Anclado

Por Patricia Hernández González

Unos cuantos años después…

Alguna vez me decía que el odio era una palabra practicada, por lo general, se habla del amor o en nombre del amor. También me decía, que los simuladores “viven sanamente” y lo digo así, porque así es, se dicen a favor, no en contra y claro, es difícil que se asuma algo semejante al rencor viniendo de la gente que se dice feliz, feliz. De manera que no lo comprendo. No quiero hacerlo, de hecho, comencé a observar asuntos mucho más racionales — y durísimas — sobre la vida. Aunque esto sea a favor de una idea deliberada, pero creo, no lo es en estos tiempos donde maldecir se hace presente.   

Si le buscara un color al odio lo encontraría en un intenso marrón a un naranja esfumado, un morado diverso, un verde inapropiado.                                                                          

Y si le buscara un rostro pensaría en el de ellas, las caras que tienen hoy a la edad de hoy, con la voz y sus miradas prendidas de chispas, a la distancia sorprenden por su llaneza. Pero es que imaginar a alguien distinto incluso un niño que juega ¿quién puede imaginarlo así? Odiar no es solamente la contradicción a todo lo que se cree y supone, hay quien lo hace heroico en su existencia, se ignora porque es difícil de confesar para sí mismo, solo los huérfanos se atreven a odiar, los huérfanos del mundo, los que se creen superiores, los que se sienten inferiores, los enfurecidos de todas las causas.

Cada palabra que nace primero del odio, a veces pasa al amor y después al odio y después al amor. Así se entretejen las experiencias cansinas y agrias, las malas emociones que emulan de los sentidos al cuerpo, que impactan en las grandes decisiones de la vida, personales y sociales tal vez por eso tiene larga duración. No pasa inadvertido, es un trazo de línea muy dura, profundamente incómoda. Se esconde en la desesperación infantil, de toda agitación de asombro y horror, deambula en la memoria de los pueblos, en la sensación agobiante del peso del mundo, del mundo que castiga, que guarda rencores, que busca venganzas y explota de ira, está en la incertidumbre que hace vivir una travesía. El odio está en todas partes.

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Aunque en contextos de conversación pública, hay cosas que parecen opuestos irremediables, a pesar de cualquier creencia, convicción o esperanza, en situación de enojo por motivos que se saben o se ignoran, incitar al odio es un retrato de la vulnerabilidad personal en la psique de los otros. Querer que se vaya o que se quede, que se tenga o desaparezca, que se reconozca o se anule, las luchas sea cual sean los motivos, argumentos o necesidades, la expresión ácida a no conciliar se activa también como amenaza, también como defensa, también como protección, como derecho, y bueno, los motivos sobran y más cuando todo se considera legítimo.

El mal llamado odio colectivo enfrenta todas estas reglas “aceptadas”, de manera contradictoria, el antagonismo, creo yo, es necesario, si pensamos en la pluralidad y en las colectividades.

La cultura de la memoria

Por Patricia Hernández González | @phg02041

Hoy manifestar la verdad, cierta de evidencias, sobre todo en situaciones o acontecimientos de injusticia, viene para un ajuste de cuentas expresado en reclamos, demandas y urgencias morales, no fáciles de sobrellevar, menos de resolver. 

Ahora que todo parece ser revalorado, mostrar la psique social, tiene un papel importante. Es llenar el lugar de nosotros y nuestras circunstancias. Lo que anhelamos, lo que no queremos, lo que creemos necesario preservar. Ubicarse en ese pasado que no pasa, hacer diálogos con otros, compartir, confrontar, interpretar y construirlos simultáneamente. Dar nombre, rostro y voz, a escenarios de la historia que por complejos, se han reservado o bien relatado a cuentagotas. 

Hay asuntos que por sí mismos regresan, despiertan interés, pueden volver para actualizarse, movimientos sociales, conflictos, desfalcos, procesos históricos. Grupos o personas oprimidas, silenciadas, desaparecidas. Todo lo que no ha sido resuelto o reparado o donde sus principales actores siguen flotando en un lugar de la memoria. Aunque habrá otros hechos que pueden no tener más cabida, porque hay una etapa de enfriamiento y porque la gente tiende a olvidar pronto si no satisfacen sentimientos de valor. Esto es así.

A través de una disculpa pública, un memorial, organizaciones, colectivos, comisiones; toma agentes y herramientas como parte de una revisión, alienta a la búsqueda del testimonio, de la documentación, el archivo abierto o clasificado y se lleva un informe. La discusión oral y escrita, da una lluvia de antecedentes para enterar de las experiencias y de las expectativas, temas que se apegan a la temporalidad de un mandato y otros centrados en la pluralidad. 

Hasta aquí, uno se pregunta, ¿es realmente necesario defender la memoria activa?

Revisemos.

