“¡Pinche gobierno, cuéntanos bien!”, reclaman familias por nuevo censo de desaparecidos

Silvia Ortiz señaló que luego de dos sexenios su hija, Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz “Fanny”, fue incluida en el censo de desaparecidos, pero la información está incompleta.

Comunidad de Medios | Luis Alberto López | Heridas Abiertas

Fotos: Fernando de la Vara y Luis Alberto López

Las familias que integran el Grupo de Víctimas por Nuestros Desaparecidos en Acción (VIDA) marcharon para protestar por el nuevo censo de desaparecidos presentado recientemente por la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Un contingente partió de la Plaza de Armas de Torreón y otro de Gómez Palacio durante la mañana del 28 de enero para concluir con un mitin en la cruz blanca que se encuentra en el lecho seco del Río Nazas. 

“¡Pinche gobierno, cuéntanos bien!”, “AMLO, si ya los encontraste, ¿a quién se los entregaste?”, fueron algunas de las consignas que gritaron o que portaron en cartulinas a lo largo del trayecto. 

Al llegar a la cruz blanca, los manifestantes colocaron las lonas de sus seres queridos desaparecidos alrededor de la estructura, hicieron un pase de lista de cada uno y exigieron a la administración federal que pare con la revictimización que existe con el nuevo censo de desaparecidos. 

Silvia Ortiz, vocera del grupo y madre de Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz “Fanny”, desaparecida desde noviembre de 2004, reclamó que la Estrategia Nacional de Búsqueda Generalizada implementada por la federación ha hostigado a las familias de personas desaparecidas.

“Definitivamente sigue sucediendo. Primero lo de las vacunas, luego los Servidores de la Nación siguen yendo a las puertas de las familias a tocarles, después viene a Coahuila la comisionada de Búsqueda Nacional, Teresa Reyes, y nos trata de manera déspota”.

Además de eso, puntualizó que al realizar una revisión de la base de datos que fue publicada por el gobierno federal en la página: https://busquedageneralizada.gob.mx/consulta/, encontraron errores graves en las denuncias, además de que no todos los desaparecidos del colectivo estaban ahí registrados.  

“De una lista con 110 mil desaparecidos, quedaron como 12 mil, luego como hubo reclamos por parte de nosotros, sube a 92 mil. Luego sueltan la liga de búsqueda generalizada y las familias se empezaron a meter y por ejemplo, de Adolfo Gallegos, salió que ‘con indicios, persona ubicada’, su familiar, la señora se me puso mal, hasta cayó al hospital”.

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Expuso que en el caso concreto la etiqueta de “con indicios” fue porque hubo trámites que involucran a la persona desaparecida, pero que realizaron sus propios familiares o las dependencias que dan seguimiento a sus casos. 

Luego de dos años aparece "Fanny", pero con información incompleta

Silvia Ortiz señaló que luego de dos sexenios su hija, Stephanie Sánchez-Viesca Ortiz “Fanny”, fue incluida en la base de datos nacional de desaparecidos, pero la información está incompleta. 

“Duré dos sexenios esperando que pusieran a mi hija en una base de datos y cuando finalmente la ponen, señalan que no saben quién denunció y no tiene la fecha de desaparición”.

Dijo que del grupo VIDA hay al menos 80 personas desaparecidas que no aparecen en el censo federal y esto refleja una intención de querer borrar una problemática nacional. 

“Al tipo que tenemos como Presidente no le interesa, lo que quiere es salir limpio y por eso dio orden de desaparecer algo que le incomoda. ¿Qué nos deja como mensaje? Que para él son importantes las personas que le puedan generar un voto”.

Entre disculpas y desagravios

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

El acto de desagravio que encabeza hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador tiene varias lecturas que merecen análisis, entre ellas que reconocer un hecho como la matanza de chinos hace 110 años es un avance en la ruta de nueva historia de paz y relación bilateral.

Sin embargo, ¿qué más debe pasar más allá de la disculpa? La respuesta en este caso tendría que ver con que exista un cambio de actitud tanto de los entes gubernamentales como del Estado Mexicano en su conjunto para evitar masacres que le cuesten la vida a decenas de personas por distintos motivos, ya sea su raza, creencia o bien por la inseguridad.

Bajo esa óptica hay que reconocer que la violencia que vive el país desde hace años impide que actos contra la población civil no ocurran y las instituciones de todos los gobiernos mantienen responsabilidades en torno a esto.

