
Pensar en ‘Oasis’ es dar lugar a los pleitos entre los hermanos más polémicos que la industria musical haya soportado. Fundadores de una banda que aprendería, desde las grabaciones de los demos de su primer álbum, que sería ‘algo’ grande, ‘biblical’, ‘majestic’, pero también el inicio de un viaje lleno de altibajos, crisis, peleas, drogas, guitarras estrelladas contra la cabeza uno del otro, conciertos interrumpidos por peleas con miles de fanáticos siendo testigos de la representación de lo que es ser fósforo y gasolina.
Detrás de los tabloides noventeros de habla inglesa llenando sus bolsillos y mesas a costa del humor del que decidían levantarse los hermanos, se forjaba un movimiento –casi culto– que rompería las barreras del idioma, trascendería generaciones venideras y se volvería más grande que la pelea de egos entre los Gallagher.
El documental Don't Look Back in Anger no busca la reivindicación del ‘héroe caído’ ni ser una carta de perdón para los fanáticos. Se trata de la esperada respuesta y, sí, el genuino y desarmado perdón entre hermanos.
Salas de cine llenas y fanáticos expectantes son testigos de la incredulidad en la que Noel y Liam navegaron por más de una década; Oasis se convirtió en un hito inminente del optimismo radical como resistencia en primera fila de un mundo que tiene como fin inmediato la masificación de pensamiento, usos, costumbres, moda y estilo de vida.
Frente a la realidad del 2026, donde cada día se está más cerca de una tercera guerra mundial que de la cura del cáncer, la banda, originaria de Manchester, regresa a los escenarios buscando ofrecer un respiro, descubriendo que las letras y melodías coreadas a todo pulmón, donde destacan frases como “Necesitas ser lo que eres, no alguien más” y “Todo lo que no sabemos es que no sabemos cómo va a ser, todos somos parte de un plan maestro” se convirtieron en himnos donde la ternura y vulnerabilidad fungen como el verdadero punk.
De esta manera, los Gallagher se desnudan frente a millones de fanáticos encarnando la incomodidad de regresar a los escenarios, de saberse mayores, de resentir el tiempo en sus huesos y, sobre todo, admitiendo que aquello que causó la ruptura de la banda y los mantuvo separados por 15 años no forma parte de las memorias a las que ahora voltean de reojo, con nostalgia y claridad, como guía para sanar lo dicho y lo callado; se trata de dejar de ignorar los gritos que aún se distinguen desde una cripta hueca y deteriorada.
La cinta de dos horas se aleja de las pretensiones y ostentaciones. No busca ser un documental perfecto. Muestra la preparación detrás de uno de los comebacks más exitosos de la historia de la música. Liam y Noel Gallagher se apropian de la narrativa de su travesía, una historia que parecería ser “temas de familia”, si no fuera porque esta pasó a ser de dominio público, alimentada por la incertidumbre y el silencio que durante 15 años dio libertad creativa a la prensa para dar múltiples versiones y respuestas equívocas al misterioso caso detrás de las peleas de los ingleses.
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Don’t Look Back in Anger muestra la recopilación de momentos llenos de miedo, expectantes al futuro e incomodidad detrás del reencuentro entre hermanos; ensayos donde las manos temblaban y el nerviosismo los traicionaba, el descubrimiento de cómo sus predicciones fueron ciertas y se volvieron una de las bandas más grandes de la historia, panorama forjado mientras ellos marcaban una confortable distancia el uno del otro, evitando admitir que no puede existir Oasis sin un Noel ni un Liam.
Los hermanos no ofrecen más que una honesta plática, al estilo de los 90's, retirando la indumentaria del ego para dar lugar a la narrativa de fanáticos alrededor del mundo que abrazaron el regreso de Oasis como señal de que el mundo no se ha acabado y que existen millones de personas en el mundo buscando un refugio donde puedan levantar la cabeza con seguridad y admitir que quieren vivir para siempre.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