La danza de las culturas tienen su logro de permanencia gracias a un lado doloroso y otro de victoria. La historia conmemora ambas razones. Alrededor de las mismas, las fechas y los registros se mueven en el presente porque el pasado no es algo fijo o cerrado, siempre está, no es una entidad de silencios, ni remota como se quiere ver.

En comunidad, se hereda lo aprendido, las costumbres y tradiciones funcionan a base de identidad, de cada una de las historias contadas, de rituales, de cantos, objetos y símbolos.

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Es por ello, que frente al olvido, o mejor dicho el temor a olvidar es íntimo y desgarrador cuando sucede.

También pasa en las personas con periodos de amnesia, y es tal vez y digo tal vez, una de las peores sensaciones que atraviesa una mente confundida, que a fuerza de recordar, se ilumina y oscurece. La desconexión de la realidad, tú realidad, es para los estudiosos, un trastorno disociativo. Es decir, la identidad partida en trozos a causa de eventos o experiencias post-traumáticas. Estar en ese estado de shock nubla la narrativa, la interpretación fiel requiere tiempos de espera. Cuando se cumple la cuenta regresiva a favor de recordar, el ambiente es abierto y fluye. Una retentiva, en que las fijaciones, los retornos, las presencias, los reemplazos, llegan con sus propias pausas. 

Entonces.

La cultura de la memoria ha parido un nuevo comienzo y es altamente significativa.

El diario de un delincuente

Por Patricia Hernández González

Un estilo de vida desmesurado, un gramo de intención que lleva en los bolsillos añade notable inteligencia, todo para un encantamiento que a simple vista explica su razón de personaje público. Sin pasar inadvertido, un gesto, una mirada escurridiza, dibuja lo que en palabras no pronuncia claramente. 

Preguntas cruzan por su mente, en ese preciso momento que da un paso y todo termina.

Quien ha vivido bajo los reflectores o bien de fugitivo, puede decirse a sí mismo qué pasó. Hablo de individuos que pesan su vida en quilates, de sustanciosos que amasan fortunas inexplicables. Ante la expectativa del ganador, que bajo construcciones ideológicas, estructuras sociales, modelos económicos llegan al punto del escándalo.

El aquelarre alcanza historias de fama y corazón, corazón y política, personajes hechos y deshechos metidos en un mismo costal. Así y así, encontramos confabulas tan increíbles que van de la mano siempre con la presunción de inocencia.

Una fauna de hombres y mujeres que emprenden en paraísos fiscales, el modo offshore cuya finalidad es ahorrarse y generar activos para evadir impuestos, lavar dinero, crear sociedades ficticias. Empresas de papel que son maquinarias que operan en todos los rincones del mundo. No solo el sistema se reduce a personajes de la élite mundial, también se basa en instituciones de esas élites —como los bancos multinacionales, los despachos de abogados y las firmas de contaduría—, una gran cantidad de firmas y compañías reconocidas de países desarrollados y no únicamente de islas lejanas, como se cree.

El año 2021 espesó el modus operandi cada vez más versátil en el mapa de las transacciones. Un ejemplo fue la investigación periodística de los “Pandora Papers”,  una filtración de casi 12 millones de documentos que evidenciaron riqueza oculta, evasión de impuestos y sociedades inscritas en paraísos fiscales y en algunos casos, lavado de dinero por parte de algunas de las personas más ricas y poderosas del mundo. Figuras reconocidas también ingresaron al club de coleccionistas de pasatiempos y de bienes raíces, pasando de ricos a nuevos millonarios.

Recientemente, Viridiana Ríos analista financiera, publicó su libro ─No es Normal, El Juego Oculto que Alimenta la Desigualdad Mexicana y Cómo Cambiarlo─. Es un libro de 25 ensayos cortos que muestran cómo la falta de competencia económica, el cobro de impuestos insuficientes a los más ricos, la ausencia de un gobierno que atienda las necesidades de las clases medias y la existencia de leyes laborales obsoletas han hecho de México un país donde los ricos se quedan ricos y las clases medias no crecen. 

​“En México dos de cada cinco personas que trabajan tiempo completo no tienen un sueldo que les permita satisfacer las necesidades básicas de su familia, y el 21% de quienes tiene una licenciatura viven en pobreza. No sólo eso. Cada año, nuestro país crea 29 mil “empresarios precarios” nuevos, es decir, dueños de negocios que no ganan lo suficiente ni para terminar la quincena. El nivel de vida es bajo incluso entre las personas que técnicamente no son consideradas pobres. De hecho, el 18% de ellas no tiene acceso a un hospital público o a un seguro de gastos médicos si se enferma e increíblemente el 10% reporta pasar hambre y comer menos de lo necesario.   

