
Juan Villoro mueve los dedos con cierta impaciencia, como si se tratara de un pianista recordando una nota, un acorde. Las instalaciones de El Siglo de Torreón fueron escenario de la presentación de su libro "No fue penal: Una jugada en dos tiempos".
El presentador, Aldo Valdés y Villoro, usaron el libro como excusa para hablar sobre futbol, sobre la importancia que tiene para la sociedad, sobre el valor identitario que representa para las comunidades, sobre su religiosidad, aficiones, política. El futbol como un todo, como el juego que mueve masas, que polariza y que divide opiniones. El futbol como una de las principales frustraciones de la sociedad mexicana.

No fue penal narra la historia en dos tiempos de Valeriano Fuentes, el mejor jugador mexicano de todos los tiempos y El Tanque, un entrenador de segunda división que, como futbolista profesional, era más bien un leñador preciso, torpe con con el balón, pero certero cuando se trataba de detener una jugada, de destruir el juego.
"Yo soy un aficionado, en realidad no sé mucho de futbol. Me he dedicado toda la vida a ver partidos a sufrir con ellos. Yo hablo desde la pasión. Yo creo que un autor tiene que contar cómo es el mundo que lo rodea y hoy en día el espectáculo mejor repartido en el planeta tierra, mejor organizado, es el futbol.", dijo Villoro durante su primera intervención.
Desde la afición fue que Juan Villoro construyó la historia, contada desde dos ópticas distintas, de "No fue penal, una jugada en dos tiempos".
Necaxista recalcitrante, pero abandonado por la fuga del equipo hacia Aguascalientes, en donde no ha podido enraizarse en el ánimo colectivo de la afición, Villoro narra en su libro la historia de dos amigos; el leñero, quien, en una jugada accidental, fractura a Valeriano Fuentes, personaje inspirado en Alberto Onofre, jugador en quien estaban fincadas las esperanzas de la selección mexicana previo al mundial de México 1970 y que vio truncada su carrera por una lesión sufrida en la última jugada del último entrenamiento del equipo previo al mundial.
Juan Villoro aprovecha la tragedia de Onofre para depositarla en Valeriano, quien se convierte en juez de VAR al no poder continuar con su carrera y le toca definir el futuro de su verdugo, su amigo "El tanque", entrenador de un equipo de segunda división que se enfrenta a la decisión del video arbitraje para ver cumplir su objetivo o abrazar el fracaso. La decisión, al final, quedará en el criterio de Valeriano y en el posible resentimiento que pudiera guardar a quien, accidentalmente, terminó con su carrera.
"Teníamos un equipo bastante bueno, entrenado por "el güero" Cárdenas. El jugador que había destacado más en el torneo previo se lesionó en la última jugada del último entrenamiento; Alberto Onofre, extraordinario jugador de las Chivas del Guadalajara, un jugador elegante, con capacidad de remate, con dominio de la media cancha, con capacidad para generar jugadas.", relató Villoro sobre Alberto Onofre, jugador que inspiró la historia de Valeriano Fuentes.
Onofre sufrió una lesión que, hoy en día, ya no arruina carreras, sin embargo, en 1970, era poner fin a la trayectoria de cualquier deportista de alto rendimiento.
"Nos enteramos todos de que existían dos huesos, llamados la tibia y el peroné. Hasta ese momento ninguno de nosotros sabíamos, aunque cada quien teníamos dos tibias y dos peronés en su cuerpo, de pronto dicen que se fracturó la tibia y el peroné.", añadió Villoro.
Esta anécdota, que tiene 54 años de antigüedad, dejó sembrada en el autor la idea de recrear la historia, de ficcionar la tragedia de Onofre .
"Le dijeron cámbiate porque te vamos a llevar al hospital y él pidió que lo llevaran con la camiseta de entrenamiento de la selección nacional, entonces es muy posible que yo no vuelva a vestir esa camiseta, y así fue, una situación trágica. Alberto Onofre regresó a jugar futbol, pero ya no fue lo mismo".
El verdugo de la carrera de Onofre, el Tanque, está inspirado en Manuel Alejándrez, futbolista del Cruz Azul quien, sin intención, fracturó al jugador mexicano más talentoso de la época.
"Esa es la historia que antecede a "No fue penal", porque son dos grandes amigos que tienen una relación muy estrecha, pero que al mismo tiempo tienen una rivalidad, como suele suceder por una mujer que les gusta a los dos, la mujer escoge a Valeriano Fuentes, que es un jugador muy destacado y su amigo, que es un jugador entregado, de los llamados leñeros, tronco, le encanta el futbol, pero pues no da la talla. Están juntos hasta que sucede la fractura."
El libro, a partir de la anécdota real, propone la posibilidad de que estos dos amigos se vuelvan a encontrar, ya retirados, en una cancha de futbol.
En diciembre de 1996, Santos Laguna ganó su primer título de liga frente al potente Necaxa de Manuel Lapuente, el gigante de los noventas. El gol que dictó sentencia, hecho por Jared Borgetti e inmortalizado con una estatua, fue en flagrante fuera de lugar. De haber existido el VAR, esa historia hubiera tenido otro final. Juan Villoro, aficionado el Necaxa, sufrió esa derrota.
"El video arbitraje nos ha ayudado en algunas cosas, pero creo que a veces abusamos de la tecnología porque el futbol era el deporte más divertido del planeta, entre otras cosas, porque los árbitros se equivocaban, cuando el árbitro se equivocaba en nuestro favor decíamos árbitro justo, y sabíamos que se había equivocado pero así había sido. No quisiera yo recordar aquí ese gol en fuera de lugar de Jared Borgetti, a pesar de ese gol, yo creo que el futbol tenía ese elemento divertido", contó Juan Villoro.
Casi 30 años después, el escritor mexicano recibió, como obsequio, una playera del Santos Laguna. El regalo se lo entregó Ignacio Ambriz, quien como futbolista fue símbolo del rayo, pero que casualmente, en la actualidad, es entrenador del equipo lagunero.
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Así, en "No fue penal, una jugada en dos tiempos", podrán descubrir la historia de dos amigos que, tras un tráfico final como futbolistas profesionales, se encuentran en un partido crucial, en papeles distintos, con el destino en manos de quien, en su momento, fue víctima de la torpeza de su colega.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
