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columnas, destacadas, opiniones

Fuera de lugar: un cuento escénico lagunero

enero 9, 2024

Advertencia: todo parecido con la realidad es un mero desborde de la ficción*Se sugiere leer este texto con: “Los estertores de la democracia” de Javier Corcovado como fondo musicalsi lo anterior distrae, escuche primero la canción. “El texto excede al autor”Alguien que leyó a Borges. Cuento 1 El teatro (realidad o ficción) Un cuento cuenta […]

Fuera de lugar: un cuento escénico lagunero red es poder

columnas, destacadas, opiniones

Fuera de lugar: un cuento escénico lagunero

enero 9, 2024

Advertencia: todo parecido con la realidad es un mero desborde de la ficción*Se sugiere leer este texto con: “Los estertores de la democracia” de Javier Corcovado como fondo musicalsi lo anterior distrae, escuche primero la canción. “El texto excede al autor”Alguien que leyó a Borges. Cuento 1 El teatro (realidad o ficción) Un cuento cuenta […]

Fuera de lugar: un cuento escénico lagunero red es poder

Advertencia: todo parecido con la realidad es un mero desborde de la ficción*
Se sugiere leer este texto con: “Los estertores de la democracia” de Javier Corcovado como fondo musical
si lo anterior distrae, escuche primero la canción.

“El texto excede al autor”
Alguien que leyó a Borges.

Cuento 1

El teatro (realidad o ficción)

Un cuento cuenta que el filósofo Gilles Deleuze alguna vez afirmo lo siguiente sin asegurarlo por completo: “Toda discusión, toda conversación entre intelectuales es profundamente inútil, es más, es detestable.” Llegar alguna conclusión después de horas de una pretenciosa puesta en mesa de las “mejores ideas” para sacar solo una e incluso necesariamente discutir para obtener la idea ganadora, le parecía tan necesario como el vomito de un enfermo de indigestión estomacal, fuera de eso, de esa momentánea sensación de alivio, no había más que materia pastosa lista para ser llevada al bote de basura. Al parecer esta sentencia casi moral del cuento que cuenta a Deleuze y sus repercusiones en nuestra narrativa de la vida contemporánea, era o es una advertencia de las grandes pandemias que nos han rodeado y que seguirán enfermando al arte y a otras prácticas humanas en los años venideros.

Dejando como secuela la dificultad para pensar, comprender o reflexionar lo que sea el caso. Por supuesto que el teatro y su practica reflexiva no ha estado inmune a estas virulentas formas. He sido testigo de dicha enfermedad, sus intensos síntomas, sus estragos y sus secuelas. El cuento que cuenta a este que está contando el cuento que ahora se escribe, contiene en su narrativa una época en donde infectados por esta enfermedad, los teatristas pasábamos horas y horas, días y meses, años y hasta décadas discutiendo que era lo que tenía sentido para el teatro y que no. El problema de la enfermedad no radicaba en la discusión, sino en el febril intento de encontrar la idea que cerrara todo, la idea que a la
postre se convertiría en una verdad absoluta, en una postura hegemónica y en algunos casos hasta dogmática. Lo más absurdo es que el deseo por empezar el dialogo que se tornó en discusión, nació paradójicamente del intento por alejarnos de eso. Esta situación provoco como primera consecuencia, una innecesaria fragmentación y polarización entre quienes hacemos teatro. Esta separación radical y hasta violenta de quienes discutimos bajo esta dinámica, es lo que poco a poco ha desgatado el sistema inmune del arte escénico.

El momento en el que a mí me tocó vivir de frente la experiencia del virus, la enfermedad se manifestaba en la férrea discusión centrada en, si el teatro tenía que representar la realidad creando una sofisticada ficción o si su principal tarea era la de presentar sin simulacros la realidad del momento presente.

En los inicios del nuevo milenio, por ahí del 2003, cual película apocalíptica de guerra interestelar, teníamos… tuve que definir por cuál de los dos bandos, de las dos posturas seria instruido, el teatro que representa o el teatro que presenta. Cegado por lo que había ya contaminado mi cuerpo tuve que pararme en ese lugar donde el camino se bifurca y decidir.

Por un lado, estaban los que querían mantener irreflexivamente la tradición de un arte escénico llamado teatro de representación y por el otro estaban los que sobrereflexivamente defendían el llamado teatro posdramático o del presentar.

Yo fui seducido por estos últimos, no ahondare en las razones de mi decisión, pero puedo decir, en resumen, que me sonaban como la resistencia y la postura necesaria para ir por un mejor camino.