“México es un país donde la mesa está puesta para que sea difícil salir de pobre y casi imposible salir de rico. Es decir, un país donde las personas de más dinero y las grandes empresas caen parados, mientras que el resto no puede darse el lujo ni de tropezar. Mientras el México de los billonarios crece de maravilla, el México del resto se estanca o retrocede. En los últimos dos años, la fortuna de las 13 personas más ricas del país aumentó en 33.1 mil millones de dólares, al tiempo en que 5.4 millones de personas cayeron en pobreza laboral”. Esto no es normal, no debería serlo (@Viri_Ríos, artículo del Diario El PAÍS).

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Hoy se camina en tiempos de plomo, nos enfrentarnos a las realidades del aquí y del ahora de nuestro entorno, partiendo de que el ciudadano con el que nos cruzaremos por la calle o con el que compartiremos asiento en un autobús ingrese en conductas de peligro. Nos enfrentamos a ciudades violentas que crecen, que se rasgan en el desarrollo de suburbios y periferias. Centros penitenciarios donde son “readaptados” delincuentes sin dinero ─cárceles de pobres que nunca salen y ricos que nunca entran─.  

Bajo este esquema de dominio, los llamados delitos de cuello blanco, nadan en esa otra delincuencia, hoy por hoy la especie selecta, la forma más blanda en el desvío de recursos públicos y de inversiones privadas a modo. Donde el penado de hoy es el inversionista del mañana. 

Nombrar la tumba

Por Patricia Hernández González | @phg02041

Para aprender un poco de ciencia rota (dicha como alegoría), de esta realidad tan impensable de vivir, pero que se vive, destaca la tafonomía como un concepto de ese mundo silencioso. Es la materia encargada en definir los procesos de descomposición de un organismo que ya falleció. Donde hablar de un hueso humano es hablar de un hueso fósil, donde gravita lento el qué y el cómo hacer un dictamen post morten al encontrar un yacimiento.

El hallazgo de un cadáver, la localización de restos óseos, no está en lucirse de rojo para un público con apetito de cruda social. Está en la requisa de nexos que ambicionan llegar a la gran conspiración. La prueba de identidad, que solo las sociedades colgadas de pobreza pueden incitar.

El crimen organizado, el tráfico de drogas, la corrupción de corporaciones judiciales y de políticos de primer y quinto nivel, la trata, el secuestro y tantos otros, son apenas los pilotes de la guerra fecunda de los asuntos fértiles del pasado, que dejó en Coahuila 36 fosas clandestinas entre los años 2006 y 2016. Torreón, el municipio con el mayor número de fosas: 19, de acuerdo con información publicada en el sitio adondevanlosdesaparecidos.org.

En el viaje de dudas, de cómo se descompone un cuerpo, la tafonomía (taphos, tumba; nomos, nombrar), camina en terrenos arenosos. Coahuila está integrado por cinco regiones y así como en otros Estados, las capas del subsuelo hacen su trabajo.

Cuando hay un cuerpo enterrado ¿cómo queda el suelo? ¿Cómo se integra a la tierra? “La arqueología forense ayuda a inferir hechos que pudieron haber ocurrido”. 

La arqueología forense y la antropología física, estrechamente se ramifican para compartir las historias y desenterrar con otras ciencias como la geología, la biología y la genética, los restos recuperados en los escenarios identificados.

Tan importante es cada una para la interpretación de los hechos, para establecer la ruta, de la forma de leer las distintas capas de la tierra, de llevar la primera experiencia y de las partes como un todo. De un método explicado en frio para entender, razonar y saber reconocer qué líneas de investigación se pueden trazar en ese largo y doloroso proceso de búsqueda.

Las preguntas son muchas, ¿cómo identificar entre evidencia e indicio?,  ¿cómo saber cuántos cuerpos hay sepultados en una fosa y qué huesos corresponden a cada uno?, si es hombre o mujer, joven o adulto. ¿Qué pasa si hay presencia, pequeñas marcas de químicos, disolventes, ácidos en el suelo que dificulten los rastros?, si las arenas absorben la humedad tan pronto y si se hunde. Si el clima del desierto cambia con las estaciones y si eso afecta al cuerpo, si los rayos del sol nulifican las pruebas de ADN.

La verdad, solo la verdad, es una consigna, que invade con papel y pluma a arqueólogas, científicas independientes de varias Asociaciones Civiles para hablar de tafonomía, con integrantes, familiares de colectivos que se han reunido desde el año 2014 en casos de desapariciones forzadas.

Aprender a observar, llegar al conocimiento mutuo, realizar actividades de reconocimiento de esqueletos, brindar herramientas a las familias para que puedan acceder con bases científicas en los peritajes que hacen las autoridades para la identificación de cuerpos. Son parte de los objetivos de los talleres que se han ido implementando en distintas partes del país. Acompañamientos nutridos de memoria y de rigor científico. 

Los colectivos de búsqueda, han ido sobrellevando cada prueba, mirando con los ojos bien abiertos las abolladuras, quebraduras y la calcinación de huesos encontrados. Han hecho la tarea, entre creer oírse voces que llegan desde el fondo, a pleno sol o de un atardecer, un trabajo para algunos, inimaginable pero profundamente necesario.

