¿Qué es el alma?

Me propongo dar una corta opinión sobre lo que yo denomino el Alma según los estudios panteístas y existencialistas. Empezaré por decir qué entiendo por Dios: la Naturaleza como totalidad de las cosas. Nadie puede obrar en contra de la naturaleza porque todo es la naturaleza, y nada que el cuerpo y el alma deseen se puede atribuir a un vicio externo a ella, la naturaleza es siempre la misma, y la denominaremos ley natural (Spinoza). Entiendo por alma la esencia de la naturaleza, un índice de fuerzas inexplicables y una indicación segura de la ley según la cual la aparición de estas fuerzas ocurre en el tiempo y en el espacio, es decir, se suceden y ceden el paso unas a otras, y son fuerzas constantes.

La voluntad de la naturaleza la explicaría como motivo de todo lo que sucede en ella. Cada deseo de cada ser vivo es la voluntad de la naturaleza expresándose en el cuerpo de éstos. La voluntad como deseo de la Naturaleza o como Alma sería todo lo que obra en los animales como instinto, como una araña sabe qué presa puede caer en su red, diseñada para que se pueda alimentar. Todo esto va acompañado por conocimiento, como al ver que una gota de agua se cristaliza repentinamente, creando un copo de nieve que es único e irrepetible; este conocimiento se repite billones de veces en cada copo de nieve. Podemos decir que voluntad y alma son lo mismo. El alma no expresa la existencia actual de su cuerpo, tampoco concibe como actuales las afecciones del cuerpo, sólo mientras éste dura; por consecuencia, no concibe cuerpo alguno como existente, es decir, existe mientras dura su cuerpo o la materia. 

Concibo el alma humana como la aparición de diferentes fuerzas que se efectúan al mismo tiempo; las dividiré en dos principales: la voluntad hacia lo universal es mimetizarse con el universo y obtener la gloria y el gozo de otros seres vivos, ese instinto de pertenencia a una comunidad y un mecanismo de defensa para sobrevivir en grupos. La voluntad individual es una voluntad diferente al universo, se tienen deseos personales que no coinciden con lo universal, por esta voluntad uno se percibe como individuo y como una unidad separada al universo.   

Dentro de estas voluntades individuales están las necesidades corporales de las cuales tenemos control sobre unas pocas, no controlamos nuestros órganos internos pero decidimos sobre necesidades como dormir o comer; tenemos las voluntades de las emociones, no decidimos qué emoción nos van a generar los estímulos externos o internos pero podemos decidir cómo reaccionamos a estas emociones, no decidimos qué pensamientos queremos generar cada día, pero podemos darle prioridad a los que son más útiles. 

Nuestra vida es desear algo nuevo siempre y pretender llegar a una meta y; cuando creemos alcanzarla, pasamos a otro deseo. Es la superación del propio individuo, el sentimiento más sublime, lo que llamaríamos la ilusión del progreso. Pero la voluntad no puede sino tender sin alcanzar nunca su meta, permanece hambrienta y, en último término, dolorosamente insatisfecha (Shopenhauer). Cada meta supuestamente alcanzada es a su vez el principio de una carrera nueva, y así hasta el infinito. La verdadera esencia de la realidad es precisamente la simultaneidad de diversos estados, pues sólo ello hace posible la duración. Y la existencia del mundo depende, no obstante, de un ojo, así sea el de un insecto, pues es el intermediario forzoso del conocimiento. La voluntad, si bien va acompañada de conocimiento, no se determina por una finalidad, sino que obra ciegamente por causas que en este caso se llaman excitaciones.

Y también tenemos lo opuesto que es el hastío o el vacío, cuando sentimos que estamos estancados o que no podemos progresar y pareciera ser el peor de los males, a lo que le huye constantemente la conciencia. ¿Sería la falta de deseos o sería el deseo de muerte? Es necesario quitarnos el velo para identificar que tenemos deseos de muerte pero que muchas veces nuestra mente lo cubre con un velo que es el mismo miedo a la muerte (Yalom). 

Estas fuerzas son la esencia misma para la conservación del ser viviente, y el comienzo de un nuevo ciclo de vida. El apetito no es, pues, otra cosa que mantener la energía. Las afecciones de odio, de cólera, de envidia —consideradas en sí mismas como emociones de las cuales nos queremos alejar por pensar que son incómodas— nacen de la repulsa primitiva hacia el mundo exterior, como emisión de estímulos por parte del cuerpo para expresar la reacción de displacer provocada… un instinto de conservación, de alerta (Freud). 

