Andrés y ustedes

Por María del Desierto

Ya los conocemos. Estuvimos en la escuela con ellos y ahora son nuestros patrones por obra y gracia de la herencia recibida. Ya los descubrimos: no son los más listos, ni los más aptos ni los más fuertes. A veces, son todo lo contrario: bajo el amparo de la ley del mínimo esfuerzo, los vimos presentando todos los exámenes extraordinarios que el dinero pudiera pagar y el sistema permitiera presentar; su piel no soporta el calor ni la luz del sol ni los trabajos pesados; enferman con un trago del agua que sus instituciones nos obligan a beber a diario, a los de abajo.

Los cachamos, a ustedes que desde niños se burlaron de los inteligentes, de los gordos, de los morenos, de los diferentes. A ustedes que tampoco están arriba pero salían a defenderlos por ganarse su aprobación o unos pesos. Los mismos, que por tener ahora un salario decente se masturban soñando con usar las marcas, ir a los restaurantes y manejar los coches de sus ídolos de siempre.

Por eso ahora nos reímos de sus marchas (que oh, sorpresa, son con el aire acondicionado y la comodidad de su auto). Quienes sí nos esforzamos, quienes sí aprovechamos las migajas que nos dejaron, quienes sí leímos y estudiamos porque nos creímos su propaganda. Nos botamos de la risa cada vez que llaman al presidente en turno “comunista”. Compartimos sus videos en redes y ustedes son incapaces de percibir la ignorancia que despliegan y presumen en los tres minutos que alcanzan a elaborar de argumentos anti-AMLO.

Ustedes, tan parecidos a los gringos que comparten sus espacios de consumo (el mall en la frontera, de tiendas de remate), ya no son parte de nada y por eso gozan de encontrarse con otros parias los sábados o domingos sin romper su “sana distancia”. Antes eran ricos, y la riqueza podía comprar alta cultura, exclusividad, conocimiento, arte, refinamiento. Ahora son un puñado de gente con poder adquisitivo, que se diluye amenazado por las tasas de interés porque sus compras siempre son a crédito. Aparentar hoy y pagar mañana.

Más de María del Desierto: 25N: los discursos, el lenguaje y el problema

Ya los vimos, y nos da gusto comprender que nos esforzábamos en vano por pagar escuelas que son garantía de nada. La educación más cara que el dinero puede pagar, a ustedes les sirvió de nada.  No saben leer ni escribir, queda claro en sus carteles, pero más claro en su desprecio por la vida y su arrogancia. No les enseñaron de empatía ni de amor al prójimo, porque sus sacerdotes también se benefician de la generosidad con que ustedes lavan sus culpas cada semana. Ni sumar ni restar, ni escuchar ni articular. La primaria les pasó en blanco.

Andrés Manuel está muy lejos de ser el mesías con el que muchos soñaron, y de todos modos ya logró uno que otro milagro: a ustedes les hizo feministas y ambientalistas; les puso a pensar en las madres que trabajan cuando cerró las guarderías; les hizo preocuparse por el arte con el movedero que trae en los fondos culturales y las becas; les hizo hermanarse a panistas y priístas.

Sí, el presidente polariza, pero ustedes fueron los primeros en caer en ese juego. Sí, la inversión se está espantando, cada vez que ustedes usan falacias para inventar un escenario perverso. No, Andrés no es comunista, ni es pro-aborto, ni amante de migrantes ni le gusta respetar los derechos humanos. Miren, Andrés se parece a ustedes más de lo que entienden.

25N: los discursos, el lenguaje y el problema

“Rompemos ventanas y quemamos cosas

porque la guerra es el único lenguaje que escuchan los hombres.

Porque nos han golpeado y nos han traicionado y ya no nos queda nada”.

Las Sufragistas, 2015.

 

América Latina y el Caribe forman la región más peligrosa para vivir de las mujeres en el planeta (ITAM, Foreing Affairs Latinoamérica). Es un hecho, no un delirio victimista. Las cifras siempre serán debatibles, pero la realidad difícilmente deja espacios para las medias tintas. Las violencias machistas van dejando su rastro de muerte al paso por cientos, miles de familias: madres que pierden a sus hijas, niños que son despojados de sus madres, mujeres y niñas que no recuperarán jamás en las terapias lo que sus violadores han arrancado para siempre de sus vidas.