Sin embargo, el rastreo es un punto ciego, pocas veces se realiza en fosas clandestinas, principalmente se buscan restos de cuerpos humanos en la superficie, algunos tan fragmentados porque fueron quemados que se esparcen con el aire y se confunden con la arena. “En otros lugares del país como Guerrero o Veracruz los cuerpos están bajo tierra, rodeados por raíces o bajo los surcos de algún cañaveral, protegidos de alguna manera por esa tierra. En Coahuila los restos están, en su mayoría, en pequeños pocitos de apenas 30 centímetros de profundidad que con el paso del tiempo y del aire quedaron expuestos a la intemperie, calcinados y arrojados sobre el suelo del desierto.

A diferencia de otros lugares como Sinaloa, donde el agua salada del mangle ayuda a conservar los cuerpos, aquí la naturaleza es su adversaria. Las familias han aprendido que el rayo directo del sol puede ser más dañino que el fuego mismo con el que intentaron borrar su identidad, que los chivos y las vacas pastorean y revuelven los restos, que las tormentas de arena se llevan lejos los pequeños trozos de hueso calcinado”. 

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Cada diligencia, tiene sus propios retos, por ejemplo al revisar el expediente y tener una entrevista con los peritos a cargo, aunque el mayor riesgo está en el momento de la exhumación, la maniobra requiere de cierta profesionalización para no cometer errores, el uso de herramientas adecuadas para no dañar apenas pequeños huesitos. Un cuerpo humano tiene 206 huesos de manera que la disección debe ser hecha de forma impecable, siguiendo un protocolo, principalmente, para no borrar las pruebas en el peritaje de los procesos judiciales.

“Cada cosa que una observa necesita de otras pruebas para ser comprobada”, dice una arqueóloga. “Cada paso de la investigación nos abre a nuevas preguntas y así avanzamos hacia el final”.

La identificación de cuerpos tardará de 10 a 15 años. Apenas 30 antropólogos forenses se encuentran repartidos en 13 Servicios Médicos Forenses (Semefos) del país. La Fiscalía General de la República (FGR) no ha implementado las herramientas forenses que la Ley General de materia de Desapariciones dispuso para enfrentar la crisis forense: el Registro Nacional de Fosas Comunes y Fosas Clandestinas, el Registro Nacional de Personas Fallecidas No Identificadas y No Reclamadas y el Banco Nacional de Datos Forenses. Las familias de personas desaparecidas llamaron a las autoridades a “avanzar decididamente en la implementación del Mecanismo Extraordinario de Identificación Forense garantizando irrestricta colaboración por parte de las fiscalías, presupuesto adecuado y respeto por su autonomía técnica y de del Equipo Mexicano de Antropología Forense (EMAF),

Sin zapatos de tacón

Colaboraciones | Patricia Hernández González | @phg02041

A esa edad cuando quieres arrancarte el mundo en dos patadas, de andar y andar a todas horas, caminar se hizo para mí, el modo más útil de aprendizaje que conozco.

Recuerdo que me resultaba muchísimo más poética la mujer con agujetas que la de tacones, los tenis “convertidos en garra” (como les decíamos porque eran de tela), se usaron como nunca, en tornasol o colores oscuros y amarrados con cintas en tonos claros para resaltar. Perfectos con una falda corta de mezclilla deslavada, pantalones de overol, camisa ombliguera o blusa larga y desfajada. Su calidad, mejor ni hablamos. A nadie le importaba si te fastidiaba el tobillo o si tu pie estaría más plano que una tabla. Quien podía resistirse al encanto generacional que empezaba a decir “unisex”. Unisex aquí, unisex allá, unisex, unisex, palabrita que destapaba la felicidad, viendo lo que jamás creí y viviendo lo que jamás creí que viviría.

Pertenezco al uno por ciento de mujeres que no le gusta comprar zapatos, ojo, no dije que no me gustan los zapatos, sino la actividad de elegir. Y es que decidir entre zapatos, zapatillas de tacón alto bajo o tipo aguja, botines, botas, sandalias con o sin plataformas, balerinas de punta abierta o redonda, alpargatas con o sin cordones, mocasines, tenis liso o estampado y otros tantos estilos que se muestran en catálogos y vitrinas; cierro el lío y decido tan pronto por unos casuales. Aunque el calzado formal le da belleza a las piernas, quietas y en movimiento, si se trata de preferencias, los zapatos de goma son mis favoritos. Más que accesorios de uso, son el complemento de mi indisciplina al caminar, con ellos el trayecto es un arrebato, un impulso casi maldito de aguantar el paso. Es un gusto, además tienen un no sé qué, que mientras más desgaste, más cómodos se vuelven. Son unos buenazos, en las buenas y en las malas, en el acto más pueril y en la utopía, las suelas de goma o de caucho siempre llegan de relevo.