Entiendo por conciencia la capacidad de poner mi atención en estos deseos, fuerzas, excitaciones para identificarlas y darles una autoconciencia. Es preciso identificar estas fuerzas de las cuales no podemos decidir, pero podemos concientizar mediante la identificación y así crear reacciones que nos beneficien a la supervivencia. Es erróneo pretender que, al momento de concientizarlas, se disiparán la cólera y el odio ya que son mecanismos de defensa que tiene el cuerpo para sobrevivir y alejarse de lo que percibe como una amenaza. El problema sería cuando le ponemos atención a algunas voluntades sobre otras, un ejemplo sería el esforzarnos en hacer todo lo que imaginamos que las personas han de ver con gozo, y sentir aversión de hacer lo que imaginamos que inspira aversión a las personas. Quien hace algo que imagina que afecta a los demás de gozo, estará afectando de un gozo que acompaña la idea de sí mismo como causa, o dicho de otro modo, se considerará a sí mismo como gozo. Por el contrario, si hace alguna cosa que imagina que afecta a los demás de tristeza, se considerará a sí mismo con tristeza (Hegel). Pero de esta forma también, con sus propias pasiones y deseos, uno se maneja por un principio de placer que busca en todo momento realizar obras que le produzcan placer y alejarse de aquellas que le generen displacer. Y como estos también son mecanismos del cuerpo que tratan de protegerlo de posibles amenazas, y como esta búsqueda del placer mediante la gloria de los demás se contrapone en el placer individual, esto va a generar sentimientos de odio hacia los demás como un mecanismo de defensa o simplemente vemos que luego tenemos deseos tan básicos que se interponen, como el hambre y el dormir. 

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Es necesaria la contemplación de los propios deseos que muchas veces se interponen unos con otros para poder entender la condición del ser humano. Tenemos por entendido que la fase de la represión de estas voluntades o deseos, una represión primitiva, consiste en que a la representación psíquica del instinto se le ve negado el acceso a la conciencia como mecanismo de defensa para poder sobrevivir, creando otros sentimientos ligados a la sobrevivencia como la culpa que lo induce a la ilusión de que, si cambia su comportamiento, si progresa, disipará esta culpa para alcanzar la meta del progreso. 

Los procesos inconscientes que en la modernidad conocemos como síntomas neuróticos tienen que haber cumplido la condición de proteger la supervivencia del ser vivo en un momento decisivo, procesos de los que no tenemos conciencia en el momento en que se efectúan por ser rápidamente reprimidos, pero toda esta información queda en la psique o en la información vital, en el alma del ser vivo, para después poner atención a estas conductas o sentimientos con el fin de lograr una mejor adaptación a la realidad. Por lo cual, mucha información que desconocemos conscientemente se encuentra almacenada en nuestra alma y es la guía de todos nuestros deseos. 

El espíritu tiene que progresar hacia la conciencia de lo que es de un modo inmediato, tiene que alcanzar el saber de sí mismo. El libre albedrío está limitado a conocer estas voluntades que son varias y se contraponen unas a otras y así mimetizarnos con los sentimientos para no reprimirlos; es conveniente aceptar estos deseos como parte de nosotros para no vivir en una lucha contra nosotros mismos… sólo nos queda decidir a cuáles deseos queremos reaccionar o pasar a la conciencia, ya que no tenemos la decisión de escoger qué nos apasiona, no tenemos la decisión de escoger qué nos lleva al vacío, qué situaciones nos provocan hastío. El propósito final y último de la experiencia humana es la autoconciencia del alma para percibir, afrontar y aceptar la realidad en sus propios términos, que es otra expresión de la misma Naturaleza.

Aracne

Por Alejandra Madero

Ya pasaron cuatro años desde que dejé de ser Gerente de Recursos Humanos. Mismos que trabajé desde mi casa haciendo contabilidad. Volteé a ver la esquina de mi casa llena de una densa telaraña, esperaba que no fuera una viuda negra, pero ya llevaba tiempo que no las limpiaba. Siempre estaba sola y no me preocupaba mucho. Recuerdo que el jardinero se quejó la última vez que lo puse a limpiarlas porque siempre salían muchas telarañas. Me distraje con un hilo de saliva, recordando al Chacal, mi némesis  cuando era Gerente de R.H.