La denuncia de cada 25 de noviembre se alimenta de la rabia que durante el año van fraguando las noticias. No se trata solamente del número de mujeres que han sido asesinadas, violadas, acosadas, golpeadas, violentadas psicológica o patrimonialmente. Las feministas salen a denunciar la total complicidad de las Instituciones frente a un contexto de violencia que ha adquirido tintes de pandemia. Y como a cualquier problema de magnitudes tales, lo que corresponde son soluciones también monumentales.

¿Por qué salimos a las calles, publicamos en redes sociales, escribimos, denunciamos, exigimos que pare la violencia? Porque, como todas las formas de violencia, la machista goza de condiciones que la provocan, la normalizan, la permiten y hasta la promueven. Sus orígenes están enquistados en nuestra cultura, en sus expresiones y la vida cotidiana en todas sus esferas. Hemos observado que se trata, especialmente, de una forma de violencia que se transmite desde el núcleo familiar y es expresada velada o concretamente desde el lenguaje hasta las formas de reproducir nuestras formas sociales, políticas y económicas. Salimos porque, aunque todas experimentamos ciertos grados de violencia, no hemos encontrado empatía y voluntades para erradicar sus más graves consecuencias.

Lectura recomendada: Comarca Lagunera: Negocios, mujeres y sociales.

Una vez más, la conmemoración del 25N sacó a relucir las contradicciones de una sociedad que dice estar del lado de las mujeres, pero al mismo tiempo ignora profundamente la configuración y la dimensión del problema. Otra vez, las pintas en plazas y monumentos tomaron mayor relevancia en medios y para usuarios de redes que el contenido de los mensajes de las marchas. Que cuál es el objetivo, comentan. Que si ya paramos los feminicidios rayando las bancas de la Alameda. Que si teníamos permiso de salir de la cocina. Que necesitamos un hombre que nos ponga en el lugar que nos corresponde. ¿Ven? Que su discurso misógino está tan arraigado que la protesta adquiere mayor legitimidad con cada comentario y encabezado de la prensa que los acompaña.

Y buscando la atención que se requiere para visibilizar el problema (como un primer paso) las formas de protesta se han ido cuestionando el lenguaje que empleamos. No funcionan los “por favorcito atiéndame” en el ministerio público, entonces subimos la estridencia para tratar de sacudir las conciencias para sumar aliados. Está claro que en éste y todos los temas, las autoridades no encuentran incentivos propios para comprometerse en la atención al problema. La presión social entonces se convierte en la única ruta que llevará a las instituciones de justicia, a las educativas, sociales y culturales a comprender la transversalidad con que deben diseñarse las políticas y acciones que podrían erradicar estas violencias.

Hoy ya está en mejores condiciones la Alameda que un día antes de las pintas y protestas. Los filtros de las fuentes y lagos ya se hicieron cargo del tinte rojo que causó tanta molestia. Como si borrando las frases y limpiando el agua se lavaran todos los pecados cometidos contra el cuerpo de las niñas que han sido asesinadas este año en La Comarca Lagunera. El periódico de los laguneros ya emitió su juicio llamado “vandalismo” a las protestas, y el Instituto de la Mujer que nos celebra con monumentos a las cacerolas ya declaró también que reprueban estas “formas” de protesta. Las madres poderosas (y vaya que lo son, pues yo no veo cómo encuentran valor para seguir viviendo en el mundo que arrancó a sus hijas de sus brazos) dejaron sus pesos y centavos a la puerta de la Fiscalía que les responde que no hay recursos suficientes para ofrecerles justicia (mucho menos reparación de los daños).

Seguiremos experimentando con las formas de protesta, hasta que demos con el código que logre acercarnos: como no han podido ni el arte, ni el periodismo, ni las infografías, ni los talleres, ni las alertas de género, ni las coreografías de las chilenas, ni las pintas de las plazas, ni las tetas de Laferte, ni las calcetas rojas de Valeria (entre 3 y 5 años de edad) que fue violada, golpeada brutalmente y asesinada en el Estado de México este mismo año, como cientos de otras, en el país de no pasa nada.