Los años de destreza fueron posibles, tan posible de correr al cinco para las siete y pasar la reja sin que se quedara en tus narices. Lucir, era una opción de charol con broche de suela delgada y lisa, un modelo de zapatilla escolar,  bueno, si tus pies eran pequeños y delicados, Pero en pies grandes y anchos sucedía otra cosa, tomaban la forma de lonche o de aleta de buceo. El zapato cerrado rudo y tosco, de agujetas y de ojillos reforzados, con suela de goma o de caucho, con ellos, con ellos puestos, no había nada que perder y mucho que ganar. 

Cuando andaba en busca de un trabajo, de los pocos trabajos que encontraba alentadores, apenas repetía los mismos dos pares de zapatos, unos mocasines con suela de goma y las botas/botines tipo soldado. Era todo lo que necesitaba para despeñar el día.

Los pliegues del vinilo, porosos y salpicados marcan la tardanza de llegar a un mismo sitio, zapatos de unos y zapatos de otros, zapatos que indican la calidad de vida, la geografía social, hábitos y costumbres de las personas. El status evidenciado en innumerables materiales de fabricación, que ha ido cambiado con el tiempo, desde el cuero, palma, madera, cristal y hasta oro y piedras preciosas. Es curioso como una prenda de vestir acerque o aleje los convencionalismos sociales. Un par de zapatos han tenido el poder de llevar el silencio o el grito de liberación de una sociedad a otra.

Los zapatos de goma se sitúan en la Venecia del Siglo XVI, en donde las meretrices se subían a unas plataformas de hasta 20 centímetros para que sus largos vestidos no se ensuciaran con el lodo de las aceras. A partir de 500 a.C, las mujeres griegas de clase alta adoptaron un calzado de cuero similar, ajustado al pie. Los romanos fueron los primeros en establecer, alrededor de 200 a. C., gremios de zapateros. En el medio oriente, a los zapatos se les agregó tacos para alzar el pie de la arena ardiente del desierto. Eso lo solucionó Charles Goodyear en 1832, cuando inventó la suela de goma o de caucho vulcanizada, que aportaba a este material una durabilidad y estabilidad enormes tras un proceso de calentamiento con azufre a alta temperatura”.

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La gran idea de Charles Goodyear dio el ritmo al que nos movemos, con llantas y ruedas y el par de básicos para correr contra él tiempo.

En mis pies desnudos y descalzos, está la misma pesadilla, me veo en la calle sin zapatos, apresurada, corro angustiada sin saber dónde los dejé. Es un sueño malo, que viene y va.

Ahora que lo pienso, seguramente las batallas de mi mente se resuelven con zapatos ligeros y cómodos. La capacidad de asombro tiene cabida en el inconsciente, en mi caso me ha quedado claro que mis pies, no solo los visto, también los cubro de realidades, en ese campo de acción donde no queda más que expresarlas. 

Pedir el voto

Por Patricia Hernández González

Pedir el voto en este momento no es tarea fácil, no es que antes lo haya sido en términos de participación. La cuestión aquí, es que los escenarios son muy distintos, adversos en comparación a comicios anteriores.

A como están las cosas, el desafío es sumarse a lo que se considera lo mejor para todos, hacer un esfuerzo mayor de convocatoria. Esto lo dicen quienes ya están persuadidos de que es lo correcto. El problema es que el diablo está en los detalles y el pequeño detalle está, por donde sacar la confianza para votar por ellos.

Cómo convencer ahora a los electores suspicaces, cómo incentivar a los apáticos, indiferentes y cansados, cómo inclinar o declinar la balanza de las preferencias, cómo parecer congruente, cómo hacerse de la vista gorda para decir que todo va bien, o que todo estaba mucho mejor.

Hablar de lo que hablan las candidatas y candidatos es pasarlos a filtros, es ir desmenuzando la intención. Si conectan con la mayoría,  incluso de cómo gesticulan. Cuál es su trayectoria, lo sólido de su proyecto, que tan viable sus propuestas. 

En caso de alcaldías, quienes formarán su equipo en el cabildo, si han sido holgazanes en el servicio público, o si no tienen la mínima experiencia. Al menos sería un buen inicio de una relación para intentarlo durante tres meses.

Al aproximarse el día, el habitante de una ciudad, le dicen que ser responsable de él, de sus hijos, de un país, es saber elegir y elegir bien. En ese sentido, la participación no solo consiste en salir a votar, sino hacerlo con inteligencia para hacer del voto una sinergia. Útil o masivo. Ni los votos anulados, ni las abstinencias tienen valor, son obsoletos para la democracia, o dicho de otra forma, para cumplir el objetivo, aunque la decisión de manifestarlo sea un modo de desprecio.

Entonces, para ser ciudadano de a deveras, el deber implica en hacer mutis de dos años a la historia reciente, o a sabiendas de por lo menos, los últimos treinta. ¡Qué carajo!, decidir entre la ineptitud, el desprestigio y la voracidad. Vaya dilema.