Desafortunadamente ni la administración de López Obrador ha impedido tantas ejecuciones en todo el país ni tampoco ha traído justicia a la impunidad que impera en muchos casos de desaparición forzada y asesinatos. Una masacre en tiempos recientes que sigue con esa tónica oscura es la de Allende -que recién cumplió 10 años- y que involucró a grupos criminales en complicidad con autoridades de ese municipio y el estado que desaparecieron a varios pobladores.

Por esa situación ya hubo una disculpa hace un par de años y la encabezó la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, sin embargo aunque reconocer lo sucedido es un avance no hubo más que las palabras que se las llevó el viento.

Tiempo atrás, el exgobernador de Coahuila, Rubén Moreira, también pidió perdón a las familias que tienen a un familiar desaparecido en Coahuila y en ese marco fue entregado un memorial que le exigieron por las víctimas, pero a casi cuatro años de distancia ninguna de las personas ausentes por los años de mayor violencia ha aparecido.

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En mayo de 2019 algo similar hizo el hoy alcalde con licencia Jorge Zermeño Infante. Pidió una disculpa pública en una sesión de Cabildo por la participación que policías municipales tuvieron en la desaparición de un grupo de personas una década antes, aunque no lo hizo porque fuera algo que saliera de su voluntad propia, sino por una recomendación emitida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y al ser cuestionado del tema no supo dar detalles en torno al caso o el de las familias que promovieron la recomendación.

La disculpa que ofrece López Obrador a la comunidad china no me parece mala, al contrario, es algo necesario para cerrar una herida abierta en la sociedad lagunera. Pero también es indispensable que el presidente no nada más se centre en situaciones ocurridas hace más de 100 años y que haga lo propio con hechos del presente. Es necesario que los desagravios y la petición de perdón se transformen también en hechos que permitan verdad y justicia por la memoria de tantas personas.

MUCHAS GRACIAS

Con esta colaboración me despido de la audiencia de Red es Poder. Agradezco infinitamente a quienes durante varias semanas siguieron o leyeron esta columna. A Jorge y Gerardo, directivos de este proyecto independiente, también les reconozco la apertura del espacio y les deseo el mejor de los éxitos.

Tercera ola: ¿paranoia o sentido común?

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

Los números en México acerca de los contagios del nuevo coronavirus resultan favorables y alarmantes a la vez si analizamos todo el contexto que nos llevó a ellos.

¿Por qué? Primero hay que tomar en cuenta que luego de un año complicado tenemos una marcada disminución en los contagios y defunciones, aunque para llegar a eso, antes pagamos un alto costo de la gente que no entendió el peligro y las autoridades que actuaron a conveniencia para aplicar medidas restrictivas.

En ese sentido, ya hablan de una reanudación de clases en modelos híbridos para antes de que concluya el presente ciclo escolar, además de que retornaron los aficionados a estadios de futbol como en el de Torreón.

Lo cuestionable de estas medidas es que parece que de nueva cuenta no se toman en cuenta varios factores que nos podrían llevar a una nueva crisis y que ya vivimos durante el 2020 entre la primera y segunda ola de la enfermedad.

No es alarmismo y basta recordar la influenza española que inició en 1918 y concluyó dos años después con la contabilización de al menos cuatro olas o brotes importantes en distintas partes del mundo. El comportamiento es muy similar y no hay que ignorar los patrones que ya vemos en algunos países de Europa y América Latina.

El año pasado se llevaron a cabo las elecciones para renovar el Congreso de Coahuila durante el mes de octubre y unos días después subió de manera alarmante la ocupación hospitalaria al grado que hasta hospitales móviles tuvieron que instalar.

El gobierno estatal no se cansó de desmentir que los comicios estuvieran relacionados y los organismos ciudadanos que en teoría vigilan o sugieren en temas de salud pública tampoco cuestionaron sus versiones. La vieja confiable en este caso fue culpar a la ciudadanía de a pie que realizó fiestas o reuniones de más de 10 personas, lo cual si bien influyó, no se puede exonerar a los clubes o centros privados que de igual manera lo hicieron con la participación de figuras políticas y tampoco el relajamiento de medidas sanitarias en negocios.

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La reactivación es muy importante y entiendo que mucho de eso motiva el retorno a clases o las actividades deportivas, pero si la autoridad actúa a conveniencia y no aplicando protocolos bien establecidos corremos el riesgo de un descontrol en lo inmediato.