Comarca Lagunera: Negocios, mujeres y sociales

Cuando estudiaba la carrera de Comunicación, se me fue dada una lección básica de periodismo: la sección más rentable del periódico local, era la de Sociales. Generaba un gran porcentaje de ingresos al periódico por inserción de fotografías de eventos familiares, más otro tanto por publicidad, y se suponía también que una cantidad significativa de las ventas del tiraje (especialmente los domingos) se debían al contenido de esa parte del periódico cuya información podría pasar como absolutamente irrelevante.

Más tarde, las lecturas fueron abriendo una mirada más crítica ante este y otros fenómenos que se conjugan para retratar lo más íntimo de nuestra comunidad: su identidad cultural, sus dinámicas económicas, el reflejo de ideologías y anhelos incluso en la particularidad de las campañas electorales. Y entonces una puede abrir las páginas de sociales, que se convirtieron en revistas impresas a todo color en papeles couché brillantes o mate -que se regalan en salas de espera, cafeterías, hoteles o cualquier espacio que albergue actividades del público “target”- y leer no sólo las crónicas de bodas o bautizos, sino las relaciones económicas que se estrechan a través de alianzas familiares; la pigmentocracia que habita nuestro imaginario colectivo y que se sigue traduciendo en desigualdades; las referencias aspiracionales que compartimos, alejadas del conocimiento de indicadores de movilidad social reales; el profundo machismo que es trasversal a nuestra vida familiar, económica y política.

Más de María Del Desierto: A flor de piel.

Y es justamente en este último capítulo que inscribo mi reflexión central para este texto. En la intersección entre negocios y sociales, circula por La Laguna un producto editorial de nombre Players of Life. Aunque su contenido pareciera carecer de interés netamente económico y/o empresarial en términos técnicos, sus páginas contienen aspectos sumamente relevantes para comprender la lógica empresarial y directiva en nuestra Comarca.

Las portadas de los últimos dos años de la revista hablan fuerte y claro en términos de género y perspectivas de negocio para su medio. De enero del 2018 a noviembre del 2019 (exceptuando enero del 2019, cuya edición no aparece en la página web), es decir, en sus últimas 22 portadas, aparecen mujeres sólo en tres de ellas. Ninguna de sus tres portadas con presencia femenina está dedicada al caso de éxito de una en particular, como sí lo están catorce otras exclusivas para un varón al centro. La proporción es de 13% de portadas con representación femenina, que coincide con la percepción generalizada de que las mujeres no tienen participación significativa en el mundo empresarial, ni local ni global. Sin embargo, en el reporte “Mujeres directivas 2019” publicado por la revista Forbes, Mauricio Hernández Armenta indicó que las mujeres empresarias aportan el 37% al PIB nacional.

La última portada es quizá la que de manera más contundente refleje este fenómeno en Players: bajo el título “Ellos representan las cámaras y organismos que hacen más fuerte a la Comarca Lagunera”, aparecen dos presidentes de agrupaciones empresariales (Coparmex y Canacintra Gómez), el presidente y el director de asociaciones civiles de participación ciudadana (Laguna Yo Te Quiero y CCI Laguna).  El detalle está en la representación. Tanto Coparmex como las Canacintras de Torreón y Gómez Palacio, así como Canaco Torreón y la CANADEVI, tienen al frente, como directoras, a mujeres. Ellas nunca figuran, nunca declaran, nunca aparecen. En el caso del CCI, su director es hombre, así como el total de su consejo directivo. LYTQ no cuenta con director ni directora, pero su consejo, presidido por un hombre, también es 100% masculino.

Por otro lado, estirando desde el ambiente académico y formativo, se encuentran las incubadoras de negocios locales; los discursos de aliento al emprendimiento y el empoderamiento femenino; se pasean por las conferencias acompañadas de directivos y alcaldes, mujeres jóvenes que han despegado en sus proyectos personales. Pero, ¿a quién pueden consultar como referentes esas universitarias o  recién egresadas que sueñan con trascender empresarialmente? En una región que ha reservado para el emprendimiento femenino una serie de espacios que no trasgredan el estatus quo masculino, y que les permitan reforzar sus roles establecidos, tenemos que incluir en los espacios de comunicación de negocios a mujeres más allá de “multitaskers” o filántropas acompañando a sus maridos. Las jóvenes necesitan conocer a las laguneras empresarias, a las laguneras directoras, a las desarrolladoras, a las investigadoras, a las creativas y creadoras de ideas revolucionarias.

