
¿En qué momento comienza el siglo XX literario? Se tiene en gran consideración la obra de James Joyce como umbral de una nueva época. Sin duda el Ulises significó una revolución en el estilo narrativo. No obstante, emulando el análisis hecho por Ricardo Piglia a la cuentística de Borges, a pesar de las grandes innovaciones en la escritura, de las cuales destaca el monólogo interior, James Joyce, al igual que el señor de los laberintos, en cuanto a su concepción del mundo, sigue siendo un escritor del siglo XIX. La manera de representar al ser humano todavía es aquella de los ideales liberales, donde el individuo es el origen y total responsable de sus acciones.
Para Joyce el Estado se configura dentro de la ideología liberal y no ejerce mayor impacto en el devenir de los personajes. Por supuesto, el comentario anterior no va en el sentido de devaluar la calidad artística del irlandés, así como tampoco Piglia al decir que Borges era un escritor de siglo XIX lo hacía con la intención de denigrar al argentino. Simplemente se trata de un punto de partida para aventurar un análisis, para hacer el contraste y verificar la aparición de otras perspectivas. Borges y Joyce se parecen en tanto parten desde la concepción burguesa de la vida y, si son renovadores, lo son porque inventaron formas de narrar temas o tópicos muy bien definidos ya durante siglos por el canon. Quizás el que desborda en cierto grado esta clasificación arbitraria (lo acepto) sea el autor de Ficciones, con cuentos como “La biblioteca de Babel”, “Las ruinas circulares” o “La lotería de Babilonia”, pero esto sucede por su temprana lectura de Kafka: fue uno de sus primeros traductores.
En el camino de las renovaciones literarias existen dos vertientes. La primera de ellas es en los modos de narrar, de la cual el mismo Piglia estaba muy interesado. La segunda es la de los contenidos: me refiero al descubrimiento de realidades, ontologías, metafísicas.
En este segundo camino es donde se distingue el cambio de época: es la capacidad de observar un nuevo mundo. Recordemos que nuestra mente no alcanza a mirar la realidad; sólo atisbamos aquello que concuerda con nuestras interpretaciones de la misma. Por lo tanto, la literatura no cambia radicalmente mientras las categorías para definir lo real se sostengan. Los escritores de esta segunda vía son quienes ven del otro lado del espejo, quienes son los visionarios.
Normalmente, estos autores no modifican el modo de narrar. Por el contrario, son bastante clásicos. No hay distorsiones del tiempo, no hay monólogo interior, ni flujo de consciencia. Prefieren la tercera persona omnisciente; a lo mucho, trabajan con el estilo indirecto libre.
El ejemplo claro de este tipo de escritor, por su predicción del Estado totalitario, es, sin duda, Franz Kafka. De nueva cuenta, mucho se habla de la Metamorfosis, pero aunque quizás sea su obra más popular, lo cierto es que Kafka alcanza una profundidad más profética en La colonia penitenciaria. Traigo a la discusión este relato porque en extensión es muy similar al primero y porque también fue publicado en vida, a diferencia de sus dos magnas e insuperables novelas, El proceso y El castillo. No lo son por inventar modos de narrar sino por tener otro punto de vista sobre la posición del ser humano en el mundo y su relación no únicamente con el Estado totalitario, sino también con el mal radical, con el exterminio.
Podemos decir, entonces, que el siglo XX literario no empieza con James Joyce: lo hace con Franz Kafka.
Joyce, Borges, Kafka. Los tres tienen asegurados sus lugares en el salón de la fama de la literatura mundial. Por supuesto, lo merecen. No obstante, hay una cuarta figura de similar relevancia, a la cual se le ha mantenido un poco relegada. Me refiero a ese otro autor con las posibilidades de retratar como Kafka el totalitarismo. No es otro que George Orwell.
Su prosa es clásica. Si leemos su novela más relevante encontraremos una narración de principio a fin focalizada por medio del estilo indirecto libre en Winston Smith. He leído y escuchado comentarios de críticos donde afirman la pobreza literaria del libro, pero esto desde luego se deriva de una mala lectura, quizás muy influida por el estructuralismo.
La imaginación desplegada por Orwell en 1984 recuerda aquella de Dante en la Comedia. Ambos se parecen en el grado de detalle desplegado en un universo narrado no existente, pero no por eso menos verosímil. Cada uno fue capaz de adentrarse al infierno de su tiempo. Para comprender mejor este punto, quizás valga la pena recordar lo siguiente: el narrador mediocre al momento de contar emplea generalidades. Esto es muy claro, por ejemplo, cuando se describen las batallas o el uso de las armas. El narrador mediocre no las conoce y tampoco domina su uso. Otro ejemplo de narrador de primer nivel por la viveza de los detalles desde luego es Homero. Orwell en la historia de Winston Smith crea un sistema de vigilancia que en 1949, año de publicación de la novela, resultaba inexistente, pero que en este 2026 ya padecemos de muchas maneras.
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En ese sentido Orwell necesita la forma clásica para contener la visión del futuro. De otra manera, la narración se escaparía de sus manos y perdería ese efecto de realidad que posee el libro. Orwell, como Kafka, no está interesado en la renovación de la literatura, por ello los modos de narrar no llaman su atención, sino la comprensión de la naturaleza humana.
Son escritores que, a diferencia de Borges y Joyce, desbordan la palabra; son escritores que van más allá de lo literario, y por eso humanamente son superiores a los primeros. En eso precisamente un autor como Sábato estaría de acuerdo conmigo.
Desde luego, mi sugerencia sigue siendo polémica y hasta cierto grado arbitraria. Pero si algo define las obras de Orwell y de Kafka es el grado de riesgo que toman. Ninguno de los dos teme quedar destruido por sus páginas. La prueba está en que ambos enfermaron y murieron porque antes de buscar recuperar la salud decidieron continuar con la escritura.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
