
La propuesta narrativa de la serie Las gotas de Dios, en Apple TV, es esta: una mujer pelirroja con un sentido del sabor súper poderoso, llamada Camille, se ve obligada a participar en una contienda extraña por la herencia de su padre, que consiste en miles de vinos rarísimos y por lo tanto bien caros, que, entre todos costaban una verdadera fortuna.

El tema es que el papá de Camille es un señor francés obsesionado con todo lo relacionado con el vino. Por eso digo en el encabezado que es un buen drama para mamadores del vino: esos a los que les encanta, en una reunión equis, oler su bebida y decir desde la ignorancia “este es bueno”, nomás porque la etiqueta dice Casa Madero.
El papá se llama Alexander Léger y estaba obsesionado con una de las bebidas alcohólicas más populares de Europa. Y, la verdad, viendo Las gotas de Dios, uno entiende la obsesión. El vino y su ciencia toman bastante protagonismo en esta producción de AppleTV, lo cual le da mucho más valor a la narrativa, desencadenada por el narcisismo y la egomanía de Alexander, quien organiza la competencia que funciona de columna vertebral para esta serie.
Un pequeño spoiler, nada más para darle color al sujeto que, si bien, no es protagonista, sí es el responsable de toda la trama: Camille, su hija, que de por sí era talentosa en el arte de saborear desde muy joven, vivió las pruebas del loco de su padre, quien, a escondidas de la mamá, llevaba a su hija a la bodega de vinos para vendarle los ojos y ponerle pruebas nivel sommelier para reconocer los sabores.

En cada una, la hija tenía que distinguir no sólo qué marca de vino era y de qué año, sino irse a desmenuzar mentalmente los diferentes detalles de la bebida: distinguir sus componentes, el tipo de clima donde fueron criadas las uvas, la madera del barril, entre otras locuras. Todo eso acabó por transformar a la pequeña francesa en un detector hipersensible de sabores que eventualmente colapsó. Es entonces cuando se va a vivir a Estados Unidos con su madre y pierde contacto con el papá.
Años después, en el ocaso de su vida, Alexander la contacta para platicar con ella antes de morirse, lo cual nunca sucede, porque fallece antes de que pudieran reencontrarse. Acá es donde empieza la contienda que les decía al principio, y Camille se enfrenta contra Issei Tomine, un joven japonés que por mucho tiempo había sido el estudiante estrella de Alexander en sus últimos años.

Ambas vidas se desarrollan y se entrelazan mientras juegan a los retorcidos retos del señor, que además de obsesivo, disfrutaba mantener secretos turbios como consecuencia de sus desmadres.
Recomiendo.
Está en Apple TV y aquí abajo les dejo el cast:


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.





Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.



