
El gobierno de Román Cepeda se caracteriza por la intolerancia. No hay adjetivo que describa mejor a una administración que no escucha ni atiende a la crítica. Que no escucha ni atiende las peticiones ciudadanas. Que no dialoga, que no llega a acuerdos, que no busca soluciones.
Román Alberto Cepeda está subido en un ladrillo de poder, avalado por una cofradía de funcionarios, empresarios y periodistas que, a cambio de dádivas y buenos tratos, aplauden como focas, como audiencia de un asombroso espectáculo.
Un joven de 31 años fue baleado por un elemento del Grupo de Reacción Torreón durante un desalojo. ¿La reacción del alcalde? Mentar la madre a sus detractores, pedir justicia para todas las partes y refrendar su apoyo a la dirección municipal. Todo esto, además, dos días después de la tragedia.
El mismo miércoles, un pequeño grupo de manifestantes, integrado, en su mayoría, por mujeres y adultos mayores, se manifestaron en el Giro Independencia para exigir justicia por el joven ultimado y para solicitar una audiencia con el alcalde. ¿La respuesta? Enviaron al mismo Grupo de Reacción, así como a policías municipales, para despejar la protesta con uso excesivo de violencia, con agresiones contra dos mujeres periodistas de por medio y con la detención de una de las manifestantes.
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El alcalde Román Cepeda está cegado. Se rodea de gente incompetente que no sabe dar lectura a los problemas. Torreón vive tiempos de intolerancia, tiempos de represión, tiempos en los que no se pueden llegar a acuerdos, en los que no se puede protestar, en los que no se puede pedir audiencia con los mandatarios para que hagan su trabajo.
Torreón vive tiempos aciagos. La soberbia es el peor enemigo del alcalde. La burbuja lo tiene cegado. La esperanza está en la ciudadanía, en la organización colectiva y en la esperanza de que los poco menos de tres años que quedan de administración se terminen pronto.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
