
Este 15 de septiembre Torreón cumple 118 años de haber sido declarado una ciudad y aunque autoridades estén festejando un año más de la fundación del municipio, la realidad es que, en muy poco tiempo, la salud ambiental, urbana y social de Torreón se ha tornado crítica y nadie ha tomado decisiones firmes para cambiar la inercia.
Torreón y La Laguna son una región privilegiada. Cuentan con dos ríos y dos humedales, una cuenca repleta de agua y de recursos que, de haber sido manejados con perspectiva humana, no se hubiera minado la salud regional.
A 118 años de historia, el agua dulce de la región escasea, la calidad del aire es paupérrima, el desarrollo urbano no tiene orden ni sentido, los salarios son precarios, la infraestructura es deficiente, la movilidad torpe y la desigualdad es ofensiva.
No se trata de analizar todo el contexto desde el ala negativa, Torreón abrió los brazos al mundo. Más de 80 nacionalidades distintas confluyeron en un lugar que fue mina de prosperidad y abundancia para migrantes. Aquí se pudo establecer una comunidad árabe importante, pero también china y española y francesa, entre otras muchas. En Torreón el desarrollo llegó rápido durante el porfirismo, pero con él también escaló la desigualdad. Años después llegó la maquila. Torreón se convirtió en una de las principales fabricantes de mezclilla del mundo, pero a costa del algodón y de repartir salarios de hambre. Se terminó el algodón, la maquila comenzó a migrar y se asentó la industria lechera. Hoy, la cuenca agroindustrial, es la más productiva de México y una de las más importantes de Latinoamérica, pero a costa del agua superficial y subterránea, a costa del aire contaminado y de la deforestación masiva para la instalación de monocultivos en el resto de la región lagunera.
No se puede pensar en Torreón sin perspectiva regional. Al final la Comarca Lagunera es una sola y ha caminado cohesionada con el paso del tiempo. Los ríos Nazas y Aguanaval no distinguen entre límites geográficos y políticos, simplemente dan y daban vida a un territorio que hoy está seco, inerte y con pocas posibilidades de salir adelante si no se toman decisiones radicales.
Sin caer en la romantización, Torreón es ejemplo de resistencia porque no ha sucumbido ante al extractivismo, la minería del agua, la contaminación de la industria minera, lechera y el crecimiento urbano. Torreón también resistió a la violencia, a inundaciones, a la desigualdad, a la corrupción y a la mala gestión de sus recursos naturales; pero todo tiene un límite, nadie ni nada es invencible, la tensión en exceso tiende a romper hasta a las fibras más sólidas.
Hoy toca agradecer que Torreón, pese a todo y todas y todos sigue en pie, hospedando a miles de personas y formando parte de una zona metropolitana que supera el millón de habitantes. Pero también toca reflexionar, tomar responsabilidad y acciones que ayuden a la preservación del municipio y de toda la región.
Creer que las autoridades o la comunidad empresarial tomarán medidas solo con el objetivo de beneficiar a la comunidad y al medio ambiente es ingenuo. La ruta es por la vía ciudadana, por las calles, por los movimientos sociales y comprometidos que no tengan intereses partidistas ni económicos. Nos toca devolver a Torreón y a La Laguna lo despojado. Ese sería, sin dudas, el mejor regalo por el 118 aniversario de una ciudad al borde del colapso.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