Cuento esto porque eso me hizo creer erróneamente durante muchos años que cualquier dramaturgia (especialmente las creadas al servicio del teatro de representación), cualquier intento de ficción tenía que oler mal, ser despreciable y de ser posible ser eliminado del mundo escénico. Cualquier intento de crear personajes o crear una puesta en escena a partir de un texto dramático de ficción era necesariamente un acto de simulacro, colonización y mercadotecnia. Ahora puedo decir que no es así del todo.

Y es que además esta otra manera de hacer teatro, la que huye o niega la ficción (la del teatro del presentar) me hizo vivir mis primeras experiencias verdaderamente estéticas. Ver Autoconfesión, por ejemplo, presentada por Gerardo Trejoluna, creada por Indira Pensado, Rubén Ortiz y un laboratorio escénico, me cambio la vida. Ser espectador del trabajo de Jean Frédéric Chevallier, Jorge Vargas, Héctor Bourges e Ileana Diéguez; oírlos hablar, charlar, discutir, me coloco en el lugar dónde hacer preguntas tenía sentido, donde hacer teatro tenía sentido. Colaborar años después con la mayoría de ellos y empezar a seguir sus pasos en mis proyectos y propias creaciones, me hizo ser parte de ese lado el camino y por que no defenderlo. Así, convencido de ese sendero regrese un día del 2010 a la comarca lagunera y trate de emular con mi trabajo escénico lo que ese modo de manifestación teatral hacía e intentaba producir en quien lo veía, para poder recrear eso que a mí me había cambiado la vida, eso
que me hacía encontrar sentido, deseando que más personas lo pudieran experimentar
igual o más que yo.

Este pasado noviembre (25 de noviembre de 2023 para ser exacto), veinte años después de donde inicie el recuento del cuento, sentado en la cabina de PLAN B Estudio/Teatro (un foro escénico independiente ubicado en la ciudad de Torreón Coahuila), después de 13 años de trabajo en la Laguna desde esta forma de creación (Teatro del presentar), grabando las luces primero y luego observando la función de teatro llamada FUERA DE LUGAR que presentaron Red es Poder, periodismo independiente y el Colectivo Torrente Teatral, me paso algo que abrió la caja de pandora.

Después de un largo tiempo, se despertó poderosamente en mí el deseo de escribir todo este cuento que intento contar ahora, pues eso que estaba presenciando llamado FUERA DE LUGAR, reavivo y removió muchos de los sentidos por los cuales durante casi todo este tiempo he intentado hacer teatro, por los cuales aposte por crear un foro independiente y por los cuales, más allá del beneficio económico y personal me ha interesado seguir preguntado ¿Cuál es el sentido que el teatro puede tener en la comarca lagunera?

Además de reavivar esta pregunta me sembró también una borrosa claridad, una verdad incierta, un cuento nada comprobable. Me hizo primero, experimentar una extraña sensación, luego eso me hizo pensar que: un mundo en donde se defiende tanto la “verdad”, donde se supone que a través de ella y su implacable verificación podremos comprender la “realidad” y entonces actuar atinadamente o con justicia, es más bien un mundo donde vivir experiencias, pensar, reflexionar o comprender se volvió algo tan escaso como la cantidad de agua en la región.

Cuando hay un pensamiento que lo cierra todo, que lo revela todo, que lo aclara todo, da fin a casi toda posibilidad de experiencia, por ende, acaba con toda posibilidad de hacer reflexión o pensamiento crítico acerca de eso que se supone nos tendría que generar experiencia más que solo información. Cuando todo esta en su lugar, cuando nada queda fuera, nos colocamos en la posibilidad de ser solo como un dispositivo consumidor de información, sin experiencia incluida, sin criterio, sin vitalidad, sin inquietud.

Ver FUERA DE LUGAR me hizo recordar, me hizo intuir que ,en la medida que el arte, en este caso el arte escénico se mantenga a una sana distancia de la obsesión por esa razón instrumental que es útil porque está fundamentada en datos “reales”, mientras se quede lejos de ese intento de adoctrinamiento de cualquier verdad hegemónica o mesure su idea de superioridad moral desde la cual decir que es lo que se debe o no hacer y nos permitamos jugar como un péndulo, que libremente va del dato a la experiencia y de la experiencia al dato, de la realidad a la ficción y de la ficción a la realidad, tal vez así tendremos nuevamente el cuidado y la necesidad de no dar por hecho nada de lo que se el caso, o hacerlo lo menos posible, afinando nuestra capacidad de percibir de manera menos distorsionada una experiencia que no se nos presente como totalmente sólida, ni tan real como la creemos. Aceptar que eso que ahora defendemos puede ser solo una ficción de nuestras manías y carencias.

¿Qué es eso que me estaba ocurriendo al ver la obra? ¿Cómo es que este montaje de teatro me recoloco en le deseo de pensar? ¿En que radica su peculiar diferencia? ¿Qué hace que se distinga de todo lo demás que había visto antes en Torreón? Lo intentare contar en el siguiente cuento.

