
El pasado 30 de junio, el actor lagunero Mace Medina presentó por segunda ocasión su obra unipersonal Metanoia: orígenes desdibujados, una propuesta escénica poco común que invita al espectador a cuestionarse sobre el origen personal y colectivo, especialmente para quienes nacieron en la Comarca Lagunera —e incluso en México— y alguna vez se han preguntado: ¿qué significa ser de aquí?, ¿quién soy a partir de eso?
Mace Medina nos introduce a su mundo, a su cerebro, que es una especie de paisaje desértico. De ahí nace desde un capullo simbólico, bien representado por el diseño escénico del propio autor. La puesta en escena luce un espacio armónico y simétrico que encaja a la perfección con el lenguaje de la historia: del lado izquierdo, una escenografía tradicional y, del derecho, un departamento que recuerda a un monólogo interior.
A pesar de ser una obra unipersonal, no aparece nada más Mace Medina. Está él y sus interpretaciones fantásticas, apoyadas del vestuario diseñado por Ángel Jáquez. En momentos, el actor hasta tiene espacios de comedia standupera bastante agradable que se logra desde un concepto propio de este oficio: el profundo vínculo con la audiencia.
Este es el efecto más poderoso que tiene Metanoia: orígenes desdibujados, la capacidad impresionante que tiene de hacer sentir a los presentes que están, en efecto, inmersos en el maceverso y que, por eso mismo, el Alfonso Garibay es vehículo con dirección a un viaje de percepciones y evocaciones familiares, llenos de nostalgia reflexiva.
En un momento pareciera que esos abuelos de los que habla, que ese pasado y esas historias habilidosamente performeadas son alguien que conocemos o que conocimos.


El diseño de iluminación, a cargo de Alam Sarmiento, y el paisaje sonoro de Roberto de Valle, complementan esta experiencia inmersiva que brota de una dramaturgia visceral, honesta y extraordinariamente bien ejecutada.
Conocido por su trabajo en Inventario de Fantasmas, Alex y Silverio, Brujas de Salem y Tijuana 530, Mace Medina muestra aquí una nueva faceta: no solo interpreta, sino que construye su universo escénico desde cero. Aunque en papel la propuesta podría parecer caótica o abstracta, en escena todo cobra forma: un mapa emocional trazado con exactitud, un manifiesto performático donde el autor se muestra con una transparencia que conmueve.
Metanoia parte de lo personal para alcanzar lo colectivo. Nos habla de lo íntimo sin dejar de mirar al territorio. Nos recuerda que el origen no es un lugar fijo, sino una construcción constante, una búsqueda que se transforma con cada vivencia.
Más que un montaje, Metanoia es una guía sensible para reconciliarse con la historia propia, con la identidad cambiante, con esa necesidad tan humana de pertenecer, sin dejar de hacerse preguntas.


Créditos de Metanoia: orígenes desdibujados

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.


Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.