Cada que hay elecciones surgen las mismas maromas pero ahora con un alto grado de dificultad.

Hacer campañas en un tiempo tan delirante, ha creado estrategias de competencias basura, contenidos de spots para la atención de la audiencia que no se dejaron de replicar.

En términos de difusión en medios y redes sociales, posicionar una idea, una imagen, ha sido de lo más útil para poner en marcha campañas negras, noticias falsas, lagunas, vacíos informativos, falta de seriedad. Ante la avalancha, no queda de otra que ser el más inútil e inservible de esa realidad efectiva.

Pero las percepciones no andan en la nube solamente.

Pedir el voto en la calle, esa otra trinchera necesaria y ansiosa del espacio como entretenimiento. Donde se saluda, se dialoga, se escucha  y se invita a confiar. Donde bajarse del coche, es bajarse para mirar de cerca a los ejidos, caminar bajo el sol, zigzagueando las grietas, las evidencias de una ciudad sedienta. Recoger peticiones de asuntos que no caben más, porque nadie sabe o nadie supo cómo resolver.

Estas elecciones, únicas, se conjugan simultáneamente 15 gubernaturas, 300 diputaciones federales de mayoría y 200 de representación proporcional, y más de 21 mil presidencias municipales, diputaciones locales, regidurías, sindicaturas y concejalías, por lo que están en juego ciertamente, el futuro inmediato del país.

Si bien nos va, hacer política en este preciso contexto, sin estimar  los últimos tres años, conlleva a que el número de electores tienen  la capacidad de ampliar sus opciones, de tres a cuatro, como sucede en Nuevo León.

Tan pronto llegue el 06 de junio, las movilizaciones no esperan.

La jefa o jefe de manzana y de sector tocaran tu puerta para decirte que si ya… si ya lo hiciste… si ya lo hiciste como se te dijo… si ya lo hiciste como se te dijo que deberías votar. Amablemente, en caso de que no puedas desplazarte te llevaran a las urnas que pertenecen a tu localidad.

Las prácticas de siempre con la única diferencia de que votaste por el menos peor, al menos te lo dices a ti mismo para hacerlo llevadero, una forma suave de libertad atada a la conciencia.

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Durante la jornada electoral, los representantes de casillas, estarán atentos, muy atentos haciendo la encomienda.

Medios informativos, periodistas, reporteros, enviados, corresponsables y colaboradores tendrán la cobertura más fuerte de la historia.

Mientras que la estafa se respira todos los días y no solo en elecciones, hoy los involucrados, quienes organizan, participan y legitiman una elección, incluso los que no deben de opinar, pero les vale, han hecho de la chamba por demás minuciosa.

Probablemente, una vez pasado los comicios, ya sin el pudor de haber mostrado las cartas, pedirán las revisiones de cajón, para demostrar las consecuencias de un sálvese quien pueda.

Si tienes un amigo que vale oro, véndelo

Por Patricia Hernández González

Tú eres un sujeto en estudio simplemente…                                                          

T ú   e r e s   u n   s u j e t o   e n   e s t u d i o   s i m p l e m e n t e…

De regreso camino a mi casa, pensaba en esa expresión que había escuchado unas horas antes.

Una vez que llegué, me detuve a la entrada para levantar el recibo de la luz, cerca estaban un catálogo de ofertas y uno de propaganda, en seguida abrí la puerta, dejé las llaves, mochila, el teléfono, me quité los zapatos y fui a lavarme las manos. Fue entonces, justo al secarme la cara que me cayó la conciencia de mi lugar en el mundo. Relativamente claro ─pensé─, el “Big Data” es el rey de un asunto de valor y de consumo que invade a un modo de ser, es un término que se utiliza para definir un gran conjunto de datos o combinación de estos.

Cada día y un poco más, la tecnología manda en nuestra vida y en relación también con las ideas. Almacena y procesa todas las fuentes de información que dice conocer para suprimir, sugerir o explotar las libertades. Es un mundillo que surge de dicho saber, tiene un sistema para extraer información valiosa que desentraña a un cliente potencial, un seguidor, un proyecto, un producto innovador o un futuro político.

El mundillo es inmenso, tan extenso que inunda de aproximaciones, de tendencias, de volátiles datos que den utilidad. Revisa la verdad (in)confesada, los registros, se asume inteligente para dominar y ser “confiable”. El mundillo genera la estadística, las ventajas, el impacto, es un metiche y un “buen observador”. Analiza en frio, mide, clasifica, supone, induce mis decisiones, comprende más que yo cuáles son mis gustos y necesidades.

Rápidamente en cuestión de minutos, los algoritmos de "Machine Learning" identifican patrones complejos en millones de datos.

