
Durante años, el discurso oficial de Andrés Manuel López Obrador fue tajante e hipócrita. De manera pública su postura era: "no al fracking", pero en el papel, la realidad presupuestaria era diferente. Su gobierno destinó 27 mil millones de pesos a esta actividad mientras públicamente la negaba.

Hoy, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, las máscaras terminan de caer, al abrirse la puerta al fracking con una reconsideración técnica a través de un grupo de análisis científico integrados por reconocidos expertos en el país que serán presentados este miércoles.
Mientras esta discusión se eleva, la Alianza Mexicana Contra el Fracking revela una cifra alarmante que desmiente cualquier promesa de protección ambiental: el 31% del territorio de Coahuila ya está marcado por el fracking, con pozos exploratorios documentados por Petróleos Mexicanos (Pemex) desde el año 2010.
Esta actividad se ha mantenido en pie gracias a que el estado forma parte de la Cuenca de Burgos, una de las reservas de gas shale más grandes del planeta. Y no se trata de una práctica aislada, sino de una explotación intensiva que registra 24 pozos con un total de 461 fracturas. En el municipio de Sabinas, se localiza el foco más agresivo, donde un solo pozo ha sido sometido a 104 fracturas.
Otras zonas afectadas están en Piedras Negras, Nava, Allende, Villa Unión, Zaragoza, Guerrero, Jiménez, Ocampo, Lamadrid, Candela y San Buenaventura.
La Alianza Mexicana Contra el Fracking advierte que cada evento de extracción consume entre 9 y 29 millones de litros de agua, el equivalente a 12 albercas olímpicas, los cuales se contaminan con químicos cancerígenos como el metanol y el benceno.
Además el riesgo para los acuíferos, situados apenas 300 metros de profundidad, es altísimo, sin contar que la inyección de desechos a grandes profundidades puede lubricar fallas geológicas y provocar sismos, un peligro ya documentado internacionalmente.
Más allá del daño ecológico, el impacto humano es devastador. Las organizaciones civiles que visitaron Saltillo el pasado sábado, alertan que ya existen registros de daños a la salud vinculados a esta técnica, incluyendo casos de asma, embarazos prematuros y defectos congénitos del corazón en las poblaciones aledañas.
Mientras los políticos y empresarios presentan el fracking como sinónimo de progreso, aunque no especifican para quién, los colectivos sociales lo señalan sin titubeos como una señal del agotamiento de los combustibles fósiles y un método caro y agresivo que pone en riesgo la biodiversidad y el suministro de agua.
Ante un gobierno que hoy opta por respaldar el desarrollo económico, sobre el bienestar de las comunidades, el llamado a la movilización ciudadana arrecia en Coahuila para detener una técnica que amenaza el futuro de quienes habitan la región carbonífera y zonas aledañas.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
