
La distancia entre Manolo y Román es tan grande que los abrazos se notan falsos y los halagos meras cortesías políticas. El gobernador de Coahuila y el alcalde de Torreón no coinciden. Refrendan tanto una supuesta amistad que queda claro que lo que menos hay es un aprecio. La toma de protesta de Román como presidente municipal fue una muestra. Las indirectas entre ambos mandatarios fueron contundentes.
La enemistad entre Manolo y Román no es nueva, proviene de una distancia política entre los intereses políticos de Saltillo y Torreón, del gobernador en turno y del hoy senador, Miguel Riquelme. Román Alberto Cepeda no deja de ser gente impulsada y protegida por el ex mandatario estatal y parte troncal del "grupo Torreón", un segmento del priista coahuilense que busca formar un bloque sólido para mantener el control del estado.
Así, la primer bofetada entre Manolo y Román fue por parte del alcalde de Torreón, quien de buenas a primeras decidió desplazar al Grupo de Reacción del gobierno del estado, para quedarse con el propio. En su momento, esta decisión generó tensión porque es precisamente la seguridad una de las banderas más grandes de las autoridades estatales y se tomó como una acción de rebeldía de Román hacia Manolo Jiménez.
A partir de ese momento, comenzaron los desaires de Manolo Jiménez, quien no estuvo presente en actos importantes como las inauguraciones de la Casa Nana del DIF Torreón y el Giro Independencia. Además, para el último informe de Román Cepeda envió representación, misma que tampoco tuvo intervención en el estrado.
De pronto, de manera inesperada, Zócalo Saltillo, diario que forma parte del conglomerado de medios más grande de Coahuila y que recibe más recursos por concepto de publicidad oficial, comenzó con una dura campaña en contra del alcalde de Torreón.
A través de uno de sus columnistas, publicó presuntos actos de corrupción que se han dado dentro de la administración municipal torreonense. Personajes alrededor del medio consideraron esto como mensajes desde el Palacio de Gobierno, ya que Zócalo es una organización caracterizada por abanderar líneas editoriales totalmente oficialistas y afines a las administraciones coahuilenses.
Así, aunque Román Cepeda nunca desmintió las acusaciones ni ofreció un mensaje claro acerca de los embates, aprovechó una última oportunidad para recuperar, al menos, la relación institucional entre el gobierno de Coahuila y el Ayuntamiento de Torreón.
Fue hasta la toma de protesta de Román Alberto para un segundo periodo como alcalde que se dio la reaparición pública de ambos personajes. Desde la tribuna, tanto Román como Manolo dijeron que Torreón es más importante que ellos, dejando entrever sus amplias diferencias. Asimismo, los camarógrafos del evento lograron captar las facciones duras e incrédulas de ambos políticos cuando se enviaron halagos desde el escenario.
Torreón, de esta manera, es una manzana que están disputándose Manolo y Román. Mientras tanto, Coahuila sigue igual; con las mismas falsas narrativas sobre inversión y seguridad. La realidad es que el estado sigue sumido en una severa crisis financiera por la falta de flujos. La realidad es que se invierte mucho dinero en medios de comunicación precisamente para que la gente piense que las cosas van bien, que vivimos en un estado de progreso y sano.
Manolo y Román tendrán que convivir tres años más como gobernador y alcalde. Más allá de las aspiraciones políticas que puedan tener uno y otro, la batalla de egos está desplazando a Torreón y a los intereses reales de la ciudadanía.
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Hoy Torreón tiene un mal transporte público, mal estado del pavimento, problemas viales, malos salarios. Hoy Torreón vive una realidad alterna a la que describe el alcalde Román Cepeda. La falta de agua, la contaminación del aire y del suelo así como las enfermedades relacionadas al cáncer, son temas que tampoco están siendo atendidos de manera puntual por parte de nadie.
No hay que dejarse llevar por los desniveles inútiles ni por la llegada de tiendas famosas o cadenas reconocidas de cafeterías. Hoy lo que menos han sabido hacer Manolo y Román es política. No hay acuerdos ni consensos, no existe un rumbo claro para Torreón. Coahuila, por su parte, como desde hace más de dos sexenios, sigue huérfano de recursos, ahogado en sus propias deudas.
Lo de Manolo y Román, sin duda, fue una falsa reconciliación.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