Este método científico, del ámbito de la Inteligencia Artificial, crea sistemas que aprenden automáticamente. Escribe: “La máquina que realmente aprende es un algoritmo que revisa y es capaz de predecir comportamientos futuros. Automáticamente, también en este contexto, implica que estos sistemas se mejoran de forma autónoma con el tiempo, sin intervención humana”.  

Increíble, verdad. 

Las plataformas que utilizamos, son en realidad grandes vigilantes, un ojo que todo lo ve. Así que no te infartes cuando das, entregas, avalas, confirmas los términos y condiciones para el uso de tus datos personales o tu privacidad. Siento decirlo, pero formamos parte de la cadena alimenticia de la red.

Lo cierto, es que prácticamente ya somos entes públicos bajo el uso de cookies de navegación. 

El mundo en que nos movemos, crea y extiende el espacio mismo, que ocurre incluso, en las formas de trabajo, de producir, de relacionarnos en una masa global. En ocasiones, hasta un punto en que los afectos se ponen a prueba, se cotizan como una mercancía.  

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Sistemas de “cooperación” y “colectividad” han surgido en el mercado con más fuerza, un emprenderismo de comercios y negocios en línea, donde se trata de publicitarlos en páginas digitales y en redes sociales.

Un ―únete ahora― en descargas de apps para ganar dinero que convierten a todos en vendedores, promotores; en comunidad repartida.

A veces, hace imposible ser persona sin un propósito, porque conectar, acceder, es entrar a la forma novedosa propiamente de medios de producción, de valor y de consumo donde el capitalismo alcanza su plenitud en universos de micrositios de la web.

Olga

Por Patricia Hernández González

Después de escuchar lo que dice y como lo dice, efectivamente lo compruebo, se siente cómoda Doña Olga.

Me he sentido muy contenta en estas conferencias de prensa, y bueno, las críticas siempre van a estar presentes''.  

En Palacio Nacional, Olga Sánchez Cordero  Secretaria de Gobernación, es la sustituta para encabezar las conferencias al Presidente Andrés Manuel López Obrador tras dar positivo a COVID-19.

Es verdad que el primer día trastrabilló en sus opiniones y por un momento creí que el grueso de representar la investidura caería por unos días. Para mi sorpresa, verla al frente de los medios y dirigirse a la audiencia mejoró el ejercicio de propuesta informativa.

La ministra en retiro,  tiene algo que no tiene el  Presidente ˗no está  en guerra˗ al menos las mañaneras fluyen sin ese formato de templete. Abrió la posibilidad de enterar, aportar sin ataque o controversia. Pero hay algo más, adelantó la oportunidad de la figura presidencial con otras habilidades políticas y personales.

Sé que más de uno comparte la misma percepción y sé también que más de cien advirtió que una vez fijada la agenda, su actuar sería muy pegado a la forma, decidió en cambio, sutilmente pasarla de largo. 

De la misma manera que un líder no es igual a otro y quienes lo siguen tampoco lo son, asimismo Olga, ella conoce  los temas fundamentales que siguen atorados por causa y origen, sabe de la necesidad de ampliar mayores redes, voces que ahora mismo se construyen en la orfandad por la apatía o indiferencia de las instituciones.  

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Dos años antes, en el 2018, el rostro del otro México mostraba su voluntad a través del voto para llevar un proyecto de Nación, miembros de sectores, comunidades y organizaciones acudieron a las urnas como un pacto de fe. Dos años después, un censo de inconformidades han desfilado, algunos han externado claramente el enojo hacia la cepa del partido cuyos tocados legítimos Obradoristas rechazan con severidad a los que cuestionan. Una izquierda negada y fraccionada. Coinciden y más ahora en tiempos de elecciones intermedias, que todo se hace por AMLO, pero ojo, quien será el valiente que diga lo mismo al final de su sexenio. Qué pasará si el Movimiento decae, donde estarán los nuevos perfiles sin que el sello del Obradorismo pese tanto que los incomode. Qué nuevas élites se irán formando, cuántas de impulso popular. Qué futuro están construyendo realmente sobre paridad de género en las elecciones presidenciales, que tan viable para considerarlo, que tan cierto para consolidarlo en la boleta electoral.

Por lo pronto, Olga está de vuelta, con toda su visión de procurar justicia.

Los trozos de controversias

Patricia Hernández González | @phg02041

Cuando un año termina, no siempre acaba de irse tan pronto como quisiera. Está la continuación de los sucesos, del parquear lo acontecido. Quedan a la vista las portadas, los encabezados, los anuarios, el análisis noticioso, el balance, las predicciones, lo relevante y destacado, todo en una burbuja multipensante.

Los tiempos están en los trozos de controversias que no terminan de morir, de otras que acaban de nacer, que se tocan y se apuestan al descubierto, divulgadas en cantidad de publicaciones donde las formas, los contenidos son estrategias de monitoreo. Editadas para una cantidad de adaptaciones que va alentada a la opinión pública. El revés tan necesario para hacer la mejor maniobra de lo acordado en las mesas de redacción. 