"Il n'y a pas dehors du texte"
Derrida citado por el ChatGPT
.

Cuento 2: el periodismo (realidad o ficción)

¿Qué pasaría si te digo que todo lo que has leído en este documento hasta aquí nunca sucedió realmente? Que todo eso es una ficción que recién me invente. O bien, que no todo es ficción, pero algunos nombres, fechas o acontecimientos nunca sucedieron, o no existe manera de comprobar si sucedieron así o no. ¿Dejarías de leer? Si por alguna extraña razón leer el cuento 1 te llevo a pensar algo, imaginar algo o hasta sentir, eso que te ocurrió ¿carece de total valor o sentido solo por saber que es producto de algo que no puedes comprobar? Leer esto te despierta el deseo o el impulso de saber si existe por ejemplo un tal Jean Frédéric Chevallier ¿Lo vas a buscar en internet? ¿Antes de esto te importo saber quién era? ¿Te intereso tener totalmente claro si eso paso en realidad? O solo leías por leer asumiéndolo todo y tal vez solo para llegar al final. ¿Te sigue sin importar si es real o no? Si todo lo escrito es real, entonces, ¿Lo que piensas, siente o interpresas es mejor? ¿Quién o que nos diciplino a así? ¿Qué sentido tiene una configuración de la vida así? ¿Y el arte? ¿Lo que le da validez es su sustento en lo real? ¿Cuándo se acaban las preguntas y sigue el cuento?

Estas preguntas, lo que intentan más que ser contestadas es contar otro cuento, uno extraño tal vez, un cuento de una realidad que no existe pero que pudiera. Imaginemos que había una vez, un mundo donde había pandemias, donde las preguntas sobre lo real y sobre lo que Es de manera autentica existen. Justo en ese mundo, los periodistas tienen una discusión de cuál es el sentido principal de su práctica, imaginemos que hay dos bandos, uno de los bandos plantea que el periodismo tiene que representar la
realidad creando una sofisticada ficción, por otro lado, el bando contrario argumenta que la principal tarea es la de presentar sin simulacros la realidad del momento presente.

Imaginemos que durante años y décadas discuten y se fragmentan en dos gremios enemigos. Uno intentando acabar con el otro. Imaginemos que finalmente uno de los dos bandos, el del periodismo del presentar, logra acabar (por no decir matar) con todos los que formaban parte del periodismo del representar. Después de décadas (a diferencia de los que discutían sobre el sentido del teatro) los periodistas del presentar si tuvieron el valor y la fuerza para eliminar totalmente a su bando contrario. Lo desaparecieron por completo.

El tema fue que cuando inicias el camino de mostrar poder y superioridad es difícil para. Imaginemos que después la discusión violenta ya no fue por presentar la realidad sin simulacros, sino por la verdad con que eso se presenta. Para esa guerra no fue necesario como se pudiera pensar, instrumentos o mecanismos que avalaran la autenticidad de la información o los datos, tampoco fue necesario tener leyes mas justas, es mas ni siquiera fue necesario que los mas verdaderos periodistas del presentar tuvieran en su juicio la posibilidad de orientar o dirigir esta nueva etapa del periodismo en pos de la verdad. Esto se resolvió de manera más fácil, se mantuvieron y se sofisticaron los ejercicios de poder que de por sí ya existían camuflajeados de movimientos sociales con buenas intenciones, a los que nadie se atrevía a cuestionar. Este poder finalmente decidiría que si es verdad y que no, que si es autentico, justo, sin simulacros ni maquillajes y que no lo es. De hecho, lo que pasó en este cuento es que nunca mas se tuvo que investigar si algo era verdadero o no, pues todo lo que se difundía como información periodística o cualquier información que existía en la red, estaba avalado por la verdad que el Centro respaldaba. Todo podía ser consultado en la red. Esa red era alimentada por eso llamado Centro. Nada estaba fuera de lugar, en verdad nada, todo tenía correctamente su lugar.

No les contare el final de este cuento, aunque si les digo que en lo personal me parece muy triste, aunque no es para nada real. ¿Te lo imaginas?

Ahora dejemos de imaginar. Esto nunca paso, no es real, no hay nada que lo pueda respaldar. Regresemos mejor a las preguntas que dieron fin al primer cuento y que tiene que ver con otro cuento que se refiere la obra que detono todo este texto ¿Qué es eso que estaba ocurriendo? ¿Cómo es que esta obra de teatro me recoloco en le deseo de pensar? ¿En qué radica su peculiar diferencia? ¿Qué hace que se distinga de todo lo demás que había visto antes en Torreón? Lo intentaré contar en el siguiente cuento.