Al de contraloría, alias el Chacal, le pusieron así porque algún empleado dijo que una vez le tocó ir a una emergencia de trabajo y que bajo la luz de la luna llena se transformaba en una criatura con cabeza de Chacal. Todos se lo tomaron en broma. Pero su personalidad era de un perro rabioso olfateando donde hubiera un error para escarbar y ver si estaban robando. Ahí entraba yo de Recursos Humanos, si estabas  robando pues ibas para fuera. Yo era la responsable que todos los empleados se relacionaran bien en la oficina, duré con ese puesto 15 años. Si llegabas tarde, te rebajaba un retardo, si  tenías una disputa con un compañero, te ponía una incidencia, si juntabas tres incidencias valía como falta, si tenías tres faltas en un mes estabas despedido. Siempre prefería despedir a la gente en luna llena, pensaba que podrían empezar desde cero con la luna nueva. Hubo varios casos de empleados donde nadie volvía a saber de ellos cuando los corríamos, era un misterio que desaparecieran. 

Nunca fui muy querida en la empresa, pues me tocaba correr gente, castigar gente, delatar cuando no se relacionaban bien. Me nombraron Aracne porque mi apellido era Acme, y como siempre llevaba cosas que bordaba yo misma, no me pude zafar del apodo de tejedora. También porque cuando corría a alguien decían que con una mano tejía el hilo de la vida y con la otra mano traía las tijeras de las Moiras. 

El Chacal era el que peor se relacionaba y por eso yo tenía que estar detrás de él para corregirlo. Recuerdo una vez que estaba dando créditos a los empleados con unas tasas por arriba de las del banco. Los empleados adictos a las deudas, que ya estaban endeudados en todas partes, recurrían como último recurso con él.  Ahí entré yo a defender a los empleados, yo era la encargada de dar los préstamos en la empresa con la tasa más baja y si ya estaban endeudados conmigo, nadie más podía hacer préstamos en la empresa. Con el propósito de  acabar con esta mala forma de relacionarse, fui a la oficina del Chacal  cuando él hacía  inventario en el almacén, y le saque los vales de préstamos de su oficina y los entregué al Director General. Me colerizaba que se atreviera a relacionarse mal en su ambiente de trabajo, estaba decidía a despedirlo. 

El Director General mandó llamar al Chacal  a su oficina y él para defenderse acusó a todos los que vendían sus propios productos dentro de la empresa. Nunca falta el que vende tamales los sábados, el que vende jugos por la mañana, la de los zapatos de moda, el maquillaje a plazos, vales para zapatos, quesos caseros, entre otras cosas. Al rato ya estábamos todos en una junta porque para vengarse de que no podía hacer préstamos ahora nadie iba a poder vender en la empresa, que ya estaba prohibido pero no había consecuencias mayores. El Chacal me acusó que yo me daba cuenta de todos los que vendían y solo a él lo acuse de dar préstamos. El Director General me regaño frente a todos. El de contraloría tenía la habilidad para hacerse odiar por todos, no era ninguna sorpresa que los sábados que no usábamos uniforme, llegara con la playera del equipo de futbol del América, para que lo odiaran todavía más. 

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Cada vez me daban más ganas de comérmelo vivo por ser tan conflictivo y tan odioso, por ser un Chacal, pero pues resulta que al Director General le servía que fuera un Chacal y que se la pasara escarbando para encontrar ladrones, ya que había varios encubiertos.

En la  empresa, como en cualquier otra  oficina, era un campo de batalla, los de administración castigaban a todo el que no llevaba las cuentas bien, los de ventas castigaban al que daba mal trato a los clientes,  etc. Recuerdo bien a uno de compras, le decían el Clérigo Elefante, supuse que porque saldrían las leyendas que se convertía en Elefante Clérigo bajo la luz de  la luna llena, pero igual era porque le pedía su diezmo a los clientes y estaba narizón y orejón, si podría parecer elefante.  El Chacal lo traía en la mira desde hace años pero no le había podido comprobar nada. 

