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Brutalidad policiaca en Coahuila, el miedo social y la impunidad como política institucional

febrero 2, 2026

Se sabe que en Coahuila si coincidimos con la policía en un día cotidiano, lo primero que sentimos es miedo, no seguridad. Los elementos que transitan por nuestras calles, avenidas y carreteras son bombas de tiempo, individuos altamente violentos con armas de fuego en las caderas y mala capacitación en Derechos Humanos.

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Brutalidad policiaca en Coahuila, el miedo social y la impunidad como política institucional

febrero 2, 2026

Se sabe que en Coahuila si coincidimos con la policía en un día cotidiano, lo primero que sentimos es miedo, no seguridad. Los elementos que transitan por nuestras calles, avenidas y carreteras son bombas de tiempo, individuos altamente violentos con armas de fuego en las caderas y mala capacitación en Derechos Humanos.

brutalidad policiaca
Gerardo Pineda Arciniega
febrero 2, 2026

Se sabe que en Coahuila si coincidimos con la policía en un día cotidiano, lo primero que sentimos es miedo, no seguridad. Los elementos que transitan por nuestras calles, avenidas y carreteras son bombas de tiempo, individuos altamente violentos con armas de fuego en las caderas y mala capacitación en Derechos Humanos.

Hasta ahora no hemos visto el video en el que Chris Hernán Pérez Rentería sufre el resbalón que presuntamente le cuesta la vida en las instalaciones del Centro de Justicia de Torreón, ni mucho menos evidencia de que Fernando Maldonado se quitó la vida, el doctor que (hay que decirlo) “presuntamente” también falleció en los llamados “Separos” de Torreón como consecuencia de un supuesto suicidio, a pesar de que sus familiares y amigos alegaron que era falso.

Pero todos sabemos. Habrá que hacer una remembranza colectiva y seguro que cada quien tendrá una historia de brutalidad policíaca qué contar. En mi caso, puedo recordar aquella vez que también terminé en el Centro de Justicia de Torreón y vi a un compañero de celda ser cacheteado violentamente por un elemento de la Policía de Acción y Reacción de Coahuila sólo por estar “hablando alto”.

De no ser por una funcionaria del Centro que intervino para pasarlo a procesar, pero en realidad para salvarle la vida, estoy seguro que hubiera presenciado una golpiza desmedida, el policía tenía esa cara de loco que tienen los hombres violentos que disfrutan agredir.

Hay muchos de esos en las fuerzas de seguridad. Habrá quien piense que esos perros de pelea son necesarios para lidiar con los verdaderos delincuentes, pero acá hay algo que no está funcionando.

Lo cierto es que muchas personas confiesan haber escuchado de casos de violencia policiaca contra ciudadanos, y me voy a sacar un dato que me tomó fácil 3 horas sacar del mar de información del INEGI, pero, según un indicador de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2025 (ENVIPE), que se define como una “variable que indaga si el informante ha presenciado violencia policiaca contra ciudadanos para identificar la existencia o incremento de la inseguridad en el entorno del informante”, calculé las siguientes tasas de personas que dijeron que sí han presenciado o sabido de casos de violencia policíaca en los 4 municipios más poblados del estado: en Saltillo, 7.79% personas de 744 presenciaron este tipo de violencia, en Torreón un 23.1, es decir 146 de 632 personas encuestadas; en Piedras Negras, un 12.6%, 19 de 150; y en Monclova un 15.9%, esto es 30 de 188 personas que se encuestaron.

MunicipioPersonas encuestadasPersonas que dijeron que sí han presenciado casos de violencia policiacaTasa
Torreón63214623.10126582
Saltillo744587.795698925
Piedras Negras1501912.66666667
Monclova1883015.95744681

¡UNA LOCURA!

O sea, imagínense, en Torreón hay por ahí 770 mil habitantes, si el 23 ha presenciado violencia policíaca contra al menos un ciudadano, esto significa que, por lo menos 177 mil personas han sido violentadas en ese trimestre que se realizaron las encuestas.

No por algo la percepción de confianza en las instituciones de seguridad municipales y estatales siempre son las peores. Siendo los policías de tránsito los que peor confianza dan. Acá abajo les dejo la tabla de estos indicadores para no batallar citando y pasar a la conclusión:

Ojo: pueden consultar más sobre esta información específicamente para Coahuila en este enlace: https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/envipe/2025/doc/envipe2025_coah.pdf

Y bueno, psicológicamente entonces, ¿cuál es la consecuencia de que tengamos miedo de las personas encargadas de nuestra seguridad? 

Primero, se rompe el contrato básico de confianza. Cuando la figura que debería protegerte se vuelve impredecible o amenazante, el cerebro entra en modo supervivencia. No hay cooperación posible con quien activa el miedo. La psicología social lo ha explicado durante décadas: la legitimidad de la autoridad no se sostiene con fuerza, sino con percepción de justicia y trato digno. Cuando eso falla, la obediencia deja de ser voluntaria y se convierte en evitación, resentimiento o desafío silencioso.

Segundo, el miedo crónico tiene costos mentales reales. Vivir bajo la expectativa constante de abuso —aunque no te haya ocurrido directamente— genera hipervigilancia, ansiedad generalizada y estrés sostenido. La psiquiatría lo reconoce como un caldo de cultivo para síntomas depresivos, trastornos de ansiedad e incluso manifestaciones compatibles con estrés postraumático indirecto o vicario. No hace falta que te golpeen para que el daño ocurra: basta con saber que puede pasar, que ya pasó cerca, que nadie rindió cuentas.

Tercero, una sociedad que teme a su policía se fragmenta. La gente no denuncia, no coopera, no confía. Se normaliza el silencio como mecanismo de autoprotección. Esto no sólo debilita al tejido social, también empeora la seguridad pública, porque las instituciones comienzan a operar a ciegas, sin información ciudadana y con una espiral de deshumanización mutua: policías que ven enemigos en todos lados y ciudadanos que ven agresores con uniforme.

La evidencia es clara: donde la autoridad actúa desde el miedo, el miedo se reproduce. Y el miedo, como motor social, nunca ha producido comunidades sanas, sólo sociedades tensas, resentidas y psicológicamente desgastadas.

No estamos hablando de ideología, sino de salud mental colectiva. Una policía que intimida no sólo viola derechos: enferma a la sociedad que dice proteger.

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