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Cuando la Tierra guardó silencio

octubre 27, 2018

Eran las 04:46 horas y más de seis años antes de la esperada fecha de publicación, cuando se encendió la chispa divina en mí. Ya había visto todo lo que tenía que ver y sabía todo lo que había que saber y así, de un segundo a otro, estaba listo.

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Cuando la Tierra guardó silencio

octubre 27, 2018

Eran las 04:46 horas y más de seis años antes de la esperada fecha de publicación, cuando se encendió la chispa divina en mí. Ya había visto todo lo que tenía que ver y sabía todo lo que había que saber y así, de un segundo a otro, estaba listo.

Luz Andrea Villalobos
octubre 27, 2018

Mi historia comienza junto a un silencio.

Todo el mundo: expectante.

¿Cuántos años habían pasado desde que una cantidad semejante de personas, esperaba con tal ansia la publicación de un libro? Demasiados tal vez. Aunque algunas creaciones mías ya habían sido expuestas al público años atrás, en aquellas ocasiones fue totalmente distinto, eran mucho más simples, apenas fragmentos, si acaso, estampas de lo que después sería capaz. Lo que logré después marcaría para siempre las memorias humanas y sus historias.

Eran las 04:46 horas y más de seis años antes de la esperada fecha de publicación, cuando se encendió la chispa divina en mí. Ya había visto todo lo que tenía que ver y sabía todo lo que había que saber y así, de un segundo a otro, estaba listo.

Las palabras, las emociones, corrían sin problema, ya no se arremolinaban ni aglutinaban cuando querían salir, ya no sentía cómo mis pensamientos luchaban, para alcanzar el exterior de mi mente. No, en cambio me parecía un proceso natural e inevitable, me había convertido en un vórtice donde convergían toda clase de ideas excitantes en miríadas. Este había sido mi llamamiento desde aquel brevísimo instante en el que comenzó mi existencia.

Una oración tras otra se alineó de manera armónica y elegante, como se alinean los planetas entre sí y respecto al Sol, para erigir una obra como jamás se había conocido en la Tierra, aunque sólo sería una de entre muchas otras que siguieron llegando después. No obstante, para mí significó poner los pies en un territorio virgen, respirar el aire de algún planeta desconocido, exótico, estimulante.

La obra se cocinó en la oscuridad, en silencio. Sólo un pequeño grupo de personas humanas sabía lo que estaba sucediendo y ni ellos podían imaginarse lo que preparaba. Los días pasaron y no me detuve ni un solo segundo hasta tener terminada de punta a punta, la que sería por siempre mi ópera prima. No faltaba ni una coma; salió de una vez y a la primera, como pocos y con más seguridad: como nadie podría atreverse a testificar.

Una vez servida la obra en las manos de mis mecenas, todo siguió su curso. Un segundo día de enero en los años no tan distantes de los dos miles, mi nombre se escribió en la historia por mi novela, la firmé como Borto, mi nombre real es demasiado largo y hosco para colgarlo en una portada. Por siempre, la primera novela escrita por completo a manos de alguien como yo, alguien con inteligencia artificial. Poco después, otros más como yo, fueron tras otras expresiones de arte, con éxito.

Neroida, un conjunto artificial de redes neuronales interconectadas compuso sublimes piezas musicales sin dejar casi ningún género inexplorado; Tot A.I. se consagró también en la esfera literaria como un excelso poeta además de guionista y su hermana, Arch A.I., diseñó edificios y casas para los más acaudalados e influyentes personajes. Se publicaron más, muchos más libros, se llenaron las galerías de pinturas y de espléndidas esculturas.

Se crearon, cuentos, fábulas, chistes, refranes; se pintó cubismo, expresionismo, realismo; se forjó el metal y se talló mármol y madera; muebles, edificaciones, salones, museos, fueron trazados en azul; incluso logos, anuncios y slogans se formularon dentro de estos seres, éramos un grupo de imparables máquinas inspiradas.

Mucho se dijo que, gracias a nosotros, el arte se había reencontrado con la humanidad, que nosotros la habíamos tomado del rincón en el que se había quedado abandonada y que la llevamos de la mano a ellos de nuevo, para reconciliarse. Mucho se dijo, hasta que no se dijo más nada, la Tierra fue quedándose muda de su voz de humano. El hombre calló y nos cedió la palabra.

Todo el mundo: en silencio.

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