Yo siempre buscaba algún error del Chacal para presentarlo en dirección, recuerdo haber presentado que acosó a una practicante. Pero como la practicante era muy problemática, salió primero ella. Yo le di la noticia cuando era luna llena. También desapareció después de eso. Otra vez lo acusé de que los empleados a su cargo no duraban ni 3 meses porque no se sabía relacionar con ellos, y siempre les pedía que trabajaran horas extras sin registrarlas. Pero tampoco lo corrieron porque llevaban el inventario impecable. Así estuve varios años hasta que decidí renunciar, tantos corajes ya me estaban afectando a la salud, comía demasiado por el estrés, siempre después de luna llena era cuando me sentía fatal porque no solo aplicaba ser estricta en el trabajo con las relaciones personales, lo utilizaba en toda mi vida; Si estas fastidiando a tu pareja, te hacia un aviso que pararas, si hacías comentarios misóginos en una reunión con mujeres, te hacia un aviso para que te detuvieras, si empezabas a crear polémica innecesaria sobre Religión, futbol o política, te ponía un alto. Me encolerizaba cuando veía a alguien tener malas relaciones personales, me daban ganas de comérmelos vivos, siempre pensé que el mundo sería perfecto si todos nos relacionáramos bien con amabilidad, con bondad, pensando en los sentimientos del otro. ¿Por qué la gente no podía simplemente relacionarse bien?

Cuando renuncie, pasaron cuatro años hasta que lo corrieran. Resultó que él también acabó robando para poner una ferretería por su cuenta. Me enteré hace dos días del chisme, resultó que era luna llena.  Yo estaba dando un paseo cerca de su casa, a la hora que regresaba de su ferretería. Fue chistoso como cayó en la red que tejí a la vuelta de su casa. Sabía que pasaría por ahí. Me sorprendió verlo con cara de Chacal negro, nunca pensé que fuera cierto las leyendas de la luna llena. Traía como una falda blanca con cinturón dorado, unas pulseras doradas en los antebrazos, pelo azul eléctrico largo. Era una copia vulgar de Anubis el guardián egipcio. Me tiró una mordida y me alcanzó el chamorro debajo de mi vestido largo con varias capas de tela de colores tierra. Le enterré una de mis uñas largas perfectamente afiladas con las que tejía, cuide que no se me mancharan los guantes largos dorados que dejaban al descubierto mis dedos. El hocico se abrió y  me gritó: “¿Por qué me vas a matar, si tú nunca me corriste”. A lo que le contesté: “Porque nunca aprendiste a relacionarte bien”. Lo bueno es que ya estaba pegado en la red y lo pude envolver rápido con saliva  que tenía en mis patas de araña que me salían del cráneo entre mi pelo obscuro recogido en un chongo. Lo envolví bien en lo que parecía un capullo y lo jale por la calle en mi vestido con cuello alto,  y escote.  Al fin iba a descansar porque ya no se seguiría relacionando mal con la gente. Pero no podía dejar de relacionarse mal, sus últimas palabras para hacerme enojar fueron: “¡Como si castigar gente y comérsela fuera relacionarse bien!, por esto vives aislada, por eso le huyes a la gente, de menos yo puedo llevarme con la gente, tú nunca te relacionaras con nadie.” En el fondo yo sabía que nunca cambiaría y que este mundo era mejor sin él y que eso lo decía solo para hacerme enojar. Pero no le daría el gusto. Ese día no. Yo había ganado al fin. 

*La reproducción de este texto fue con total autorización de su autora. Prohibida su distribución. 

El Psiquiatra

Le di un sorbo al café bien cargado en mi consultorio mientras hacía la papelería e informes de todos los pacientes que había visto en el último mes como nuevo psiquiatra en Cuatro Ciénegas, un pueblo chiquito que me ayudaría con experiencia antes de irme a una ciudad grande. Tocaron a mi puerta quitándome toda la concentración.

̶  Pase  ̶ dije.

̶ Doctor es Filberto, está en la pipa de agua, se quiere suicidar porque se le enfermo su ganado del virus que anunciaron en la tele.

̶ Vámonos  ̶ . Me levanté y caminé  apresurado hacia la puerta para salir.  ̶ ¿Cuánto tiempo lleva ahí arriba? ¿Ya había pasado un incidente así con él?

 ̶ No, ya ve que perdió a su familia, y su trabajo era todo lo que le quedaba y en lo que había invertido toda su vida.