Lo que nos queda como sociedad es estar alertas a lo que venga y exigir igualdad y transparencia para las acciones restrictivas. También ya basta de que la vacunación sea usada con fines mezquinos por todos los gobiernos y que eso orille a un retraso marcado en un paso importante para ver la luz al final del túnel.

Con todo este contexto anticipar una tercera ola en México y La Laguna no es nada difícil y siendo realistas es más un asunto de responsabilidad social que paranoia.

La importancia de la memoria

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

"Sin la memoria no se puede vivir, ella eleva al hombre por encima del mundo animal, constituye la forma de su alma y, al mismo tiempo, es tan engañosa, tan inasible, tan traicionera."
-Ryszard Kapuscinski-

 

La última semana cerró con una noticia trascendental para Torreón, pues es algo que va más allá de volvernos un epicentro noticioso momentáneo porque nos nombraron en la mañanera. Se trata de un anuncio que generó contrastes importantes y debe hacernos reflexionar.

Dentro de las 15 conmemoraciones emblemáticas que el Gobierno de México prevé darles realce durante este año está la matanza de chinos que ocurrió en 1911. Es increíble todo lo que giró en torno de las redes sociales una vez que la información se dio a conocer desde Palacio Nacional: reacciones que fueron desde el desprecio, pasaron por la burla y en contados casos ameritaron comentarios positivos y sensatos sobre el caso.

La opinión de la mayoría fue reducir a una ridiculez pedirle perdón a la comunidad china a nombre del Estado Mexicano por la masacre que le costó la vida a 303 personas en tiempos de la Revolución y ahí es donde debemos tomar en cuenta la importancia de la memoria colectiva para no caer en la falta de empatía.

Hacer burla de hechos como esa matanza equivale a reducir a nada las muertes que la guerra contra el narcotráfico dejó en La Laguna durante los años de mayor inseguridad, además de las desapariciones o bien el incrementó en el número de feminicidios que en años recientes sus ejecutores  ni siquiera respetaron la vía pública y  hasta en actos masivos los realizaron.

Parece trillado decir que si no recordamos nuestra historia estamos condenados a repetirla, pero es una realidad irrenunciable que parece no queremos entender.

La masacre en contra de la Comunidad China a principios del siglo pasado refleja el racismo y la xenofobia que hasta hoy existe en nuestra sociedad, una cultura arraigada que ha tratado de impedir por todos los medios que salgan a la luz detalles de los hechos ocurridos en 1911.

Ojalá que el Gobierno Federal también proyecte acciones para recordar y, más importante aún, reparar el daño de otras masacres ocurridas en tiempos recientes en Coahuila. Me refiero al caso de Allende que en marzo próximo cumple 10 años sin que hasta el momento veamos una resolución contundente de las desapariciones y hechos violentos ocurridos, pues aunque hubo una disculpa pública hace algunos años no existe la garantía de que situaciones como esa no se repitan.

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También esperemos que exista un seguimiento al caso del tiroteo en el Colegio Cervantes que recién cumplió un año y que, según la información que se dio a conocer, no hubo acciones de fondo en lo que respecta a la familia del menor que supuestamente era investigada por actos vinculados al crimen organizado. Tampoco vemos que existan planes de atención a las infancias violentadas.

Si bien la lista de agravios y actos que lesionaron a la sociedad lagunera es todavía más amplia, nos toca no olvidar, no sólo como una forma de respeto a la víctimas, sino para tener claro cómo llegamos hasta esos lamentables hechos y no los repitamos. Demos una oportunidad a la memoria que, aunque es dolorosa, representa un acto de empatía y amor enorme.

Reflexionar la pandemia desde el periodismo

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

La pandemia por la covid-19 ha sacado a flote desde hace casi año muchas de nuestras fallas y problemáticas como sociedad. El periodismo no es la excepción, principalmente en dos puntos: las carencias que el gremio tiene en muchos sentidos y un incremento en la violencia en su contra.

La crisis de los medios de comunicación se agravó por la economía mundial en declive e hizo mella durante el 2020 en los que adoptaron como suyo este oficio, pues los despidos y reducciones salariales cobraron fuerza como nunca en las redacciones.

Tampoco podemos olvidar que la contingencia vino a evidenciar una falta de preparación e interés en torno a diversos temas. Si bien es cierto la situación de pandemia es nueva para el gremio no fuimos del todo conscientes de esto y en algunos casos quisimos tratar como una cobertura más esta situación.

