
“Flor”, escribí a papá. Efe vale cuatro, y las demás uno, pa, y aquí hay un doble tanto de palabra, son catorce. Sí, catorce, dijo él. Una palabra sencilla para empezar pero hice bien, son cuatro de siete. Me repuse seis letras y él tosió, se limpió y acomodé mis fichas en el organizador.
Mira nada más. “Garante”, siempre se supo las palabras difíciles: son cincuenta, porque puse todas las letras. Más los quince, son sesenta y cinco, papá. Se ríe y me ve con los mismos ojillos de cuando yo tenía ocho. Te estoy dejando, te estoy dejando, méndiga, no te hagas la muy muy. Carraspea y a mí se me frunce la nariz de la nostalgia.
La pluma, Victoria, con qué estamos anotando. Allá la tengo, la libretita, pa, alcánzame la bolsa. Y estira apenas sus extremidades de hule mientras yo me limpio los lagrimales para no llorar frente a papá.
Yo apunto bajas y él soprano, yo villas y él coplas, yo búho y él vetusto. Tráete las semillas, hija, no te hagas. Yo pongo trigo, él serro y se acomoda la almohadilla de la cama y se asoma al pasillo. Yo pongo gula y él oriundo, y le traigo agua a papá porque se le escalda la lengua. Yo pongo risa, y él sacro y me salgo a fumar un cigarro al balcón. Yo pongo roer, y él ósculo y le picamos al botón de la enfermera para que traiga la merienda. Yo pongo lloran y él han, pero queda también para no y para ha y para fa y apago la televisión que ya le da jaqueca a papá. Pongo sola y él escribe siempre y voy al baño a verme al espejo y a lavarme la cara y a verme a los ojos.
No llores, Victoria, no llores, hija, que los mares no son lágrimas, sino sudores, de vida, por supuesto. No llores, Victoria, me decía yo misma, como siendo él, recordando el día en que mamá había muerto: se ha ido, Vicky, tú mamá se ha ido a viajar por las nubes; y cuando Julián estuvo en coma, ya despertará, Vicky, tú hermano es más fuerte que el mismísimo David; y cuando Julio se fue de casa, corriendo entre los matorrales: ya volverá, Vicky, no llores, los gatos siempre regresan a donde fueron felices. Y ahora qué, pa, ¿no lloro? Por qué, porque te irás a las nubes también, ¿con mamá? Me dejarás sola, te diré que yo sola no puedo, aunque me llenes de mentiras, de esperanzas falsas, de palabras complejas escritas en un burdo y estúpido tablero de Scrabble.
Sollocé, como nunca sollocé, hasta que los doctores entraron a palpar la muñeca de papá. Se dan cuenta que se ha ido y me tocan el baño. Señorita, ¿ahí está? Es que su padre | Sí, ya sé, ¡ya lo sé!
Ya lo sabía, que él no quería que lo viera morir, no quería que termináramos de jugar tampoco. Quería morirse esperando, en la costumbre de nuestras tardes maravillosas abrazado de la absurda rutina.
“Ganaste” escribió, con letritas de Scrabble, vaya uno a creer la cursilés de mi padre.

Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.





Colaboración a cargo del fotógrafo Saúl Sifuentes.