Lectura recomendada: Templos vacíos

Era un caso desafortunado, iba a tener que subir a la pipa de agua y siempre he temido a las alturas por una extraña sensación de querer saltar, sabía que me debí ir de ginecólogo o de pediatra, ahora voy a tener que subir a la pipa venciendo mi miedo, para  buscar  algo con qué reconfortarlo, no podía hablar de su familia porque ya había fallecido, podía sentir lo solo que se sentía, yo mismo llevaba sintiéndome solo el último año al acabar  la especialidad y ahora con el traslado a un pueblo chico donde no conocía a nadie. El trabajo era lo único que tenía, pero se había muerto toda su inversión en 30 vacas, un dineral, y yo con mi especialidad no sé si podría ayudarlo después de estudiar 10 años, pensé en sus amigos, la verdad no  sabía si tenía amigos, si los había dejado de frecuentar como yo por el trabajo. Llegué al lugar y subí por la escalera mientras pensaba en más opciones para reconfortarlo, el miedo se apoderó de mí mientras subía cada peldaño, seguro había alguna mujer que le gustara que pudiera endulzar su futuro, espero no lo hubiera rechazado ya varias veces como la hija de perra de Paola, todo lo que he hecho por ella. Llegué a la cima donde estaba Gilberto, agarré impulso y grite al saltar, ¡el último es puto!

Templos vacíos

Ángela, la maestra de Yoga, te dice que no te identifiques con tus pensamientos, inhala, exhala, plancha, chaturanga, siente tu cuerpo, conéctate con esas emociones ahí escondidas. Es tu primer mes en la Yoga, tu noveno en casa Tíbet meditando, estás dispuesta a volverte una persona espiritual y llena de plenitud, alcanzar la armonía y tocar esa alegría que diario se te escapa de tu alcance. Inhala, exhala, te vuelve a decir Ángela, te fuiste por un momento en tus pensamientos, tienes que regresar al aquí y al ahora, te ves las piernas mientras te doblas para hacer un saludo al sol, sientes que te ves fatal con los yogapans,  y vuelves a recordar que no te tienes que identificar con tu imagen, eres algo más, te esfuerzas por sentir tus emociones, inhala, perro hacia abajo, al fin puedes hacer conciencia de una emoción, la tristeza.

Recuerdas a Maru, tu amiga que tanto te presumió la meditación y la yoga, te dijo que ella y su esposo Juan Carlos se sienten súper felices todos los días cuando la practican en la mañana, son amables con la gente y se sienten relajados. Es a lo que tú vas a llegar, solo que ahí está la tristeza impidiéndotelo, ahora ves tus pies, tratas de sentir cada vez más fuerte la tristeza, se va volviendo en una angustia progresiva, tu pie derecho empieza a desaparecer, queda solo los huesos, te tomas un respiro para entender qué te está pasando en esa clase de yoga, seguro estás alucinando, tocas tu pie y solo tocas el esqueleto, volteas a tu alrededor y todas tus compañeras están haciendo las poses más extremas y nadie nota tu pedazo de pie desaparecido. Sigues con tu clase, Ángela te dice que le pierdas el miedo a las emociones, te ve con ternura cuando tienes el gesto desencajado. La angustia progresa y tu mano izquierda también empieza a desaparecer. Se acaba la clase, nadie nota tu pie y tu mano desaparecidos, pero no queda más que el hueso. Te recuerdas que al rato vas a ver a tu amiga Maru en Casa Tíbet, seguro ella te explica qué es lo que está pasando.

Llegas, te quitas las sandalias, ves que el hueso ya se te ve hasta la rodilla derecha, y tu codo izquierdo también, tu angustia progresivamente se está volviendo pánico, se suponía que iba a pasar todo lo contrario como en las fotos de Instagram, donde todos salen con sus malas colgados, que es como un rosario budista, siendo veganos solo para las redes, siendo felices, delgados, bronceados y con un brazo completamente tatuado.

Estás segura que la meditación va hacer que te relajes y que regresen tus extremidades completas junto con la armonía y la paz. Te sientas a esperar a que lleguen los demás, Lupita empieza a guiar la meditación, el cuenco tibetano se escucha. Cierras los ojos. Inhala, exhala, dice Lupita, siente tu cuerpo, ¿cómo te sientes el día de hoy? Vuelves al pánico, piensas que ya estás por desaparecer completamente, nunca imaginaste que fueras a morir por meditar, te resignas, evitas pensar, estás harta de ese miedo al vacío, y principalmente a la muerte. Le preguntas a tu espíritu,  ¿qué demonios le sucede para que te haga esto?, sientes cómo algo sale de tu cuerpo, indignado, cansado de ser rechazado, abres el ojo que te queda restante en el cráneo expuesto, ves tu reflejo en una sombra que te ve fijamente,  ̶ me has encontrado  ̶ te dijo molesto.  ̶ no tengo valor alguno, estoy vacio,   ̶ .