Una bondad de este oficio es que nos permite acercarnos a todo tipo de tópicos, pero en algunos casos esa sana aspiración se ve eclipsada porque los medios de comunicación optan por hacer cada vez más pequeños sus equipos y fusionan fuentes para que un mismo periodista las tome.

No está mal tener mucha tela de donde cortar, pero la saturación de labores impide una especialización en temas tan delicados como la salud y eso se evidenció en muchos escenarios. Uno de ellos fue la conferencia diaria de la Secretaría de Salud Federal para dar a conocer detalles de la pandemia por la covid-19 y donde en más de una ocasión fueron balconeados colegas por mostrar ignorancia y falta de sentido común en algunos casos.

Con lo anterior no quiero tampoco evadir nuestra responsabilidad como periodistas, pues no todos quieren salir de las rutinas a las que están acostumbrados y declinan la oportunidad de explorar nuevas narrativas que en ocasiones tenemos al alcance de una computadora.

Por el lado de la violencia contra la prensa tenemos números que espantan. 2020 pasará a la historia como el año más violento contra el gremio del que se tienen registro, según organizaciones como Artículo 19. Nada más en el periodo enero-junio hay documentadas 406 agresiones contra la prensa y esto representa un incremento en relación al 2019, además de que en el año que terminó se registraron al menos seis periodistas asesinados por su labor y la muerte de 50 a causa de la covid-19, siendo esto último un tema de reflexión por las carencias salariales y de protección que las empresas mediáticas fomentan entre sus empleados.

¿Por qué no indignan a la población las agresiones y los asesinatos contra periodistas? La respuesta fácil para algunos -incluidos colegas- tiene que ver con que la comunidad no agradece ni valora nuestra labor y su importancia. Pero no tomamos en cuenta que como gremio también le hemos fallado a la sociedad y el respeto se gana.

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Habrá quienes crean que no le debemos nada más que hacer nuestro trabajo, pero sí hay una obligación que va más allá de presentar una cuota de notas o reportar actividades oficiales al día. Si no estamos con la población vulnerada por los poderes políticos y económicos no tenemos cara para reclamar algo y tampoco si entre colegas no dejamos a un lado nuestras diferencias por el bien común. En pocas palabras: abandonar la idea de escribir para el círculo rojo y no sacarnos los ojos entre quienes integramos los medios.

Durante la pandemia la labor periodística ha sido de claroscuros: profesionales que verdaderamente van a la raíz de los hechos y exhiben corrupción, además mensajes claros en torno a la enfermedad, mientras que otros optan por el escándalo y el amarillismo que se alimenta con las cifras mortales diarias.

El 4 de enero se celebra en México el Día del Periodista en memoria a Manuel Caballero, reportero jalisciense que murió en 1926 y destacó por su labor en la etapa porfirista. En esta conmemoración debemos hacer un alto en el camino sobre nuestra solidaridad como gremio, la cercanía con la población y la humildad que nos falta en muchas ocasiones para admitir errores y entender que tenemos una enorme responsabilidad que trasciende a los medios de comunicación para los que laboramos.

2020, el país en La Laguna

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

La Laguna termina el 2020 como uno de los epicentros noticiosos más relevantes en México y que pusieron a prueba la capacidad que tenemos para adaptarnos a diversas realidades caóticas.

Al menos una vez al mes a lo largo del año los ojos de todo el país nos voltearon a ver por varias cosas, por desgracia más negativas que positivas, y eso comprueba que esta tierra es un fiel retrato de muchas de las problemáticas que tiene México. Escenarios como “la mañanera” del presidente Andrés Manuel López Obrador sirvieron como resonante a estas situaciones, entre ellas de violencia.

Torreón ocupó durante varios años un penoso lugar en la lista de las ciudades más violentas del mundo y era tierra sin ley por las disputas delincuenciales descontroladas que había en La Laguna. Creímos haber trascendido las balaceras, los asesinatos a plena luz del día en cualquier espacio público, y desapariciones. Sin embargo, nunca nos preocuparon las escuelas. Enero nos cobró la factura de esa omisión porque vivimos como sociedad un tiroteo al interior de un colegio, el primero en el que un infante protagonizó el ataque y después optó por quitarse la vida.