Hace décadas no hubiera imaginado a algunos personajes de los grandes corporativos, escribir, hablar con la forma en que lo hacen ahora. Lo cierto es que los finales que analizan sirven para dos cosas: para convencerme a mí misma y para convencerme a mí misma.

Ante la insistencia, sería pertinente definir cómo hacen algunos capaces de componer un aspecto esencial a versiones grotescas y tontas. Tan lejos del pulso real y tan cerca de la absurda degradación. No sé si su afán obedece a sus narrativas moralizadoras o artificiosas que los tiene tan felices de creerlas únicas e irrefutables. Claro, alentados por la popularidad, el nivel de audiencia y de consumo, el gran público, interpretado muy ampliamente de una forma tal que justifica todo, todo, en defensa de la libertad.   

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Tanto dicen que modificar ya es la mirada maniaca para ilustrar el clima (des)favorable. Y si bien esto es terrible y hoy es un estallido, justo harían en autonominarse qué son para tratar de razonarlo.

Me temo que va a ser muy difícil que el año 2020 se quede en paz o lo dejemos ir. La segunda década de este siglo resiste el asalto combinado de lo es que es correcto y políticamente aceptado. Reflexiona hacia un nicho de la humanidad que deja la pandemia a un mundo en solitario y decadente. Sostiene contra todo en circulación una demanda a experiencia histórica, para exigir lo que ya no es posible aceptar que vuelva a suceder.

Instrucciones para llorar

Por Patricia Hernández González

“Me gustaría volver a ser niño para poder llorar sin ser criticado por ser hombre”. Por molestar me gustaría torcer la boca, hacer una rabieta, no beber agua de alfalfa y no ser reprendida por llorar sin un motivo.

Recuerdo a las niñas y niños llorones, en los casos más extremos, eran detestables, porque sus lloriqueos anulaban cualquier aventura, juegos que prometían ser divertidos se iban por la borda.  Pero siendo niños, precisamente no había motivos por llorar sin un motivo. Relativamente simple, un sollozo acaparaba una gran verdad, y una lágrima de sal no venía de un cocodrilo y sí de una promesa por cumplir.

En el mundo de los adultos, llorar y que te vean es abrumador, sentir un desbordamiento y que las palabras se empalman a tu voz ya entrecortada, es una exposición a tu intimidad, a la reserva de ti mismo. 

No resulta cómodo en ambas situaciones, llorar o ver llorar en sitios no habituales, menos acostumbrados y con personas ajenas, puede ser una experiencia de las que se dejan por ahí en un rincón. 

Es posible que alguna vez te suceda y el último lugar en donde quieres llorar sería tal vez en el trabajo, o abordo de un taxi, o con desconocidos. 

Esta sola emoción, genera en ocasiones una reacción extralimitada. A veces suele tomarse como un rasgo de debilidad, o bien, una alteración de la conducta. Aunque es claro que importan las razones, no es lo mismo llorar de felicidad, que llorar de impotencia o de dolor. 

Hablar del llanto, es hablar de consecuencias que conmueven, que  predisponen en ocasiones al límite de la victimización. Esto no ayuda y no es  lo que importa, agitar las ideas en un momento de sensibilidad no es necesario. Existe en todo ello una neblina que empaña las causas que se hacen de lado por no faltar a un protocolo, de una cultura de trabajo, de la sociedad, de los afectos y de apegos infundados. De nada sirve si el ambiente o los miembros son solidarios, obviamente de nada sirve si eres una persona que llora con frecuencia, seguramente perderán la sensibilidad y la empatía, y muy probablemente te evitarán o te juzgarán severamente. 

Afortunadamente llorar es un desahogo, una respuesta a una gran carga emocional. Aquí valdrá la pena hacerse la pregunta, con qué frecuencia te pasa, de qué forma y bajo qué circunstancias.

Lo vital es reconocer cuando se vuelve un padecimiento del que no debiera acostumbrarse. Y si por el contrario, que tan difícil te resulta llorar al punto de contenerte o sentirte culpable. 

En el mundo de los adultos parece que hay un letrero invisible de “Prohibido llorar”. No significa que reconocerlo sea fomentarlo pero tampoco quiere decir que hacerlo sea indebido. Fácilmente entra la condición del “síndrome de las mujeres”, sería antinatural si fuera un legado de ellos, porque mismos se dicen que “los hombres no lloran”, creo que no saben cómo hacerlo.

Qué otras “verdades absolutas” nos han enseñado, cuántas realmente las aprendimos y cuántas son parte de las deformaciones cognitivas. 

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Me gustaría traer conmigo un manual imaginario, para así rayar la propia historia de señuelos, donde me diga que llorar, sencillamente no es tan complicado. 

“Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos”.  INSTRUCCIONES PARA LLORAR –JULIO CORTAZAR