
El descuido de las calles de Torreón es abrumador. La intransigencia del municipio fue mayúscula. Por falta de mantenimiento y vigilancia, las avenidas se están abriendo y los colectores colapsan. Las coladeras vomitan mierda y orines y desechos orgánicos. El olor invade las banquetas y se filtra al interior de las casas de la gente. Hoy vemos ríos de agua verde hospedados en los cordones de las principales calles de la ciudad. Hoy nos damos cuenta que el abandono fue estructural, que el ejercicio de los recursos públicos no es visible y que hay muchas cuentas por aclarar.
Caminar o hacer ejercicio en las calles del centro de Torreón ya no es conveniente. El olor es nauseabundo, el aroma del antiguo estadio Corona era más amigable que el de las banquetas. Calles alrededor de la Alameda Zaragoza, sobre el Paseo Morelos, la Hidalgo, entre otras muchas, son un hervidero de bacterias y de larvas y de moscas panteoneras que gustan de embarrase y hospedarse en mierda.
Por esas mismas calles ves transitar a camionetas del Simas Torreón o de cualquier dependencia municipal y no hacen nada; no les importa o no tienen la orden o no tienen el presupuesto o simplemente no tienen la capacidad de arreglar un barco que se está hundiendo de manera irremediable.
Un socavón en la colonia Rincón del Bosque casi se llevó de bruces a un puñado de casas que terminaron ladeándose hacia un hoyo en el que se veían tuberías colapsadas. Este hundimiento no fue nuevo e inesperado. Ya había pasado. La ciudadanía pidió se reparara en incontables ocasiones y no pasó nada. Hoy el Simas Torreón dijo a los propietarios de las casas que no se harán cargo de las reparaciones de las viviendas, que eso le corresponde a la constructora.
También están los hundimientos en bulevar Libertad, al oriente de Torreón. El camellón central se está abriendo como el mar rojo. Ya son tres posiciones distintas que se desplomaron. El problema tiene meses y es día que aún el Simas, con su nuevo y flamante gerente general, Xavier Herrera, no ha hecho nada. El ayuntamiento, encabezado por Miguel Ángel Riquelme, sólo se aparece en las noches del fin de semana, pero para instalar el operativo alcoholímetro.
Mucho se ha hablado sobre la crisis del Simas Torreón, sobre la deuda de 2 mil 084 millones de pesos que dejó la gerencia de Roberto Escalante, cuyo jefe era el fallecido alcalde Román Alberto Cepeda, pero la realidad es que el mal manejo de la empresa no es nuevo. Las malas finanzas, los estados financieros desequilibrados y la operación en número rojos datan desde la administración de Eduardo Olmos Castro o incluso desde antes.
Los hundimientos en las calles están sucediendo por la subsidencia del suelo, es decir, por la sobreexplotación del manto freático que provoca abras y movimientos en la tierra, pero también porque no se le dan mantenimiento a los colectores sanitarios ni a las líneas de drenaje. Esto, a su vez, provoca que las tuberías colapsen, que los cimientos se desplomen y que el suelo termine abriéndose de par en par.
Las precarias condiciones de las calles de Torreón son un reflejo, un ejemplo mayúsculo, de cómo las administraciones municipales no saben o no quieren hacer su trabajo. Argumentan temas presupuestales, pero el problema no está en la cantidad del recurso, sino en la distribución del mismo. Hablan sobre recortes federales, pero el Simas ni siquiera ha sido capaz de instalar medidores en el 100% de los predios con contrato de agua potable. Hablan de poca voluntad política para bajar recursos a gran escala que lleven a construir, de cero, un nuevo sistema integral de drenaje, pero desde lo municipal no se han completado los trámites requeridos para hacer la demanda.
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Desde este espacio se los aseguramos: Xavier Herrera no recuperará al Simas ni resolverá, de raíz, los problemas de drenajes sanitarios colapsados. Miguel Riquelme, alcalde de Torreón, dirá que se está trabajando con lo que se tiene y dejará, la infraestructura hidráulica, con parches y sin soluciones permanentes.
Los arroyos de mierda que recorren las banquetas y aceras de Torreón son el reflejo del tipo de administración que tenemos. No hace falta indagar ni ser un maestro de la investigación para darse cuenta que no se le han dado buen uso a los recursos públicos. Las coladeras rebosantes de heces son, más que nada, el producto del trabajo de quienes ostentan el poder.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
