
Este 6 de junio Coahuila vivió una jornada electoral más para renovar el Congreso Local, y en el análisis de esta elección no me voy a limitar al triunfo del PRI, que se jacta de ser el último bastión tricolor en el país tras ganar todos los distritos en juego.
Tampoco me voy a quedar en las estridentes respuestas de Alejandro Moreno, quien desde la euforia del "16-0" calificó a los morenistas de "narcopolíticos" y "cínicos", enviando un mensaje al resto de México: "claro que se puede (vencer al partido en el poder federal)”, porque lo que verdaderamente me ha quedado marcado es la respuesta que emanó desde la representación de Morena ante el Instituto Electoral de Coahuila (IEC).
Al afirmar que "Coahuila no es el corazón ni el pulso del país" y, con ello reducir la importancia del estado a que somos poco electoralmente hablando.
Acá la frase completa de quien ni siquiera nombraré, pero que sí habló en representación de Morena en el Instituto Electoral de Coahuila: “Permítanme decir algo que quizá cale y haya que recordar con humildad: Coahuila no es el corazón ni el pulso del país. Coahuila representa apenas un soplo de 2.5% en el inmenso huracán que es la lista nominal de electorales”.
Aunque el discurso iba en el sentido de que la devoción priista no es propia de todo el país, la cifra estuvo de más. Sí caló.
Coahuila es un estado que ha sentido, vivido y padecido la corrupción. Un estado que se ha equivocado en las urnas y ha pagado con su salud y vida las malas decisiones políticas. Y también es un estado que ha levantado la voz para pedir auxilio y este discurso sí cala. ¿La política abandona la justicia para abrazar exclusivamente la estadística?
Esta frase no es solo es un cálculo desafortunado, sino un mensaje triste, porque pareciera que es la confesión de por qué tantos problemas estructurales de nuestra entidad parecen estrellarse siempre contra un muro de silencio en la capital del país.
¿Es por ese 2.5% que la petición de transparencia y justicia para esclarecer el tema de la megadeuda no ha llegado?, ¿Es por ese 2.5% que los gritos de las familias de personas desaparecidas no resuenan en las oficinas federales para encontrar a los suyos?, ¿Es por ese 2.5% que la petición de justicia de los obreros de Altos Hornos no ha sido atendida y sus problemas solucionados?, ¿Es por ese 2.5% que las feministas que piden una alerta de género por el alto nivel de violencia contra las mujeres no ha tenido un analisis concluyente?...
Si cala. ¿Qué podemos pensar?, que la lógica del poder se basa en el peso electoral. Entonces, el dolor de una madre en Saltillo o Torreón vale menos que el de una en una entidad con mayor densidad de votantes. Es una estadística perversa.
Te puede interesar | El caso de la Primaria Manuel Maldonado y la ceguera de la Sedu en Coahuila
A lo mejor cala lo que voy a decir pero el mensaje que se envía es de un abandono total. Al decir que Coahuila es insignificante en el gran esquema del "huracán electoral", se les dice a las mujeres que denuncian una ola de violencia, a los activistas que luchan contra los monopolios empresariales y políticos, y a los ciudadanos que buscan justicia, que están solos.
Es una falta de respeto que cala hondo, porque implica que la justicia no es un derecho universal, sino una recompensa proporcional al tamaño del padrón electoral de cada estado.
En conclusión, la elección del 7 de junio nos deja una lección amarga. Coahuila podrá ser el 2.5% de la lista nominal, pero su historia, su industria, su gente y sus problemas son el 100% de la realidad para quienes habitamos esta tierra. Ignorar ese "soplo" podría ser el error que eventualmente convierta el descontento en un huracán que ninguna estadística podrá contener.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