Por un mero asunto de ventas y mercado, vaya desde esta modesta ciudadana, la sugerencia a éste y otros medios para revisar sus contenidos desde perspectivas innovadoras, que correspondan a la realidad y no que traten de moldearla. Que sean capaces de leer y comprender los cambios que ha experimentado su mercado.

A flor de piel

Contradicción

El espectro de las emociones humanas es tan amplio como complejo y, en ocasiones, incomprensible. Al paso de los días, por ejemplo, sigo impresionada por las decenas de mensajes en redes sociales en contra de la migración centroamericana en México. ¿Cuál es la emoción que motiva a quien escribe semejantes discursos xenofóbicos, racistas, clasistas, casi chauvinistas? La respuesta sería probablemente no una sino una lista larga de emociones involucradas en el proceso de recepción de las noticias, relación del mensaje con el contexto personal, con los referentes cercanos, elaboración de juicios y luego las emociones que se involucran al decidir expresar la postura, y al recibir retroalimentación de nuestro mensaje. En todo ese recorrido cognitivo, hay reacciones emotivas.

Ya ha sido evidenciada la tremenda incongruencia del rechazo mexicano a este fenómeno social, frente a las expresiones de indignación en años pasados durante la campaña anti-migratoria, anti-mexicana de Donald Trump. Nos decíamos aterrorizados entonces, y ahora parecen compartir la sintonía y replicar el odio miles de los antes indignados. Y es que las emociones, cuando pasan sin detenerse de manera consciente por el raciocinio, suelen provocar contradicción. Y me temo que, aun pasando por procesos minuciosos de análisis y reflexión, nuestra naturaleza contradictoria nos plantea constantemente pruebas.

La batalla de los hemisferios

Habrá personas más capaces que otras para equilibrar la mente y el corazón. En mi caso, me temo que hace años ganó la batalla el hemisferio cerebral derecho, y aunque hay intentos sistemáticos por fortalecer mi lado lógico y matemático, las emociones llevan la batuta en mi toma de decisión. Por un lado, esa característica me permite relacionarme más íntimamente con el mundo, y por otro, también me obliga a alejarme cada vez más de él. Los vínculos afectivos personales que sostengo son pocos en número, pero importantes para mi propia supervivencia. En cuestión de meses y producto de una crisis familiar y económica, estos lazos tuvieron que estrecharse para convertirse en mi ancla a tierra firme, y hube de arrojar por la borda pesadas cargas para conservar la embarcación.

Así he maniobrado en la tormenta personal más reciente: entre días en que soy presa absoluta de la tristeza o la desolación, y días de prudencia y calma. En mi terquedad por encontrar una respuesta lógica a estos cambios de emoción, he consultado especialistas médicos, he investigado sobre trastornos de depresión, ansiedad y bipolaridad, temiendo que mi estado anímico pudiera escaparse de mi control y deberse a una condición de salud mental. El último médico se ha tomado el tiempo de escucharme atento por horas antes de sacar la infalible libreta de prescripción. “No, María, usted no tiene un trastorno mental.

Usted está viva, es una persona sensible y su cerebro y su cuerpo sólo están respondiendo ante los estímulos de su alrededor”. Recomendó terapia y acompañamiento, y hasta ahora no he vuelto a recurrir a la medicación.

En esto no quedamos, corazón

Dicen los que dicen que saben, que al buscar pareja sentimental en realidad buscamos un complemento. Desde Platón hemos comprado la idea de que venimos incompletos a este mundo y en el amor romántico encontramos la respuesta a la inevitable soledad de ser humanos. Y entonces buscamos y tenemos afortunados encuentros. Todo lo demás que ocurre tras ese encuentro escapa del mito de felicidad eterna para convertirse en rutina, a veces en tedio, en conflictos, en desencuentros, y en el mejor de los casos, en comprensión y trabajo duro cotidiano por preservar la unión.

Y tras el desencuentro, puede que enfrentemos la separación. Para mí, todas las separaciones han provocado diferentes escenarios y niveles de duelo. La separación de las amigas, de algunos miembros de la familia, y del compañero amado, me ha provocado altos grados de ansiedad y desesperación. Me cuesta trabajo emocional, físico y mental, concebir que para otros el amor tenga límites de tiempo, espacio, condiciones y términos para su existencia y demostración. No quiero decir que las personas estén obligadas a continuar amando de por vida, sino que trato de develar el misterio de la creación y destrucción espontánea de eso que llamamos amor. Puede ser, como me ha sucedido a veces, que el ser amado ya no corresponda con el ideal que nos enamoró, que ni siquiera podamos ya sostener una conversación, pero ¿cómo hacen para borrar de tajo y demostrar durante la ruptura, semejante indiferencia hacia aquella o aquel al que antes le habían jurado amor y atención?