Una lágrima cae de tu ojo ya con cráneo expuesto. “Mierda” piensas, nunca imaginaste que llegarías a ser consciente que siempre rechazaste a tu espíritu, tus más íntimos anhelos, tus pasiones más escondidas y que llevaron a vaciar tu espíritu. Tu costilla derecha ya está expuesta, solo te queda una sola cosa por hacer, con el último latido de tu corazón le entregas todo tu amor a ese espíritu libre, tu corazón se detiene, la costilla izquierda ya está expuesta junto con todo tu esqueleto. Supiste en ese momento que debiste de empezar por entregarle todo tu amor, nunca lo debiste de haber rechazado. Ya era demasiado tarde. En el aula de meditación caen tus huesos en el cojín donde estabas sentada. Al final de la meditación, Lupita recoge los huesos y los echa en un baúl, lleno de esqueletos. El baúl tiene un letrero que dice “Templos vacíos”.

El ukulele

El ukulele se encontraba en la oficina, sepultado entre carpetas y columnas de papel, sin sonar, sin tocar una melodía. Estaba deprimido. Poco antes, en aquella tienda donde sobresalía por ser el más lujoso, tenía grandes expectativas de sí mismo. Se imaginaba en la portada de un disco. Esperaba a que el músico de clóset, ahora administrativo, acabara su trabajo para que lo usara, por lo menos, en una reunión familiar. Sabía que sonaría mal, pero a estas alturas, la caricia más torpe lo llevaría al clímax. El ukulele nunca sonó.

Azul

El azul de las montañas  pintó el horizonte y con ello las casas pasaron de ser hogares a solo  cemento azul y ladrillo azul, los carros lujosos se volvieron fibras y metales pulidos con el azul, la ropa de marca se convirtió en solo hilos azules, las empresas se volvieron una acumulación de personas ausentes, los semáforos se volvieron aparatos de administración de mentes por tonos de azul, los días perdieron sus nombres y los números, las iglesias se volvieron solo monumentos arquitectónicos con rituales sin significado, las escuelas pasaron a ser solo programas obsoletos que no conseguían mejorar la economía cambiante del mundo o las desigualdades sociales.

Yo manejaba a mi trabajo cuando la calle y mi carro se volvieron azules, después yo me volví azul, pero esta vez ya no me asusté. Otras veces me dio pánico y me metí a bañar para quitarme ese color tan nihilista y para la quinta vez que me tallé, me empezó a salir sangre de ese mismo color y vi que no tenía caso seguir tallándome. Decidí ponerme unos lentes que recordaba eran rojos pero al encontrarlos ya habían perdido su color original, le pasó lo mismo al rímel rosa que tenía  y los pupilentes verdes que ahora eran azules también.

Desesperada no solo de ver todo azul, pero de sentir todo en azul, me fui a beber con mis amigos y como me entraba la michelada y me comía un hot dog, todo regresaba a su color normal,  me tenía que tomar más de tres mezcales para que se quedara todo de ese color por un buen rato.  En el día cuando todo se volvía azul y tenía tiempo me ponía a ver una película de comedia y el efecto duraba unas cuantas horas.

Si dejaba que el azul se apoderara de mí llegaba un momento en que los contornos de todo se disolvían y éramos una mancha azul absurda con movimiento de olas, y sabía que me ahogaría en la profundidad del azul.

 Pero esta ocasión fue diferente, porque no traía dinero para ir por unas cheves y no había películas nuevas que ver, tenía que aguantar el  azul y relajarme, no me iba a asustar más, tenía que empezar por no victimizarme por ser una pitufina,  mimetizarme con el azul de todo, rendirme al azul, ser parte de una ola y flotar de muertito,  sin protegerme de la unidad divina azul, inhalar y exhalar. Y así lo hice.

Todo hubiera salido ideal de no ser porque hoy me levanté y el rojo del amanecer pintó todo de nuevo. Las casas pasaron a ser grupos de personas disfuncionales agrediéndose todo el tiempo, los carros se convirtieron en una lucha de velocidad, la ropa de marca se volvió un letrero para separar clases sociales, las empresas un bombardeo de publicidad. Las escuelas un lugar donde los adolescentes pueden bullearse mutuamente por su aspecto físico, ¡mierda! ¿Cuántos colores tenía el  arcoiris? Inhala y exhala, me dije.