Lo realmente preocupante en ese caso es que no tiene comparación con otros hechos ocurridos en el país y en el extranjero. Aquí notamos el estallido de una parte de nuestras infancias, aquellas que crecieron en un entorno violento y que al no atender como sociedad trastocaron nuestra falsa tranquilidad. La Laguna refleja en este aspecto el mejor ejemplo de lo que nos ha dejado a poco menos de 15 años la llamada Guerra Contra el Narcotráfico.

Febrero y marzo pusieron a La Laguna como un foco de atención nacional por el inicio de la pandemia y el reflejo de las primeras consecuencias que traería un sistema de salud al borde del colapso.

Recordemos que en Torreón se detectó el cuarto caso nacional el día del año bisiesto y a mediados del mes siguiente ocurrió la segunda muerte de coronavirus en el país -que así fue reconocida, pero hay indicios de que fue la primera-, lo cual prendió alertas en el personal de salud que laboraba en la Clínica 46 del IMSS en Gómez Palacio. En ese lugar trabajaban sin lo mínimo indispensable para cuidarse. También fue reflejo de cómo un caso mal atendido días antes le costó la vida a una persona. Con el paso de las semanas los brotes se dieron tanto en ese lugar como en la Clínica 16.

Los meses siguientes nos recordaron que aquel espíritu de unión y solidaridad que tiene la región no trasciende las malas decisiones gubernamentales. La homologación de acciones entre ambas entidades para los municipios que conforman la zona metropolitana quedaron en discursos huecos, mucho de lo que es equiparable a los gobiernos estatales que se disputan el control de poder económico con el gobierno federal más allá del bienestar común.

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Otro de los temas que nos deja para la reflexión del año es la violencia contra la mujer, su recrudecimiento también puso un vergonzoso ejemplo nacional con múltiples feminicidios sin importar tener como blanco a personal del sector salud en medio de una pandemia. Aquí, fiel a la tradición de todo gobierno federal, las autoridades locales optaron por encerrar a presuntos responsables sin que hasta hoy tengan sentencia y pasan de largo acciones que impidan la no repetición de los hechos.

Nuestro cierre de 2020 lo vivimos con una noticia alentadora, pero que no es todo: el inicio de la aplicación de la vacuna contra la covid. El asunto no es creer que eso cambiará el terremoto de daños sociales y económicos que dejó la pandemia, pues cometemos el mismo error de siempre de algo parcial verlo como una solución que en el futuro nos cobrará factura.

En La Laguna podríamos decir que la influenza en 2009 fue una advertencia que no atendimos y, en lugar de que la autoridad aumentara capacidades hospitalaria, construyó en el mejor de los casos infraestructura deficiente que hoy poco nos sirve para afrontar esta crisis. El peor error lo cometimos nosotros al permitirlo, y hoy sufrir gran parte de esas consecuencias.

El riesgo de editar una pseudo alternancia

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

En 2021 el país tendrá la elección más grande en su historia reciente y, en ese contexto, Torreón podría romper un bipartidismo histórico en su gobierno, aunque sería más en el papel que otra cosa.

Se lo explico con una cronología de los últimos procesos. Creo que toda administración deja cosas buenas y malas para la ciudad, pero desde hace mucho cobran más protagonismo las negativas.

La desesperanza y el hartazgo se refleja cada tres años cuando la comunidad castiga a los partidos políticos en el poder y nada más toma en cuenta que es contrario al que hizo ganar antes.

Y es que la alternancia política en Torreón -al igual que en gran parte del país- no alcanzó a cuajar porque no fueron eliminadas prácticas de antaño que mantuvieron por décadas al PRI en el gobierno. La corrupción que fomenta contratos que favorecen empresas cercanas a los gobernantes y la ejecución de proyectos alejados de las necesidades colectivas representan un muro irrompible.

Hace casi un cuarto de siglo esta ciudad creyó que sacar al tricolor de la alcaldía traería mejoras en automático. La expectativas fueron muy altas y se confió demasiado en el PAN sin vigilarlo, lo cual causó réplicas en cuanto a malos tratos y gestiones gubernamentales.

Desde entonces comenzó un juego perverso que no hemos podido romper. Recordemos que la primera gestión blanquiazul la encabezó el hoy alcalde Jorge Zermeño Infante y la experiencia no fue muy buena para la ciudadanía, pues en las votaciones para escoger su sucesor obtuvo el triunfo el priista Salomón Juan Marcos Issa. La historia se repitió tres años después que ganó Guillermo Anaya Llamas.

