
Imaginemos, sólo por unos minutos, que Torreón fue la sede del Super Bowl LX y que Bad Bunny se inspiró en sus carencias. Pensemos que el epicentro del deporte y del entretenimiento fue la Comarca Lagunera y que la autoridad criticada fue el presidente municipal, Román Cepeda. Imaginemos una manifestación colectiva, con elementos creativos y disruptivos para visibilizar los problemas que lastiman a la población, pero también para enaltecer las virtudes de las y los torreonenses y en general de la comunidad lagunera.
El show del medio tiempo del super bowl del pasado domingo 8 de febrero fue, oficialmente, el más visto en la historia de la NFL. Más de 130 millones de espectadores alrededor del planeta estuvieron pendientes de Bad Bunny y el mensaje que tenía preparado para la comunidad latina que vive en Estados Unidos. Además, paralelamente, también el morbo latía con intensidad a la espera de algún dardo narrativo enviado hacia el presidente Donald Trump, cuyas políticas públicas vulneran, diariamente, los derechos humanos fundamentales de las personas migrantes que trabajan y viven en la nación norteamericana.
Bajo este contexto, decidimos imaginar un show del medio tiempo fincado en Torreón; una ciudad desertificada, cuya historia ha transcurrido como en una montaña rusa y que hoy va en pleno declive por la sobreexplotación de sus recursos naturales y el deterioro del medio ambiente.
Torreón, aunque la comparación parezca forzada, es una ciudad que se construyó a través de comunidades migrantes que se asentaron en estas tierras. Llegaron familias francesas, españolas, chinas, alemanas, japonesas, libanesas, palestinas. El municipio era una torre de Babel. Había consulado de Estados Unidos a mediados del siglo pasado y también se cometieron crímenes lesivos e inhumanos como el exterminio de más de 300 personas de origen chino por motivos xenófobos.
Torreón, posiblemente, es una de las ciudades con mayor diversidad cultural y étnica de todo el país. Al ser una comunidad relativamente joven, se erigió a través de personas que migraron del exterior y del interior de México, pero nunca se han establecido bases ni políticas públicas puntuales para reconocer la herencia cultural hospedada en la región y representada en edificios que hoy están abandonados, nomenclaturas de calles genéricas, desarrollo urbano que no respeta los trazos originales de la ciudad y un sinfín de carencias que han proliferado y se han conservado por culpa de gobiernos sin tacto, sin visión y sin capacidad de reconocer que Torreón es diverso y complejo y multicultural.
Imaginemos a esas miles de personas que viven en el poniente de Torreón, en el origen de todo y que al mismo tiempo son la base proletaria de la ciudad. Imaginemos a esas personas recibiendo reconocimientos puntuales por parte de Román Cepeda y su equipo, pero que el reconocimiento venga acompañado de pavimento, agua, alumbrado público, drenaje sanitario, recolección de basura, seguridad. Imaginemos que en Torreón la obra pública no se hace para beneficiar a quienes más tienen, a quienes viven en el sector de mayor plusvalía, al norte del municipio, dejando en el desamparo y en el olvido a las zonas densamente pobladas y marginadas como el poniente y el sur.
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Creemos que los paralelismos entre las demandas sociales de la comunidad latina en Estados Unidos y la comunidad torreonense y lagunera son similares. Quizás en Torreón no se deportan personas, pero sí se detienen de manera indiscriminada, sí son maltratadas en tribunales y sí son criminalizadas por cometer faltas menores y administrativas. Otro paralelismo está en los ingresos que ganan la mayoría de las y los trabajadores, que no superan los dos días de salario mínimo. También destaca la discriminación, la falta de representación de minorías en posiciones relevantes del gabinete municipal, la nula perspectiva de derechos humanos en materia de seguridad y prevención, la represión de manifestaciones y la estigmatización de las voces opositoras a la actual administración.
En fin, imaginar un show de super bowl, pero inspirado en las problemáticas de Torreón, es solo un ejercicio para recordar que Román Cepeda tiene grandes pendientes y grandes carencias como líder político de la ciudad y como responsable de administrar los recursos públicas de las y los torreonenses. Dijo Bad Bunny que lo único más poderoso que el odio es el amor y amor es, precisamente, lo que no sienten las personas que gobiernan Torreón; de ahí las carencias, de ahí el malestar, de ahí que el futuro no es claro, sino sombrío y poco esperanzador.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