En los juzgados familiares hay evidencia contundente de la validez de mis dudas. Padres que alevosamente dejan sus trabajos con tal de no otorgar pensión; esposas decididas a exprimir hasta el último centavo para cobrar venganza por lo que sea que haya arruinado su relación; abogados promoviendo venganzas más que justicia en nombre de aquel corazón que se rompió; la miseria encarnada en procesos miserables de ruptura, en ajustes de cuentas al estilo de los que el Viejo Oeste presenció.

El miedo y la culpa, o la empatía y la solidaridad

La información que ofrecen las redes sociales y medios de comunicación tradicionales todos los días encuentra mayor o menor réplica en la medida en que logra conectar con el contexto de quienes consumimos los mensajes. Su circulación también se relaciona con el tratamiento de cada tema, en términos editoriales. Así, encontramos que los diarios de mayor circulación son, comúnmente, los de carácter más sensacionalista.

Vender miedo es un buen negocio. Encuentra un campo fértil en las sociedades más vulnerables económica, social y educativamente hablando. Esta realidad es conocida también en el ámbito de la comunicación política, y explotada en discursos de campaña o para legitimar acciones cuestionables de los gobiernos. En la película de Pixar, Monsters Inc., este síntoma de manipulación mediática es retratado con una buena dosis de humor: el CEO de la compañía generadora de electricidad sabe que los niños humanos no son en realidad tóxicos ni peligrosos, pero utiliza el miedo y la ignorancia para diseñar el perverso plan.

A propósito de esa película, recién veo un meme en redes sociales de la icónica escena en la que un monstruo asegura que un niño voló y disparó su rayo láser. El meme alude a los miles de comentarios en redes sociales de mexicanas y mexicanos respecto a la caravana de migrantes centroamericanos que recién empezaron su tránsito por nuestro país, hacia el norte. “Un hondureño voló, y me quitó mi trabajo imaginario”, dice el meme que ya cuenta con otras versiones similares.

El miedo que genera el desconocimiento de este y otros fenómenos, es capitalizable. Pero también la culpa es un gran catalizador de emociones cuando no se filtran por el razonamiento, o se carece de conocimientos suficientes sobre el contexto. En el lado radicalmente opuesto a la descalificación de la migración, de la criminalización de la pobreza, del rechazo tajante a lo distinto, se encuentra la caridad y un apoyo irreflexivo, sin posibilidades de incidencia, que genera asistencialismo de coyuntura, de oportunidad.

En tiempos de crisis como desastres naturales, éxodos, hambruna extrema, sin duda el donativo resuelve las necesidades inmediatas. Pero difícilmente se abren las puertas al cuestionamiento –mucho menos al intento de solución- de las problemáticas indirectas o estructurales que generan la aparición de estas crisis de manera reiterada, sistemática.

Tampoco podría ni debo generalizar, ciertamente, pero me ha resultado especialmente incómodo formar parte de grupos que se interesan por “ayudar” recolectando alimentos o ropa (que regularmente no son otra cosa sino sobras) y descubrirles en sendas fotografías de cuerpo completo entregando el donativo, abrazando a un niño casi desnutrido o junto a una señora que no puede ni fingir la sonrisa para aparecer en la publicidad.

Por ello mismo también resulta complejísimo vindicar el trabajo de quienes trabajan fuera del foco, de manera organizada, cuestionando, proponiendo, actuando. Se le suele desacreditar como un “verdadero trabajo”, así que normalmente está sujeto a la disponibilidad del voluntariado. Quienes se han formado en la defensa de derechos humanos, saben de las dificultades a las que me refiero. El financiamiento de proyectos a largo plazo, cuyas metas están en los propios procesos, es una especie en peligro de extinción, a la que sólo las organizaciones más grandes en términos de visibilidad y capacidades tienen acceso.