Después vino José Ángel Pérez por ese mismo partido que logró retener el poder y, posteriormente, su gestión conflictiva fue caldo de cultivo para la llegada del priista Eduardo Olmos Castro, quien después cedería su lugar al hoy gobernador Miguel Ángel Riquelme Solís.

Hace unos años retomó la alcaldía Zermeño Infante y ahora está la incógnita de si repetirá el patrón de devolver al PRI el poder o la historia de alternancia tendrá una reedición con el partido de la Cuarta Transformación.

Y digo reeditada porque ese instituto reúne perfiles de antaño tanto del PRI y el PAN que ahora están arropados por un “manto purificador” con el que afirman que harán bien las cosas.

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Por decir algunos nombres tenemos el caso de los ex panistas José Ángel Pérez y Luis Fernando Salazar que se disputan la candidatura morenista a la alcaldía.

La crisis partidaria es explicable si tomamos en cuenta que los liderazgos en los partidos siguen siendo los mismos desde hace mucho y otros que entre sus ambiciones migraron a nuevos para no salir del foco político.

La ciudad tiene infinidad de problemas con una carga enorme por ser el corazón de una zona metropolitana desarticulada por sus gobiernos locales y estatales, sin embargo la oferta política de los viejos y nuevos partidos está lejos de proponer soluciones para ver la luz al final del túnel.

Las propuestas efectivas para hacer frente a esta realidad quizá no estén presentes en las próximas elecciones, pero podría estarlo en un futuro si reflexionamos y nos organizamos para cambiar el hecho de tener una alternancia de papel.

Días de informes, días de demagogia

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

Si algo tiene nuestra clase política es que no pierde la oportunidad de presumir o referir alguna acción que cree que hizo por su comunidad. En esta época del año la demagogia se desborda con el argumento de los tan famosos informes de gobierno o legislativos.

En vísperas del fin de un 2020 que pasará a la historia por muchas cosas atípicas vale la pena profundizar en torno a algunas figuras que ya comenzaron con esta práctica y con ello ven la coyuntura perfecta para obtener alguna ganancia el año que entra que será la elección más grande en la historia moderna.

Tenemos como caso más reciente al gobernador Miguel Ángel Riquelme, quien habló acerca de sus primeros tres años de gestión en Coahuila y donde aprovechó (en realidad pareció un discurso más, aunque más prolongado a sus ruedas de prensa rutinarias en este año) para criticar al presidente Andrés Manuel López Obrador por su abandono a las entidades en medio de la pandemia.

El mandatario aseveró que la pandemia no tomó por sorpresa a esta entidad norteña, pues con semanas de anticipación comenzaron a adquirir insumos y equipamiento para hacerle frente a la contingencia, ¿qué tan cierto es esto?

Si bien Coahuila tuvo una panorámica previa de lo que se venía el 29 de febrero (fecha en que se registró el primer caso de covid-19 en el estado y tercer nacional) no significa que no hubiera sorpresas, pues basta recordar el brote entre personal de la Clínica del IMSS en Monclova.

Quizá el gobernador descalifique esta apreciación con el argumento de que el hospital era competencia federal, sin embargo su Secretaría de Salud sí debió prever un escenario así y poner en cintura a los centros médicos de todo orden. Recordemos que la autoridad estatal es fuerte y puede imponerse si así lo desea.

En lo que respecta a la inversión para combatir la pandemia refirió una inversión superior de mil millones entre equipamiento, infraestructura y apoyos sociales o microcréditos sin apoyo federal; pese a eso es algo que todavía no podemos comprobar al 100 por ciento porque apenas se ha transparentado el gasto hasta finales de septiembre y como dato habría que agregar que algunas adquisiciones fueron vía un recurso que el gobierno mexicano otorga anualmente.

El siguiente en la lista de los que ya dio de qué hablar por su informe (o mejor dicho promoción de su imagen) corresponde al legislador morenista Luis Fernando Salazar, quien en sus promocionales en redes sociales presume una carrera por Torreón donde se muestra atlético y con algunos datos engañosos en cuanto a su labor.

El diputado que llegó a San Lázaro por medio del PAN da cuenta de que durante la pandemia entregó equipo de protección a médicos y seguros de vida, acompañó a pequeños empresarios para que recibieran un crédito; pero no vemos algún sitio para corroborar esos datos. Aunque fuera cierto, su promoción debería estar más enfocada a dar a conocer saldos de iniciativas de ley y no acciones que parecen más las de un alcalde o gobernador. En materia legislativa no hay algo por lo que brille y su labor fue más en bloque con el grupo morenista que da sí a todas las propuestas presidenciales.