Lunus

Lunus le dijo a Narciso en un tono de voz fuerte, 'mira, cabrón, no baje al puto Hades para que no me escuches, quiero ser Deus Lunus y para eso me dijo el Sol que necesito convencerte de  que dejes de poseer a los humanos a través de tu espejo con tus ideas de que cada uno es el centro del universo, que tienen que tomarse 20 selfies al día, y publicar todo lo que piensan y hacen. Ya tengo aquí una hora que no dejas de hablar de ti mismo y no quieres escuchar a lo que vine, o me escuchas o te parto tu hermosa cara para que no te quieras volver a ver en el espejo'.

Narciso le respondió, 'De verdad te atreverías a destrozarme la cara, a mí, Narciso, a parte quién es el narcisista aquí, ósea tú eres el que se quiere convertir en Deus, no sé si te has dado cuenta pero ahorita el politeísmo ya ni está de moda Loser, todos ya creen en un solo Dios, bueno ya muchos son ateos también,  y yo no poseo a los humanos, les doy una ilusión en que ellos pueden ser los dioses al ser el centro del universo. O sea, te das cuenta de lo maravilloso que soy, les doy una ilusión que son súper especiales, pero obvio yo soy el centro del universo aquí en mi reino de Hades'.

Lunus haciendo gestos, dijo, 'Es obvio que se llama Hades por Hades no por Narciso,  no tiene nada de sentido lo que dices, los humanos simplemente no se pueden convertir todos en Dioses por la obvia razón que son humanos, en cambio yo soy la Luna y soy un astro e influyo sobre todos los seres vivos'.

Narciso siguió hablando, ' Lunus, ¿por qué te pones nombre de hombre si eres femenino?, o sea, La Luna, o sea también ya te vas a cambiar de sexo o que, de entrada ¿tienes sexo?, eres súper mainstream, y te atreves a criticarme a mí que sí puedo convencer a los humanos que son mini dioses en este mundo de tragedias. Discúlpame, pero eres un súper loser por creerle al Sol que me puedes ganar, a parte cómo se te ocurre irle a preguntar al Sol que cómo puedes ser el Dios Luna, te digo que ya ni está de moda ser politeísta, solo tú consideras al Sol como un dios y eso porque gracias a su reflejo te ves. Me hubieras preguntado a mí y de menos hubiera sido sincero contigo y te hubiera dicho que aquí nadie es Dios, ni yo, eres tan insignificante que te ves patético queriendo ser Dios'.

Lunus perdió la paciencia y no se podía quedar en el Hades por mucho tiempo porque corría el riesgo de quedarse eternamente ahí, pensó en golpearlo hasta dejarlo deforme pero eso no lo haría Dios, entonces se puso a pensar qué es lo que no toleraría Narciso, 'Tienes razón, soy insignificante', agarró el espejo de Narciso y se reflejó en el para qué Narciso lo viera reflejado, luego lo estrelló contra el piso ' Por eso quiero ser Dios, pero tú no puedes ver a nadie más que a ti por la venganza de Némesis, y no poder romper un castigo es lo más miserable que hay, porque nunca vas a poder conectarte con nadie,   y soy un estúpido por querer ser Dios pensando que me iba a quitar el sentimiento de insuficiencia, pero también es solo un castigo que me puse yo solo, y por dejarme engañar por el Sol para su entretenimiento, que es solo un astro más. Adiós Narciso.

Las perlas del Diablo

El negocio no iba bien. Me faltaba aprender del comercio para poder sobrevivir en esta vida. El timbre del celular me sacó de mis preocupaciones. En el chat de Whatsapp escribieron que se reunirían en un bar por la noche.

Al llegar al bar, lo vi, tenía una sonrisa debajo de su bigote estilo Dalí, unos lentes de pasta resaltaban sus ojos oscuros, unos rizos cubrían sus pobladas cejas y vestía una playera lisa. Se sentaba en la cabecera de una mesa con diez personas. Yo me senté del otro lado. Al lado de él, un hombre bien parecido recargaba la mano en su pierna y no le quitaba los ojos de encima con una sonrisa maliciosa; él reía a carcajadas con la plática del grupo.

Pidió una ronda de perlas negras para todos. No me dio tiempo de reaccionar si estaba de ánimos para bebidas fuertes. A las dos horas ya cantábamos todos eufóricos en el karaoke las canciones que él había escogido con gran audacia.

Cuando paró la música me susurró al oído, “Te voy a enseñar a divertirte, que es lo único que debes de aprender bien en esta vida para sobrevivir”. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, estaba en presencia de Il Diavolo.

