jessica Ayala, Caleb Landaverde y Vick Medina.

La inteligencia de Martínez destaca en su agudeza para profundizar en los textos, en su capacidad para encontrar conexiones no evidentes respecto a tonalidades o temas de las más diversas índoles. También destaca por la pasión respecto al abordaje de la literatura. Es un hombre con una efusividad difícil de igualar en un ambiente donde más bien la timidez se vuelve la norma. Esa misma capacidad de síntesis distingue su prosa narrativa.

Sin duda con el transcurso de los años Jorge Martínez irá tomando posesión del lugar central que ocupará en la tradición lagunera. Nacido en 1994, todavía se encuentra en el rango de edad de esa categoría delimitada por las instituciones culturales, a saber, “jóvenes creadores”. Este señalamiento de mi parte sólo va en el sentido de proponer a Jorge como ese nuevo escritor con el tonelaje suficiente como para dialogar de igual a igual con sus antecesores y proveer por fin de unidad a una tradición que durante los cincuenta años de su historia ha estado dispersa. Eso quedó comprobado en la más reciente presentación de su primer libro en el marco de la FILC 2026, donde autores como Carlos Velázquez y Jaime Muñoz Vargas concurrieron en la misma sala para escucharlo. Al parecer la obra de Martínez ha causado un interés inusitado, lo cual desde luego es bueno para la vitalidad de nuestras letras.

Considero que el cambio generacional es inminente, y esa responsabilidad de fortalecer el ambiente literario regional recaerá por fuerza en otros. Jorge Martínez, desde mi punto de vista, se perfila para ocupar ese puesto: por su talento, su juventud, pero sobre todo por su carisma.

Ahora bien, esa misma cualidad visible en su persona, también se vuelve evidente en su estilo literario.

Los primeros textos de su autoría que llegaron a mis manos aún son inéditos, pero después de leer su primer título Carne fósil, publicado en el 2025, pero realmente promovido hasta fechas recientes, lo confirma.

Es un volumen de veinte cuentos; sin embargo, llama la atención que el poder literario de los mismos no reside en las anécdotas, sino en las atmósferas. Es notable cómo mediante el uso del lenguaje su narrativa nos sitúa en universos donde el calor y el polvo dominan el espacio. En ese aspecto su propuesta estética no busca darnos una sorpresa al final de las historias, pues en muchas de ellas ya se conoce desde el inicio el desenlace; muy por el contrario, intentan transmitir la experiencia, donde la desolación, el silencio, la muerte, la erosión de los elementos, entre otros, se convierten en el centro de la indagación humana.

Los personajes de estas páginas son extensiones del paisaje árido y brutal. Se mueven bajo el poder de los instintos, representan los extremos de la vida y de la muerte. Así como el calor los subyuga y los desborda, de igual modo las pasiones los aplastan. El sudor les recorre el pecho, pero en ocasiones no es claro si se debe al sol apabullante o a los agravios padecidos cada día. Viajan montados a caballo. Conocen cada uno de los secretos dignos de un vaquero. Portan sus sombreros, sus cintos de hebilla de plato, y sus botas, con la exquisitez de los dandis. Se acicalan para morir con elegancia. No pierden la dignidad, pues para ellos el honor es más importante que la vida.

La verosimilitud de los relatos se sustenta en la maestría del lenguaje. Son vaqueros que mencionan los nombres precisos de sus armas. No hay generalidades. El estilo de Martínez va al detalle más nimio, a cada uno de los utensilios de la montura. El efecto de realidad por este mecanismo valida cualquier dislocación fantástica. Lo fabuloso no colapsa las historias. El surrealismo permite a las narraciones escapar de la estética regionalista del siglo pasado, y al mismo tiempo, dentro de la mente del lector, queda un residuo parecido al de mirar las pinturas Munch. Los colores rojos se mezclan en el horizonte, las sombras se alargan en la llanura. Las miradas sigilosas dicen más que las palabras. Los diálogos son amenazantes. El desamor es el pan de cada día. La muerte se acepta sin remordimientos, porque en aquí la vida no vale nada.

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Hay algo que remite a las plagas bíblicas, el ganado enferma, se pierde, los hombres deben sacrificarlo a un dios ausente. Cada uno de estos hombres y mujeres son a su vez un Adán y Eva norteñas. Han sido expulsados al desierto para poblarlo y nombrar por primera ocasión sus hierbas y sus bestias. Caín está en cada forastero, en cada hombre, en cada sombra. Es mejor andarse solo, aunque eso implique encontrarse con la serpiente.

Mis cuentos favoritos del volumen son “Anina y la tormenta”, “Carretera exterior”, “Salvaje oeste”, “Santiago Papasquiaro” y “Un vaquero de verdad”. ¿Por qué los escojo? Por el ritmo de las historias, por el lenguaje y por el descaro de los personajes.   

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