Lo que sí está seguro es que Salazar buscará ser candidato a la presidencia municipal por sus propias declaraciones que lo confirman.

Otro de los que ya está en vísperas de rendir su informe legislativo es el diputado local Marcelo Torres Cofiño, quien ya comenzó a difundir su campaña en ese marco en las redes sociales y con lo que busca proyectar aún más su imagen ante la sociedad.

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No es un secreto el hecho de que el panista buscará la candidatura de su partido a la alcaldía o en otro cargo, pues algo que disfrutar es precisamente estar presente mediáticamente con pronunciamientos en diferentes ámbitos. Cuando era diputado federal atacaba al hoy gobernador Riquelme y sus antecesores Rubén y Humberto Moreira, pero ahora como diputado federal hace lo propio con Andrés Manuel López Obrador.

Nada de malo tiene asumir una postura crítica al gobierno presidencial, pero es cuestionable cuando Cofiño encabezó una legislatura de “alternancia” al menos en nombre. Su labor al frente de la Junta de Gobierno dejó muchos pendientes en cuanto a que viéramos auténticos actos de rendición de cuentas por temas como la megadeuda.

Las tres figuras abonan al ambiente de demagogia desbordada que debemos aguantar los laguneros. Por cierto: faltó hablar del informe que rendirá en unos días el torreonense Jorge Zermeño Infante como alcalde, pero dado su importancia amerita un análisis para otra ocasión.

Metrobús Laguna: del enojo a la ironía

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

Durante el último lustro, la región y de manera específica Torreón, ha tenido un listado importante de obras controversiales por el malestar ciudadano y señalamientos de corrupción. El Metrobús Laguna se lleva el premio mayor a cuatro años del inicio de su construcción.

El sentir social ha pasado por el enojo, la frustración y la ironía. Un sinfín de memes en las redes dan cuenta de las reacciones de una población que está segura que la pandemia por el coronavirus terminará antes de que vean funcionar ese sistema de transporte, el cual derivó de uno de los compromisos para “Mover a México” en la gestión presidencial de Enrique Peña Nieto.

Han pasado mil 460 días desde que la obra arrancó en medio de protestas de los concesionarios del transporte público por la falta de diálogo con las autoridades estatales y municipales. El plazo original era de un año.

Con el paso de las semanas la molestia pasó de los empresarios a la ciudadanía, pues su tranquilidad fue trastocada por los trabajos que prácticamente destriparon la vialidad más transitada de la ciudad y desmantelaron referentes identitarios.

El retiro del emblemático “torreoncito” sobre el bulevar Constitución representa un herida para la historia de la región, pero también falta mencionar cómo el entorno urbano de los vecinos de este sector quedó afectado al remover su único paseo público y dejar en el olvido, además de con riesgos, a los pobladores de colonias como El Arenal que fueron perjudicados en sus servicios públicos hasta hoy o bien resintieron daños en sus viviendas.

Tenemos también el caso de los cientos de comercios sobre el bulevar Revolución y la carretera a Torreón-Matamoros que vieron mermadas sus ganancias en el mejor de los casos y la manera en que se puso en jaque a los comerciantes del sector Alianza que, desde los años más violentos por la inseguridad, no habían visto un riesgo tan latente de cerrar.

Tampoco podemos olvidar los accidentes derivados de las obras que dejaron trabajadores lesionados y una persona fallecida que cruzó una de las vialidades donde se realizaron las obras. Son cosas que con una buena planeación y difusión pudieron haberse evitado.

A cuatro años tenemos un avance marcado en cuanto a las obras de la ruta troncal y con señalamientos en cuanto a la calidad de las mismas, pero también un mobiliario que ya sufrió daños por la falta de acción de la autoridad para ponerlo a funcionar.

Uno de los problemas que hace cuatro años en el arranque de las trabajos se expresó sigue: no hay un modelo de negocio que convenza a nadie de los involucrados en la materia.

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Hoy el argumento del gobierno estatal, encabezado por Miguel Riquelme Solís, es que la pandemia vino a retrasar la creación de ese esquema por el costo elevado que implica adquirir unidades especiales que transiten sobre el bulevar Revolución. Quizá tenga razón, pero es una excusa perfecta para dilatar aún más un proyecto que nació torcido de origen y que en su momento fue concebido como una modernización del transporte público en La Laguna de Durango, pero que el gobierno coahuilense supo apropiarse.