Sábado de cuentos: Té de frutos rojos, de Ale Madero

Recuerdo que me preguntó: ¿Pero no me hiciste brujería, verdá? Solo me invitaste un té para platicar. Seguro ignoró las rastas rojas en mi pelo, mis labios color negro, la luna plateada dibujada en mi frente, las uñas negras, las botas de cuero hasta el chamorro, el vestido corto negro, los quince anillos en los dedos y el amuleto colgante. Claro que no te haría brujería Oso, ya te dije que Richie y yo estábamos en la Alameda practicando unos personajes para un cortometraje, fue pura coincidencia que pasaras cuando hacíamos la parte del baile entre árboles que salían en el guion y resultó ser luna llena, le contesté. Tienes razón, a parte la Santa Muerte que tienes en el altar, me dijiste que fue para una sesión de fotos góticas verdá, dijo el ingenuo. Sí, Oso, lo único que quiero es platicarte de un nuevo proyecto que estamos haciendo, pero primero tomate tu té, es de frutos rojos, en lo que te cuento todo; ándale y luego me das el abrazo para sellar el pacto, digo el proyecto. Un abrazo de Oso, sólo uno.

Sábado de Cuentos: El infierno, de Ale Madero

Un día cualquiera, yo permanecía sentada frente a una mesa en una sala negra con veinte gentes en la misma posición. Formábamos  una  “U”. Lucifer hablaba al frente y llevaba el mando de la reunión. Su voz se incendiaba en llamas de un idioma ininteligible. Nadie decía nada, sólo lo observábamos fijamente. Seguimos sentados, callados, hacíamos un poco  para atrás nuestros asientos, para no ser quemados. Algunos se rascaban los cuernos mientras lo escuchaban;  a los zombies, con tez putrefacta, se les empezaba a escurrir el cerebro como plasma aguada por los oídos; otros monstruos, sentados con la cara desencajada y la vista llena de rabia, también ponían atención.

Satanás, que iba creciendo de tamaño aventando fuego y gritando, nos dominaba. Yo sentía el rigor de una camisa de fuerza negra y mis movimientos eran catatónicos, hacia delante y atrás. Mi mirada seguía al jefe. Traté de zafarme con movimientos repetitivos, no lo logré. Entonces le pedí a uno de los diablos a mi lado que me zafara con uno de sus cuernos, sin embargo, sólo me dirigió una mirada  perdida y después continuó sirviendo a su amo.

Salimos de la junta,  y cada quien se regresó a un lugar apartado de los demás, seguí caminando y llegué a mi sitio.  Teníamos quince minutos de descanso, al regresar a la reunión entraron los diablos, zombies, monstruos y el gran demonio. Volteó  Luzbel hacia mí y me gritó con una pequeña llama de fuego. Eso me hizo recordar que sólo es posible vencer al diablo ingresando en el fuego. El problema: era que yo  seguía atada sin poder parar mi vaivén catatónico. Pensé en hacerlo enojar, no hay mejor forma de hacer enfurecer a alguien o algo que gritándole., pero le grité poco porque no quería ser devorada en ese momento. De repente, comenzó a  lanzar más fuego, como un gran soplete una gran llama alcanzó a quemarme el pecho, la camisa de fuerza me protegió. Me convencí de que eso eso era lo que necesitaba., Insistí como cualquier loca que le hace caso a las voces internas y que piensa que  tiene la razón, gritando poco pero varias veces y con movimientos impulsivos.

Fue  así como el  fuego oscuro empezó a  bailar por toda la sala y todos sentimos el sofocamiento  de la temperatura. El iris de Lucifer cambió de un rojo quemado a uno intenso y me retaba a someterme. Pero yo seguía con mis grititos sin respirar, actuando como demente de inocencia, puntillosa, inocente; oliendo el ambiente hediondo  de entes sin alma, quemándome en la oscuridad.  

En ese momento sentí que  mis pupilas fueron como un agujero  negro que tragaron todo el fuego, a  los demonios, los zombies y  los monstruos.

Sólo quedaron mis compañeros de oficina y mi jefe, todos vestían blanco y caqui. La junta de trabajo siguió su curso,  ya se habían visto la mayoría de los pendientes. No dejé de sentir la camisa de fuerza, pero ya no estaba, la sala se tornó inesperadamente blanca, el ambiente fresco. ¿Quién dijo que el infierno era rojo y el cielo blanco?