
Crecer de clase social en La Laguna es un reto casi imposible de cumplir. Las condiciones no están dadas para las y los habitantes de la zona metropolitana y sus alrededores tengan oportunidad de pasar de la clase baja a la media y de la media a la alta.
Disminuir la desigualdad social depende de varios componentes que tiene relación con el gasto del gobierno, con el tipo de empleo que se ofrece y con las condiciones de vida que reciben las y los ciudadanos de una comunidad.
En La Laguna, el salario promedio, de acuerdo con el IMSS, oscila en los 466 pesos diarios, es decir, poco menos de 14 mil pesos mensuales, sin embargo, este ingreso está concentrado en los municipios de Torreón y Gómez Palacio, dejando de lado a las personas que viven en municipios como Matamoros, Madero, San Pedro, Viesca, Lerdo, entre otros.
Así, el nacer y crecer en un municipio ajeno a Torreón y Gómez Palacio implica, estadísticamente, ganar menos dinero a cambio de un trabajo formal.
Datos del Consejo Nacional de Evaluación indican que los jóvenes entre 12 y 29 años son quienes más están sufriendo el estancamiento de clases sociales y la pobreza, sin importar que hayan estudiado y terminado una carrera universitaria.
El organismo federal indica que, en 2016, 2,5 millones de jóvenes vivían en la pobreza extrema, 13.7 millones en pobreza moderada. Para 2018, la cifra de personas entre 12 y 29 años en situación de pobreza extrema permaneció en 2.5 millones y en moderada cayó a 13.5 millones, sin embargo, para 2020, la cifra se disparó a 3.4 millones en pobreza extrema y 14.5 millones en pobreza moderada. Es decir, en 2016, 16.2 millones de jóvenes sufrían algún tipo de pobreza y cuatro años después la cifra subió a 17.6, es decir, 1.4 millones más.
Estos datos explican cómo en La Laguna los recién egresados ganan 12 mil 705 pesos mensuales, un salario inferior al promedio de ingreso de las y los trabajadores de la región lagunera, minando las posibilidades de que una persona menor a los 30 años tenga oportunidad de progresar profesional y materialmente.
Otro factor preponderante para reducir la desigualdad y acercar a un crecimiento de clases real en La Laguna y en cualquier parte del mundo es la inversión pública.
Si una persona tiene resuelto, al menos, el acceso a un transporte público digno, pavimento, agua potable, luz, recolección de basura, entre otros servicios, tendrá menos preocupaciones para intentar trascender y realizar actividades que le preparen para enfrentar la vida.
En Torreón, por ejemplo, la inversión en obra pública, con respecto al presupuesto, apenas rebasa el 10%. En contraste, casi 4 de cada 10 pesos que se gastan son para solventar la nómina y los gastos de la burocracia. De esta manera, los gobiernos municipales, estatales y federales no inyectan recursos en mejorar la condiciones de vida de la gente, sino en mantener robustas estructuras gubernamentales que no ayudan en nada en hacer más eficiente la administración pública.
En La Laguna se trazó una estructura que edifica, de manera automática, techos de cristal para las personas que no nacen bajo ciertas condiciones sociales y económicas de privilegio. Los empresarios han conservado esas maneras a través del diseño de tabuladores salariales de hambre, con pocas posibilidades de crecimiento y con poco margen de maniobra para que el proletariado busque otras oportunidades reales de desarrollo.
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Mientras la ambición y la codicia de los dueños del capital continúe, así como la complicidad de las autoridades, crecer de clases social en La Laguna será, más que una aspiración, una utopía, una meta imposible de alcanzar.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