Las personas normalmente estamos dispuestas a solidarizarnos con quienes son menos afortunados, mientras esa solidaridad no cuestione nuestros propios privilegios. Esa perspectiva no es reflejada por los medios. El mensaje que nos llega con mayor facilidad es el que insta al miedo y provoca más discriminación o romantiza la desigualdad.

Postdata

Es un gusto para el alma recorrer con la caravana el camino de empatía que han ido encontrando, justamente, arropados principalmente por otras y otros que tampoco tienen dinero, que también han sido despojados, que también han sido la carne del cañón de los conflictos en México.

El amor en el centro

De niña fui cada domingo a la iglesia de mi colonia. Nací en el seno de una familia católica tradicional, con todos los valores morales y costumbres que implica: mi primera comunión fue un acontecimiento social, igual que mis XV años y mi boda, antes que un acto de reflexión espiritual.

Pero igual que en la escuela, mi escucha en la misa siempre fue atenta. Llegaba a casa a platicar sobre el sermón con mis papás, y duraba días dando vuelta a las lecciones aprendidas. Desde entonces, me formé en el cuestionamiento y no en los dogmas. A mi paso por la universidad, tomé una materia particularmente reveladora: Jesús de Nazareth, contexto histórico y social. La clase era impartida por un médico de profesión, estudioso de la biblia y la vida de Jesucristo en particular.

Aún el día de hoy me pregunto si Dios existe, rezo cuando siento que las fuerzas abandonan mi cuerpo, y siento un profundo respeto por quienes profesan cualquier creencia o religión, y por quienes se dicen ateos. En mi vida cotidiana, sin embargo, no profeso la religión que me enseñaron mis padres.

No comparto con la Iglesia (la institución, los edificios y sus líderes) la mayoría de sus posiciones humanas y sociales, ni históricas ni actualmente. Principalmente porque, desde mi criterio, no están fincadas en la vida, obra y enseñanzas de su Cristo. ¿Quién podría afirmar, por ejemplo, que la Inquisición haya sido Santa? Reconozco también las excepciones que he conocido en el camino: comunidades eclesiales que trabajan hombro con hombro con los más oprimidos (no para adoctrinarles, sino para acompañar sus procesos humanos); sacerdotes y religiosas con vocación y experiencia de años en un verdadero servicio.

Desde hace algunos años, sin embargo, he dejado de darle importancia a la pregunta de si Dios existe. En el centro de mi vida, de mis proyectos, decisiones, relaciones y opiniones, he decidido invitar a Jesús el hombre, el personaje de ficción para algunos, pero mi referente personal de ética y humanismo. Las causas de las que he formado parte, en acción o pensamientos, me atraparon porque en el fondo podía encontrar el discurso y la vocación de mi superhéroe favorito. No me imagino, por ello mismo, formando parte de una manifestación contra los migrantes, contra las mujeres, contra los homosexuales, contra los desprotegidos. Tampoco entiendo el silogismo que enarbolan cientos de cristianos en el mundo, al formar parte del odio que convoca a esas marchas.

Cuando estoy a punto de posicionarme frente a un tema nuevo, distinto, pongo en el centro de mi pensamiento el amor, la compasión y el servicio. ¿Mi opinión o acción están motivadas por amor? ¿Qué prejuicios operan en mí u otros que evitan una mirada compasiva? ¿De qué forma puedo ofrecer mi servicio? Y en cada fragmento nuevo que aprendo sobre la historia de la humanidad como la conocemos, si hago ese mismo ejercicio, lamento que las motivaciones de quienes que han afectado a millones de seres humanos sean tan lejanas a estos principios.

Ahora bien, que escribo este texto en un tono de invitación y no de evangelio, para que quienes lean mis palabras evalúen qué principios aceitan sus criterios. Pero ante momentos de crisis humanitarias (como las cientos que vivimos en estos tiempos) tal vez sea como lo ha dicho ayer una maestra de vida, compañera y hermana: ¿de qué sirven en este momento los cuestionamientos? La realidad demanda acciones, no más foros ni conferencias ni libros ni debates ni discernimiento. Que se sumen al servicio quienes sientan un llamado, y que los esfuerzos se concentren en ayudar a otros seres humanos. Ya no es momento para responder en redes sociales a la miseria de pensamiento, ni siquiera para denunciar a los corruptos y perversos. Que los mensajes de odio no ocupen ni un minuto de nuestro tiempo.