El proyecto no ha tenido suerte para siquiera iniciar en el vecino estado y el año pasado el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció su cancelación ahí tras realizar una consulta a mano alzada que generó más dudas que certezas.

El propio mandatario había expresado ya en su primera visita a la región meses antes sobre quejas del desarrollo de las obras en Coahuila, pero tal parece que la tendencia de su gestión sigue siendo acabar en el mejor de los casos proyectos de su antecesor sin castigar la corrupción o manejos irregulares.

Es por eso que a cuatro años los laguneros mantenemos una ambivalencia sobre el proyecto que va del enojo a la ironía.

Entre culpas y errores en tiempos de pandemia

Epicentro | Luis Alberto López | @luisalbertolo

Durante los tiempos de crisis los mexicanos tenemos una pésima costumbre: culpar a alguien más de lo sucedido y este modelo se repite cuando hablamos del gobierno y su desempeño en la pandemia.

Ahora con el augurio de que Coahuila y La Laguna pueden volver al semáforo rojo de la emergencia sanitaria viene el reproche de la autoridad hacia la ciudadanía de que somos responsables de este rebrote o segunda ola de la covid-19, aunque quizá no podamos si quiera llamarlo así porque en sí nunca hubo un control o disminución enorme de los contagios.

El gobernador Miguel Riquelme Solís y su secretario de Salud Roberto Bernal han señalado en repetidas ocasiones que el aumento en los casos se debe a las reuniones o encuentros sociales. Tienen razón en que representan un foco de contagio, pero su argumento es engañoso si tomamos en cuenta que ahora le piden a la población mesura cuando la autoridad dejó de lado la vigilancia correspondiente.

Se quejan de que hubo bodas con 700 asistentes sin cubrebocas u otras actividades así de grandes sin medidas sanitarias, aunque pasan por alto que para realizar este tipo de reuniones antes debe haber un permiso y que es evidente el reclamo va enfocado a una cuestión mediática. Días después el hecho queda en el olvido porque todo indica a que fueron organizadas en sitios exclusivos o de alto poder económico en la región.

Sobre nuestro sistema de salud está claro que subsiste casi de milagro desde hace años. Tenemos clínicas y hospitales que por años operaron con carencias y falta de insumos que ahora con la pandemia se agravaron.

Una preocupación de la emergencia sanitaria es la falta de personal y no es para menos. Según está documentado en el reportaje Uniformes blancos: de la vocación al miedo en tiempos covid, al menos en tres meses del coronavirus en Coahuila se infectó más de un millar y medio de trabajadores del sector salud que se traduce al menos el 13 por ciento tanto de quienes laboran en las áreas de enfermería y medicina general.

Sin embargo, el número de profesionales necesarios está por debajo de estándares internacionales y ahí tenemos el reflejo de un abandono gubernamental más a este rubro.

Ahora hay alarma porque la ocupación hospitalaria ronda el 90 por ciento de su capacidad para atender pacientes covid, pero poco se dice que si bien hubo relajamiento en las medidas ciudadanas también en la vigilancia para que en centros nocturnos o restaurantes hubiera respeto a los acuerdos sanitarios.

Sobre las elecciones de hace dos semanas la autoridad estatal argumenta que el riesgo de contagios fue mínimo por tratarse de actividades masivas “controladas”. Eso lo veremos en las próximas horas que empiecen a reflejarse los contagios derivado de la jornada de votaciones, pues según la propia Secretaría de Salud en Coahuila para ver saldos deben pasar al menos 14 días.

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En este caso habría que preguntarse: ¿lo que vivimos ahora no es el saldo de las campañas políticas? Tomemos en cuenta que en varios casos no hubo respeto a las medidas sanitarias y de eso dieron cuenta diversos medios de comunicación.

Es cierto que vivimos en una sociedad apática y con poca conciencia de los riesgos sanitarios, sin embargo el escenario de las elecciones quizá también abonó a incrementar esa incredulidad por el peligro del nuevo coronavirus.

En la antesala de un golpe más fuerte de la pandemia por diversas omisiones hay que estar alertas. La estrategia gubernamental es culpar a la sociedad y en parte tienen razón en que no atendimos medidas, pero valdría también hacer una reflexión completa de todo el entorno para no caer en su juego. Se dice que el primer paso para resolver un problema es aceptar el error: aceptemos el nuestro y hagamos ver el suyo a la autoridad.