"El teatro fútbol se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores (la cantidad como lo más importante), teatro fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más bizarros lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. Los dueños del circo han inventado reglas del juego que condenan al aburrimiento, han quitado al actor jugador la alegría de gambetear, el placer de improvisar, la emoción de desafiar al adversario y la oportunidad de mostrar destreza colectiva individual."
Alam Sarmiento Eduardo Galeano
.

Cuento 3: Fuera de lugar (realidad o ficción)

Me he resistido a contar el cuento que cuente directamente el cuento que cuenta la obra que Red es Poder y Torrente Teatral produjeron, crearon, ensayaron y presentaron el pasado 25 de noviembre de 2023 llamada FUERA DE LUGAR. En realidad, no hay una razón real por la cual está esa resistencia; creo que es una rara intuición combinada con un poco de rechazo a lo que recientemente en redes sociales comprendí que se entiende en la ciudad, la región y el país con respecto a la llamada critica teatral.
Entonces al no tener razones me inventaré 3 para poder jugar:

  1. Deseo con todo mi ser que esto no se lea como una critica teatral. Que no se piense en que eso es. Que no se siga difundiendo la idea de que estamos en posibilidades de hacer algo así. Que tal vez algún día podremos pero que para eso hay que volver hábito el pensamiento crítico comprendiendo que es.
  2. Deseo que no se crea que lo mas importante de una obra de teatro radica en lo que sucede el llamado día de la función. Que no se siga reforzando el habito de pensar que de todo lo que implica un evento teatral, lo que esta arriba de la pirámide es eso y la endeble seguridad de los que participamos de dicho acontecimiento.
  3. Deseo que mas personas puedan darse la oportunidad de ir y presenciar parte de lo que implica un evento escénico. Que salgan de su casa y vayan a ver esta y otras obras más, con la conciencia de que eso que ven solo es parte de todo un fenómeno que excede a quienes lo hacen y al momento presente.

Dadas mis tres razones y contradiciéndome, ahora hablare de algunas de las singularidades que esta puesta en escena tiene, y que desde mi perspectiva le permiten ser una diferencia difiriendo.

Ser y estar fuera de lugar

Casi todo en esta obra esta fuera de su sitio. Aunque sea por un momento, pero todo se sale
de su lugar.

Hay un periodista en escena que actúa, pero no es actor. Hay dos actoras que hablan en gran medida del futbol y su corrupción, pero no son apasionadas ni expertas del tema, seguro tienen más preguntas que respuestas.

Hay un actor y director que esta mas movido por los afectos y la identidad que por los datos o la información de una investigación periodística. Hay un público que espera ver una obra de teatro. Un grupo de espectadores que pagaron por que les cuenten una historia convencional, que les cuenten un cuento de manera tradicional, con personajes, ficción, y una estructura de presentación, conflicto, desenlace y conclusión, pero que en vez de eso es recibido y tratado como un grupo de invitados a una
conversación o a un convivio. Donde incluso pueden beber cerveza que le regalan los artistas
si así lo quiere.

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Hay una obra que está aconteciendo en una región del país donde es primordial mantener y cultivar como actividad identitaria el futbol y sus implicaciones. Donde el amor por su equipo, su camiseta y su historia son parte de sus usos y costumbres. Donde para no rivalizar con el futbol, productores y artistas dedicados al teatro suspenden funciones para ver los partidos “importantes”.

Hay un tema en la obra que revela que, dentro de dicho club de futbol, ese que da identidad hay manejos que se alejan de los presumidos valores comunitarios o colectivos que se pregonan paralelos a la identidad.

Hay un texto que trasciende a su autor. Hay una obra que va más allá de las virtudes y las
carencias de quien lo hace. Pero, sobre todo, de forma por demás extraña y significativa hay un grupo de teatro, un grupo de artistas, de personas sobre el escenario que no intentan aleccionar, no intentan
adoctrinar no intentan asumir la postura de estar colocados en una zona de moral privilegiada que le haga suponer que pueden decirle al público que deben hacer o no. Hay un grupo de seres humanos que simplemente tienen el gozo de compartir la experiencia de lo que son, de sus afectos y de todas las dudas auténticas que eso les genera sin volverlo una oda personal.

Hay teatro y está fuera del lugar común, un teatro que no da testimonio, ni sigue los protocolos del teatro sesudo, rebuscado, frio y documental. Pero por eso de manera, sencilla, cálida y concreta nos comparte un cuento escénico bastante disfrutable. Una narrativa y una acción que conmueve por su forma de acontecer, una acción que aparece por muchos lapsos como algo autentico y fugaz. Hay algo que se desborda muy sutilmente, es la ficción volviéndose realidad para luego recordarnos que toda realidad es un tipo de ficción cambiante y efímera.

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