
Son migajas electorales, desechos, reciclajes caducados las opciones que tiene la ciudadanía para motivarse a participar en los comicios que se llevarán a cabo en Coahuila el próximo mes de junio.
Sin temor a equivocarnos, no existe elección más gris y triste y poco atractiva que la huérfana de diputados y diputadas locales en Coahuila. Vemos las opciones que están buscando competir y sólo son representantes de los mismos poderes hegemónicos de siempre, aquellos que piden el voto, ganan la elección y olvidan a la ciudadanía.
¿Cómo motivar a la ciudadanía a votar si, inevitablemente, quede quien quede no pasará nada distinto?, ¿por qué llamar a la participación ciudadana si en Coahuila se gobierna de manera totalmente vertical, sin escuchar, sin llegar a consensos y sin beneficiar a las bases?, ¿por qué creer que Morena pudiera ser una opción interesante si en Coahuila está integrado por caciques empresariales y priistas renegados por falta de cuotas en el partido tricolor?
Mucho se habla de una presunta dictadura que se estaría estableciendo en México, pero esta aseveración es falsa. En estados como Coahuila sí opera una especie de dictadura institucionalizada que está por cumplir 100 años y esa es la del PRI de Manolo y de Riquelme y de los Moreira y de Enrique Martínez y de los Montemayor, hoy millonarios por su incursión en el negocio del carbón.
Desde el Congreso local se cometieron los mayores atropellos en la historia de Coahuila, como la aprobación de la contratación de la megadeuda a través de documentos falsos o la posterior clasificación de los archivos para que imperara la impunidad. También desde el Congreso se ha evitado tocar el tema de la legalización del aborto y se negó la posibilidad de dotar de pensión universal a personas discapacitadas. En el mismo Congreso local se han avalado cuentas públicas turbias como las de Torreón, Saltillo o las de la Universidad Autónoma de Coahuila.
¿Por qué confiar en la oposición si ya se vendió una vez? Hasta hace unos años, el PAN logró en Coahuila lo que nadie en la historia: ser mayoría opositora en el Congreso. Comenzaba el sexenio de Miguel Riquelme, por fin se preveía la posibilidad de que el gobernador en turno no tuviera el poder absoluto, sin embargo, no contábamos con la presencia de un político sin valores ni principios ni vocación: Marcelo Torres Cofiño. El hoy diputado federal plurinominal vendió, sin mayor empacho, la voluntad ciudadana. Se entregó como se entrega un perro faldero a las huestes de Riquelme y hoy vive becado, sin reflectores y con un futuro político oscuro, en la cámara de diputados, disfrutando de la última ubre que le queda por mamar.
Las opciones electorales para este 2026 son decepcionantes. Está Verónica Martínez, diputada federal con licencia del PRI que buscará una legislatura local para dar pie a sus intenciones a contender por la candidatura a la presidencia municipal de Torreón, es decir, sólo utilizará la diputación local para hacer presencia en territorio con dinero público y finalmente abortar el puesto por el cual podría ser elegida.
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En la misma situación está Hugo Dávila, quien ya fue electo diputado local, dejó el puesto, se fue a la coordinación de Mejora Coahuila, dejó a Felipe González en su cargo y ahora, nuevamente, buscará ser diputado local para, seguramente, pedir licencia en algún momento.
Y Felipe González, otro político reciclado que ha utilizado su posición política dentro del congreso y su buena relación con el alcalde Román Cepeda para influir en la contratación de una empresa familiar como proveedora del SIMAS Torreón, tal como ya se documentó en este espacio.
Así, le podemos seguir con otras opciones como Gerardo Aguado, quien ha demostrado ser muy buen florero, pero mal opositor el interior de Coahuila, Alberto Hurtado, quien se mantiene defendiendo los intereses familiares y políticos de los Guadiana o Antonio Attolini, quien solamente ha mantenido una lucha mediática encarnizada contra el alcalde de Torreón, Román Cepeda, ayudándose con la cobertura del Grupo Zócalo, conglomerado de medios que hicieron fortuna gracias a las dádivas de los hermanos Moreira.
Triste y decepcionante la situación de Coahuila. Participar en la elección de diputaciones locales será una tortura. Las opciones electorales ofrecidas a la ciudadanía son abominables. No hay democracia real, no existen las opciones opositoras reales. En Coahuila seguirá reinando la misma inercia enfermiza, digan lo que digan y piensen lo que piensen.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
