
Hay personas creadas para hacer lo que quieren y lo que pueden. Querer y poder es distinto porque la segunda acepción infiere que puede existir una limitante, una incapacidad de hacer algo específico. En el mundo hay líderes mundiales que hacen lo que quieren con otros países inferiores, pero que desearían someter a la misma violencia a otras potencias, pero no pueden, no pueden porque pondrían en riesgo a su propia población y a la idea de autodenominarse como la nación más poderosa del planeta.
Aunque pareciera que estoy hablando en clave, esta reflexión fue producto de la intervención del doctor Miguel Crespo en la charla "Tan lejos de Dios... reflexiones sobre el panorama de Venezuela", llevada a cabo el pasado miércoles 14 de enero en La Tinta Cafebrería. Evidentemente Estados Unidos es la autodenominada nación más poderosa del planeta y obviamente no es capaz ni tiene el poder ni la potestad de intervenir, como a Venezuela, a potencias rivales como China o Rusia.
Hoy China es el principal socio comercial de la mayoría de los países latinoamericanos. China también es (o era), el principal comprador de petróleo venezolano. China también es la potencia que concentra más puertos en el mundo. China ganó terreno, ganó mercado, ofrece opciones más competitivas, diversidad de productos, tecnología, mano de obra, materias primas. Hoy China es la gran piedra en el zapato con la que Estados Unidos no puede pelear, al menos no desde la posición que dominan: la violencia.
Arturo González, periodista especializado en geopolítica, habló sobre la presencia y la influencia de China en Latinoamérica, situación que justificaría, más no avalaría, la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela que terminó con el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro. Por ello China es la gran amenaza de Estados Unidos, porque el petróleo venezolano es la mayor reserva probada del mundo y además su extracción es barata, porque el oro negro venezolano se estaba yendo a China al margen del sistema financiero de Estados Unidos y esto representaba una amenaza latente para la otrora primera potencia económica mundial.
Cuando Miguel Crespo comentó que los líderes mundiales hacen lo que quieren y lo que pueden, también lanzó un guiño a Estados Unidos y a Rusia y es que, paralelamente, Arturo González recordó que el escudo de defensa del país gobernado por Vladimir Putin son las armas nucleares.
En medio de la discusión y la conversación de los panelistas, Daniel Maldonado, escritor y profesor, también recordó que estamos siendo testigos de la decadencia del "imperio norteamericano" e incluso se mofó de la neo doctrina "Dunroe", autodenominada así por Donald Trump, presidente de Estados Unidos, para, según su diatriba, "Make America Great Again".
Lo que no aclaró el presidente Trump fue que la doctrina Monroe fue establecida como una acción de defensa, no de conquista, como una medida para evitar la intervención de potencias europeas en Estados Unidos, no para pisotear, saquear y exterminar a naciones más débiles.
El diálogo entre los tres panelistas recorrió varias ideas y se estacionó en un tema: la movilización y organización popular y es que si algo tiene Venezuela es organización en las bases y eso fue una lección, si acaso la única, que dejó el ex presidente Hugo Chávez, de habilidades políticas mucho más sofisticadas que su sucesor, Nicolás Maduro.
"Hay que ver cómo los pueblos están reaccionando ante la amenaza del exterminio", dijo Daniel Maldonado. A su ver, la gente de a pie, la que sufre día a día las malas decisiones, se está organizando y está tomando medidas para sentar las bases que ayuden a construir realidades más justas. Lo que sucedió en Venezuela fue un zarpazo de desesperación por parte de la administración de Trump, para tratar de ganar legitimidad y para obligar, a Venezuela, a que se utilicen parte de sus reservas petroleras para beneficiar a empresas norteamericanas.
¿Por qué propiciar espacios de diálogo? Porque la inmediatez de las cosas nos hace tomar posturas sin ver el mapa completo, porque ya no estamos estudiando, porque no estamos viendo más allá del cristal. En La Laguna el control mediático está concentrado en espacios marchitos. Los medios tradicionales se convirtieron en la caja de resonancia del discurso hegemónico y con hegemónico me refiero a lo que dicen alcaldes, gobernadores, empresarios y autoridades de medio pelo. La libertad con la que se desenvolvieron los panelistas no hubiese sido posible en un programa de radio o televisión o en la versión digital o impresa de una entrevista.
El 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos llevó a cabo el operativo que terminó con el secuestro de Nicolás Maduro y con la muerte de más de 100 personas, la discusión sobre el intervencionismo militar fue tema en todos los espacios de comunicación. Hoy también sigue siendo tema el modelo iracundo que utiliza Trump para gobernar e imponer su ley a toda cosa. Hoy las normas internacionales son floreros caros que no sirven para nada. Hoy los espacios para disentir no existen porque el no estar de acuerdo ya se asocia, con íntima lascivia, con el insulto y la humillación.
Así como se habló sobre Venezuela y así como se critican las decisiones del presidente Trump, en Red es Poder deseamos que se hable de Manolo Jiménez, de sus recortes indiscriminados a obra pública y de Román Cepeda y la fuga inexplicable de recursos públicos. Nos gustaría que se hable sobre los cuadros políticos reciclados que administran Torreón que lo tienen sumido en una dinámica nociva que genera grandes dividendos a los empresarios, a costa de migajas y salarios de hambre para el proletariado.
Necesitamos espacios para discutir y reflexionar porque si algo debemos aprender del pueblo venezolano es que, a lo largo de su historia, se ha sabido organizar. Hoy ni Maduro, ni Chávez, ni Corina Machado, ni Delcy Rodríguez, ni Trump ni nadie les da atole con el dedo. Ellos y ellas conocen sus carencias, sus anhelos, sus sueños y sus miedos. Hoy saben que vienen años complicados, así como los que ya padecieron. Hoy saben que, en ellos y solo en ellos, está la posibilidad de lograr que Venezuela se convierta en el país que siempre han soñado.
Lo mismo sucede en la Comarca Lagunera. No necesitamos una intervención militar para entender que el extractivismo está presente, sólo que el saqueo es de agua, no de petróleo. Hoy sabemos que la intervención militar también está presente, pero a través de acuerdos binacionales firmados entre el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, y su homólogo texano, Greg Abbot, en los que se combate a la migración, se instalan boyas gigantes en el río y se violan los derechos humanos de las personas en tránsito.
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Hablemos de Coahuila, hablemos de La Laguna y de Venezuela y de Estados Unidos y de México. Hablemos, dialoguemos y reflexionemos sobre lo que nos afecta. La única ruta para construir y hacer política de verdad es el diálogo, son los acuerdos, porque de la palabra comienza la organización y de la organización la posibilidad de que los regímenes verticales y los sistemas fallidos se derrumben.
Aquí una fotografía de los panelistas, del Fer, propietario de La Tinta y de su servidor, Jorge Espejel.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
